El Cuerpo del Deseo                              Avances/Previews & Summaries/Resúmenes  Jan. 30, 2006 - Feb. 28, 2006  [FIN]             

Remake of colombian novela En Cuerpo Ajeno

 

USA (Telemundo/RTI Production) July 18, 2005 – Feb. 20, 2006

 

 

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     Puede compartir esta información, pero no puede venderla o incluirla en cualquier cosa que vende. Tambien, tenga que dar crédito a todas las fuentes y a Telenovela-World (por la colección).

 

Sources/Fuentes:     Telemundo (http://www.telemundo.com/elcuerpo/index.html),

Telenovela-World (www.telenovela-world.com), otros publicaciónes citados con las noticias.

Sitio de Mabouchita (www.mabouchita.com)

 

Order of the summaries: For each week, brief previews in Spanish from Telemundo come first.  Then, if they exist, there are summaries in English from Telenovela-World.  Finally, if they exist, there are summaries in Spanish from Telemundo’s forum followed by summaries in Spanish written by MABOUCHITA..

 

El orden de los resúmenes:  Por cada semana, primero son los avances breves de Telemundo.  Segundo, si existen, hay resúmenes en inglés de Telenovela-World.  Finalmente, si existen, hay resúmenes en español del foro de Telemundo y, despues, de MABOUCHITA.

 

AN ENORMOUS “THANK YOU” TO MABOUCHITA FOR HER INCREDIBLE SUMMARIES AND PERMISSION TO COLLECT THEM HERE. 

MIL GRACIAS A MABOUCHITA POR SUS RESÚMENES INCREIBLES Y SU PERMISO POR INCLUIRLOS AQUI.

 

Please send additions, changes, corrections to diane@telenovela-world.com/ Por favor, envie adiciónes, cambios o correcciónes a diane@telenovela-world.com.

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AVANCES/PREVIEWS & .SUMMARIES/RESÚMENES DE LOS EEUU (USA)

 

30 Enero/Jan. 30 – 3 Feb. 2006

 

 

     http://www.telemundo.com/elcuerpo/index.html : 1/30/06 - Encontraron a Walter en el bosque y está muy mal.  Parece un hielo de lo tieso.  Isabel se pregunta…  “Por qué Salvador desaparece cada vez que empieza a sonar ese bendito piano”. 1/31/06 -  2/1/06  Ángela tendrá que aceptar que en la casa hay un espíritu y si es así, pues tendrá que salir del piano.  Salvador le hace caer en cuenta que no puede olvidarse de su infancia…  ..de cuando su papá le tocaba un hermosa canción llamada… “No me olvides”  Pedro José la compuso para ella… “No me olvides” es el nombre de una flor que quiere decir: Ángela.  2/2-3/06 -  Isabel tiene una conversación con Cantalicia acerca de Salvador que le cuesta trabajo creer.  “Duramos juntos 14 años. Se lo juro por Dios doña Isabel”.  Le cuenta todo acerca de él. “Este era su rancho, aquí dormía, no nos separamos ni un solo día”.

 

www.mabouchita.com : CAP# 136: lunes 30 de enero de 2006 –¡LA GUERRA!

     *

    Isabel vuelve al cuarto y encuentra a Salvador muy tranquilo preparándose para salir. Fingiendo indiferencia e ignorancia Salvador pregunta -¿Ocurrió algo?

    -Encontraron a Walter en el bosque... -le responde Isabel mientras lo estudia con la mirada.

    Salvador se pone los gemelos tranquilamente.

    Isabel suspira -Perdió el conocimiento y al parecer lo golpearon -y lo rodea para enfrentarlo cara a cara -parece no importarte.

    -Pues aunque me importara... ¿qué puedo hacer? -Contesta de mala manera Salvador -imagino que llamaron al médico.

    Isabel lo mira y no responde.

    -¿Quieres que lo lleve al hospital? -Se ofrece Salvador.

    -No hace falta, el médico viene en camino, pero... ¡tú debes saber algo! -de pronto acusa Isabel.

    -¿Qué podría saber?

    -Walter y tú desaparecieron ayer al mismo tiempo, en la noche, cuando sonaba el piano -Isabel está llena de sospechas.

    -¡Yo no salí de la casa! -Le responde Salvador mientras busca el saco del traje.

    -¡No me mientas mi amor! -Le ruega Isabel- ¡por lo que más quieras no me mientas que tus pantuflas tienen lodo!

    Salvador la mira fríamente -¡No te atrevas a hacer suposiciones Isabel! Walter y yo no simpatizamos pero no lo considero mi enemigo -Salvador se pone el traje y sale del cuarto.

    Isabel sale detrás.

    *

    En la sala Abigaíl trata de despertar a Walter haciéndole oler alcohol mientras Rebeca se desespera.

    -¿Llamaron al doctor? -pregunta Abigaíl.

    Ángela responde que sí mientras Walter empieza a volver en sí. (ja!  después de horas de inconciencia?)

    -¿No sería mejor que lo lleváramos a su recámara? -Pregunta Ángela.

    -Enseguida que acabe de despertar -responde Abigaíl.

    -¡Walter! ¿Escucha? -Ángela.

    -Si -susurra Walter.

    -¿Qué pasa Walter, qué hacía usted en el bosque? -Pregunta Rebeca.

    De pronto Walter se pone a llorar y a gritar -¡Que no me toque, que no me toque!

    -¡Tranquilo Walter, solamente queremos ayudarle! -Trata de calmarlo Abigaíl.

    -¡Doña Rebeca, doña Rebeca, yo nunca debí de haber hecho eso, se lo juro era él! -Walter mira a Rebeca con horror- ¡era el mismísimo él, era él doña Rebeca!

    -¡Tranquilícese y no se ponga así! Parece loco -le grita Ángela.

    -¡Don Pedro José Donoso está vivo, está en esta casa! -Les cuenta Walter con los ojos llenos de espanto -¡él tocaba el piano, él era el que tocaba el piano!

    Rebeca se pone histérica -¡Qué dice, que está diciendo hombre!

    -Y él me va a hacer mucho daño porque lo sabe todo... ¡lo sabe todo! -Sigue temblando Walter.

    En ese momento bajan la escalera Salvador e Isabel que lo miran.

    Walter, al verlos, sube los pies sobre el sofá y se acurruca con miedo.

    -¿Quiere esperar al médico o prefiere que yo lo lleve al hospital? -Se ofrece Salvador.

    Pero Walter retrocede con miedo y se sube al respaldo del sofá gritando -¡No quiero que me lleve, no quiero que me lleve a ningún lado! -Y se refugia detrás del sofá -¡aléjese y manténgase lejos de mí!

    -¿Desconfía de mi? -Le interroga Salvador- ¿le hice o cree que puedo hacerle daño?

    Walter se pone llorar y se tapa la cara con las manos -¡Usted no, usted no, don Pedro José Donoso! -Empieza a llorar y a gritar- ¡me quiso matar, me quiso matar! -Y desesperado se abraza al sofá.

    -Será mejor que se retire Salvador -interviene Ángela- usted lo pone más nervioso.

    Salvador se dispone a retirarse cuando mira a Simón -¿No se le hace tarde para ir a la empresa?

    -El auto está descompuesto, pero enseguida tomo un taxi -le responde Simón seco.

    -Pues si quiere yo lo llevo, voy saliendo para allá -le anuncia Salvador y se retira.

    Simón lo mira sin moverse mientras Salvador sale de la casa. Antonio sale corriendo detrás de él.

    Isabel suspira profundamente mientras Walter sigue temblando de miedo.

    *

    Afuera en el jardín, Antonio alcanza a Salvador que se dispone a subir al auto -Salvador, espere un momento por favor, necesito hablar con usted.

    Salvador se detiene y lo mira duramente -¡Habla!

    -¿Para eso nos pidió un plazo, para vengarse de todas las personas que le hicieron daño a don Pedro José?

    -Antonio, no tienes por qué hacerme esa pregunta.

    -¡Discúlpeme señor, pero no puedo quedarme callado, al menos cuando veo que se comporta injustamente como nunca lo haría don Pedro José!

    -Te recuerdo que no soy don Pedro José, soy Salvador Cerinza ¡no digas que me comporto injustamente porque nadie, ni tú mismo, tienen derecho a censurar mi conducta!

    Antonio se enoja y lo amenaza -Pues entonces le aconsejo que cuide sus pasos porque a don Pedro José lo amábamos y lo respetábamos por encima de todas las cosas... en cambio usted... usted no termina de ganarse nuestra confianza.

    En ese momento los alcanza Simón y Salvador sube al auto sin hablar.

    Simón también sube al auto y se marchan.

    *

    Rebeca, Abigaíl y las empleadas llevan a Walter a su cuarto mientras éste sigue diciendo -¡Vino para vengarse, vino a recuperar todo lo que le pertenecía! -Y de pronto se abraza a las escaleras -¡era él, yo no quiero ir a mi habitación!

    Abigaíl trata de calmarlo -En su cuarto va a estar tranquilo, así que relájese.

    -Doña Rebeca, usted que lo sabe todo ¡no me deje solo!

    Pero esto pone muy nerviosa a Rebeca-¡Quédese callado y tranquilo! -Le grita Rebeca- hablaremos más tarde... Vicky lléveselo.

    Vicky lo toma del cuello y a golpes lo lleva a su cuarto.

    Rebeca se queda en el pasillo mientras Abigaíl corre detrás de Vicky y Walter.

    Isabel llega y encuentra a su tía, la mira y luego se retira.

    *

    Mientras tanto en el camino Salvador detiene el auto -Parece que tenemos problemas, parece que explotó una llanta.

    Salvador y Simón bajan y examinan la llanta.

    -¡Yo la cambio Salvador! -Se ofrece Simón- no se vaya a ensuciar... mi ropa no es tan fina como la suya.

    Salvador sin hacer ningún esfuerzo acepta tranquilamente mientras Simón se pone a cambiar la rueda.

    *

    Mansión.

    -Abigaíl, no puedo creer lo que me cuentas de Walter -se sorprende Valeria mientras se maquilla tranquilamente-¿está muy mal?

    Abigaíl hace la cama. (Evidentemente Valeria ya no hace nada otra vez )

    -¡Se ve muy golpeado! Pero la verdad no lo sé señorita, creo que fue más el trastorno que otra cosa.

    -¿Pero qué hacía en el bosque? ¡Y de noche!

    -No tengo la menor idea, como no cuenta nada, sólo dice cosas muy extrañas... a mí me parece que lo tiene un poco inquieto la música del piano.

    -¿Por qué?

    -Porque no deja de mencionar al Sr. Donoso, repite y repite que es él el que toca el piano.

    -¡Y acaso alguien lo duda, porque yo no! -exclama Valeria- Cada vez me convenzo más que se trata de don Pedro -le responde Valeria sin sentido. (Si está segura y no duda,  ¿para qué necesita convencerse?)

    Abigaíl abre los ojos y la mira con espanto.

    -Abigaíl, nadie puede tocar con la destreza que él lo hacía.

    -Bueno, usted sabe de pianos, así que sabrá porque lo dice ¿verdad? -Abigail la sigue mirando como si estuviera más loca que una cabra.

    -Aunque todos piensan que es una locura y no crean en ese fenómeno, si Walter se trastornó fue porque lo vio.

    -Bueno, señorita, hasta ese punto no podemos aceptarlo.

    Valeria suspira -¡Cómo me gustaría verlo a mí! -Y se sienta la cama -¿sabes Abigaíl? Yo no me trastornaría si lo viera.

    Abigaíl la mira asustada y asiente lentamente con la cabeza -¡Con permiso señorita! -La deja sola.

    *

    Mientras tanto Simón termina de cambiar la rueda -¡Listo! Yo podemos irnos cuando quiera.

    Salvador saca dinero del bolsillo y lo cuenta.

    Simón se enoja con razón-¡Salvador! ¿Qué hace?

    -¡Es un premio a tu trabajo! -Le responde Salvador mientras le tiende el fajo de billetes-¡Lo que se hace con buena voluntad merece una recompensa!

    Simón se queda mirándolo y recuerda una escena parecida con don Pedro José Donoso.

    "-Listo don Pedro, su nave quedó como nueva.

    -La verdad no creí que pudieras arreglarlo ¿dónde aprendiste mecánica?

    -En realidad no es que sepa tanto, además es una tontería.

    Don Pedro José Donoso saca dinero de la billetera y se lo entrega -Toma.

    Simón lo acepta con gusto y ríe feliz -¡Todo ese dinero es para mí!

    -¡Claro, es una recompensa por tu trabajo! -Le sonríe don Pedro.

    Simón lo mira feliz.

    -Todo lo que se hace con buena voluntad merece un premio -dice don Pedro.

    Simón toma el dinero -¡Hijole don Pedro, usted es muy buena gente conmigo! Con esto me alcanza perfecto para comprarme los zapatos del gimnasio -y lo abraza feliz -¡Don Pedro como muchas gracias!

    Don Pedro también lo abraza y luego sube a su auto."

    Simón vuelve la realidad y mira a Salvador que le ofrece el dinero sin moverse.

    -¿Qué pasa, por qué no quiere recibirlo?

    -¡Guárdese su dinero, me ofende con su ofrecimiento!

    Salvador lo detiene -¡Por favor, mi intención no es ofenderte muchacho! Ayer te sirvió para comprarte tu equipo de gimnasia, hoy te lo estoy ofreciendo como muestra del gran te aprecio que te tengo y que siempre te tuve aunque desconfíes de mí -y Salvador sube al auto.

    -¿Por qué me dices estas cosas Salvador? ¡Por qué me dice esto Salvador! -le grita Simón.

    -Sube al coche muchacho que se hace tarde, sube -ordena Salvador y arranca el auto.

    Simón termina de guardar las herramientas y sube al auto.

    *

    (Toda esta escena horrible!!! primero...   Salvador es un fino que no sabe cambiar una llanta y que deja que los otros hagan el trabajo sucio... segundo...  le ofrece dinero a Simón como si fuera un pobre pinche cuando supuestamente Simón es un hombre adulto con un buen sueldo en la empresa...  tercero... Don Pedro José era un tacaño que le daba un sueldo tan miserable a Abigail que ésta no tenía lo suficiente para comprarle zapatos de tenis a sus hijos!!!)

    *

    Habitación de Walter.

    El médico examina a Walter -¿Le duele aquí?

    Walter gime cuando el médico le examina las partes golpeadas, tiene moretones de los golpes de Salvador.

    Aparte del dolor Walter tiembla de miedo.

    -Me dijeron que estuvo toda la noche en el bosque... ¿es cierto? -Interroga el doctor.

    Walter no responde pero tiembla violentamente.

    -El clima está muy frío -sigue el doctor -pudo haber pescado una neumonía ¿qué estaba haciendo allí Walter?

    -¡No me pregunte! -Le ruega Walter.

    -¿Tampoco puedo preguntar cómo se golpeó? Parece que alguien se lo hubiera hecho.

    Walter trata de incorporarse en la cama y niega con la cabeza -No me pregunte doctor -gime.

    El doctor preocupado lo sigue examinando en silencio.

    *

    En la sala, Isabel espera impaciente al doctor que baja las escaleras con aire preocupado.

    -¿Cómo sigue? -Isabel se pone de pie.

    -Tiene algunas contusiones y un principio de bronquitis, pero le bastará que se cuide un par de días y que se tome las medicinas que le receté para que se anime.

    -Menos mal doctor, yo la verdad pensé que la situación estaba más grave -suspira aliviada Isabel.

    El doctor desvía la mirada -¡Puede ser más grave!

    -Hable claro -le pide Isabel.

    -No respondió a las preguntas que le hice, está pasando por una crisis nerviosa bastante fuerte.

    -Bueno, pero me imagino que le habrá dado algún medicamento para controlar eso.

    -Señora Isabel... Yo no quisiera preocuparla pero la situación que se presenta aquí es bastante curiosa.

    Isabel se pone nerviosa -¿Por qué lo dice?

    -Todos padecen choques emocionales, como si se tratara de algo contagioso... Antonio, don Andrés, su prima Valeria... ¡y ahora Walter! -Y la mira con sospecha -no, no puede ser una simple coincidencia...

    Isabel desvía la mirada.

    -Señora Isabel... ¿qué está sucediendo en esta casa, existe algo que los está afectando?

    Isabel lo mira y luego desvía la mirada sin saber qué contestarle.

    *

    En el pasillo de servicio Walter duerme profundamente, roncando, cuando Isabel le pone una mano sobre el hombro -¡Walter! -Lo despierta.

    Walter que está arropado en unas mantas se despierta sobresaltado y la mira aterrado.

    -¿Qué está haciendo aquí Walter? -Le reclama Isabel- el doctor le recomendó absoluto reposo... ¿qué está haciendo aquí afuera?

    -¡Nada!... -y Walter se envuelve con la cobija -no quiero ir a mi cuarto porque es... ¡es muy alejado de todo y está muy aislado!... ¡me da miedo estar solo!

    Isabel lo mira con pena -No se preocupe, que yo le voy a encomendar a alguna de las empleadas para que lo atienda constantemente Walter... pero vaya a su cuarto.

    -¡No! -Ruega Walter.

    -¡Por favor, no le va a pasar nada! -Isabel lo ayuda a levantarse.

    Walter temblando accede y se deja guiar - No -vuelve a repetir.

    -¡Hágame caso, todo va a estar bien! -Y lo lleva lentamente a su cuarto.

    *

    Al entrar a la habitación de Walter, Walter trata de retroceder y salirse otra vez pero Isabel entra con él y lo calma.

    -Gracias por preocuparse por mí- agradece Walter mirando con desconfianza alrededor suyo.

    -No tiene nada que agradecer, mejor cuídese Walter... -y luego agrega con su frialdad habitual -a mí no me conviene tener a los empleados enfermos -Isabel se dispone a retirarse.

    Pero Walter sigue mirando con miedo todos lados.

    Isabel se detiene y le pregunta -Walter ¿usted tiene miedo, no es cierto?

    Walter no contesta.

    -¿Miedo de qué? No dude en decírmelo, se lo suplico... si alguien lo golpeó usted está en obligación de decírmelo, sea quien sea, haya sido quien haya sido... ¡dígamelo!

    Walter la mira y luego dice en un susurro -¡No se puede acusar a un fantasma!

    Isabel traga saliva -¿El fantasma de quién?

    Walter cierra los ojos y luego responde -¡Don Pedro José Donoso! Se lo juro señora Isabel... ¡vino para hacernos muchísimo daño!... ¡no va a detenerse hasta destruirnos a todos, se lo juro, va a terminar destruyéndonos a todos!

    Isabel reacciona con miedo y le grita -¡No!

    *

    Esa noche Simón está sentado en la mesa del comedor cuando Abigaíl se acerca para preguntarle qué le pasa-Pensé que ya te habías ido a tu cuarto.

    -No tengo sueño todavía.

    -Desde que llegaste estas muy pensativo Simón. ¿Tienes algún problema?

    -Si los problemas están aquí mamá ¿cómo sigue Walter?

    -Muy extraño, no deja de repetir lo mismo -Abigail se sienta su lado- dice que don Pedro José está aquí y que ha regresado para hacernos daño a todos.

    -¡Pues a lo mejor tiene razón! Todo lo que dice es cierto.

    -¡Hijo, pero cómo se te ocurre decir algo así! Don Pedro José era un ser muy bondadoso, si siempre nos ayudó y protegió en vida... ¿por qué va a querernos hacernos algo después de muerto? No, lo de Walter son sólo obsesiones que están provocadas por su remordimiento.

    -¿Y si no son sus remordimientos? Será otra cosa mamá... Yo... a veces sí siento que don Pedro José está entre nosotros, pero no como un fantasma que nada más toca el piano, sino como algo más real, más inquietante.

    -Quieres explicarte Simón.

    -¡Es lo que quisiera, poder encontrar una explicación antes de volverme loco! -le levanta la voz Simón y se marcha.

    *

    En su habitación Isabel lee un libro cuando entra Salvador. Isabel deja de leer y le dice con reproche -¡Me imagino que estuviste en la empresa todo el día!

    Salvador le acaricia el pelo y luego se agacha y la besa -¿Te molesta que te haya dejado sola?

    -¡No! -Sonríe con ironía -¡de cualquier forma me tengo que acostumbrar a la vida que me quieres imponer y a la manera tan extraña que te comportas conmigo!

    Salvador la mira extrañamente.

    -¿Eso es lo que busqué, no? -Le pregunta Isabel y trata de volver a concentrarse en su libro.

    Salvador no le responde y se pasea por el cuarto -¡Isabel! Quiero... -y se arrodilla a su lado -¡quiero invitarte a salir esta noche!

    Pero Isabel sonríe con amargura - ¿Por qué te molestas mi amor? Si ya estuve encerrada todo el día, no hace falta que me saques a pasear ahorita -y trata de volver a leer el libro.

    Pero Salvador se lo empuja y lo hace caer... pero luego se arrepiente, lo recoge y lo vuelve a poner en sus manos -¡Vamos a salir! -le pide- ¡No quiero desesperarte como probablemente te pasó con Andrés Corona, ni aburrirte como lo hizo Pedro José Donoso!

    Isabel lo mira extrañada.

    -¡Quiero que vivas conmigo lo que no viviste con ninguno de ellos! -Y la mira con pasión-¡eso quiero!

    Isabel esboza una sonrisa.

    Salvador le sonríe y la besa... y luego añade con palabras muy extrañas -¡Me propongo darte lo que te mereces y hacerte sentir mucho más de lo que podrías esperar de cualquier hombre!

      ?

     Y hoy te vuelvo a enamorar

    y aunque creerlo te cueste

    ¡Si fuiste mía una vez

    Tú lo serás para siempre!

    ?

    Isabel sonríe y luego lo besa con amor. Salvador le toma el rostro en las manos y se vuelven a besar.

    *

    Mas tarde, Isabel vestida de negro y Salvador de traje, suben al auto. No muy lejos Rebeca los mira con odio. El auto se aleja y Rebeca tiembla de rabia. Rebeca entra de vuelta a la casa y se cruza con Vicky -¿Quiere cenar?

    -No, no quiero comer, voy a visitar a Walter.

    -Nora está con él, haciéndole compañía... fíjese que yo no entiendo que le pasa a Walter, por qué no quiere quedarse solo -le comenta.

    -¡Ya por favor! -Le corta Rebeca y la deja plantada.

    Rebeca entra al cuarto de Walter y despacha a Nora -¡Nora, necesito hablar con Walter a solas, así que retírese por favor!

    -Muchas gracias -dice Nora que sale corriendo.

    Walter se cobija entre sus sábanas temblando -No debió haber hecho eso doña Rebeca, porque a usted no le gusta que doña Isabel la vea hablando conmigo.

    -¡La señora Isabel acaba de salir con Salvador! -le dice Rebeca arrastrando la palabra señora- Seguramente la obligó después de dejarla sola todo el día.

    Walter cierra los ojos y no le contesta.

    *

    En el auto, Isabel va con Salvador. Salvador le sonríe. Isabel le sonríe.

    *

    En la mansión.

    -¡La tiene dominada como nadie pudo antes! Por más que intento sacarla de su error no entiende -se queja Rebeca.

    De pronto se da cuenta que Walter mira a lo lejos y no la escucha -¿Walter, qué pasa? ¡Walter, me puede decir qué vio en el cuarto del sótano!

    Walter se pone a temblar como una hoja -¡Descubrí al hombre... don Pedro José Donoso!

    -¡Walter! -Rebeca mira al techo exasperada.

    -¡Es cierto, es cierto!

    -¡Walter por favor no diga más idioteces! ¿No se da cuenta que estamos usted y yo solos?

    -¡Le juro que es la verdad! -Le suplica Walter llorando.

    -Walter, mire, yo no creo en esos cuentos ni creo en fantasmas... usted vio a otra persona, se impresionó demasiado y pensó que era el viejo Donoso ¡eso es todo!

    -¡Se lo juro doña Rebeca, es verdad, era él! Era su cara, era su voz, era todo -le dice gritando.

    -¡Cálmese por favor, usted está confundido!

    -Puede ser, no sé -Walter se toma la cabeza -a veces veía a Cerinza... a veces veía a Donoso.

    -Claro, claro -triunfante Rebeca- se quiere concentrar por favor y me puedes decir por fin a cuál de los dos cree que vio ¿eh?

    Walter mueve la cabeza desesperado -¡No sé, no sé, no sé! -Se golpea la cabeza- ¡era un verdadero espectro, una aparición fantasmal! -Y sus ojos verdes se llenan de miedo.

    Rebeca lo mira con desprecio.

    *

    Una fiesta de disfraces.

    Isabel y Salvador sin disfraces bailan en medio de una gran fiesta de disfraces.

    -No me dijiste que se trataba de una fiesta de máscaras -sonríe Isabel.

    -¿Te habrías puesto una máscara para venir? -Sonríe Salvador mientras la lleva en sus brazos.

    -¿Lo hubieras hecho tú? -Contraataca Isabel.

    -¡Quizás tenga puesta la máscara perfecta Isabel! -Le confiesa al Salvador- ¡y nadie se ha dado cuenta, ni siquiera tú!

    Isabel se pone seria -Mi amor, en verdad... ¿te importa mucho la empresa?

    -¡Siempre me ha importado!

    -¿Aún cuando eras simplemente un empleado humilde de Pedro?

    -¡Aún entonces!

    -Lo que pasa es que ahora que me independicé de Cítricos Donoso y me asocié con CroBergman yo... ¡creo que vas a tener que renunciar para encargarte de mi nuevo proyecto! -Le sonríe segura.

    -¿Es una invitación? -Le pregunta Salvador serio.

    -¡Eres mi marido y no me puedo dejar sola! Mucho menos interesarte en un negocio ajeno.

    -¿No serías tú la que abandona un negocio que deberías considerar tuyo? ¡Pedro José confió plenamente en ti, por eso te ofreció el cargo desde el día en que te conoció!

    Isabel sonríe pícara -¡Quizás lo hizo con la intención de seducirme!

    Salvador hace una pausa y luego reconoce -¡Quizás! Pero lo más importante era tu talento y tu gran capacidad de trabajo.

    -¡Sí mi amor! Él sabía que yo le iba a responder como él quería -Y los ojos de Isabel vagan en la distancia -por eso me ofreció ese cargo -Isabel suspira -¡fue precisamente aquí! -Y recorre con la mirada el salón -¡en este lugar!

    Isabel recuerda.

    "-No crea que lo hago por halagarla... No acostumbro a mezclar mis afinidades con el negocio -le dice don Pedro José Donoso mientras bailan -si le ofrezco el trabajo es porque estoy seguro de que usted tiene la capacidad para ser gerente de producción de la empresa.

    -No vaya tan a prisa señor Donoso -rechaza Isabel- yo no me perdonaría si cometiera una injusticia en contra de Inírida Fernández.

    -¿Y qué tiene que ver Inírida en esto?

    -Bueno, que ya lleva muchos años trabajando para esta empresa y que siempre ha soñado con ocupar ese cargo.

    -No creo que ella tenga la capacidad.

    -¡Ella estudió muchos años en Europa, en cambio yo... yo carezco de esa experiencia! -Le dice sinceramente Isabel.

    Don Pedro José Donoso sonríe -¡Déjeme decirle, los mejores trabajadores no son los que estudian en las grandes universidades, ni tampoco los que viajan por todo el mundo, sino los que tienen la voluntad de tomar decisiones, como usted!

    -¡Por encima de todo, yo creo que está la lealtad! Y yo de ninguna manera desplazaría a una amiga como ella.

    -Nunca pienso darle ese cargo a Inírida -le responde serio Pedro José -¡así que hágame un favor, acepte lo que le propongo y el puesto de suyo a partir de mañana!"

   

    Isabel vuelve realidad y se encuentra bailando los brazos de Salvador.

    Isabel deja de bailar y se separa de Salvador. Se dirige a servirse una copa de vino. Salvador la sigue. Isabel le sirve una copa.

    -Parece que no te diviertes en ninguna de nuestras salidas ¿tampoco te gusta este lugar?

    Isabel le pasa la copa de vino -¿Tú qué crees?

    -¡Estás bebiendo demasiado Isabel!  (Frase fuera de lugar,   puesto que nunca vimos a Isabel bebiendo)

    Isabel lo mira furiosa.

    -Con Pedro José no pasaba lo mismo -sigue con tono burlón.

    -¡No, con él no pasaba lo mismo! -Le responde enojada Isabel y luego vuelve a recordar.

    "Pedro José le sirve una copa de champaña y brinda - ¡Salud Isabel!

    -Gracias don Pedro, pero yo creo que por hoy ya fue suficiente -rechaza la copa Isabel.

    -¿Siempre se controla tanto?

    -¡En todo, no nada más en la bebida! -Le sonríe Isabel.

    -¡Vaya pues! -Le dice admirado Pedro José -¡brindo por la mujer más bella, inteligente y controlada que he conocido!"

   

    Isabel vuelve la realidad y decide brindar con Salvador -¡Salud por Pedro!

    Salvador sonríe con ironía -¿Pero por qué brindamos por él y no por nosotros?

    Isabel le responde furiosa -¡Porque al parecer no hay otra cosa que te entusiasme más que recordarlo a él, porque no has hecho otra cosa más que seguir sus pasos e imitarlo en todo! -Y levanta la copa con rabia.

    Salvador hace chocar las copas sonriendo.

    Pero Isabel en lugar de beber de su copa la estrella contra el suelo -¡Qué importa lo nuestro Salvador, si solamente piensas en él! -y se marcha furiosa de la fiesta.

    Toma su cartera y se dispone a retirarse cuando de pronto se siente mal y las figuras enmascaradas bailan fantasmagóricamente a su alrededor.

    De pronto ve a don Pedro que la mira enojado y sin sonreír. Isabel retrocede y choca con Salvador que le pregunta -¿Qué te pasa Isabel?

    Isabel tiembla -¡No quiero estar aquí, sácame de aquí, sácame de aquí por favor! -Le ruega.

    *

    Al llegar a la casa Isabel entra corriendo y sube las escaleras sin esperar a Salvador. Salvador sube las escaleras tranquilamente.

    Al pie en las escaleras Simón los ve llegar y los mira intrigado.

    *

    Isabel entra a su habitación y se saca los aros todavía temblando y se sienta en la cama.

    Salvador tranquilo entra detrás de ella y se sienta su lado y toma aire profundamente.

    Isabel se aleja de él.

    Salvador se acerca y le pone una mano sobre la rodilla. Isabel mira su mano con disgusto.

    -¡Te quise complacer! -se excusa Salvador- Lamento mucho que la noche haya terminado así.

    Pero Isabel no le cree- ¡Ah sí! ¿Y cómo querías complacerme, de qué manera? -Lo mira llena de furia -¡llevándome a los mismos lugares que él me llevaba, diciéndome exactamente las mismas cosas que me decía! -Explota llena de rabia -¡a dónde demonios quieres llegar Salvador, dímelo de una vez, dímelo de una vez! -Le grita.

    -Estás enojada porque probablemente te arrepientes de todo el daño que le hiciste -deduce Salvador.

    -¡No! -Le corta Isabel enojada - ¡no! -Y luego lo mira directamente a los ojos -¡yo no me arrepiento absolutamente de nada! Es más... si tuviera que regresar al pasado haría exactamente las mismas cosas que hice... -le responde Isabel absolutamente convencida de sus palabras -¡no omitiría nada, absolutamente nada!

    Isabel se levanta de la cama pero Salvador se levanta y se le pone enfrente y la detiene -¿Y si don Pedro regresara?... ¿serías capaz de volver a... Matarlo por mí?

    Isabel lo mira con rabia y le da tremenda bofetada.

    Salvador cierra los ojos y luego la toma del cuello y la besa con pasión. Isabel responde igual.

    Se separan y Salvador le dice seguro de sí mismo -¡Sí, lo matarías por mí, lo matarías!

    Isabel no responde simplemente lo besa.

    *

    Simón se pasea de un lado a otro en la sala -Algo extraño debe tener Salvador como para conseguir lo que quiere y sin costarle mucho esfuerzo, hasta se me vienen ideas raras en la cabeza cuando pienso que es amigo de la espiritista.

    -Es mejor que no pienses más de la cuenta Simón -le responde Antonio que está tirado en el sofá.

    -Nadie que se relacione con personas de esas actividades es de confiar.

    -Tú no puedes juzgar a nadie y menos a Salvador, no hables de él como si fuera una mala persona.

    -¿Y qué puedo pensar de una persona que conoce hasta los más mínimos secretos de otro que ya no existe?

    Antonio se toma la cabeza -Pues no sé, la verdad no sabría que responder.

    -Salvador conoce lo que únicamente don Pedro José podía conocer... Y tú debiste averiguarlo cuando fuiste a visitar a la espiritista.

    Antonio no responde.

    -¿Él estaba ahí? ¡Dímelo!

    -Ya Simón, deja de preguntar, me estás desesperando.

    -Él estaba ahí y por eso tú regresaste trastornado, igual que le pasó a Andrés Corona y como ahora le está pasando a Walter.

    -Pero ya hombre.

    -Antonio ¡qué averiguaste, dímelo! -le suplica.

    -Simón, si no quieres volverte loco, no averigües, y yo no te voy a decir nada porque no estoy completamente convencido.

    -Antonio... ¿quién es Salvador?... ¿qué oculta? Antonio, tú lo sabes y me lo vas a decir.

    -No tengo nada que decirte -Antonio se marcha exasperado.

    Simón suspira lleno de dudas.

    *

    En su habitación Isabel y Salvador se siguen besando apasionadamente cuando de pronto Isabel se detiene y se separa.

    -¡Ningún hombre te amará como te amo yo, ninguno! -exclama Salvador -¡te quiero sólo para mí!

    Pero Isabel se puede se pone a temblar como una hoja porque a la persona que ve diciéndole estas palabras es Pedro -¡Te voy a hacer olvidar los besos de Andrés Corona, quiero entregarte todo lo que Pedro José quiso y no pudo! -le dice Pedro- ¡Te haré sentir como ningún otro lo ha hecho!

    -¡No! -grita y lo rechaza Isabel -¡no quiero, perdóname!

    -Isabel -se sorprende Salvador.

    -Es que no me siento bien -le dice llorando Isabel -¡perdóname! -corre a refugiarse en el baño.

    Al quedar solo Salvador toma el retrato de don Pedro José Donoso y le guiña un ojo, luego toma el saco de traje y sale de la habitación.

    *

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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www.mabouchita.com :  CAP# 137: martes 31 de enero de 2006 – LA BUSQUEDA DE LA VERDAD

      *

     -¡Ay! –suspira- ¡La verdad que no me siento bien alejada de Salvador! –dice Gaetana y se pone a llorar.

     Matilda la consuela como puede- ¡Y todavía niegas que estás enamorada de él! -exclama.

     -¡Cómo se te ocurre! –se enoja Gaetana- ¡decir semejante bestialidad mujer! –le grita- ¡no estoy enamorada de él! –le aclara- lo aprecio mucho pero como un familiar nada más – y levanta el dedo índice amenazador.

     -Está bien, no te enfurezcas –se achica Matilda- no es para tanto.

     -¡Ni siquiera tú puedes entender un sentimiento tan normal! –sigue gritando Gaetana.

     -¡Lo quieres como un amigo! –repite Matilda levantando la voz- ¡está bien! –y Matilda se toma un buen trago- ¡lo quieres como a un hijito! –con un dejo burlón y luego de una pausa asesta- ¿por eso llorabas esta mañana cuando organizabas su cuarto?

     -¡Tú me estás vigilando bruja! –explota Gaetana.

     -No, nada de eso, lo que pasa es que ese cuarto… ¿por qué no me lo das? –de pronto sugiere- ¡el que estoy ocupando es muy pequeño!

     -¡Mírame por donde sales descarada! –ríe Gaetana- ¿sabes lo que puedes hacer? ¡regresarte a tu casa porque ya llevas mucho tiempo aquí!

     -¿Ah si? –se infla Matilda- ¿para que después te pongas a llorar como lo haces por Salvador! No mi amor… yo no quiero hacerte daño – le dice sinceramente- ¡yo me voy a quedar contigo como la más fiel de las amigas!

     Gaetana pone cara de que esto es el colmo.

     -Bueno.. ¿y?... ¿me quedo con el cuarto? –llena de esperanzas.

     -¡Ese cuarto es de Salvador y nadie lo va a ocupar! –le corta Gaetana- ¿Quién me dice a mí que el día de mañana… regrese a refugiarse aquí otra vez?

     (pues si claro…  como es normal que vengan los muertos resucitados a la casa de Gaetana)

     Matilda la mira contrariada- ¡Con la mansión que tiene y la esposa que se lanza! Olvidate que dejara a esa mujer… ¡es mucha vieja! –dice admirativa.

     -¡Yo conozco a Isabel Arroyo! –le responde Gaetana con cara sombría- ¡la conozco muy bien y por eso mismo sé que Salvador no se va a quedar mucho tiempo con ella!

     Un aire frío invade a las dos amigas.

     *

     Mansión.

     Isabel se da un baño de espumas y no puede contener su profunda tristeza, llora amargamente.  Las lágrimas corren por sus mejillas.  La desesperación inunda sus ojos de lágrimas y solloza entrecortadamente cuando de pronto entra Salvador y la descubre así.  Isabel se muerde los labios llena de orgullo pero no puede detener las lágrimas.  Salvador se acerca lentamente y se arrodilla a su lado.  Ella en el agua desnuda, él arrodillado al lado vestido.  Salvador levanta una mano y le seca las lágrimas del rostro con dulzura, con delicadeza.  Y lentamente su mano desciende a su cuello y se lo acaricia.  Isabel instintivamente le da un beso en esa mano tan cerca… y sigue llorando.  Salvador se acerca cada vez más y… la besa.  Isabel cierra los ojos pero las lágrimas siguen corriendo.

     Una música tierna se escucha.

      Salvador la besa cada vez con más pasión… y luego en un impulso se mete a la tina con ella, vestido así como está y sin importarle.  Y ambos se besan y se abrazan con pasión.  Luego de unos minutos Isabel hunde el rostro en el hueco del hombro y del cuello de Salvador.   Salvador se desviste, se arranca la parte de arriba del pijama. Mientras la sigue besando, juega con el jabón y se lo distribuye por el cuerpo.

     Isabel deja de llorar y jugando lo llena de espuma.  Y se siguen besando, devorando uno al otro.

     *

     Luna llena.

     Un nuevo día.  En su cuarto, Isabel duerme profundamente.  Salvador ya está listo para salir y busca su famoso traje de forro rojo.  Toma el saco y luego la vuelve a mirar dormida.  Se acerca a la cama y se sienta a su lado.  Le acaricia el brazo como admirando su belleza, como delineándola.  Con dos dedos le pone un beso sobre los labios.  Esto despierta a Isabel que le sonríe somnolienta y le sonríe.  Salvador sonríe, la cubre con la cobija y se marcha.

     Apenas Salvador sale del cuarto Isabel reacciona muy alerta, todos sus sentidos avivados.  Como una gata salta de la cama y se pone su bata de seda rosada.  La mirada viva y llena de determinación.  Sale del cuarto decidida.  Al salir al pasillo trata de abrir la puerta del escritorio de don Pedro José Donoso.

     Ángela la descubre en ese momento- Isabel, si quieres entrar ahí… no tienes por qué hacerlo a la fuerza –le dice con ironía.

     Descubierta in fraganti Isabel baja los ojos con aire culpable.  Ángela la mira extrañada y luego simplemente le abre la puerta del escritorio- Entra – la invita.

     Isabel como buscando refugio entra al escritorio y cierra la puerta detrás de ella.

     *

     Oficinas Donoso.

     Gaetana, vestida de un vestido verde muy llamativo, se encuentra en la oficina de Salvador.  Lo mira y se pasea nerviosa de un lado a otro hablando descontroladamente- Por el bar no te preocupes porque está funcionando a las mil maravillas… ¡los clientes aumentan y aumentan! –y hace una pequeña pausa y lo mira- ¡lo que no soporto es a la Matilda con su consultorio de maga! Todo el santo día… yo no sé como sacarla de ahí.

     -Si le molesta debe pedirle que se marche –dice tranquilo Salvador sin mirarla y trabajando en sus papeles- ¿no cree?

     -¡Es que ese es el problema Salvador! Yo no sé si ella me molesta o me hace compañía… ¿sabe qué?... yo mejor no le dijo nada… ¡no vaya a ser que después me arrepienta! –y lo mira con los ojos llenos de pena- uno se acostumbra a la gente.

     Salvador se da cuenta de la tristeza de Gaetana- Ahora me va a decir que me extraña –dice con un dejo burlón.

     -Usted que me conoce… ¡si! –suspira y toma asiento- me paso pensando… extrañándolo y no me hago a la idea de que ya no esté en la casa.

     En ese momento se abre la puerta- ¿Interrumpo? –mete la cabeza Ramírez.

     -¡No! Pase Ramírez.

     Ramírez entra y no puede evitar mirar con ojos de plato a Gaetana y trastabilla -¿Me puede firmar estos papeles? –Balbucea y le entrega los papeles a Salvador sin quitarle los ojos a Gaetana- ¿Qué tal señora?

     -¡Aquí, madrugando para venir a ver a mi amigo! No lo había visto desde el día de la boda.

     -¿Y su amiga… la que repartía tarjetas en la fiesta… la que dice que es hechicera y hace…? –y aquí no se atreve a terminar.

     -¡Si! Ella dice que es maga y habrá que creerle –le corta y luego continua- ¡yo soy espiritista! Solo que ya no practico –se pone nerviosa.

     -¡Gracias Ramírez! –Salvador le entrega los papeles firmados y trata de despedirlo amablemente.

     Pero Ramírez no se mueve- ¡Eso del espiritismo es muy interesante! –y luego no tiene opción sino marcharse- ¡que la pase bien señora! –y se marcha caminando de espaldas y mirándola asustado.

     -¡Yo mejor me voy antes que este señor empiece a hacer escándalo! –se levanta Gaetana cuando Ramírez sale por fin del cuarto- ¡no quiero molestar!

     -¡Ya sabe que no me molesta Gaetana! –Salvador trata de calmarla.

     -¡Usted está muy ocupado y a lo mejor no fue prudente venir a visitarlo! ¿sabe lo que pasa? Es que de verdad tenía ganas de verlo hombre.

     Salvador no la mira y se concentra en sus papeles, sin embargo le responde- A pesar de que no tengo mucho tiempo… la voy a autorizar para que me vaya a visitar a mi casa cuantos veces quiera ¿Qué le parece? –le sonríe.

     -¡Está hablando en serio! –Gaetana se pone contenta como una niña.

     -¡Nuestra amistad sigue siendo la misma de antes! La misma que mantenía con don Pedro José Donoso.

     Gaetana sonríe feliz.

     *

     Mansión.

     Isabel sola en el estudio, abre la tapa del piano, mira las teclas… y pasa los dedos sobre cada una de ellas acariciándolas.  Como buscando ayuda dirige los ojos al retrato de Catalina, la primera esposa de Pedro José Donoso.

     *

     En el pasillo.

     Rebeca busca a Isabel gritando.  Ángela le responde y le dice que Isabel está encerrada en el estudio. Rebeca mira con rabia y sospecha la puerta del estudio.

     *

     En el estudio.

     Isabel camina lentamente hacia el retrato de Catalina y luego con un dedo acaricia con cuidado y suavidad el rostro que sonríe eternamente.  Rebeca entra bruscamente y la interrumpe hablando con una voz aguda- ¡Estás desesperada por tu matrimonio y quieres refugiarte en este lugar! –dice llena de rabia- ¿verdad? –y la mira enojada- ¿sabes Isabel? Posiblemente el único hombre que te convenía era el viejo Donoso –con un dejo de desprecio bien claro.

     Isabel suspira cansada y baja los ojos que miraban a Catalina- ¡Entré en este lugar precisamente para estar sola! ¿te puedes retirar? –le pide sin consideraciones.

     -¡Si me voy a retirar! –responde gritando Rebeca- ¡pero no solamente de aquí sino de esta casa! ¿a ver que esperas para echarme Isabel? –y levanta el mentón- ¿hasta cuando vas a mantener a alguien que no está de acuerdo con todo lo que haces? –la reta.

     Isabel dejar vagar la mirada a lo lejos y simplemente no contesta.

     Rebeca sigue gritando- ¡No es por celos ni resentimientos! Sino porque tengo la absoluta seguridad de que Salvador está jugando con todos nosotros y contigo más que con nadie… ¡pero estás convencida de que él te ama sinceramente a pesar de haberse burlado de Valeria, de mí!… -y aquí hace una pausa para asestar el golpe melodramáticamente- ¡y de su primera mujer!

     Isabel reacciona- ¿De qué demonios estás hablando?

     -¡Ay, no te lo ha dicho todavía! –se burla Rebeca- ¡es tan cínico que pensé que ya lo había hecho!

     Isabel la mira con ojos llenos de espanto.

     Rebeca segura de su triunfo se acerca- Isabel… ¿no sabes que Salvador tiene una mujer y un hijo?

     Isabel  recibe el golpe y la mira boquiabierta y luego reacciona enojada- ¿Cómo puedes caer tan bajo tía?

     -¡No! Aquí el único que cayó muy bajo es él, que no le importó abandonarlos –Rebeca se mete los dedos en el pecho y saca un papelito- Si quieres tengo pruebas para demostrártelo.

     Isabel se niega a creerlo y mueve la cabeza negativamente.

     -¡Acércate a la casa de este hombre! Es el pintor Felipe Madero y él te puede contar muchas cosas de Salvador Cerinza que tú desconoces… ¡si de verdad quieres averiguar algo de tu bendito esposo, no pierdas la oportunidad Isabel! –y pone el papel sobre el escritorio- ¡ahí te dejo la dirección! –y sale del estudio.

     Isabel queda sola y respira agitada.  Mira con temor al pedazo de papel que reposa sobre el escritorio.

     *

     Más tarde, Isabel, vestida con un conjunto verde, falda a cuadros, que la hace ver muy guapa sale de la casa.

     A lo lejos, en el jardín, la miran Antonio y Ángela.  Isabel los mira y les sonríe tímidamente.  Sube al auto y se marcha.

     -¿Ya viste mi amor? Amaneció muy nerviosa… su relación con Salvador no debe marchar nada bien – comenta Ángela.

     -¡Anoche salieron y regresaron peleando! –le cuenta Antonio- cuando pasé por el pasillo los escuché discutiendo fuertemente.

     -Ese matrimonio fue una locura… ¡se empiezan a ver los resultado! –sigue Ángela- ¡esta mañana estaba tan alterada que tuve que abrirle la puerta del estudio.

     -¿Por qué hiciste eso?

     -La sorprendí forcejeando la puerta y estaba desesperada… estaba tan mal que decidí que lo mejor era dejarla entrar.

     -A lo mejor la música del piano la tiene desesperada, mucho más después de todo lo que pasó con Walter.

     -¿Sabes que mi amor? A veces pienso que hago mal en tener el estudio cerrado y no dejar que saquen al piano de allí.

     -¡Tú no tienes por qué sacarlo de allí! –exclama- ¡ese piano era lo que más quería tu papá y no tienes por qué moverlo!

     -¡Lo sé Antonio! Pero todo el mundo se está volviendo loco con esos conciertos.

     -¡Ángela por favor!

     -¡Entiéndeme por favor! Yo amo y respeto la memoria de mi papá… ¡te lo juro! Pero cualquiera se pone mal cuando escucha esa música sin ninguna explicación.

     Antonio siente miedo.

     -¿Ya viste a Isabel? –sigue Ángela con temor- ¡ella es la próxima en sufrir un ataque de nervios!

     -A lo mejor si se siente mal no es por el piano sino por su relación con Salvador… ¿Por qué se casó con él? ¡nadie que piense con la cabeza se casa con un desconocido! –hace una pausa- ¡porque Salvador es un desconocido para ella!

     -¡Para nosotros también lo es! A pesar de todo, nadie, absolutamente nadie sabe nada de él –y sus bellos ojos grandes y verdes están llenos de temor y premoniciones negras.

     *

     Enfrente de la casa de Felipe Madero.

     Isabel estaciona el auto y baja.  El joven vecino de Felipe deja de lavar su auto y se queda boquiabierto e impresionado al verla y se apresura a dirigirle la palabra- ¿la puedo ayudar señorita?

     -¿Usted vive aquí?

     -Si, aquí vivo… ¿Qué busca?

     -La casa del señor Felipe Madero.

     -Usted habla de ese pintor loco.

     -Entonces sí lo conoce… ¿vive aquí?

     *

     Apartamento de Felipe.

     Felipe camina con el teléfono al oído y gritando mientras se pasea de un lado a otro- ¿Qué te crees hombre? ¡Que yo voy a rebajarme hablando con ellos! No tengo por qué hacerlo… ¡hablé claramente con el director de la galería y le respondí que tenía que responderme por mis obras! Y si no lo hace él va a verse conmigo.

     Suena el timbre y Felipe la abre distraídamente sin fijarse en quien llega.  El joven vecino entra.

     -¡Ya voy de salida! –grita Felipe al teléfono y corta y luego se fija en el joven- ¡A usted quería verlo pero no imaginé que se acercaría a mi casa!

     -¡Ya ve como algún día tenía que ser!

     -¡Ya me colmó el buche de piedritas con ese ruido estruendoso e insoportable! Si usted no acaba con él yo voy a romperle el equipo a patadas.

     -¡No vengo a hablar de eso! Vine a informarle que alguien lo está buscando.

     -¡Quien! –grita Felipe.

     -Señorita por favor acérquese –el joven se dirige a la puerta y hace pasar a Isabel- Aquí está el ogro… digo… el maestra.

     Isabel entra tímidamente y Felipe de la sorpresa al verla retrocede unos pasos.  Isabel lo mira y luego mira con interés alrededor.

     *

     Fábrica.

     Ramírez no puede aguantar el chime- ¡Como te lo cuento, esa señora estuvo esta mañana visitando a Salvador!

     -¿Gaetana? –se sorprende Simón- ¿la espiritista? –y hace un gesto señalando que está más loca que una cabra.

     -¡Si! La amiga de la maga, la que estuvo en la fiesta de matrimonio ¿te acuerdas?

     -¿Hablando con Salvador?

     -¡Largo rato!

     -Deben ser muy buenos amigos para que se atreva a visitarlo en la oficina.

     (Uyyyy pero si no es para tanto!! )

     -Me parece algo muy raro esa amistad, Salvador es muy seria y esa mujer es tan extravagante… dígame una cosa… ¿de verdad usted conoció a Salvador cuando era un muchacho?

     -¡Claro que lo conocí! Era un jovencito que le servía de mensajero a Pedro José Donoso.

     -¿Pero lo reconoció en cuanto lo vio?

     -¡No! Él fue el que me reconoció, cuando me aseguró que era ese muchacho se me hizo increíble por que un muchacho flaquillo y morenito, más feo que un sapo… ahora en cambio es alto, atlético y buen tipo.

     -No pudo haber cambiado tanto.

     -¡Pues así ocurrió! Hubo una transformación total.

     -O la mejor mintió y él no es ese muchacho.

     -Si no lo fuera cómo podía haberse enterado de ciertos detalles que solamente Donoso y yo sabíamos… ¡eso es imposible!

     -En el caso de Salvador no es imposible, él parece tener todos los conocimientos que tenía don Pedro José –dice Simón con mala cara- ¡absolutamente todo!

     *

     Casa de Felipe.

     Isabel, luego de observar alrededor enfrenta a Felipe- ¡Así que usted es el pintor Felipe Madero!

     -¡Si! Así es… usted dirá en qué le puedo ser útil pero le ruego que se dé prisa porque yo estoy de salida.

     -Bueno… no se preocupe… en realidad usted no me conoce –Isabel cruza los brazos nerviosa- Yo estoy segura de que le va a extrañar mucho esta visita.

     -No, yo sé quien es usted –le corta Felipe- usted es Isabel Arroyo.

     Isabel se sorprende.

     -He visto su fotografía en varios diarios… sé que es una mujer muy importante de negocios que se ha casado varias veces.

     Isabel sonríe- Entonces conoce a mi actual esposo el señor Salvador Cerinza.

     Felipe cruza los brazos a la defensiva- Bueno, digamos que lo conozco más o menos, he cruzado con él unas palabras.

     -¿Es verdad que tiene una mujer y un hijo? –de improviso le pregunta Isabel sin más preámbulos.

     Felipe se queda callado un rato y luego- Usted… quien la envió… ¿su tía doña Rebeca?

     -¡No! Ella, es cierto que lo mencionó a usted, incluso ella fue la que me dio la dirección, pero tomar la decisión de venir a verlo… ¡no necesité de nadie! ¿puede contestar mi pregunta maestro?

     Felipe mueve la cabeza- Lo siento mucho pero no puedo, no puedo –y mete las manos en los bolsillos- la verdad que si conozco a su marido –se rasca la cabeza- ¡pero yo no quiero tener problemas con él! Porque si su tía la envió aquí para que yo le contara chismes… ¡lo siento mucho!

     -¡Yo vine a averiguar algo mucho más importante que un chisme!

     Felipe trata de marcharse y se pone a buscar sus cosas para salir – Señora, me va a disculpar pero yo no discuto nada de eso –y le abre la puerta.

     -¡Está bien! –acepta Isabel resignada- si usted prefiere guardar silencio entonces está protegiendo de alguna manera a un hombre que se casó dos veces –lo acusa.

     Felipe la mira asombrado.

     -¡Un bígamo! –acusa Isabel.

     -¡No! Él no se casó con ella nunca –reacciona.

     -Entonces usted si está reconociendo que sí tiene una mujer y un hijo.

     Felipe suspira y cierra de vuelta la puerta de un golpe seco- ¡No le voy a decir más nada que lo que le contó su tía! Es cierto, su esposo tiene una mujer y un hijo.  Ellos vinieron aquí a buscarlo y yo les di albergue aquí en la casa por un tiempo.

     -¿Y Salvador se enteró de eso? –pregunta Isable temblando.

     Felipe la mira y sonríe con desdán-¡No solamente se enteró sino que los rechazó descaradamente porque le interesaba  pues esconder todo esto para casarse con usted!

     Isabel traga saliva

     -¡El vivió con ella durante muchos años y tuvieron un hijo y nada de eso le importó! –sigue Felipe.

     -¿Y en donde están esa mujer y ese niño?

     -Justamente los llevé a su pueblo el mismo día que usted se casó con Salvador Cerinza… ¡yo no podía soportar que ella se enloqueciera con la angustia de verse abandonada por ese hombre!

     -¿Usted me puede decir el nombre del pueblo donde vive?

     -Lo siento mucho, pero no se lo puedo decir… eso sería como buscarle más problemas a esa mujer y ella no se lo merece –y Felipe le vuelve a abrir la puerta.

     Pero Isabel se emperra- ¡Donde vive por favor, necesito saberlo!

     -¿Pero para qué la busca? Ella es una mujer humilde que no le ha hecho daño a nadie, su único pecado ha sido amar a un hombre que la abandono.

     -¡Quiero verla! –insiste Isabel.

     -¡Pero déjela en paz, usted se casó con él! Olvídese que ella existe.

     Isabel mira a otro lado con desesperación.

     -¡Ella no va a volver nunca a esta ciudad y no va a pedir ni a solicitar nada a nadie! –sigue Felipe.

     -¡Yo tampoco pienso pedirle explicaciones de nada! –explota Isabel- ¡simplemente quiero hablar con ella! ¡quiero saber la verdad! –y no puede contener las lágrimas de desesperación- ¡creo que merezco saber un poco más acerca del hombre con quien me casé!

     Felipe la mira asombrado y se ablanda- ¿Usted fue capaz de comprometerse con alguien que no conocía? ¿no le parece que es un poco tarde para averiguarlo?

     -A lo mejor –admite Isabel- pero no me voy a quedar con la duda y mucho menos en este momento que se que existen esa mujer y ese niño… ¡se lo suplico! –le ruega- ¡se lo imploro por favor! Dígame donde están.

     Felipe la mira con pena y duda.

     -Le aseguro que no le volveré a pedir nada ni a molestar si me da esa información.

     Felipe sigue dudando y se pasea nervioso de un lado a otro.  La vuelve a mirar y luego balbucea- Si no se lo doy… -avanza.

     Isabel dice entre sollozos- ¡Pues me va a tener aquí todos los días de su vida maestro!

     Felipe la vuelve a mirar y comprende su determinación- ¡Las Cruces! –de pronto le dice- ¡ella vive muy cerca del pueblo de Las Cruces! Y la persona que puede darle toda la información acerca de ella es… el párroco del pueblo que es mi sobrino.

     (bueno…   tanto alarde y al final le dice la verdad de un tiro!!)

     -¿Y como se llama? –pregunta Isabel en un suspiro y temblando.

     -Se llama Jacobo, Jacobo Madero. Voy a darle… la dirección para que lo localice- y Felipe busca un papel y escribe los datos.

     Isabel se seca las lágrimas toscamente y le agradece- Gracias.

     Felipe le entrega el papel y la mira con pena.  Isabel vuelve a llorar con desolación.

     *

     Una carretera.

     Isabel conduce decidida su Jaguar blanco- ¡De cualquier manera tengo que averiguar qué es lo que ocultas Salvador! –traga aire profundamente - ¿Quién eres? ¡Quien demonios eres!

     *

     Mansión.

     Llega la noche. En el salón ante el fuego está sentada Isabel esperando.  Salvador llega del trabajo, todo vestido de negro, muy guapo.  Al verla se acerca.  Isabel se da cuenta de su presencia y suspira agitada.  Salvador se acerca lentamente, se sienta a su lado y le toma la mano y se la besa con dulzura- ¿Te sientes mejor?

     -¡Si! –miente Isabel- pero esta noche no quiero salir, estoy cansada.

     -Prometo ocuparme más de ti que de la empresa – dice Salvador- lamento haberme demorado –y la mira y la besa.

     Isabel no responde al beso y mira a la distancia.

     *

     Más tarde en la habitación Salvador trabaja en la cama con el ordenador portable.  Isabel a su lado en la cama, le da la espalda cuando dice- ¡Me imagino que hay tanto trabajo en la empresa que lo tienes que traer a la casa!

     -Tranquila mi amor, ya termino.

     -No te preocupes, yo también voy a estar muy ocupada porque el Sr. CroBergman me invitó a una conferencia fuera de la ciudad –sigue sin mirarlo- ¡Acepté!

     -Me parece muy interesante –Salvador se pone tenso como una cuerda pero responde con frialdad- ¿Cuándo piensas viajar?

     -Mañana por la mañana, y espero que no te moleste si me ausento por 2 o 3 días.

     -¡Por supuesto que no! –responde rápidamente- estás en todo tu derecho.

     Isabel no responde.

     Salvador deja de trabajar y su mirada se pierde a lo lejos.

     *

     Al día siguiente Salvador acompaña a Isabel hasta el auto.  Isabel lleva una maleta.  Salvador le abre la puerta del Jaguar blanco.  Isabel le sonríe.  Se besan.  De pronto Salvador alarga el beso como no queriendo dejarla ir.  Isabel se separa y le acaricia el rostro con cariño.  Ambos se miran con esa mirada que sabe más de lo que uno dice.  Isabel sube al auto.  Salvador cierra la puerta.  Isabel arranca y se marcha.

     *

     No muy lejos Rebeca llena de odio los ve partir.  Cerca de ella, mientras riega las plantas, Walter la ve partir.

     El auto se aleja a lo lejos y de pronto Salvador dice para si mismo- ¡Hasta pronto Isabel! –suspira- ¡espero que tengas suerte en este viaja! –y luego vuelve a la casa.

     *

     -¿Así que Isabel salió de viaje? –Valeria.

     -Si, pero fue un viaje corto –Abigail- lo que me parece muy raro es que Salvador no haya ido con ella.

     -Ese matrimonio es muy raro no se comportan como una pareja normal.

     -Es cierto, todo en ellos es raro, igual que lo que está sucediendo en esta casa… ¿a donde vamos a ir a parar?

     -No sé Abigail, pero yo no me pienso quedar a saberlo.

     (otra vez???  Cuantas veces dijo Valeria que se iba?)

     -Si Isabel no decide nada voy a tener que marcharme –sigue Valeria.

     Abigail se asusta (otra vez ) - ¡No diga eso! ¿Donde va a ir usted sola?

     -Bueno, ya lo tengo decidido y cuando llegue el momento voy a comentártelo.

     Abigail la mira preocupada.

     *

     Una autopista.

     Isabel toma una autopista y mientras conduce escucha la voz de Felipe.

     “Es cierto, su esposo tiene una mujer y un hijo.  Ellos vinieron aquí a buscarlo y yo les di albergue aquí en la casa por un tiempo.”

     De pronto Isabel recuerda a Cantalicia en la iglesia gritando el nombre de Salvador ante la mirada espantada de todos los invitados.

     “ ¡Salvador mijo!”-escucha Isabel como una pesadilla y llora y con una mano se toma la cabeza.

     *

     Mansión.

     -¡Nunca me imaginé que estuvieras hablando en serio y no estoy de acuerdo con lo que piensas hacer Ángela! –dice Antonio nervioso.

     -¡Perdóname pero no puedo oír solamente tu opinión! –grita Ángela- ¡Todos vivimos en esta casa y necesitamos tranquilidad!

     (Bueno...   yo no me acuerdo que haya escuchado su opinión nunca)

     -¿Y piensas que todo se va a arreglar sacando el piano?

     -¡Estoy en la obligación de hacerlo y tú no me lo vas a impedir!

     -¡Ángela por favor! ¿Qué más vas a sacar del estudio, vas a acabar con todos los recuerdos de tu papá?

     -No Antonio, pienso dejar todo como está pero ese piano ya no se puede quedar ahí.

     -¿Qué vas a hacer? ¿lo vas a tirar a la calle, lo vas a romper en pedacitos como lo harían todos los enemigos de don Pedro José?

     -No Antonio, ninguna de esas cosas voy a hacer, lo voy a dejar en la sala baja la vista de todos por un tiempo y después es probable que se lo venda a algún anticuario para acabar con los misterios.

     Salvador los sorprende.

     -¡Por mi haz lo que quieras! –grita Antonio- vende toda la casa, si quieres, para complacer a los demás haz lo que quieras Ángela.

     -¡Antonio no me grites! –llora Ángela- tú sabes muy bien que lo estoy haciendo por el bienestar de todos –Ángela entra al estudio.

     Salvador se acerca a Antonio que lo rechaza- ¡No se meta señor! No quiero que discuta con ella.

     -¡Yo no necesito discutir con ella para hacerle ver sus errores! –le corta Salvador.

     -Por favor no la moleste –ruega Antonio.

     -Muchacho, sabes perfectamente que la conozco mejor que tú, déjame quedarme a solas con ella –le exige Salvador con ojos bien negros.

     Y sin más consideraciones Salvador se mete al estudio detrás de Ángela.

     (Este Antonio siempre un pelele )

     Antonio vencida se hace a un costado.

     *

     En el estudio.

     Salvador entra y encuentra a Ángela sentada al piano, llorado.  Ella lo mira.

     -De manera que quiere deshacerse del piano de su papá.

     -Salvador no se entrometa en este asunto por favor, haga el favor de salir de aquí.

     -Señora Ángela, le ruego que me deje decir unas palabras.

     -No trate de convencerme –dice Ángela entre lagrimas- por mucho que me duela ya tomé una decisión.

     -Yo no voy a tratar de convencerla, no tengo ningún derecho, usted es libre de hacer lo que quiera con los objetos de su papá.

     Ángela lo mira con esos grandes ojos bellos llenos de lágrimas.

     -¿Se contagió del miedo de los demás, no es cierto? –la reta Salvador- ahora también la espantan los concierto.

     -¡No! No es que me espanten, si por mí fuera dejaría este piano aquí en este lugar, pero tengo que pensar en los demás Salvador. Y si es realmente mi papá quien toca este piano pues él sabrá comprenderme.

     (Si Ángela,  solo que DPJ era y es un hombre muy egoísta)

     Salvador traga saliva y se acerca al piano, se apoya sobre él suspirando- ¿Usted se ha puesto a pensar que pasaría si esa música vuelve a escucharse otra vez? –y Salvador no puede contener las lágrimas- Sin el piano… ¿no seria peor?

     Ángela lo mira sorprendida de verlo llorar-Si eso sucede, si suena nuevamente no podré remediarlo –y se desespera- ¡y entonces si nos moriremos de miedo y habrá que aceptar al espíritu.

     Salvador la mira con reproche.

     -¿Qué más puedo hacer? –le pregunta Ángela- ¡Dígame! –y luego de una pausa- Voy a llamar a los empleados para que me ayuden a sacar al piano.

     Salvador la ataja- ¡No! Espere doña Ángela… ¿de verdad va a deshacer ese piano donde nació No me Olvides?

     Ángela lo mira boquiabierta.

     -¿De verdad? –repite Salvador llorando.

     -¿Qué dice? –exclama Ángela.

     -¿Ya olvidó su nombre? No Me Olvides –repite.

     Ángela no puede reaccionar.

     -¿Qué pasa? ¿se le perdieron los recuerdos de la infancia? ¿se le perdió doña Ángela?

     Ángela retrocede muchos años y recuerda a su padre tocándole el piano.

     Ángela es una niña rubia preciosa.  Don Pedro José Donoso le canta y le improvisa al piano una melodía… al terminar le sonríe – “¿Te gustó?  Esa canción la compuse para ti por tu cumpleaños “

     La niña sonríe- “ ¿Se llama Ángela?”

     -“Pues no, no se llama Ángela, debería llamarse así pero yo preferí ponerle No Me Olvides… ¿sabes lo que es No Me Olvides?”

     -“No”

     -“ ¿No sabes lo que es No Me Olvides? ¿no te da vergüenza? –juega don Pedro José - ¡No Me Olvides es una flor azul muy linda y muy bonita así como tú que solo nace en la primavera como tú que naciste en abril… ¿y sabes qué significa para mí No Me Olvides? ¡Significa Ángela! ¡Significa la primavera y significa también lo que más quiero en el mundo! –le sonríe- ¡Qué nunca me olvides niña! –y la abraza muy fuerte.”

     Ángela vuelve a la realidad y cerrando los ojos llora.

     Salvador dice en voz alta –No Me Olvides significa Ángela, que significa primavera y fue un juego de su papá… usted lo olvidó y por eso quiere deshacerse del piano.

     Ángela abre los ojos y la mira espantada.

     -Espere un día más señora… ¡solo un día más! –ruega Salvador.

     -¿Para qué? –balbucea Ángela.

     -Si esta noche usted escucha No Me Olvides en el piano significa que su papá no quiere que se deshagan de él,  pero si no la escucha entonces haga lo que quiera… ¿esperará?

     Ángela lo mira con horror.

     -¿Esperará? –repite Salvador.

     Ángela sale corriendo del estudio sin contestar.

     *

     En la puerta se encuentra con Rebeca que estaba espiando.  Ángela la mira con ultraje y entra a su habitación llorando.

     -¿Pasa algo? –pregunta Antonio.

     -¡Nada! –responde Ángela.

     -Discutiste con Salvador ¿te dijo algo malo?

     -¡No quiero hablar de Salvador ni de nada! –le grita Ángela y se mete al baño dejándolo plantado.

     *

     En el estudio Salvador se seca las lágrimas y lentamente se sienta al piano y acaricia las teclas.

     *

     FIN DEL CAPITULO

       (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad)

     @2005 Narración by Mabouchita! Z;D

     www.mabouchita.com

     Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme

     www.mabouchita.com :  CAP# 138: miércoles 1 de febrero de 2006 – NO ME OLVIDES

     *

     Mansión.

     Azur se pasea por el enorme jardín.

     En el comedor Rebeca despotrica- Ángela estaba dispuesta a sacar el piano del estudio, pero claro… ¡Salvador la convenció de lo contrario!

     Walter apenas la escucha, sentado como un zombi.

     -¡Es que hace lo que quiere y manda en esta casa!

     -Sobre todo ahora que la señora Isabel no está aquí –dice Walter preocupado- no entiendo, ¿Por qué tuvo que viajar? Es una decisión intempestiva.

     -¡Si, pero me alegro mucho que lo haya hecho! –Rebeca baja la voz- porque eso quiere decir que aún existe la posibilidad de poner a ese sinvergüenza en su debido lugar –y los ojillos le brillan diabólicamente.

     -¿Quiere explicarme eso por favor?

     -¡No Walter! No le voy a explicar nada, esta vez la respuesta nos la dará Isabel cuando regrese, espero que haya ido adonde supongo que fue –dice con voz de triunfo.

     Walter la mira intrigado.

     *

     Las Cruces.

     Isabel llega manejando su Jaguar blanco (para no llamar la atención evidentemente ) y para el auto para preguntarle a un policía que está hablando tranquilamente con un campesino- ¡Buenas Noches!

     -¡Buenas Noches señorita! –se cuadra el policía- ¿en que puedo ayudarle? –y se saca el sombrero.

     -Lo que pasa es que estoy un poco perdida y necesito información.

     -¡Diga nomás!

     -Estoy buscando el pueblo de Las Cruces! Según yo ya llegué pero no encuentro ningún letrero, ninguna señal.

     -Lo que pasa es que la última  tormenta barrió con todas las señales –se excusa apenado- no se preocupe, aún no se ha pasado y si quiere la acompaño.

     -Se lo agradecería mucho.

      El policía se despide del campesino y sube al auto de Isabel muy feliz.

     *

     Apartamento de Felipe.

     -¡No puedo creer lo que me está contando maestro! –se sorprende Chelito  -¿de verdad esa vieja vino a verlo?

     -¡Te aseguro que todo fue como te estoy contando! La tal Isabel se presentó aquí cuando menos lo esperaba y te confieso que me impresionó mucho porque es mucho más linda de lo que sale en las fotografías.

     -Y yo que pensé que todos los problemas iban a terminar con la partida de Cantalicia.

     -No aguanto más Chelito, te lo juro, la visita de Isabel Arroyo ya fue más que suficiente.  Y por eso la envié para allá, al tarugo de mi sobrino.

     (Ah!…  ahora se justifica)

     -¿Y qué quiere decir con eso?

     -Que mandé a Isabel Arroyo con mi sobrino para que lo enfrentara, como ella vino preguntando por Cantalicia no tuve más remedio que darle la información donde encontrarla y quien puede darle más datos acerca de ella.

     -¿Pero le parece justo lo que hizo maestro, no desconfiaba de esa señora? ¿Por qué no se negó a darle la información?

     -Al principio no quise soltar palabra pero después que hablamos, cambié de opinión acerca de ella.

     -O sea que ya  no le parece tan mala como creía.

     -No sé… ¡me pareció sincera! Un poco desconcertada y estoy casi seguro que ella no tiene nada que ver con los embrollos del tal Salvador Cerinza… ¡ay Chelito! De eso estoy bien seguro.

     -¿Y qué cree que va a hacer ella con los datos que le dio?

     -Te puedo asegurar que ya está camino al pueblo… si es que ya no está allí.

     -¿Y como quedó? –de pronto Chelito cambia de tema y le pregunta por el cuadro que Felipe se concentra en dibujar.

     Felipe mira el retrato de sus propios pies sobre la mesa y sonríe satisfecho.

     *

     Las Cruces.

     Isabel conduce con el policía sentado en el asiento del pasajero.

     *

     Mansión.

     Ángela espera impaciente que el piano suene… se pasea por el pasillo mirando temerosa a la puerta y espera con miedo.

     Antonio la mira y se acerca- Ángela… no sé qué te pasa… desde que hablaste con Salvador has estado muy callada y alejada de todos… ¿te hizo cambiar de idea verdad?... no te dejó sacar el piano del estudio.

     Ángela no puede evitar llorar y responde- Es posible que lo sacaré (sic) mañana.

     -¡Estás llorando! –se sorprende- ¿Por qué estás llorando? ¡es por culpa de Salvador! –se enoja- ¡le advertí que no debía molestarte!

     -Es que él no tiene que molestar a nada para dejarlo a uno trastornada –dice Ángela en sollozos y se aleja de Antonio.

     -¡No permitas que te robe la tranquilidad! No tienes que hacer nada de lo que te dijo.

     -Es que no puedo –le confiesa- es muy difícil porque cuando lo miro y cuando lo escucho siento que no es Salvador él que está frente a mi… ¡y que enloquezco y pierdo todos mis sentidos y que no estoy en la realidad!

     -¡Mi amor! Tranquila… vamos al cuarto.

     -¡No! No quiero, estoy segura que no voy a dormir… quiero quedarme aquí –llora- ¡quiero quedarme aquí para escuchar ese piano esta noche!

     -Mi amor… ¿Por qué crees que va a volver a sonar?

     -¡Antonio, no me preguntes, te lo suplico! Yo necesito estar a solas.

     -No me gusta dejarte a solas… entiende que me preocupas mucho.

     -No te preocupes.

     Antonio le acaricia la cabeza y se marcha.  Ángela se queda mirando la puerta del estudio, llorando desesperada… y desesperadamente sola.

     (ufff!!!  Esto de que Antonio la deje sola y en ese estado no tiene ni pies ni cabeza!!)

     *

     En la sala Vicky se acerca a Salvador que está mirando al fuego y sostiene una copa de vino tinto en la mano derecha.

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     -¿Se le ofrece algo señor Cerinza? –pregunta Vicky nada amablemente.

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     -Al señor Cerinza no se le ofrece nada – le contesta Salvador seco.

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     Vicky se queda parada a su lada.

     -Puede retirarse Virginiana –ordena Salvador- Retírese que yo también haré lo mismo.  Me siento cansado y quiero dormir –y se toma todo el vino.

     -Se le va a espantar el sueño si se acuesta con la panza vacía… mejor le traigo algo ligero para que se lo coma.

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     -Le agradezco mucho, pero no, gracias.

     -Yo no entiendo cómo la señora Isabel se fue dejándolo a usted –critica- ¿se ha de sentir muy solo, no?

     -Ella sabe lo que hace –Salvador juega con su copa- y yo también estoy de acuerdo.

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     Vicky lo mira y luego se retira pero se arrepiente y vuelve sobre sus pasos- Puede seguir llamándome Vicky –le dice seria- ¡la costumbre hace la ley!

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     Y la verdad no me siento cómoda oyendo mi nombre de pila… ¡y más que el único que lo sabía era el señor Donoso! –y se inclina para despedirse- ¡buenas noches señor!

     -¡Buenas noches Virginiana! –responde Salvador seco y de mal humor.

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     Vicky lo mira molesta.

     *

     Las Cruces.

     El padre Jacobo se despierta de mal humor- ¡Por qué Martín viene a despertarme hombre de Dios! ¿no ve qué hora es? Además me siento enfermo, me va a dar un resfriado espantoso.

     -Lo sé padre Jacobo, pero se trata de una mujer que quiere hablar con usted.

     -¡Yo no recibo a mujeres a estas horas ni en  estas fachas!

     -¡Si usted la viera! –suspira el otro- ¡es una vieja que está requete buena! ¡si la viera padre!

     El padre Jacobo le dirige una mirada terrible- ¡Y eso a mí qué me importa! ¡no me falte el respeto que a mí no me interesan las mujeres ni bonitas ni feas!

     -Disculpe padre, no quise ofender… no faltaba más.

     -En este momento lo único que quiere es que me dejen en paz, tengo que madrugar para celebrar la santa misa… ¡miren nada más a este descarado!

     -¿Entonces qué le dijo padre? ¿Qué se regrese a Río Claro?

     Al escuchar el nombre de la ciudad el padre Jacobo pierde el habla y se pone pálido-¿Qué está hablando, por qué menciona a Río Claro?

     -Es que de allá viene a buscarlo a usted.

     -Viene de Río Claro –repite Jacobo.

     -Pero no crea que es una mujer cualquiera, es una vieja muy elegante y su coche… ¡uf! Viene en un coche que ni le cuento.

     -¿Le dijo cómo se llama?

     -¡Fíjese que no recuerdo!... o no le pregunté, pero si vino de tan lejos seguro que la conoce… ¿Qué le digo padre… la va a dejar afuera?... –hace una pausa- ¿o le digo que pase?

     El padre Jacobo duda.

     *

     Isabel espera afuera de la iglesia al lado de su auto.

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     Está vestida muy elegantemente para el pueblo y llama la atención.

     -¡Señorita! –la llama el policía que sale de la iglesia.

     -¿Qué pasó, encontró al padre? –con ansiedad.

     -Se demoró en atenderme porque estaba durmiendo, estaba enojado como los mil demonios y más neurótico que nunca.

     -No me va a poder recibir –concluye Isabel.

     -¡No quiere recibir a nadie pero yo lo convencí! –sonríe el policía contento de hacerse unos puntos a favor- ¿Qué no haría yo por una mujer tan guapa como usted? –aprovecha para piropearla.

     -Gracias –sonríe Isabel segura de la atracción que ejerce sobre los hombres y recoge su bolsa y le dice- Vamos –entra a la iglesia.

     *

     Mansión.

     Noche avanzada.

     Ángela en el pasillo espera.

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     Salvador en el escritorio.

     (Tuvo que pasar por el cuarto secreto )

     Como Ángela lo esperaba (y nosotros también ), Salvador se sienta al piano y empieza a tocar la música prometida “No Me Olvides”.

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     Salvador mira a la distancia perdido en sus memorias y llora.  La escena es muy triste.

     *

     Afuera, en el pasillo, Ángela escucha las primeras notas

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     y por supuesto, también llora, primero suavemente y luego tiembla incontrolablemente.  Su embarazo muy avanzado se hace aún más evidente, y se la ve frágil y cada nota es una amenaza que la invade, que la abrasa, que la quema.

     *

     En el escritorio Salvador toca incasablemente.

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     *

     En su habitación Valeria despierta con las notas y pone cara sorprendida.  Prende la luz de su habitación y escucha atentamente cuando entra asustada Abigail gritando- ¡Otra vez ese bendito piano!

     -Esta noche suena bastante fuerte.

     -¡Ángela quería sacarlo del estudio y francamente yo creo que debería haberlo hecho!

     -¡No! Ese piano debe quedarse ahí.

     -Aunque se trata del señor Donoso, ya todos nos sentimos mal.  ¡A los únicos que no parecen afectarle es a Antonio y a usted!

     -Es extraño – comenta Valeria.

     -¡Claro que es extraño un piano sonando solo!

     -No me refiero a eso, es la música… ¡está tocando una melodía que no conozco! Sin embargo es su música.

     Abigail mira al techo, hacia donde se encuentra el estudio, asustada.

     *

     En el pasillo Ángela esta a punto de un ataque de nervios.  Haciendo tripas corazón, temblando, se levanta y decide abrir la puerta del estudio.

     Pero antes de que pueda abrir la puerta aparece Abigail -¡Ángela! –la detiene.

     -¡Abigail! –dice Ángela en sollozos.

     (Ángela rompe el corazón de cualquiera )

     -Esa música… -balbucea entre lágrimas- es la música que me dedicó cuando era una niña…. ¡y la está tocando para mí! –y luego tiene un tremor de pies a cabeza- ¡yo esta vez sí siento miedo! –le confiesa y se abraza a Abigail como si fuera una tabla de salvación- ¡mucho miedo!

     -¡Hija, tienes que retirarte de aquí!

     Pero Ángela se niega- ¡No! No puedo… ¡no puedo! –y llora con sollozos fuertes y entrecortados.

     -¡Las emociones fuertes te hacen mucho daño hija! –sigue Abigail.

     La pobre Ángela es un manojo de nervios que se estremece como una hoja.  Abigail la mira, se llena de pena y la abraza.

     *

     En el estudio, Salvador ajeno a la situación y egoísta como ya nos tiene acostumbrados, pensando en sí mismo y con el objetivo de evitar la pérdida del piano, objeto fetiche que permitirá la eterna presencia de don Pedro José Donoso en esa casa, sigue tocando…. Y sigue tocando.

     *

     Las Cruces.

     Isabel entra a la sacristía

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     sin ver al padre Jacobo, y al ver el viejo piano (que antes no estaba ahí )  se acerca y lo acaricia pensativamente.

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     El padre Jacobo aparece de repente y la mira enojado.

     -¿El padre Jacobo Madero?

     -¡No hay más curas por aquí! –responde maleducadamente.

     -Perdón que lo haya venido a molestar a esta hora pero me fue prácticamente imposible venir más temprano.

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     -¿En qué puedo servirla señora? –seco.

     -Mi nombre es Isabel, Isabel Arroyo, vengo de Río Claro.

     -Isabel Arroyo –repite Jacobo roncamente.

     -Si, su tío Felipe me aseguró que usted me podría dar alguna referencia de la señora Cantalicia.

     Jacobo se estremece de pies a cabeza al ver sus temores confirmados- ¿Cantalicia? –pregunta.

     -¡Si! Cantalicia, la mujer de Salvador Cerinza –repite Isabel.

     Salvador mira al suelo frunciendo el entrecejo contrariado.  Isabel lo mira con ansias.

     *

     Mansión.

     Mientras tanto, muy lejos, otro drama tiene lugar.  Salvador concluye su concierto nocturno y simplemente se queda quieto… esperando… mira a la puerta y sonríe… esperando que Ángela entre feliz al estudio sonríe como un niño.

     *

     Pero en el pasillo Ángela tiene tremores y mira la puerta con horror.

     -¡Ángela, el piano ha sonado muchas veces de esa manera! –trata de calmarla Abigail.

     -¡Hoy tocó la melodía que me dedicó cuando era una niña! –apenas puede hablar del llanto- ¡no puedo más Abigail! –dice desesperada.

     -¡No puedes ponerte así! No te hace ningún bien… ¡recuérdalo hija!

     -Es que Salvador me dijo que mi papá iba a tocar esa melodía esta noche… ¿Cómo pudo saberlo? ¡como pudo enterarse!

     -¡Tal vez no era la misma! Estás muy nerviosa y puedes haberte confundido… ¿Cómo vas a recordar algo que no escuchas después de tantos años?

     -¡Es la misma! –repite Ángela segura de lo que dice y contemplando la puerta como si fueran las puertas del infierno.

     Aparece Antonio- Mi amor, vamos al cuarto.

     -¡No!

     -¡Tuvo una crisis nerviosa por culpa del piano! –Abigail.

     -Tranquila, si quieres sacar al piano no me opongo, tu salud está primero que todo.  Lo sacaremos cuando tú quieras, yo mismo te voy a ayudar.

     (Bueno, este Antonio,  dispara para cualquier lado, el problema en este momento no es el piano!! Realmente el diálogo que hoy le toca a Antonio es muy pobre )

     -¡No, no quiero! –se niega Ángela- ahora soy yo la que se resiste a sacar el piano de aquí –dice con la voz entrecortada de un llanto histérico- ¡ahora estoy convencida de que mi papá está aquí en esta casa con nosotros! No me queda ninguna duda Antonio.

     -Vamos a llevarla al cuarto –decide Abigail- voy a prepararle un té de tila.

     -¡Vamos! –Antonio.

     -¡No! ¡No quiero nada! –les grita Ángela- ¡no me van a dar nada! Lo único que quiero es saber la verdad.

     Y diciendo esto abre la puerta del escritorio.

     -¡No entres ahí! –grita Antonio.

     Pero Ángela ya está adentro.

     *

     En el estudio.

     No hay rastros de Salvador.

     Detrás de Ángela irrumpen Antonio y Abigail.

     -¿Lo ves Ángela? –Abigail un poco más relajada- ¡aquí no hay nadie!

     Ángela los mira enojada.

     -¡Por favor trata de calmarte! –Abigail.

     -Antonio te voy a pedir un favor –de pronto dice Ángela calmada- ¡necesito que me dejes hablar con Salvador y que no me interrumpas! –y luego dice horrorizada- ¡siento que me voy a volver loca! – y Ángela sale corriendo del estudio.

     Abigail y Antonio se miran sin moverse.

     *

     Ángela golpea a la puerta de la habitación de Salvador- ¡Salvador abre por favor! –le grita- ¡le exijo que me abra! ¡Salvador! –llora.

     Salvador llega del jardín en ese momento.

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     Ángela la mira con ojos desorbitados- ¡Salvador necesito hablar con usted! –y toma aire a penas- ¡a solas!

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     Salvador mira a Antonio que acaba de alcanzar a Ángela y luego simplemente le abre la puerta de la habitación – Siga por favor.

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     Ángela entra, Salvador cierra la puerta, Antonio los deja encerrarse sin hacer nada.

     *

     En el cuarto.

     Ángela se pasea nerviosa

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     y luego lo enfrenta- ¡Mi capacidad de resistencia ya se agotó Salvador! Le exijo que me diga quien es usted…. ¿Por qué conoce los detalles más ocultos de mi papá?

     -Yo soy alguien que estuve muy ligado a él… ¡era el mejor de sus amigos!

     -¡Eso es falso Salvador! –le grita Ángela- ¡y aunque fuera cierto hay cosas que no tienen explicación! –está fuera de sí - ¡dígame! ¿Cómo pudo usted darme la joya que él me prometió que me daría el día de mi boda?

     Salvador la mira sin responder.

     -¿Cómo sabe detalles de mi infancia que ni yo misma recordaba?

     Salvador traga saliva lentamente.

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     -¿Y ahora esa música? ¡la melodía que él me dedicó! –y le vuelve a gritar- ¡como sabia que iba a sonar esta noche!

     -¿Es que acaso no le gustó? –pregunta Salvador torpemente y sorprendido- ¿le hizo daño escucharla nuevamente?

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      -¡Si! –le grita Ángela enfrentando a Salvador con su egoísmo- ¡Si Salvador, me hizo mucho daño! Me asustó… ¡y más que un regalo solo sirvió para alterarme los nervios!

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     -¡No diga eso! –le ruega Salvador- ¡si él consideró que había sido el mejor de sus regalos! –y mira al suelo- ¡le dio tan poco y le negó tanto! –dice con aire culpable y empieza a llorar- señora… ¡el pobre no puede descansar en paz! –le confiesa- ¡al comprender lo injusto que fue con usted!

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      Ángela lo mira asustada con los ojos llenos de lágrimas… espantada.

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     Salvador se acerca y le toma el rostro entre sus manos- ¡Los lujos, las comodidades! –y sigue llorando.

     Ángela tiembla y llora entrecortadamente.  Salvador la recuesta en su hombro y sigue hablando-¡Su compañía, la comprensión que todos los hijos esperan de sus padres!

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     Ángela cierra los ojos y escucha la voz de su papá, de don Pedro.

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     -Si él te hubiera escuchado antes, jamás se hubiera separado de ti, no lo hizo por falta de amor sino porque creyó que obraba bien… ¡el poderoso industrial estaba tan ocupado que sacrificó el amor de su única hija! –resuena la voz de don Pedro y luego le pregunta-  Si lo encontraras ahora… ¿lo perdonarías Ángela? ¿Lo perdonarías? –le ruega.

     Ángela se separa sin mirarlo.  Salvador llora.

     Súbitamente Ángela abre los ojos lo enfrenta con genuino horror en sus grandes ojos verdes- ¡Usted es él! –y ríe locamente- ¡como puede suceder!

     -No te angusties hija mía –llora SalvaPedro- ¡no me perdonaría volver a lastimarte nuevamente! ¡no me lo perdonaría!

     Pero Ángela lo mira con ojos desorbitados de locura - ¡Usted es él! –le grita histérica.

     -¡No te angusties, no te angusties! –le ruega SalvaPedro cada vez más asustado porque la situación se le sale de las manos.

     Ángela lo mira con horror y simplemente pierde el conocimiento.

     -¡Ángela! –grita Salvador desesperado- ¡Ángelaaaaaa!

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     Con esos gritos entran Simón, Antonio y Abigail y encuentran a Ángela desmayada en los brazos de Salvador.

     -¡Suéltela! –grita Simón y lo empuja a un lado- ¡suéltela!

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     Antonio toma a Ángela en sus brazos.

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     Salvador llora desesperado e impotente.

     Abigail lo mira asustada.

     *

     Antonio lleva a Ángela a su habitación.

     Salvador trata de seguirlos y Antonio le grita- ¡Usted no se mueva Salvador, no entra!

     Abigail y Simón si pueden entrar y cierran la puerta.

     Salvador se queda solo, abandonado y desesperado en el pasillo.

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     *

     Las Cruces.

     -Si ya está casada con Salvador Cerinza, para que se amarga la vida tratando de averiguar cosas de pasado –le reclama el padre Jacobo- ¿no es mejor guardar silencio y tratar de vivir en armonía con él? ¡Usted me disculpa señora pero creo que se equivocó viniendo a este lugar a averiguar cosas que no deben salir a la superficie!

     (uyyy que discreto…  diciendo esto solo aviva la curiosidad de cualquiera!)

     -¡Si no lo estoy por curiosidad padres! –le responde Isabel- ¡yo lo estoy haciendo porque él mismo me está obligando!

     -¿Para qué va a atormentar a Cantalicia? Es una buena mujer que no merece más golpes… ¡ya sufrió demasiado con la separación de Salvador!

     -¡Padre! –e Isabel no puede continuar sentada y se levanta- ¡yo no pretendo hacerle daño a Cantalicia! Yo puede ser lo que usted quiera pero no soy una persona tan baja… ¡yo respeto a la gente humilde!

     -¡Estoy déjela en paz y no la busque! Ella ya se resignó porque al final de cuentas no está en condiciones de reclamar nada.

     -Tiene un hijo de Salvador –le recuerda Isabel.

     -¡Nunca se casó con ella aunque tenga un hijo!

     (wow!  Este curita es medio raro! )

     -¡De acuerdo! Si usted cree entonces que yo le podría hacer algún daño a Cantalicia, le prometo que no me voy a acercar a ella.

     -Compadézcase por favor, le haría mucho daño conocerla a usted, se lo aseguro.

     -Lo voy a hacer padre, pero con una sola condición.

     -¿Cuál condición? –se pone tenso.

     -¡Qué me diga lo que sabe! Porque yo estoy segura que usted conoce todos los pormenores de la vida de Salvador.

     -¡No, yo no sé nada! Él no vivía aquí sino en el campo muy alejado del pueblo.

     -¿Ya lo ve? Ya me empezó a contar, si ya inició, por favor se lo suplico padre… ¡continúe!

     -Aunque lo supiera todo, hay cosas que se deben callar para evitar males mayores, por su bien señora Isabel, no intente averiguar nada más porque lo va a lamentar… ¡se lo aseguro! –le dice con tono malos augurios- ¡lo va a lamentar!

     Isabel lo mira intrigada.

     *

     Abigail está al teléfono- De acuerdo doctor –hace una pausa- una pastilla ahora y otra dentro de seis horas –escucha- ¡si doctor pierda cuidado!

     Rebeca y Walter escuchan cerca.

     -En caso de una emergencia yo le hablo de inmediato. Muchas gracias –Abigail corta y sube las escaleras.

     Al quedar solos - ¿Por qué tanto misterio, qué está pasando? –pregunta Walter.

     -Parece que Ángela se puso mal.

     -El embarazo no va bien… seguro – y Walter mira preocupado escaleras arriba.

     -¡Se la ve muy fuerte pero es bastante débil! –Rebeca dice con desprecio- ¡claro que tuvo mucho que ver la música del maldito piano!

     -Yo la escuché hace un momento y me puse terriblemente nervioso –Walter se abraza asustado.

     Rebeca sonríe de pronto, feliz- ¡Menos mal! Ahora pudo probar de su propia medicina.

     -¡No me venga dona Rebeca!

     -¡Qué al fin entiendan que hay que sacar ese maldito piano del estudio! –Rebeca- ¡también hay que sacar al maldito Salvador Cerinza! No me acostumbro a su presencia –y luego le confiesa- ¡si tuviera donde meter la cabeza me largaría de esta mugrosa casa!

     Walter simplemente la mira.

     *

     En el pasillo Salvador muerto de angustia golpea la puerta de la habitación de Ángela. Sale Antonio.

     -¡Quiero ver a Ángela! –le exige Salvador- ¡necesito hablar con ella!

     -No insista Salvador, no voy a permitir que la indisponga más.

     -¡Antonio, no puedes prohibírmelo! –se exaspera Salvador.

     -Va a hablar, pero conmigo… ¡tengo que decirle muchas cosas que nadie puede escuchar Salvador! –y se dirige a la habitación de Salvador.

     Salvador lo sigue a regañadientes.

     *

     Las Cruces.

     Isabel sale de la iglesia y encuentra al policía que la espera.  Al verla preocupada y seria le dice solicito- ¿Qué pasó, qué le dijo el padrecito?

     -La verdad es que no me ayudó mucho, es una persona un poco difícil y no me quiso decir nada –sonríe suspirando Isabel.

     -El padrecito se la pasa todo el tiempo de malas pulgas –se excusa el policía- ¡lamento mucho que haya perdido el viaje señorita!

     -¡No pienso perderlo! –decidida- de alguna manera voy a cumplir con el objetivo que vine.

     -¿Piensa quedarse a dormir aquí en el pueblo?

     -Aunque sea en el coche, a ver si mañana lo logro convencer –y luego lo mira- a menos que usted conozco un hotel donde me pueda quedar a dormir.

     -Puedo recomendarle uno, no es de los mejores… ¡pero mejor que el coche sí!

     -Está bien… ¿está muy lejos?

     -Mas o menos, pero yo la llevo.

     -Muchísima gracias –le sonríe Isabel- no sabe cómo se lo agradezco.

     El policía se derrite- No tiene por qué agradecerme, no me parece justo que venga de tan lejos para oír la negativa del padrecito.

     Isabel se dirige al auto cuando de pronto reacciona- ¡Aunque a lo mejor usted me puede ayudar! –avanza.

     -¡Dígame!

     -Simplemente necesito una información.

     -¿Cuál?

     -¿Usted conoce conoce a la señora Cantalicia Muñeton?

     El policía piensa y luego responde- ¡No, no la conozco! Pero es que tengo poco tiempo trabajando aquí.

     -¡Claro! Lo entiendo… entonces ni hablar que conoce a Salvador Cerinza –suspira decepcionada Isabel.

     -¿Salvador Cerinza? –reacciona sorprendido el hombre- ¿el resucitado? ¡Sí!

     Isabel se queda de una pieza.

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      Y lo mira boquiabierta.

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     *

     Mansión.

     -¿Hasta donde pretende llegar con nosotros? –se enoja Antonio- ¿no está satisfecho con toda esta confusión para que  ahora se ensañe con una inocente como Ángela?

     -Antonio, tú no sabes lo que pretendo con ella.

     -¡Si claro! Para mi ella es lo más importante, Ángela es mi esposa, está esperando un hijo mío y merece respeto… ¡no voy a permitir que la trastorne como lo hizo conmigo, con Andrés Corona y ahora con Walter!

     (reacción tardía?  )

     -Antonio, muchacho –Salvador le pone una mano sobre el hombro.

     Antonio lo rechaza.

     -Tú conoces mi situación… ¡la conoces! No necesitas imaginártela.

     Antonio le grita- ¡No la conozco ni la quiero conocer precisamente por eso! ¡para no volverme loco! –y luego lo mira con miedo- Salvador, sigo sin saber quien es usted… de donde y por qué vino a esta casa, cada día que pasa me desconcierta más su comportamiento.

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     (Antonio…  ni chicha ni limonada hasta el final)

     -Creía que me conocías un poco –suspira Salvador cansado y frustrado.

     -¡En lo absoluto! No sé si usted es un ser inofensivo o un farsante que quiere enloquecernos a todos.

     -¡Está claro que estás confundido! No pudiste entenderlo como yo pensaba –se resigna Salvador.

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     (Y hay momentos en que es mejor resignarse!!  Si le dieran 1/10 de la inteligencia de Matilde o Gaetana, Antonio ya saldría ganando!)

     -¡Solo entiendo algo! Que usted al principio se portó como un protector y un gran amigo, pero ahora nos hace mucho daño y ¡no es justo Salvador! ¡no es justo! –y de pronto le acusa- ¡si realmente nos quiere como dice debería alejarse de nosotros! Debería alejarse para siempre de nuestras vidas – y Antonio enojado sale del cuarto golpeando la puerta.

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     Salvador se queda solo…muy solo y muy triste…. De pronto mira su anillo de casado, se lo quita y lo acaricia… y luego juega con distraídamente con el anillo, la mente en otro lado, la mirada perdida a lo lejos.

     *

     Las Cruces.

     Isabel escucha sin poder creerlo.

     -No tuve la oportunidad de conocerlo –le cuenta el policía- pero todo el mundo lo relaciona con el resucitado.

     -¿Y por qué le dicen así?

     -¡No lo sé! Es comentario de la gente, la gente dice muchas cosas.

     -¿Usted… me podría hablar un poco más de él por favor? ¡se lo suplico! ¡lo que sea!

     -Señorita, en realidad no sé mucho, pero conozco a alguien que tuvo relación directa con el sujeto.

     -¿Quién es?

     -Es una amiga del hospital llamada Fátima.

     -Podemos ir ahorita mismo, ¿verdad?

     -Ahorita creo que no está de turno… además… tengo que volver a la comisaría, pero mañana le prometo que a primera hora la voy a reunir con ella.

     -¿Me lo promete? –le ruega Isabel.

     -¡Prometidísimo! –sonríe el policía.

     -¿Todavía tiene tiempo para acompañarme al hotel?

     -Si, pero ya tengo que ir a la comisaría. Vamos, yo la llevo.

     Y ambos suben al auto, Isabel maneja.

     *

     Amanece otro día.

     *

     Mansión.

     -¿Cómo está la señora Ángela? –Vicky.

     -Mejor Vicky –responde Abigail- lo que pasa es que está muy callada y no quiere hablar con nadie.

     -¿No sería bueno llamar al médico?

     -Ya lo llamé, vendrá a visitarla hasta mañana –dice Abigail mientras Norita le sirve café- es muy importante que la examine porque la he notado muy nerviosa.

     -¿Cómo no? ¡todos estamos con los nervios de punta con lo que está pasando en esta casa! –exclama Vicky- ¡yo, lo mejor, le voy a prender unas velas al alma del señor Donoso! Porque ha de estar en su tumba retorciéndose de coraje –susurra con miedo.

     -¡Vicky! Déjate de tonterías y no alarmes al resto de las sirvientas con tus cuentos… ¡mejor llévale el desayuno a Simón porque es tardísimo y no tarda en salir corriendo! Ya se le hace tarde para ir al trabajo.

     -¡Otro que no se ha levantado es el señor Salvador Cerinza! –comenta agria Vicky- ¡seguro se está aprovechando que la señora Isabel no está!

     *

     Las Cruces.

     Muy temprano Isabel, muy guapa, va a ver a Fátima.

     -Ella es la amiga de la que le hablé –la presenta el policía.

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     -Mucho gusto.

     -¡Encantada! –sonríe Fátima.

     -Ya le conté que usted viene de Río Claro a averiguar sobre el resucitado y que el padre Jacobo no quiere ayudarla.

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     -Es que después de todo lo que pasó, a él no le gusta ni que le mencionen – Fátima.

     -¿Así que usted lo conoce y tuvo la oportunidad de tratarlo?

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      -Y hasta le cuento que aquí su servidora fue la que lo atendió personalmente durante el tiempo que estuvo en el hospital –dice orgullosa Fátima.

     -¡Yo me marcho porque tengo que ir a la comisaría! –se despide el policía- Cualquier cosa que necesite señorita –le sonríe a Isabel- ¡pase por allí y pregunte por mí! Soy el sargento Henri, a su servicio.

     (Por fin sabemos su nombre! )

     -Muchas gracias Henri, fue usted muy amable conmigo.

     -¡Para ayudarla siempre! Permiso –y se retira sonriendo feliz.

     -¡Muy amable y coqueto! –se burla Fátima socarronamente- ¡ese sinvergüenza trae a todas las muchachas del pueblo arrastrando el ala!

     Pero Isabel tiene otra agenda y propone- ¿Usted cree que podemos ir a platicar a un lugar más tranquilo?

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     ¡Necesito que me cuente todo, absolutamente todo lo que sepa acerca del señor Salvador Cerinza!

     -¡Ay! Pero es que en este momento no tengo tiempo –se excusa Fátima- ¡voy a casa de una amiga y no sé cuánto tiempo me voy a tardar!

     -Bueno, yo podría esperarla el tiempo que usted necesite, o si quiere la puedo llevar con mucho gusto –se ofrece solicita.

     -¡Ah! –Fátima feliz de tener chofer- ¡pues si acepto su ofrecimiento!

     -¿Dónde va?

     -¡Vamos a casa de Lilia Carrión! –le cuenta- Lilia es mi mejor amiga, aunque ha estado un poco enferma últimamente.

     -Bueno… pero tampoco me interesa molestarla –Isabel de pronto se siente apenada.

     -¡No se preocupe! –exclama feliz Fátima- ¡Además Lilita conoció muy bien a Salvador! Aunque la pobre tuvo una experiencia muy desagradable –baja la voz con pena.

     Isabel pone cara asustada.

     -Ella le puede dar más información –propone Fátima.

     -Bueno, pues siendo así… ¡vamos! Quiero hablar con toda la gente que tuvo que ver con Salvador –y le ofrece subir al auto- ¡Vamos!

      *

FIN DEL CAPITULO

(Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad)

@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme

 

 

 

www.mabouchita.com :  CAP# 139: jueves 2 de febrero de 2006 –  ERA UN CAMPESINO IGUALITO QUE YO

     *

     Mansión.

     Salvador duerme intranquilo.  Tiene una pesadilla en la que aparece Ángela histérica y gritándole –“ Le exijo que me diga quien es usted…. ¿Por qué conoce los detalles más ocultos de mi papá?”

     En su pesadilla, a continuación, aparece Isabel bella y brindando con una copa de champaña –“ ¡Por Pedro!”

     -“ ¿Por qué brindamos por él y no por nosotros?”

     -“ ¡Porque al parecer no hay otra cosa que te entusiasme más que recordarlo a él! –con ironía Isabel- ¡porque no has hecho otra cosa que seguir sus pasos y querer imitarlo en todo!”

     Salvador despierta sobresaltado llamándola- ¡Isabel! –y repite con desesperación- ¡Isabel!

     *

     Las Cruces.

     Mientras tanto Isabel va con Fátima a ver a Lilia.  Fátima entra a la habitación de Lilia que se encuentra echada en la cama sin ganas- ¡No me interesa hablar con nadie y menos con gente que viene a averiguar por el hombre que me hizo tanto daño! –se queja.

     -¡Ay discúlpame Lilita! –se excusa Fátima- ¡es que no pensé que te fuera a molestar! Y le dije que me acompañara… está en la sala.

     -¡Por Dios Fátima! ¡a quien trae usted!

     -A una señora muy distinguida… así como nosotras… -Fátima no se inmuta- ¡y muy bonita por cierto!

     -¿Y quien es? –pregunta un poco curiosa Lilia- ¿Qué hace?

     -El policía Henri me dijo que era una periodista muy importante que venia a averiguar del caso de Salvador –y luego pone cara de indignación -¿Tú crees que el padre Jacobo no le quiso contar nada?

     -¡Pues yo tampoco le diré nada! –decide Lilia- así que dile a esa mujer que por favor se retire.

     -Pues yo creo que deberías hablar de ese tipo y contarle a todo el mundo que te robó dinero – se enoja Fátima.

     -¡Salvador no me robó nada! –le aclara Lilia enojada.

     -¿Pero no nos dijiste a todos que huyó con tu dinero? –se sorprende Fátima.

     -¡Si, con parte de mis ahorros! –admite Lilia- pero tres meses después me envió un sobre con el doble de lo que se llevó… ¿Cómo voy a acusarlo de un robo? ¡si está más que pagada, la deuda está más que cancelada! Por favor dile a esa periodista que se vaya, yo no quiero hablar con nadie… ¡me siento mal, me siento débil!

     -¡Pues yo sí le voy a contar todo acerca de Salvador! –se despide Fátima- ¡nos vemos amiga!

     Al quedar sola Lilia vuelve a acostarse en la cama, resignada y sola.

     (Esta escena debe haber sido filmado anteriormente,  porque caso contrario no tiene sentido que Lilia no vea a Isabel, y la única razón por la que la ponen es para quitarle una mancha a Salvador… le regresó el dinero robado a Lilia)

     *

     Mansión.

     -Está más calmada –Antonio le cuenta a Simón- pero pienso que tenemos que sacar el piano y abrir el estudio.

     Valeria que los escucha se espanta.

     - ¡Antonio! No le echemos la culpa al piano… ¡Salvador es el único que la está alterando! –dice Simón.

     -Disculpen que me entrometa pero yo creo que deshacerse del piano es muy mala idea –interviene Valeria- ¡es un recuerdo de don Pedro!

     -¡Si, pero cuando los recuerdos torturan así, tenemos que librarnos de ellos! Además si ese piano vuelve a sonar o vuelve a molestar a mi esposa… ¡yo mismo voy a encargarme de sacarlo!

     -¡Tú no harás nada sin el consentimiento de Ángela! –le prohíbe Abigail- ¡deja que sea ella quien tome las decisiones!

     (Y sí… castradora como siempre!)

     -Voy a ver como se encuentra –decide Abigail, se levanta y sale.

     Antonio la sigue y dejan solos a Valeria y a Simón.

     -¿Tú también estás mal? Verdad Valeria –Simón.

     -¡La situación en esta casa es cada vez más insoportable Simón! Sólo espero que llegue Isabel para decidir mi situación en esta casa.

     -¡Valeria! No me vayas a ocultar ninguno de tus planes… sea lo que sea… recuerda que cuentas conmigo ¡y no debes tomar ninguna decisión sin consultarme!

     (wow!  Y esta frase… desde cuando Valeria le debe explicaciones a Simón?)

     -Simón… ¿no se te hace tarde? –corta Valeria.

     Simón asiente con la cabeza y se marcha.  Valeria se queda sola y triste.

     *

     En la sala Simón se cruza con Salvador y lo mira con miedo.   Salvador lo ignora y entra a la casa.

     *

     Las Cruces.

     En una bar, sentadas a una mesa, Fátima habla hasta por los codos sobre Salvador- ¡Yo conocí a Salvador mucho antes de lo ocurrido! –dice muy oronda - ¡cuando venia con su mujer al pueble! Y de un momento a otro se convirtió en todo un personaje.

     -¿Me puede explicar eso?

     -¡Como le explico! Salvador era un tipo insignificante, un campesino descuidado que venía los fines de semana a vender frutas y hortalizas al pueblo.

     -¿Hace cuanto tiempo de eso?

     -Pues hará como un año.

     -¡No puede ser! –se sorprende Isabel- ¿usted está completamente segura de lo que me está diciendo?

     -¡Completamente! Salvador era un tipo ignorante que no sabía ni leer ni escribir, se dedicaba a la agricultura y vivía aislado con su mujer y su hijo.

     -¡Nada de esto tiene sentido! –Isabel suspira.

     -¡Pues si piensa que no tiene sentido para qué pregunta! –se enoja Fátima y trata de levantarse de la mesa- ¡Dígame una cosa! ¿usted de verdad quiere escribir algo sobre ese hombre? –duda- ¿o le interesa algo más?

     Isabel se asusta- ¡Perdón! Le suplico que no me haga caso… ¡siga platicando! Cuénteme – le ruega- ¡le prometo que no la vuelvo a interrumpir! ¿Qué fue lo que sucedió para que se convirtiera en ese… personaje del que me habla!

     Fátima feliz continua - ¡Pues de repente sufrió un ataque extrañísimo! –le cuenta- ¡merito lo entierran vivo! –se escandaliza- ¡se despertó cuando iba camino al panteón!

     Fátima revive el momento y vemos a Salvador abriendo el ataúd a patadas a Cantalicia gritando a todo pulmón. El padre Jacobo gritando “¡Dios mío! ¡Dios mío!”, Salvador levantándose del féretro roto y tosiendo.  Desesperado y asustado mirando a todos.  Al pobre Moncho mirando la escena horrorizado.

     -¡Y ahí empezaron los cambios! –sigue Fátima- es que usted no me va a creer pero se lo juro por la virgencita –se santigua- ¡Santa Jacinta!... ¡se levantó del ataúd convertido en un hombre que sabia leer y escribir y tenía un chorro de conocimientos!

     -¿Será posible? –no puede evitar Isabel.

     -¡Contestó a todas las preguntas que le hicimos! –le cuenta Fátima- Inclusive se puso a tocar el piano en la Iglesia… ¡como si fuera todo un músico!

     Con este último comentario Isabel pierde el aire y abre los ojos asustada.

     -¡Aquello fue la locura! –sigue Fátima- Todo el mundo se volvió loco… ¡unos lo defendían! ¡otros lo atacaban! Se llenó el pueblo de chismes y diretes… ¡con decirle que el padre Jacobo se peleó con el doctor Valencia y con el comisario Ocampo! ¡fue horrible! –y la mira- ¡y de repente desapareció sin dejar rastros!

     -Y su amiga… la señora Lilia -susurra Isabel- ¿Qué le sucedió con Salvador?

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     -¡Pobrecita de veras! Cometió el error de ayudarlo… ¡y se metió en una! La gente le inventó una de chismes… -le cuenta- ¡por eso que la pobre no sale de su casa! –y luego dice con cara de espanto- ¡no! Si ese hombre vino y revolvió todo.

     Isabel muy nerviosa toma agua.

     -¿Qué le pasa? –se asusta Fátima- ¿se siente mal? Es que le debe haber impresionado mucho la historia ¿verdad?

     -¡Sí! –admite Isabel temblando.

     *

     Mansión.

     Valeria arregla su ropa-¿Ya llegó el doctor? –le pregunta a Abigail.

     -Si, está ahí, atendiendo a Ángela –y luego se da cuenta que está apartando unos hermosos vestidos-¿Qué va a hacer con todos sus vestidos

     -¡Ah! –suspira Valeria- me los obsequió Isabel y pienso devolvérselos, pronto me voy a marchar de esta casa y no quiero llevármelos.

     -¡Me parece una tontería que lo haga! Eso es soberbia niña y usted no tiene nada de eso.

     -¡No es soberbia Abigail! Al lugar donde voy no puedo usar esa ropa… ¡es demasiada llamativa! De todas maneras voy a plancharla –y diciendo esto toma el montón de ropa y se la lleva.

     Abigail se queda intrigada y con el ceño fruncido.

     (Bueno, si esta conversación es para hacernos creer que Valeria se marcha a un convento, ya les digo que no, porque ya vi la novela…  además que sería ridículo).

     Valeria tristemente sale de la habitación con su bulto de ropa y se dirige a la lavandería.  Por supuesto en el pasillo la ve pasar Salvador y la sigue.

     (bueno,  esto también parece un intento barato de volver a poner en juego una relación Valeria-Salvador)

     *

     Las Cruces.

     Fátima se despide -¡Espero que le haya servido la información que le di!

     -¡No! –la detiene Isabel- ¡no se vaya, todavía no terminamos!

     -¡Pero es que yo ya le dije lo que sabía! Además se me hace tarde y yo tengo obligaciones que atender en el hospital.

     -Le agradezco infinitamente todo el tiempo que me está dedicando –le dice sinceramente Isabel- ¡de verdad se lo digo! Pero hay una cosa más en la que necesito que usted me ayude.

     -¿Pero en qué más le puedo ayudar? –se sorprende Fátima.

     -¡Quiero que por favor me lleve a la casa de su mujer! A la casa de la mujer de Salvador.

     Pero ante esto Fátima se preocupa- ¡A la casa de esa señora no! ¡no me quiero meter en problemas! Y además vive lejísimos

     -Mire… ¡le pago lo que sea! –ofrece Isabel- ¡lo que usted quiera! ¡lo que me pida! –e Isabel saca dólares de su cartera.

     A Fátima le brillan los ojos al ver el dinero.

     -¡Pero necesito que me lleve! –le ruega Isabel- ¡necesito hablar con ella! –y le da un fajo de billetes.

     -Bueno… -acepta Fátima feliz con el dinero.

     Isabel suspira y para calmarse se toma un poco de te.

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     -¿Vamos? –apura Fátima.

     -¡Vamos! –dice Isabel.

     Y ambas se marchan.

     *

     Mansión.

     En la mansión Valeria se dispone a planchar ropa cuando Salvador entra a la lavandería detrás de ella.

     (uuuffff… esta escena nada que ver… en primer lugar Valeria nunca ha planchado en la vida de esta novela… en segundo lugar era muy evidente que era solamente para que Salvador la ‘acorrale’ en la lavandería… pero no es buen lugar… por lo menos para los que como yo recuerdan los primeros momentos salvajes de pasión entre Salvador e Isabel)

     Salvador entra pero tiene cuidado de dejar la puerta abierta detrás de él. 

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     Valeria, tal como un pajarillo, se sorprende y trata de salir corriendo.

     -¡Por favor! –la detiene Salvador- por favor no huyas.

     -¡Salvador! Si crees que porque Isabel no se encuentra puedes acercarte a mí… ¡te equivocas!

     -¡Valeria! Si yo me acerco no es porque quiera aprovecharme, con Isabel Arroyo o sin Isabel Arroyo, lo único que estoy buscando es la manera de pedirte disculpas.

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     -Si es por eso no te preocupes –tiembla Valeria- la que no puede perdonarse soy yo –y empieza a llorar -¡por haber prestado mis sentimientos a tus manipulaciones!

     -Pues precisamente de eso quiero hablarte, creo que no es justo que sigas resentida conmigo.

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     -¡Salvador! Yo creo que no debe importarte lo que yo sienta.

     -Si me importa, si me importa Valeria… ¡yo necesito que me escuches porque de verdad me importa!

     -¡Salvador es que no quiero escucharte! Si tengo que irme ahora mismo para evitarte, no voy a esperar a que regrese Isabel –lo amenaza llorando.

     -¡Tan enojada estás conmigo! –se sorprende Salvador con los ojos llenos de lágrimas.

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     -¡Salvador! –llora Valeria- ¡por favor no seas tan cínico!

     -¡Valeria! Yo te juro… -y se muerde los labios- ¡yo te juro que yo…! –y hace una pausa- ¡yo fui sincero cuando dije que te amaba! Y desafortunadamente las circunstancias… ¡mis circunstancias no me dieron la oportunidad de demostrártelo como hubiera querido! –llora.

     (boohh... otra vez la ambigüedad!!!   hace apenas un rato que se despertó gritando por Isabel y ahora nos viene con esta!! creo que el escritor debe darle una personalidad nobipolar )

     Valeria se apiada pero luego reacciona - ¡Salvador por favor déjame salir! No quiero seguir escuchando más mentiras…. ¡por favor respétame!

     -¡Valeria! –ruega Salvador- ¡Valeria! –y repite una vez más- Valeria.

     -¡No quiero que vuelvas a dirigirme la palabra!

     -Valeria –susurra.

     -¡Por favor no quiero! –le grita Valeria.

     En ese momento entra Abigail- ¡Señorita Valeria! ¡niña!

     Valeria al verla sale corriendo.

     Abigail enfrenta enojada a Salvador- ¡Salvador! Usted y yo tenemos que aclarar varias cosas.

     Salvador mira a lo lejos y se seca las lágrimas.

     *

     Las Cruces.

     En el pueblo Jacobo se acerca a Henri- Tengo que hablar con usted… ¿Qué paso con la señora que llegó ayer en la noche?

     -Nada del otro mundo… ¿Por qué lo pregunta padrecito?

     -Porque me dijeron que fue a buscarlo muy tempranito.

     -Bueno padrecito, es que no podía ser descortés con una mujer tan bonita y le ayudé a conseguir toda la información que necesitaba.

     -¿Qué pasó? –se inquieta Jacobo- ¿Qué le dijo?

     -¡La llevé con la enfermera Fátima para que le contara todo acerca del resucitado! –dice orgullosos de su acción el policía.

     Pero el padre Jacobo no es de la misma opinión- ¡Ay! Que el cielo nos ayude… ¡pero que bruto eres hijo! ¿Cómo se te ocurrió?

     -¿No hay que ayudar a los periodistas?

     -¡Pero cual periodista! Si ella no es ninguna periodista.

     -Bueno, no me dijo nada de eso ¿verdad? Lo deduje.

     -¡Y quítese el sombrero cuando hable conmigo! –de pronto se enoja Jacobo y se santigua- ¡luego nos vemos!

     El policía levanta los hombros y lo ve partir muy tranquilo.

     *

     Isabel conduce, a su lado Fátima, y se empieza a preocupar- ¿Falta mucho para llegar?

     -¡Yo le advertí que la señora vivía lejos! –dice imperturbable Fátima- siga derecho, ya casi llegamos, ya estamos cerquita –la tranquiliza.

     Isabel sigue decidida, el Jaguar blanco es como una mosca en la leche, en medio de tanto descampado.

     *

     Mansión.

     -Está muy bien de salud –diagnostica el doctor- lo único que noto es una profunda ansiedad… ¿hay problemas Antonio?

     -Algunos… es la verdad… están relacionados con esta casa.

     -Le aconsejaría alejarla de aquí por una temporada pero no es conveniente…. ¡por lo visto aquí nadie puede vivir en paz! –se sorprende- ¡hay algo que les está desajustando los nervios a todos!

     -Algunas personas son muy difíciles –dice Antonio críptico- y los roces son muy frecuentes… ¡la situación no está nada fácil!

     -¡Parece que desde que murió el señor Donoso todo ha cambiado en esta casa muy rápidamente! Es lógico que no se lleve bien con la señora Isabel, especialmente ahora que se casó con Salvador.

     -¡Si! –admite Antonio- ¡Así es!

     -¿No hay manera que tú y Ángela se instalen en otra parte? Al menos hasta que nazca el niño.

     -¡Ángela no lo aceptaría!

     -Bueno, siendo así –se resigna el doctor- traten de evitar los disgustos.

     -Eso no será nada fácil pero haremos todo lo posible, gracias doctor.

     Cuando el doctor se marcha Antonio vuelve a la habitación de Ángela.

     *

     Lavandería

     -¡Acéptelo Salvador! –le recrimina Abigail- ¡se está acabando con nuestros nervios y nuestra paciencia!

     Salvador muy triste, sintiéndose rechazado por todos, simplemente llora en silencio, las lágrimas le ruedan por las mejillas.

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     (Si llevamos la lista, Ángela, Antonio, Valeria y Abigail lo han rechazado en menos de 24 horas )

     -¡Nos pidió un plazo para demostrarnos! ¿Qué es lo que nos está demostrando? –le grita- ¡se puede dar el lujo de trastornarnos la vida!

     Salvador con desesperación se tapa la cara con las manos y ronco le contesta- ¡No confunda mis intenciones Abigail!

     -¡Ayer indispuso a Ángela! –le acusa Abigail- ¡hoy lo sorprendo molestando a la señorita Valeria! ¿pero qué tiene en la cabeza hombre de Dios? ¿Por qué se empeña en mortificarnos?

     Salvador se seca las lágrimas y sin mirarla le pregunta- ¿Por qué desconfía de mí Abigail? –y le repite- ¡por qué desconfía de mí!

     -Mire… si ya no confiamos en usted es culpa suya… ¿cree que yo no me he roto la cabeza intentando descifrar sus acertijos? ¡Dios no lo quiera! Pero voy terminar pensando lo peor de usted Salvador.

     -¿Qué sería lo peor? –la desafía Salvador mirando a lo lejos.

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     -¡Qué de verdad se alió con Gaetana Charry para entrar en esta casa y para apoderarse de ella!

     -¡Y usted de verdad cree que yo soy un vulgar ladrón!  -le dice Salvador con amargura y mirándole directamente a los ojos.

     Pero Abigail no baja la mirada y le responde- ¡Ni tan vulgar! Los ladrones comunes y corrientes sólo se roban lo material… usted… -y ahora le acusa- ¡Nos ha robado la tranquilidad! – y trata de marcharse.

     Salvador la detiene- ¿Por qué no se desahoga Abigail? –con rabia contenida- ¡Ándele! ¡dígame todo lo que siente!

     Abigail retrocede sorprendida- ¿Qué más puedo decirle? ¿Qué nos sentimos engañados? ¡su matrimonio con doña Isabel lo demuestra!

     Salvador sonríe tristemente y mira a la distancia moviendo la cabeza negativamente- ¡Porque usted nunca la quiso! –hace una pausa- ¡porque desconfió de ella desde que llegó a esta casa!

     Abigail se queda cortada y recuerda cuando el viejo Pedro José le presentó a la bella y joven Isabel.

     “-¡Abigail! Le presento a la señorita Isabel Arroyo, una nueva y muy importante empleada de nuestra empresa”

     “Abigail le sonríe forzadamente- ¡Encantada señorita!”

     “-Es un placer conocerla Abigail –la sonrisa de Isabel es más sincera- Don Pedro me ha platicado mucho de usted”

     “Abigail sonríe aún más forzadamente”.  Vuelve a la realidad.

     -Porque intuía el peligro que representaba y trató de advertir a don Pedro José –sigue Salvador.

     Abigail asustada retrocede un paso, y sale corriendo del cuarto.

     Salvador le corre detrás - ¡Niéguelo! –le grita en el pasillo.

     Abigail se detiene y Salvador se acerca lentamente con las manos en los bolsillos

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     -¿De verdad va a negar que intentó hacerle ver que Isabel no le convenía como esposa?

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     -¡Eso es falso Salvador! –le enoja Abigail- ¡yo jamás le dije una sola palabra al señor Donoso para enfrentarlo con doña Isabel!

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     -Abigail, lo hizo indirectamente… ¿o ya olvidó la primera vez que Isabel llegó a esta casa? ¿Qué le dijo al señor Donoso en el comedor? ¿Qué le dijo?

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     Abigail recuerda claramente el día en que Isabel, luego de una cena, se levanta de la mesa.

     “Pedro corre a retirarle la silla solicito.  Isabel se excusa para ir al baño.  Al quedar a solas con Abigail Pedro comenta sonriendo feliz- ¿verdad que es preciosa? ¡Es una mujer excepcional!”

     “-Es muy bonita señor, nadie puede negarlo –contesta seca Abigail.”

     “-¿Qué pensarías si te digo que me pienso casar con ella?

     “Abigail recibe la noticia con sorpresa y trata de disimular- Yo diría… que es… algo joven para usted señor”

     “Pedro ríe divertido- ¡Mejor di que yo soy viejo para ella!”

     “-Es usted un hombre maravilloso señor y se merece lo mejor… por eso no sería bueno que se dejara llevar por las apariencias o que se deslumbrara –le advierte- ¡no todo lo que brilla es oro señor Donoso!:

     “Pedro pierde la sonrisa”

     Abigail vuelve a la realidad y mira asustada a Salvador.

     -El señor Donoso debió atender a sus advertencias pero no lo hizo –mira a los lejos, perdido- ¡se dejó deslumbrar por Isabel!

     -¡El no tenía por qué escucharme! El señor Donoso era un hombre de criterio… ¿Por qué le iba a hacer caso a una pobre sirvienta como yo? –cierra los ojos.

     (ufff!!!  Que pesada con la posición de victima!)

     Salvador se acerca y le acaricia el rostro- Porque la admiraba –le cuenta.

     Abigail lo rechaza y retrocede como si quemara.

     Salvador baja la mano resignado- ¡La respetaba profundamente Abigail! Por eso.

     -¡Por Dios Salvador! No me mire de ese modo –le ruega.

     Salvador la mira fijamente- ¿Acaso la ofendo?

     -¡No veo su mirada! –se aterroriza Abigail- ¡veo… la de otra persona! ¡y me da mucho miedo! –y huye corriendo.

     Salvador se queda solo.

     *

     Las Cruces.

     Fátima frunce el entrecejo- ¿Sabe qué? Paremosnos por aquí.

     Isabel mira al descampado que los rodea y se sorprende- ¿Por aquí? ¿está segura? –frenando el lujoso auto.

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     -¡Si por aquí! –Fátima baja del auto.

     Isabel baja detrás de ella- ¡Oiga Fátima! –dice asustada- ¡aquí está muy desolado!

     -Es que tenemos que caminar… como la casa está más allá y no podemos ir en el coche.

     -¿Y no es peligroso?

     -¡Pues si tiene miedo mejor nos regresamos! –se cansa Fátima- ¡yo no quiero que lamente nada!

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     -¡No! –se niega Isabel- ¡lo que sí lamentaría sería no platicar con esa mujer!

     -Bueno… ¡vamos!

     -Bueno –repite Isabel- ¡vamos! –y sigue a Fátima que tiene zapatos de enfermera a duras penas con sus zapatos de tacones finos y elegantes, camina por la árida y tosca superficie a duras penas.

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     Luego de caminar un rato llegan cerca de una casucha.  Isabel se detiene- ¿Esa es la casa?

     -¡Si! Ahora falta que esté porque a veces se va a trabajar… ¡venga! Acérquese –y Fátima decidida grita- ¡Buenas! ¡Cantalicia! ¿hay alguien en casa? ¡Cantaliiiciiiaaa! –grita a todo pulmón.

     Isabel, la mira asustada y mira a todos lados.

     La puerta de la pobre casa se abre y sale una Cantalicia sin aire, y sin ver a Isabel saluda- ¡Ay señorita Fátima!

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     Moncho sale detrás de ella.

     -¿Qué milagro la trae por esta su casa? –se sorprende Cantalicia, que está vestida con un vestido amarillo con flores, bonito.

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     -¡Mire, la señora viene de Rio Claro y quiere hablar con usted!

     Cantalicia se da media vuelta y descubre a Isabel que la mira con los ojos bien abiertos.

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     Cantalicia se queda sin aire y recuerda el casamiento de Salvador.  Isabel baja la mirada.

     -¡Acérquese señora! –sigue Fátima sin darse cuenta de nada- ¡ella es Cantalicia!

     Cantalicia se tapa la boca con una mano.  Isabel se acerca y saluda tímida- ¡Buenos días Cantalicia! ¿me podría regalar unos cuantos minutitos? –le ruega- ¡necesito hablar con usted! –le susurra.

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     Pero Cantalicia solamente la mira espantada y nerviosa se rasca el cuello.  Moncho, que también la ha reconocido mira espantado a Isabel.

     *

     Mansión.

     Walter vuelve a sus viejas habitudes y controla con su famoso reloj- ¡Usted no ha tenido un solo minuto de paz doña Rebeca! Entra y sale de la casa… ¿Qué le pasa?

     Rebeca mira por la ventana muy nerviosa- ¡Nunca he esperado con tanta ansiedad a alguien! Daría cualquier cosa porque Isabelita estuviera aquí ya.

     -¿Por qué no se deja de misterios conmigo? Y dígame por donde anda.

      -Porque creo suponerlo pero no lo sé a ciencia cierta Walter –y sonríe feliz- ¡pero espero que cuando vuelva haya cambios!

     -¿Por qué?

     -Porque presiento que no va a venir tan ciega como antes –disfruta- ¡que se va a dar cuenta que tiene un marido insoportable! –se sienta en el sofá – ¡un maldito farsante!

     -¿Y si eso no ocurre?

     -¡Pues entonces tendremos que empacar nuestras males para dejarle el terreno libre porque habrá vencido!

     Walter mira asustado.

     -¡Porque será imposible vivir aquí! –pronostica Rebeca.

     Walter traga saliva mientras Rebeca mira a la distancia con odio en la mirada.

     *

     En su habitación Salvador se pasea nervioso, luego toma asiento y trata de trabajar, pero no puede y sus pensamientos van a Isabel – Te deseo suerte en tu viaje Isabel, espero que consigas lo que buscas –le dice y luego trata de concentrarse.

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     *

     Choza de Cantalicia.

     En su humilde casa, Cantalicia hace pasar a Isabel que mira para todos lados.

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     Cantalicia vuelve a la cocina y luego se acerca a la mesa.

     Isabel sigue sin moverse- Cantalicia –le sonríe- yo sé que le debe extrañar mi visita y sobre todo después que le diga quien soy… ¡pero le pido que no tenga miedo!

     Cantalicia se friega las manos una y otra vez con un delantal pobre y mira al suelo - ¡No necesita decírmelo señito! ¡Usted es la señora Isabel!

     Isabel, al saberse reconocida suspira nerviosa.

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     -¡Usted es la que se rejuntó con el Salvador!

     Isabel mira al suelo con pena y luego a otro lado.

     -¡En persona es hasta más bonita y elegante que en las fotografías! –la admira Cantalicia.

     -¡Cantalicia! –Isabel trata de acercarse.

     -¿A qué vino doñita? –se enoja Cantalicia- ¿a mirar mi pobreza, a reclamarme quien sabe qué? –levanta la cabeza digna- ¡Fíjese que yo no quiero saber nada ni de usted ni del Salvador!

     Isabel la mira sin responder.

     -¡No me venga a avergonzar!

     Isabel se apresura a negarlo - ¡No! No piense eso por favor… ¡se lo suplico! No es esa mi intención… ¡yo no vine con esos deseos de lastimarla! – y la mira con sinceridad- ¡no Cantalicia! Lo que vengo a pedirle es un gran favor.

     Cantalicia sonríe incrédula-¿Qué favor puedo hacerle yo señito?

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     -¡Un favor que solamente usted, solamente usted me lo puede hacer! Y créame… que después de conocerla… ¡sé perfectamente bien que usted es la única persona en la que debo de confiar!

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     Cantalicia la mira sorprendida y asustada.  La mira extrañada.

     -¡Usted es la única persona que me puede decir la verdad! –sigue Isabel con vehemencia ante la sorpresa de Cantalicia.

     *

     Mansión.

     Ángela se pasea por la casa como si fuera un fantasma, en su ropa de cama… se acaricia el vientre pensativa.

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     Antonio la encuentra- ¡Ángela! ¿Por qué estás levantada?

     -¡No me voy a quedar acostada ni encerrada como me dijo el doctor! –y al verlo -¿Qué tienes? ¿Por qué tienes esa cara, pasó algo malo?

     -¡Nada!

     -Mi amor, entiende que yo no me voy a mejorar huyendo de los problemas, tengo que enfrentarlos.

     -Ángela, ¿Por qué mejor no nos vamos de esta casa y nos instalamos en otro lado y estamos tranquilos?

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     -¡Para huir de qué o de quien! –le reclama Ángela- ¿De Salvador?

     -¡Es que nos está enloqueciendo! –se queja Antonio- si sigue así no sé donde vamos a parar.

     -¡Antonio, yo creo que es el momento que nos reunamos y hablemos de lo que no nos hemos atrevido a hablar!

     Antonio se asusta y se aleja de ella.

      -¡Entiéndeme! Tenemos que hablar claramente acerca de Salvador –sigue Ángela decidida.

     Antonio la mira con los ojos grandes llenos de miedo.

     (Este Antonio, le dieron un papel de… )

     *

     Las Cruces.

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     Isabel le muestra una foto de Salvador, bien vestido, a Cantalicia, que mira la foto, la abraza y luego resignada se la devuelve, como si devolviera al hombre- ¡Claro que ese es Salvador! Está muy bañado, muy arregladito… ¡pero es el mismo!

     -¿Está segura? –pregunta Isabel como todavía esperando un milagro- ¿segura que es el hombre con quien vivió usted? Su compañero, el papá de su hijo.

     -¡No hay otro señito! –le dice segura Cantalicia- ¡no hay otro! ¿Por qué no me lo quiere creer? –dice con pena- ¿le cuesta mucho trabajo creer que pudo haber sido el marido de una mujer como yo?

     -¡No, yo no quiero ofenderla Cantalicia! No es eso… -se apura Isabel y mira alrededor- pero a mí se me hace tan diferentes como el agua y el aceite… ¡lo tiene que reconocer!

     Cantalicia sonríe con tristeza- ¡Pero es que cuando él vivía conmigo, era igualito que yo!

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     – y al ver la expresión de asombro de Isabel- ¡claro! Ahora usted lo ve que está todo elegante, todo señor, pero él era un campesino que no tenía ni zapatos.

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     Isabel deja ir su mirada.

     -¡Era igualito que yo señito! ¡igualito que yo! –suspira - ¡se lo juro!

     Isabel la mira aun sin poder admitir toda la verdad.

     *

     El padre Jacobo convence al policía que lo lleve a la casa de Cantalicia.

     -¿Cómo saben que están por allí?

     -¡Mi intuición! Que gracias a Dios nunca me falla, si esa mujer habló con Fátima, seguramente le dio el paradero de Cantalicia, y están en el rancho.

     -¿Cantalicia? Ahora que lo recuerdo, la señorita me la mencionó.

     -¿Lo ve? Nunca me equivoco… ¡seguramente están en el rancho de Cantalicia! –se enoja.

     -¿Y que problema hay con eso? ¿en qué le perjudica que esa periodista la vea?

     -¡Otra vez la burra al trigo! –grita Jacobo- ¡que no es ninguna periodista!

     -¿Y qué es?

     -¡Alguien que involuntaria o voluntariamente puede causarle mucho daño! Y no puedo permitir que le haga daño a Cantalicia.

     -¡Yo no entiendo nada! –sonríe el policía- ¡a mí lo que me interesa es volver a ver ese bomboncito! ¡Está linda la condenada!

     El padre Jacobo lo mira enojado.

     *

     Isabel no puede creer lo que le cuenta Cantalicia y se pasea nerviosa- ¡Perdóneme! Se lo suplico… pero me cuesta mucho trabajo creer y entender lo que usted me está diciendo –se desespera- ¿Cuántos años vivió con usted Salvador?

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     -¡Casi 14 años señito!

     Isabel la mira boquiabierta.

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      -¡Nos juntamos cuando éramos muy jovencitos! –sonríe Cantalicia con el recuerdo.

     Isabel le pregunta con asombro- ¿Nunca se han separado, siempre han estado juntos?

     -¡Nunca, ni un solo día! Se lo puedo jurar.  Al único lado que siempre íbamos era al pueblo, pero yo siempre lo acompañaba –y vuelve a sonreír y suspira.

     -¡No puede ser, no puede ser! –a Isabel se le va el aire.

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     -Salvador nació en un pueblito aquí cerca de la frontera, pero toda la vida vivió aquí conmigo… ¡todo el tiempo! –y se rasca los brazos- ¡hasta hace un año! –camina hacia otro lado- antes de eso… ¡este era su rancho, esta era su casa! –y le muestra el lecho- ¡aquí dormía! –se sienta en la cama- esta era la cama de Salvador – llora.

     Isabel mira el lecho pobre- ¡Le quiero creer pero no puedo!

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     Cantalicia llora y se pone de pie - ¡se lo juro, por la vida de mi chamaquito que le estoy diciendo toda la verdad señora! ¡yo no miento!

     Isabel la mira completamente perdida y asustada y desesperada mira al cielo como buscando las respuestas.

     *

     Afuera Fátima se pone nerviosa- ¡Por Dios, que se den prisa! Se me está haciendo tardísimo y el doctor me va a matar!

     Moncho juega cerca con un montón de tierra y un machete, trata de entrar a la casa.

     -¡Eh muchachito! ¿Adonde vas? ¡no las interrumpas! ¿no ves que la señora dijo que no querian que la molestaran?

     Moncho está muy preocupado - ¡Esa señora no me gusta! Y no quiero que hable con mi mamita.

     Fátima se acerca y lo abraza- ¿Y por qué no? Mira… ella es una señora que tiene mucho dinero… ¡es una periodista muy importante! A mí me pagó mi buen dinero por darle información, así a tu mamá le va a tocar también una buena lana.

     Moncho la mira enojado- ¡Esa señora no es buena! –le afirma- ¡sé que no lo es!

     Fátima lo mira intrigada pero no le hace caso.

     *

     El padre y el policía llegan hasta el auto de Isabel.

     -¡Se lo dije! –triunfal el padre Jacobo- ¡Está Fátima me va a escuchar! –se enoja- ¡le voy a decir cuatro cosas para que aprenda a tener el pico cerrado!

     -¡No sea de mala fe con ella padre, que yo le presenté a la señorita! Y le aseguré que era periodista.

     -¡Porque usted no puede tener la bocota cerrada tratándose de faldas! –le grita Jacobo y emprende camino hacia el rancho.

     -¡Espere padre, yo lo acompaño!

     -¿Para qué me va a acompañar? Está muy retirado.

     -¡Qué importa! Con tal de ve a ese bomboncito hago lo que sea –dice divertido el policía.

     *

FIN DEL CAPITULO

(Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad)

@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme

 

 

www.mabouchita.com :CAP# 140: viernes 3 de febrero de 2006 – OTRO HOMBRE

     Las Cruces.

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     En la pequeña e inconfortable choza Cantalicia se atarea en la cocina mientras Isabel trata de entender y digerir la información que ésta le ha dado.

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     Hace calor e Isabel se saca la chaqueta.

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     -El Salvador vivió todo el tiempo con su familia –sigue Cantalicia- hasta que los papás murieron –y prepara un té- luego se quedó solito el pobrecito… ¡ahí fue cuando nos resolvimos a vivir juntos!

     -Pero antes de vivir con usted él tuvo que haber ido a otra parte –le dice Isabel haciendo un esfuerzo.

     Cantalicia le ofrece una taza de té - ¡No señito! Él nunca salió de acá… ¡mire que ni siquiera le gustaba ir al pueblo porque como era m tímido no le gustaba hablar con la gente, ni nada! – y se rasca los brazos nerviosa.

     -¿Entonces en dónde estudió? –insiste Isabel.

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     -¡El Salvador no estudió! –afirma Cantalicia perdiendo la paciencia- ¡y yo tampoco! Nosotros no aprendimos ni a leer ni a escribir… ¡nosotros nada más aprendimos a trabajar la tierra!

     Isabel la mira sin poder creer lo que escucha.

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      -¡Es igualito que toda la gente por acá! –sigue.

     -¡No! –susurra Isabel- ¡eso no puede ser! No puede ser que una persona que jamás ha estudiado, que no se ha preparado y que no salió de esta casa –su voz se vuelve aguda- ¡tenga los conocimientos que Salvador tiene Cantalicia!

     Cantalicia sostiene su mirada- ¡Yo sé que eso es muy raro! Eso es más raro y por eso fue tan feo y tan raro lo que pasó –y siente miedo.

     -¿Qué pasó?

     Cantalicia la mira asustada.

     -¡Cuénteme! Se lo suplico.

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     -Yo creo que la señorita Fátima se lo puede contar mejor –rehúsa Cantalicia.

     -¡No Cantalicia! –le ruega Isabel con un hilo de voz- ¡yo necesito que usted sea la que me lo cuente!

     Recordar es muy duro para Cantalicia que se pone a llorar.

     -Por favor… se lo suplico… ¡necesito escucharlo de su boca y de nadie más! –sigue rogando Isabel- ¡cuéntemelo todo! Todo lo que sepa de Salvador… ¡cuéntemelo por favor!

     Cantalicia se lleva una mano a la boca asustada y mira al suelo obstinadamente.

     *

     Mansión.

     Gaetana llega a la mansión vestida de un traje leopardo.  A Walter casi le da un ataque y la detiene- ¡Usted cree que puede entrar como Pedro por su casa! ¿así tan descaradamente?

     -¡Esta es la casa de Salvador Cerinza, mi mejor amigo! –ríe Gaetana.

     -¿Cree que puede hacer lo que hacía antes con el señor Donoso! –se enfurece Walter- ¡está muy equivocada!

     -Para su información, él mismo me autorizó para que lo visitara cada vez que me dé la gana… ¡igualito que lo hacía el difunto Pedro José Donoso! Así que no me estorbe… ¡señor Pigmeo!

     -¡No me llame así! –se pone rojo Walter- ¡no he visto una mujer más descarada! Antes venía a estafar… ¡ahora viene a ver a su compinche! ¿verdad?

     -¡Eso! ¿Qué quiere decir con eso cara de rata?

     -¡Qué acaso Cerinza no es su cómplice!

     -¡Mire! Yo no vine a que me insultara ni mucho menos de un tipejo de su calaña –se pone furiosa- ¡así que no me provoque que tengo unas cuantas verdades que cantarle en la cara!

     -¡A mí no me asustan sus amenazas! ¿Qué tiene que decir usted de un hombre honorable como yo?

     -¡Digno y honorable el perro de esta casa! A usted se le olvidan los paseos por las joyerías… ¡si yo quiero le refresco la memoria!

     -¡Usted tiene una lengua muy venenosa! –Walter retrocede- ¡entre, pero no camine, arrástrese!

     -¡Eso mismo digo yo y no me provoque! –le grita Gaetana- ¡mire que el que tiene rabo de paja no se acerca a la candela! –y lo empuja- ¡quítese! Tengo prisa.

     Walter, a regañadientes se hace a un lado y apenas Gaetana entra a la casa corre a husmear en su auto.

     (Hummm...  relleno... no agrega nada a la historia...)

     *

     Las Cruces.

     Cantalicia, supersticiosa, prende una vela para poder hablar del tema- El Salvador estaba muy bien de salud y nunca se enfermaba para nada… ¡nunca! Por eso fue tan raro lo que pasó esa noche porque él estaba arreglando el cercado –se restriega las manos nerviosa- ¡se tardaba, y se tardaba mucho! Y yo me preocupé y fui a ver lo que pasaba.

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     “-¡Salvador! ¿Por qué tan demorado mijo? – grita- ¡Salvador! –y de pronto ve el cuerpo de Salvador tirado en el suelo y se tira sobre él- ¡Salvador! ¿Qué le pasó? ¡Ay qué le pasó mijo! –y lo sacude- ¡Salvador levántese por favor! ¿Por qué está tan quieto? –Salvador no reacciona y Cantalicia sigue gritando- ¡no, no, no está muerto! –llora.”

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     -Yo no pudiera creer que estuviera muerto (sic) Salvador, pero los vecinos que vinieron a ayudarme me dijeron que él estaba muerto y no respiraba… ¡no respiraba nadita! ¡él estaba tieso y frío durante toda la noche!... ¡y todo el día!

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     Isabel suspira agitadamente.

     -¡Hasta lo fuimos a enterrarlo! –le cuenta Cantalicia con horror.

     “Salvador rompe el ataúd a patadas y surge del féretro”

     -¿Fue ahí cuando despertó con ese ataque tan extraño?  -apenas se atreve a preguntar Isabel.

     -¡Ahí de repente se despertó y se salió de la caja! –llora al recordar- ¡y comenzó a correr y a correr! A correr, a correr, como si lo vinieran persiguiendo… ¡como si algo le fuera a pasar, pobrecito!

     Isabel pone cara de pena y consternación.

     -Pero si salvó de la muerte… -sigue Cantalicia con voz llena de terror- ¡no se salvó de quedarse loco!

     -¿Cómo? –salta Isabel.

     -¡Es que empezó a desconocer a todo el mundo! Dijo que yo ya no era su mujer y que el Moncho no era su hijo… ¡decía que él no era él, que él era otro hombre!

     Isabel se pone pálida y mira para otro lado.

     -¡Otro hombre! –repite Cantalicia y se tapa la boca.

     *

     Mansión.

     Walter grita- ¡Abigail! Está en la obligación de hacer algo.

     -¿Algo de qué? –se sorprende.

     -¡Esa mujer! Gaetana Charry, entró aquí por la fuerza con el pretexto de visitar a Cerinza… ¡y entró por la fuerza como lo hacia antes, en vida del señor Donoso!

     -¿Y qué quiere que haga yo? Ella es amiga de Salvador.

     -¡No solamente son amigos, son compinches que pretenden apoderarse de esta casa! Si usted tiene suficiente autoridad vaya e impídale la entrada a esa sinvergüenza.

     -¡Yo no puedo impedirle la entrada a nadie Walter! Ni puedo evitar que visite a Salvador.

     -¡Claro que puede! Vaya inmediatamente –le ordena- ¡está en la sala! Y actúe drásticamente… ¡ahí está esa bruja, ándele!

      (Este dialogo...   bof... perdida de tiempo!!)

      -¡Yo no pienso intervenir en ningún asunto de Salvador, en ningún asunto! –le grita Abigail y lo deja plantado.

     Walter patea enojado el piso.

     *

     En la sala Gaetana espera nerviosa cuando aparece Salvador.

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      -¡Disculpe que haya venido sin avisar pero tengo algo muy importante que hablar con usted!

     -¿Qué pasa Gaetana? –le pregunta al verla tan nerviosa.

     -¡Nada! El pesado de Walter que no me quería dejar pasar… pero ¿podemos hablar en un lugar privado? No quiero que nadie nos escuche.

     Salvador de izquierda a derecha y luego la invita- ¡Venga! Subamos a mi cuarto.

     -¡No hombre! –se asusta- ¡y la señora Isabel! Me llega a ver allá adentro y va a armar un escándalo… ¡y con razón!

     -Salió de viaje –le explica Salvador y sube sin más.

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     -¿Ah si? –se sorprende Gaetana y lo sigue escaleras arriba.

     Walter que los espía se muere de la rabia.

     *

     Las Cruces.

     Cantalicia se sienta en el lecho matrimonial de la casucha.

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     Isabel se acerca- Cantalicia, por lo que más quiera, le suplico que haga memoria, de todo lo que se acuerde… ¿Qué argumentos dio Salvador para decir que era otra persona?

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     -Pues… -encoge los hombros- ¡estaba todo diferente! Hacía cosas que nunca hacía antes.

     -¿Qué cosas, qué cosas?

     -Pues… -y se seca la nariz que le chorrea- ¡se bañaba mucho! Caminaba diferente y hasta la mirada le cambió.

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     Isabel abre los ojos incrédula.

     -Y luego cuando se despertó sabia leer… ¡sabía muchas cosas! Como un señor de esos inteligentes.

     Nerviosa- ¿Y qué hicieron con él?

     -Primero lo metieron en un hospital y ahí lo tuvieron por muchos días.

     Isabel se muerde los labios.

     -Me acuerdo que trajeron a unos doctores de muy lejos para verlo… y luego gentes de los periódicos venían y le hacían muchas preguntas.

     -¡Si! Pero piense bien lo que le voy a decir… la pregunta que le voy a hacer es muy importante Cantalicia… para usted… para usted… ¿Salvador seguía siendo el mismo? ¿usted sentía que era otra persona?

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      -¡Qué le puedo decir! –dice tímida Cantalicia- yo lo veía igualito… pero cuando se vino a vivir a la casa yo sentí que era diferente.

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      Isabel que estaba cerca de Cantalicia se aleja lentamente.

     -¡Todo le fastidiaba! –sigue- ¡ni siquiera se quería meter a la cama porque decía que había pulgas!

     Hesitando Isabel pregunta- Personalmente… ¿Cómo se comportó con usted? ¿cambió?

     -¡Todo cambió! –le cuenta- ¡Todo! Empezó a hablar muy diferente y una vez hasta el padrecito Jacobo me dijo que… ¡tocaba el piano!

     Isabel se pone aun más nerviosa.

     -¡Y esas cosas no las hacía antes! Así estuvo hasta que un día se fue… ¡y ya! Ya no supe nada de él.

     Isabel se abraza a sí misma con frío-Un año –dice pensativa.

     -¡Un año muy largo señito! –sufre Cantalicia- hasta que ese día vino el padre Jacobo y me trajo el periódico donde estaba la foto de usted con el Salvador… pues yo agarré mis cuatro teliches y me fui a buscarlo para Río Claro –sonríe triste.

     -¿Lo encontró pronto?

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      -¡No! Pronto, pronto… no… ¡batallé tantito! Pero al final di con él –y ríe- ¡y él nos llevó a vivir a casa de doña Gatuna!

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      Isabel al escuchar esto se tensa y se pone alerta.

     -¡Qué linda ella! –admira Cantalicia.

     -¿Gaetana? –pregunta Isabel sorprendida.

     -¡Gatuna! –sonríe Cantalicia- ¡doña Gatuna tan linda! Un tiempo vivimos con ella y otro tiempo con don Felipe… ¡hasta ese día pues que Salvador se casó con usted!

     Isabel traga aire- ¡Cantalicia! ¿usted fue la que se presentó en la iglesia, no es cierto?

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     -¡Qué pena señito! –se disculpa- ¡es que me llevó su tía Rebequita! Porque me dijo que yo tenía que impedir esa boda.

     Al escuchar esto Isabel se queda fría.

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     Cantalicia la mira y recuerda.

     “Rebeca incitándola en la iglesia - ¡Ya está aquí! Ahora debe aprovechar, tiene que hablar Cantalicia”

     “-¿Que puedo hacer yo señito? ¿Qué puede hacer? –se desespera.”

     “-¡Como que qué puede hacer Cantalicia! ¡mucho! ¡quiero que impida ese ridículo matrimonio ahora mismo! – y Rebeca corre a esconderse dejando sola a Cantalicia en el medio del pasillo central de la Iglesia- ¡Salvador mijo! –primero suave y luego grita- ¡Salvador mijo! –y con eso consigue que Salvador e Isabel, arrodillados ante el altar se den la vuelta y la miren.”

     -Pero no pude hacer nada –Cantalicia vuelve a la realidad- ¿Qué iba a poder hacer? –se levanta y se pasea nerviosa- si Salvador ya se olvidó de mí… del muchachito… ¡y solamente la quiere a usted! –llora.

     Isabel se desespera al verla llorar- ¡Cantalicia por favor no llore!

     -¡Pues yo no lo culpo! –sigue llorando- ¡qué le va a importar una pobre campesina como yo! –y la mira sonriendo triste- ¡al lado de una muchacha tan bonito como usted!

     Isabel se siente mal- ¡Cantalicia! Sus palabras me hacen sentir muy mal.

     -¡No señito! No es mi intención… mire que yo voy a seguir el consejo del padre Jacobo y voy a hacer de cuentas que el Salvador se murió… ¡ese día cuando estaba arreglando el cercado! –se encoge de hombros- ¡qué va!

     Fátima entra y las interrumpe- ¡Disculpe señora! Pero es que no puedo seguir esperándola más… de seguro en el hospital están bien preocupados por mi ausencia… y la verdad no me quiero exponer a un fuerte disgusto.

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      Moncho entra detrás silencioso.

     Isabel recoge su bolsa- ¡Está bien! No se preocupe… enseguida salgo… ¡únicamente me quiero despedir de la señora Cantalicia!

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     Fátima las deja solas otra vez.  Moncho se pone al lado de su mamá.  Al verlo Isabel le sonríe- ¿Cómo te llamas?

     -Me dicen Moncho… ¡pero me llaman Salvador!

     Isabel se acerca un poco y lo mira con ternura… extiende la mano para tocarle el pelo, pero Moncho como un animalito retrocede asustado y se esconde detrás de su madre.

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      Isabel retrocede y se dirige a Cantalicia- ¡No sé como explicarlo Cantalicia! Pero yo le juro, por lo más sagrado de este mundo que mi intención no era apoderarme del padre de su hijo.

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     Cantalicia le da un beso a Moncho.

      ¡Yo no sé exactamente que sucedió con Salvador! –sigue Isabel- ¡no lo entiendo! Pero estoy segura de que yo no me casé con el hombre que usted conoce… me casé con un hombre totalmente diferente… ¡se lo aseguro!

     Cantalicia asiente con la cabeza- ¡Eso es lo que voy a tratar de pensar señito! Para no morirme de la tristeza.

     Los ojos de Isabel se llenan de lágrimas - ¡Le juro que yo me siento más mortificada que nunca! Yo no sé como le voy a hacer para reparar ese daño… que involuntariamente provoqué –y llora abiertamente.

     Cantalicia se asusta al verla llorar- ¡No, no, señito! –le pone una mano sobre la mano- ¡no! No se sienta mal señito.

     Isabel solloza.

     -¡Póngase bien! Y dedíquese a querer al Salvador ya que se casó con él, cuídelo… ¡cuídelo! –le ruega- y ahora si… le suplico que mejor se vaya porque a mí me da mucha pena verla aquí.

     Isabel la mira con los ojos rojos- ¡No Cantalicia! –e Isabel mira la choza- ¡no se avergüence de su hogar! –se seca las lágrimas- ¡es humilde, si! –le sonríe- ¡pero está llena de amor! Mi casa en cambio… es… -hace una pausa triste- digamos… ¡lo más parecido al infierno!

     Cantalicia la mira asustada e impresionada.

     -¡Igual que mi vida! –le confiesa Isabel y luego mira a Moncho- ¡cuide mucho lo que tiene! Le aseguro que vale mucho más de lo que yo tengo.

     Cantalicia abraza a Moncho.

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     Isabel toma su chaqueta y sale del cuarto. Al abrir la puerta, se vuelve a mirarlos por última vez.

     *

     Al salir de la casucha Isabel se topa con el padre Jacobo que está gritándole a Fátima - ¡No trate de justificarse Fátima! Reconozca que cometió una imprudencia trayendo a esa mujer aquí.

     -¡Se pasa de veras padrecito! Porque yo no vine aquí de malhonesta… ¿acaso usted vino a preguntar por el caso de Salvador? La señora se veía muy interesada y yo no nada más la traje a casa de Cantalicia.

      (si… yo también creo que se pasa)

     Isabel interviene- ¡No la regañe padre! Ella no quería traerme, yo insistí.

     -¡Pero no puede abandonar sus obligaciones por cumplir los caprichos de una visitante!

     -Seguro que va a tener problemas con la jefa de enfermeras –comenta el gendarme- no le diga nada más padre –y luego mira sonriendo a Isabel- ¿Qué tal señorita? Como le fue con la visita.

     -¡Yo tengo que hablar con usted señora! –salta Jacobo.

     -Pues será otro día porque ahorita andamos de apuro –se apresura Fátima.

     -¡No! Sargento, por favor lleve a Fátima al hospital – pide Jacobo- yo tengo que hablar con doña Isabel.

     -Bueno, lo que usted ordene padre –y se despide de Isabel- y bueno, que la termine de pasar bien señorita, y si se le ofrece algo pase por la comisaría y pregunte por el sargento Henri… ¡a sus ordenes!

     Y se marchan.

     Al quedar solos Jacobo le grita a Isabel- ¡Ya vino a atormentar a esta pobre mujer!

     ( que insoportable!)

     -¡No! Créame que en este momento la atormentada soy yo –le responde Isabel con lágrimas- ¡después de enterarme de todo lo que me enteré! Le juro que no sé si estoy despierta o estoy viviendo la peor de mis pesadillas –solloza abiertamente- ¡no lo sé!

     El padre Jacobo la mira sorprendido.

     *

     Mansión.

     -Pudo tratarse de una pesadilla –dice Salvador.

     -¡Eso mismo quiero creer yo! Pero recuerde que unos días antes que muriera Pedro José, yo soñé algo muy parecido.

     -¿Y usted cree que vuelva a repetirse la historia?

     -¡No en las mismas circunstancias! Pero tenemos que tomar precauciones Salvador.

     Salvador suspira profundamente- Gaetana, yo no puedo atemorizarme cada vez que usted tiene un sueño misterioso.

     -¡Pero no son exageraciones mías, ni mucho menos hombre! Recuerde… cuando tuvo esos ataques y cambió de personalidad… ¡no lo olvide hombre!

     -No lo he olvidado, pero tampoco tengo por qué recordarlo a cada momento, no me voy a amargar el poco de vida que me queda.

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     -¿Usted cree que podemos hacer algo para controlarlo? Lo que pueda pasar.

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     Salvador suspira resignado- ¡Es inevitable! Ya se lo dije… es inevitable. Si Salvador Cerinza vuelve a reclamar su cuerpo, yo ya no podré regresar… ¡yo lo sé! –y luego mira con determinación- ¡necesito tiempo para cumplir con mis metas!

     Gaetana llora asustada- ¡Y si El no le da ese tiempo!

     Salvador la mira tranquilo- ¿Pero de qué se trata? ¿usted vino a atemorizarme?

     -¡No hombre! Usted sabe que lo quiero mucho.

     -¡Entonces no me recuerde a cada instante lo inevitable ni tampoco me ande contando cuentos donde me ve muerto!

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     -Bueno, está bien, pero prométame algo Salvador… ¡prométame que se va a mantener en contacto conmigo! Y si llega a sentir cualquier cosa extraña, me va a llamar… ¡búsqueme Salvador! Por favor –y se arrodilla a su lado- recuerde que yo soy la única que puede ayudarlo… ¡no lo olvide nunca!

     Salvador la mira.  Gaetana lo abraza con fuerza.

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     *

     Las Cruces.

     Isabel camina rápidamente hasta el auto.  El padre Jacobo la sigue sin aire.

     -¡Yo creo que me voy a volver loca! –Isabel se detiene al lado del Jaguar y llora- ¡no puedo creer que esto me esté sucediendo a mí!

     -¡Yo le advertí que no tratara de averiguar nada! –le reclama el padre Jacobo.

     -¡Ayúdeme padre! Ayúdeme a entender esta realidad por favor –le suplica llorando.

     -¡Yo traté de entender esta realidad durante meses y fue imposible! –le confiesa Jacobo- ¡decidí olvidarme de todo este asunto para no perder la razón!

     (pero este no parece padre … que más querría un padre católico que una prueba de la vida después de la muerte? de la inmortalidad del alma? humm... esto es un error del escritor! )

      -¡Pero es que yo no me puedo olvidar de este asunto! –le grita Isabel- ¡porque yo estoy casada con Salvador Cerinza! –histérica- ¿no lo puede entender? ¡yo necesito saber toda la verdad!

     El padre Jacobo por respuesta mira al suelo, y luego pregunta- ¿Usted lo ama sinceramente?

     Isabel mira al cielo- ¡Si! –responde segura- ¡lo amo desde el primer instante en que lo vi! –llora- ¡yo sabía, presentía que me unía a él algo muy especial! ¿pero sabe una cosa padre? ¡ahora tengo mucho miedo! –dice temblando.

     -¡Yo le sugiero que deje de pensar en él! –le aconseja el padre- ¡piense que es un hombre normal y entierre el pasado!

      (hehehe… justamente… ENTERRAR el pasado! )

     -¿Cómo voy a dejar de pensar en esto? –con rabia deja de llorar- ¡Siento a cada instante que mi primer marido vive en Salvador! –Isabel lo enfrenta a la realidad.

     El padre Jacobo se asusta- ¿Su primer marido? –balbucea.

     -¡Si! –le responde Isabel- ¡yo sé que Pedro José Donoso vive en el cuerpo de Salvador Cerinza! –y deja vagar su mirada a la distancia.

     El padre Jacobo rehúsa mirarla con miedo.

     *

     Enfrente de su casita, Cantalicia se sienta y mira a la distancia.  Moncho sale de la casa, haciendo chirriar la puerta.

     -¿Está más tranquila mamacita?

     -¡Si! Sólo que pienso en tantas cosas.

     -¿En esa señora?

     -Es bien bonita esa señora… ¿verdad? Te aseguro que los hombres se mueren por ella.

     -Es muy linda –admite Moncho- ¡pero no me gusta! ¡a mí me gusta usted y yo no quiero que esa señora vuelva!

     -¡Ay mi Moncho! –lo abraza feliz.

     Ambos se miran con amor y ríen.

     *

     Isabel conduce de vuelta al pueblo muy insegura.

     El padre Jacobo se pone nervioso- ¡Deténgase doña Isabel! Deténgase, está muy nerviosa y en estos momentos no puede manejar… ¡permítame ayudarla por favor!

     -¡Voy a estar mejor! –Isabel detiene el auto- ¡sólo necesito un momento para recuperarme!

     -Está muy impresionada… no debe pensar en lo que dijo… ¡Salvador no tiene nada que ver con su difunto esposo!

     -¡Si tiene que ver! –le corta Isabel- ¡claro que tiene que ver! –y repite- Claro que tiene que ver… ¡ahora comprendo muchas cosas! ¡Ahora sé por qué!... habla como él, se expresa como él y se comporta como él…. ¡él sabe absolutamente todo acerca de Pedro! –y vuelve a sollozar incontrolablemente.

     De pronto Isabel lo mira suplicante- Padre… ¿por qué suceden estas cosas?

     -No me pregunte –le contesta Jacobo- ¡sólo trate de reponerse y de dominar la situación!

     -Es que en este momento me siento totalmente incapaz.

     -En ese caso le recomiendo separarse de él…. ¡no se puede convivir con un ser que lo trastorna! –le aconseja- ¡olvídese de él!

      (Aja!! Jajajajaj….  Bueno… aquí el escritor realmente se salió del guacal!!  Porque este consejo si que no puede venir de un hombre religioso!! el próximo paso le aconseja el divorcio por motivo No Consumado!!  )

     Derecho Canónico - Iglesia Católcia

      -¡Padre! –se exaspera Isabel ( con razón) y sale del auto.

     Afuera sigue llorando con desesperación como buscando consuelo en esa naturaleza exuberante que los rodea.

     El padre Jacobo abre la puerta de su lado y la mira con pena.

     Isabel llora sin consuelo y se abraza como si tuviera frío- ¡Me siento mal padre! ¡me siento tan mal! –tiembla- ¡siento que la cabeza me va a estallar!

     -Usted no puede manejar en esas condiciones –es todo lo que tiene que decir el padre- ¡Tendrá que quedarse una noche más en el pueblo!

     Al escuchar esto, Isabel reacciona- ¡Yo creo que nunca me voy a reponer padre! ¡no me voy a reponer hasta que no conozca toda la verdad! –y luego dice con rabia- ¡y no voy a descansar hasta saberla!

     -Doña Isabel, por favor.

     -¡Ya empecé y no me voy a detener! –le grita Isabel- ¡nadie me va a detener!

     -Piense en su salud mental.

     Isabel lo mira duramente- ¿Sabe una cosa padre? Toda la vida… ¡toda mi vida me he enfrentado a las situaciones más difíciles! Y le juro que ésta no va a ser la excepción… ¡no me pienso esconder! La voy a enfrentar aunque me desquicie… ¡aunque me vuelva loca, más loca de lo que ya me siento ahora!

     Jacobo suspira y la ve llorar.

     -En la casa –sigue Isabel con sollozos entrecortados- ¡en la casa me espera el hombre que amo! ¡y el mismo que me ha enfrentado al reto y al desafío más grande de mi vida! –y se calma- ¡le voy a enfrentar y le voy a responder! –levanta el mentón decidida- ¡pase lo que pase!

     *

FIN DEL CAPITULO

(Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad)

@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme

 

 

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Feb. 6-10, 2006 / 6-10 feb. 2006

 

     http://www.telemundo.com/elcuerpo/index.html : 2/6-7/06 -   Aunque Isabel se resiste a creer en cosas de ultratumba…  ..que en términos más modernos se llaman conflictos parasicológicos…,  …se pone a la tarea de indagar acerca de ese tipo de experiencias.  Todos los indicios que nombran los expertos coinciden con su caso, las ansias aumentan.  “Siento que el espíritu de mi primer esposo, habita el cuerpo de la persona con la que me casé hace pocos días Doctor”. 2/8/06 -  Todo está muy tranquilo luego de la muerte del esposo de Abigail...  Walter está muy contento de no haber visto a Abigail por tres días. Pero pronto llegará con Simón.  Salvador toca la puerta del cuarto de Valeria, pero ella no abre.  “Quiero que sepas que deseo que luches por tu felicidad y no sufras por mi culpa, no lo mereces”.  2/9/06 -   Isabel está muy sospechosa. Rebeca la está buscando para pedirle dinero y así poder irse de la casa.  Pero ahí no se acaban sus malas intenciones. Tiene un secreto que le quiere revelar acerca de su nuevo esposo.  “En el sótano hay algo que te va a interesar muchísimo”.  Abigail se entera del asunto. "¿Qué estarán buscando allá abajo?" 2/10/06 -   Isabel estuvo en el sótano. Exige una explicación lógica y definitiva.  Salvador, tenemos que habla...  Y no solamente tú y yo, tenemos que hablar con todos.  En la sala de la casa lo esperan para oír lo que tiene que decir.

 

http://mabouchita.com/NOVELAS/ECDDres.html:

 

http://mabouchita.com/NOVELAS/ECDD/ECDD141.html

 CAP# 141: lunes 6 de febrero de 2006 – UN FANTASMA

      *

     Mansión.

     Walter espía a Gaetana y Salvador.  Rebeca lo descubre- ¿Qué hace espiando en la puerta? ¿está con alguien?

     -¡Estuvo! –corrige Walter- largo tiempo encerrado con la espiritista, pero ahora está solo y quería saber que estaba haciendo… ¡pero estará durmiendo porque no escucho nada!

     -¿Dónde están los demás que no los he visto?

     -Deben estar tramando algo porque están abajo reunidos, hablando misteriosamente.

     -Entonces tenemos que averiguar qué se proponen ¡ándele Walter!

     -¡No! –se niega Walter- ¡no quiero meterme en problemas doña Rebeca! Por favor, es que ellos son muy desconfiados.

     Rebeca lo mira con desprecio.

     (Hummm... relleno 1)

     *

     En la sala están todos reunidos.

     -Nada ganamos en desconfiar de nosotros mismos, tenemos que unirnos para enfrentar a esta situación –Ángela- ¿no les parece?

     -Yo estoy de acuerdo con mi cuñadita, pero siempre y cuando hablemos de frente y sin tratar de proteger a nadie y sin tapujos –Simón.

     -¡Me imagino que lo dices por mí! –se enoja Antonio.

     -Si hermanito, está demostrado que tú sabes de ese tipo mucho más que cualquiera de nosotros y no haces más que cubrirlo.

     -¡Yo no sé nada más que ustedes, de eso pueden estar seguros!

     -¡Claro que sí! –Ángela- No lo niegues… eres el único de todos nosotros que no se impresiona con nada de lo que sucede con él.

     -¡Claro que me impresionó! Pero no quiero pensar más de la cuenta para no trastornarme como la otra vez.

     -Yo creo que Antonio tiene razón- con miedo Abigail- no debemos quebrarnos la cabeza por cosas que carecen de importancia.

     -¿Entonces qué ma? Dejamos las cosas así como están hasta que nos saquen con una camisa de fuerza –Simón- ¡no señores! Vamos a aclarar esta situación de una buena vez aunque nos cueste trabajo… a ver Antonio… ¿Quién es realmente Salvador Cerinza? Di lo que sepas o lo que pretendas saber.

     Antonio mira a lo lejos- ¡Es que a ciencia cierta no lo sé y lo que suponga les va a parecer absurdo!

     -¡No mi amor! No tengas miedo de decir algo que parezca una barbaridad, tal vez coincidimos en lo mismo –con temor.

     -¿Puedo decir que don Pedro José no murió? –avanza Antonio- ¿les sonaría absurdo si les digo que regresó en el cuerpo de Salvador Cerinza?

     Abigail lo mira asustada.  Ángela se muerde los labios.  Simón se queda pálido.

     *

     Las Cruces.

     En la iglesia el padre lee la Biblia cuando golpean a la puerta y entra Fátima- Disculpe que lo interrumpa padre, lamento mucho lo que sucedió con la señora esa… ¡le repito que yo no le veo nada de malo en que le haya comentado la historia de Salvador y que le haya llevado a la casa de Cantalicia! Además ¿Quién se perjudica con eso padre?

     -¡Ella misma! Nunca debió averiguar lo que no debía… ¡solamente se atormenta!

     -No entiendo por qué, además cuando pasó todo lo del fenómeno ese… ¡mucha gente vino al pueblo a curiosear! –sigue Fátima- ¡lo curioso es que yo pensé que ya estaba olvidado el asunto! Pero al parecer todavía sigue mucha gente interesada.

     -Ojala todo se tratara de simple curiosidad, pero es un asunto mucho más delicado… esa señora no es una persona cualquiera Fátima.

     -Precisamente por eso padre es que personalmente le colaboré, además me parece ser que es una periodista muy importante y que quiere investigar a fondo la historia de Salvador.

     -¡Fátima, Fátima! Ella no es ninguna periodista muy importante… ¡es la esposa de Salvador Cerinza!

     -¡Hijole! –se asusta Fátima- ¿la esposa?

     -¡Se casó con él hace muy poco! Por eso vino a averiguar el pasado de ese hombre.

     Fátima lo mira apenada.

     (Hummm... relleno 2)

     *

     Una carretera.

     Muy entrada la noche Isabel conduce todavía muy nerviosa y recuerda a Cantalicia.

     “-¿Cuántos años vivió con usted Salvador?

     -¡Más de catorce años señito! Nos juntamos cuando éramos muy jovencitos.

     -¿Nunca se han separado? ¿siempre han vivido juntos?

     -¡Nunca! Se lo puedo jurar, o sea, íbamos al pueblo pero yo siempre lo acompañaba.

     -¡No puede ser, no puede ser!”

     E Isabel repite lo mismo y de pronto se asusta con las maniobras de otro auto.  Y luego vuelve a recordar.

     “Isabel y Salvador.

     -A veces dices cosas y te comportas de una manera muy extraña… ¡siento que no te conozco.

     -Es cierto… ¡te casaste con un completo desconocido Isabel! Debo darte tiempo, igual que a todos los demás… ¡tiempo para que aprendan a conocer quien es el verdadero Salvador Cerinza”

     De pronto Isabel frena bruscamente haciendo chirriar las llantas, vuelve a la realidad asustada, se toma la cabeza entre las manos desesperada.

     Isabel llora desconsoladamente.

     *

     Mansión.

     Todo es un desastre, todos gritan.  Antonio reaccionando violentamente se tira sobre Simón y lo ataca y ambos pelean

     -¡Suéltalo Antonio! –gritan Ángela y Abigail y los separan.

     -¡Basta ya! –grita Abigail- ¡basta!

     -¿Qué demonios les pasa? –se enoja Ángela- ¡respétenme!

     -¿Que significa ese comportamiento Antonio? –grita Abigail- ¡no consideras el estado en que está tu mujer! ¡sé conciente por el amor de Dios!

     -¡Perdónenme! Pero me hace perder la paciencia –grita Antonio apuntado a Simón- ¡no tiene por qué burlarse de lo que dije!

     -¡Yo no me burlé! –le grita Simón- ¡me reí porque sentí nervios!

     -¡Me sentí como un imbécil, como un ridículo por lo que estaba diciendo! –grita Antonio- y perdóname pero me enojé.

     -¡Pues no me dejaste terminar de hablar estúpido!

     -¡Ves! Sigues insultándome –y Antonio trata de pegarle otra vez.

     -¡Antonio! –grita Ángela otra vez- ¡basta por favor!

     -¿Para eso tenia que hablar? –se enoja Antonio como un niño- ¿para que se burlara de mi?

     -¡Ya Antonio! Vamos por parte… ¡yo no quise decir eso! Lo que pasa es que tú te arrebatas y no me dejas terminar de explicar las cosas.

     -Miren –decide Abigail- será mejor que suspendamos esta reunión que no nos está conduciendo a nada bueno… ¡ya no tiene ningún sentido esto!

     -¡No mamá! Si la suspendemos nos vamos a quedar peor… a ver Antonio… ¡admite que es absurdo pensar que el espíritu de don Pedro José regresó en el cuerpo de Salvador!

     -¡Mira! Olvidemos ese tema de una buena vez –le corta Abigail gritando.

     -¡No mamá! ¡no lo vamos a hacer! –grita Simón y hace una pausa- porque…  -se aclara la garganta- ¡porque yo estoy de acuerdo con lo que dice Antonio!

     Todos lo miran boquiabiertos.

     -¿Y ahora a ti que te pasa? –se sorprende Antonio- ¿te estás burlando de mí otra vez?

     -¡No! Yo sé que es estúpido… que es absurdo… ¡ridículo! Lo que ustedes quieran… ¡pero yo también pienso que el espíritu de Pedro José sigue viviendo en el cuerpo de Salvador!

     Ángela se queda sin respiración..

     -¡Yo ya me cansé de tratar de encontrar una explicación y no la veo por ningún lado! –Simón.

     Abigail se toma la cabeza.

     -A ver… ¿Cómo diablos explican que Salvador conozca detalles y momentos de mi vida que ni yo mismo me acordaba? –sigue Simón- ¿y por que siento que cuando me habla es don Pedro José el que lo hace? ¡con sus mismas palabras! Y a todos nos pasa lo mismo… ¿o no Ángela?

     Ángela a punto de llorar- ¡Así es! Él conoce tantos detalles y secretos que una persona ajena a nuestras vidas no sabría.

     Abigail se desespera.

     -Por ejemplo, la joya que me entregó el día de mi boda, era algo que solamente mi papá yo sabíamos… y ahora… ¡la música del piano! Es un regalo que me hizo en mi cumpleaños cuando era una niña.

     -Mira –se desespera Abigail- no pensemos en estas cosas… ¡yo les ruego que dejemos todo como está! Se trata de puras coincidencias…. ¡de casualidades!

     -¿Coincidencias, casualidades Abigail? ¡por favor! –se enoja Ángela- ¡este es un hombre con muchos conocimientos! Todos los ejecutivos están impresionados de cómo maneja la empresa.

     -¡Ni trabajando 30 años ahí alguien podría saber lo que él sabe! –Simón- eso no se consigue con ninguna información.

     -¡Olvidemos este tema porque ahora soy yo la que lo considera absurdo, ridículo y jalado de los pelos! -grita Abigail.

     Ángela y Antonio la miran.

     -¿Ya ves? –se enoja- Atácame como hiciste con tu hermano Simón por decir lo que piensa ¡atacame!

     -¡Mamá! ¿Por qué crees que me trastorné? Por preguntarme quien era Salvador… de donde venia y por qué lo sabía todo… ¡por qué piensa exactamente de la misma manera que don Pedro José!  Ahí en mi cuarto están los libros que lo comprueban.

     Abigail mueve la cabeza negativamente.

     *

     En su habitación Salvador se examina en un espejo,

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      se toca la barba

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      y se ve reflejado como Pedro José... un fantasma.

      *

     En la sala.

     -¡No es cierto que Salvador y Gaetana se pusieron de acuerdo para apoderarse de esta casa ni nada por el estilo! –Antonio- a ellos dos los une el espiritismo, lo mismo que pasaba cuando vivía don Pedro José.

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     -A lo mejor los dos consiguieron algo que parecía imposible –avanza Simón.

     Ángela los mira alucinada- Tal vez Gaetana invocó el espíritu de mi papá.

     -Y el espíritu acudió al llamado para posesionarse del cuerpo de Salvador.

     Abigail salta- ¡Ay por Dios! No digan una palabra más… ¡no sigan suponiendo atrocidades que me están poniendo muy nerviosa! Respeten la memoria de los muertos.

     -Es que nuestra obligación es analizar a fondo este misterio Abigail –Ángela.

     -¡No! Nuestra obligación es dejar de decir disparates. No sean niños morbosos inventando cuentos de miedo y eso no puede ser.

     -Bueno mamá, entonces tú como explicas todo esto –Simón.

     -¡Mira! No quiero buscarles explicaciones y no quiero faltarle a la memoria de un ser tan querido como Pedro José, ¡no acepto nada de lo que están diciendo de Salvador!

     Antonio la mira serio.

     Vicky entra corriendo- ¡Perdón que los interrumpa pero acabo de ver el coche de doña Isabel llegando a la casa!

     Todos se quedan de una pieza, callados y preocupados, mirándose uno al otro.

     *

     Isabel estaciona el auto y baja su maleta ella misma.  Durante un largo rato mira la casa, hacia la ventana de su habitación.

     Aparece Walter corriendo- ¡Buenas noches señora Isabel! ¿le fue bien en su viaje?

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      -Si, gracias Walter –responde distraída- ¿Salvador se encuentra en la casa? ¿no ha salido?

     -No ha salido en ningún momento, debe estar esperándola –le anuncia Walter.

     Isabel suspira y mira con miedo a la ventana del primer piso.

     -¿La ayudo para llevarle su equipaje a su habitación? –pregunta Walter al ver que Isabel sigue prendida a su maleta como si fuera un salvavidas.

     -¡No Walter! Yo la llevo –se niega rotundamente- Gracias –y como si fuera un fantasma se dirige a la casa.

     Walter la mira sorprendido.

     *

     Isabel entra a la casa y encuentra a la reunión de la sala, todos los Domínguez y Vicky mirándola como alucinados.  Se detiene y les sonríe - ¡Buenas Noches! –saluda.

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      -¡Buenas Noches! –les responden en coro.

     Isabel vuelve a tirar su maleta y sube escaleras arriba ante la mirada silenciosa y llena de temor de todos.

     *

     Habitación de Rebeca.

     Está feliz y se pasea al lado de una cama cubierta con sabanas rojas de seda (uff  que color!)- ¿Qué pudo haber pasado, donde estuvo todo este tiempo Isabelita? –se frota las manos presintiendo el triunfo- ¡ojala haya averiguado todo! ¡ojala! –ríe feliz.

     *

     Isabel se da un baño, envuelta en una bata blanca se aplica crema, con la mirada y el pensamiento perdidos.

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      Entra Salvador a saludarla- No me has dicho como te fue en el viaje –le reclama- ¿Tuviste éxito?

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      -No me puedo quejar – dice Isabel sin comprometerse- ¡logré mi objetivo! –y sin que la vea se muerde los labios.

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     -¡Debes estar cansada! Yo sin embargo no hice absolutamente nada… ¡me limité a recibir la visita de mi amiga Gaetana!

     Isabel suspira- Y me imagino que la seguirás frecuentando… ¿no es cierto?

     -¡Si! –afirma Salvador- imagino que te mortifica la idea de tener que encontrarla.

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      Isabel suspira sin mirarlo.

     Salvador se acerca por la espalda, estudiándola.

     Isabel recuerda a Pedro.

     “-Sufro mucho al saber que me queda poco tiempo de vida y que te voy a tener que dejar sola –ante la mirada inquieta y preocupada de Isabel- a ti, a mi hija y a tantas otras personas que amo profundamente y que me necesitan.”

     “-Desahógate mi amor –le acaricia el rostro- no tienes que recurrir a nadie… ¡tú puedes confiar en mí!”

     “-No mi vida –Pedro la mira con amor – no quiero agobiarte con mis necesidades ni mi achaques… ¡a ti te quiero recordar siempre hermosa, siempre feliz y radiante! –Isabel baja los ojos- ¡y que no desconfíes de mis reuniones con Gaetana! Sólo estoy tratando de encontrar la fortaleza y la paz espiritual que necesito –le confiesa.”

     Isabel mira a Salvador- No, te equivocas –le dice- no me molesta que frecuentes a Gaetana… ¡me imagino que lo harás para encontrar esa paz espiritual como lo hacia Pedro! ¿no es cierto?

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      Salvador se queda pasmado de la sorpresa y luego sonríe… se acerca y le acaricia el rostro.

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      Isabel lo mira con cariño.  Salvador le acaricia el cuello y los hombros y le da un beso en la frente.  Se miran.  Y se besan apasionadamente hasta fundirse en uno solo.

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      Pero de pronto Isabel mira en el espejo y ve el cuerpo de Pedro José reflejado

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       y de la impresión se separa asustada- ¡Perdón! Estoy cansada… estoy muy cansada.

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      Se excusa muy nerviosa- y voy a buscar a Abigail para que me unas pastillas para el dolor de cabeza.

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      E Isabel huye dejando a Salvador intrigado y pensativo.

     *

     Temblando como una hoja Isabel cierra la puerta detrás de ella y camina por el pasillo huyendo del fantasma,

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      sintiéndose débil se apoya en la pared y mira asustada hacia el cuarto donde se encuentra Salvador.  Baja corriendo las escaleras de servicio envuelta en su bata blanca.  Cuando se encuentra sola en la parte de servicio se abraza a la columna para tomar fuerzas, asustada, acaba de comprender que se estaba besando con un muerto.

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      A lo lejos escucha los ladridos de Azur, e Isabel pone atención respirando entrecortadamente.  Rebeca la encuentra así y le pregunta- ¿Te sientes mal Isabel?

      Isabel salta del susto- ¡No me siento mal! Son los ladridos de Azur que me ponen nerviosa –miente.

     Rebeca la mira enojada.

     -Pedro quería mucho a Azur –piensa en voz alta Isabel- ¿verdad?

     -¡Pues si! –se enoja aún más- ¡aunque ese perro es una fiera! Es un peligro.

     Isabel cierra los ojos y sigue- Pero para Salvador no es un peligro… ¡a él lo aceptó con el mismo cariño que le demostraba a Pedro!

     Rebeca frunce el entrecejo sin comprender para donde va Isabel- ¡Las bestias se entienden entre ellos! –dice con desprecio- Bueno, en realidad todos los animales son raros.

     -¡Si! –suspira Isabel- ¡quizás porque su instinto les hace saber muchas más cosas que nosotros!

     Rebeca la mira como si estuviera loca- ¡Regresaste muy extraña Isabel!

     -Mucho más extraño es lo que averigüé tía –le advierte Isabel con terror en la mirada y tragando saliva.

     Rebeca sonríe feliz y segura de su victoria- ¿Ah si? Comprobaste lo que te dije… hablaste con Felipe Madero y te diste cuenta que no te mentí al asegurarte que Salvador tiene una mujer y un hijo.

     -¡Comprobé mucho más! –le responde misteriosa Isabel- comprobé que el hombre que tú me hablaste no es el hombre con el que yo me casé.

     -No te entiendo –se molesta Rebeca- veo que sigue engañada.

     -¡No tía! –Isabel cierra los ojos con desesperación- ¡la que está terriblemente engañada eres tú! –le advierte.

     -¡Lo estás protegiendo Isabel! –le grita Rebeca- y si eso es así yo tendré que marcharme antes de que me eches.

     -¡Por favor tía! –Isabel abre los ojos y le ruega- ¡yo no voy a dejar que te vayas de esta casa! Quiero que continúes a mi lado.

     -Por supuesto.

     -¡Pero vas a tener que tener mucho cuidado! –le advierte Isabel- ¡no hables mal de Salvador en esta casa!

     Rebeca se pone histérica- ¡Isabel!

     -Yo entiendo que tengas mucho miedo tía, pero es cuando menos debes desafiarlo –dice enigmáticamente- puede ser un enemigo muy peligroso para ti.

     -¿Reconoces que es un enemigo? –se sorprende Rebeca.

     -¡Si tía! –Isabel se abraza a si misma con miedo- ¡puede ser terriblemente peligros! Pero me siento más unida a él más que nunca… ¡no pienso dejar de amarlo por nada de este mundo!

     -¡No te entiendo mujer! –se espanta Rebeca- ¡que está pasando contigo! ¡no te entiendo!

     -¡No! –sufre Isabel- ¡yo tampoco me entiendo!

     *

     Mansión.

     Amanece.  Al lado de la piscina Isabel lee el periódico “America Latina”.

     Vicky le sirve café.

     -Gracias –Isabel.

     Pero Vicky no se marcha e Isabel le sonríe extrañada.

     *

     Dentro de la casa.

     -¿Entonces hay esperanzas señora Rebeca? –Walter pregunta con ansiedad- ¿es posible que la señora Isabel reaccione ante ese miserable?

     -¡Walter, indudablemente está cambiando de opinión respecto a él! –le cuenta Rebeca de malhumor- ¡pero no debemos cantar victoria!

     -¿Quiere explicarme por qué?

     -No sé, noto algo extraño en su mirada, en sus palabras Walter… -y su voz aguda sube de tono- ¡Isabel no es la misma mujer que salió de aquí hace dos días!

     -Tiene razón, porque anoche cuando llegó yo también la sentí rara… ¡algo le debió haber pasado!

     -Ahora me faltan razones para atacar a Salvador- Rebeca baja la voz- sin embargo… sigue de parte de él… Walter… ¡no entiendo nada! Su obsesión es terriblemente confusa.

     *

     Piscina.

     -¿Se le ofrece algo mas señora? –Vicky pregunta.

     -¡Buenos días! –interrumpe Salvador.

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      Isabel lo mira todavía inquieta y asustada.  Salvador se acerca y se acuclilla a su lado.

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      Le da un beso con cariño. Le acaricia el pelo y le dice- Me voy a trabajar, nos vemos en la tarde.

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      -Si –le sonríe Isabel con ternura.

     Salvador le acaricia el rostro y se marcha.

     Vicky lo ve partir y vuelve a preguntar-¿Entonces qué le traigo?

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      -Nada, es que no voy a desayunar porque me tengo que ir.

     -¡Ay! Por lo visto hoy todo el mundo se puso de acuerdo porque nadie quiso ir al comedor a desayunar. Bueno… mientras tanto voy a ir a ayudar a la señorita Valeria a terminar su maleta.

     Isabel salta- ¿La maleta?

     -¡Señora! Calladita me veo más bonita –responde Vicky, cuando por supuesto su intención era pasar este mensaje.

     -¿Cuál maleta Vicky? –insiste Isabel.

     -¡Pues fíjese que la señorita Valeria está decidida a irse! Y dijo que terminando de empacarla que iba a venir a hablar con usted.

     -¡No! –Isabel se levanta decidida- ¡déjelo Vicky! Yo voy a verla –y entra a la casa corriendo.

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      *

     Habitación de Valeria.

     Valeria prepara su maleta (por enésima vez ).  Abigail (como siempre ) le ruega- Piense bien lo que hace, si da cualquier paso tiene que consultarlo con la señora Isabel.

     -Abigail, lo tengo decidido –responde Valeria.

      (no les parece un déjà-vu? )

      -Te dije que cuan pronto llegara Isabel hablaría con ella, y no es para pedirle permiso sino para despedirme.

     -¡Ay niña! No sé qué decirle, la verdad yo sé que las cosas andan muy mal… si yo pudiera también me iría de esta casa… -suspira- ¡me iría con usted!

     (y esto?   Y ahora por que razón Abigail se quiere ir? Anda bien con sus hijos, se lleva bien con su nuera que espera a su nieto… no tiene sentido lo que dice! )

      Isabel irrumpe en la habitación como una tormenta y mira enojada a Valeria.  Suspirando mira a Abigail- ¿Me permite hablar a solas con mi prima Abigail? –y mira la maleta con enojo.

     -¡Como no! –sale corriendo Abigail.

     Isabel y Valeria se enfrentan con la mirada.  Valeria suspira tratando de reunir fuerzas.  Isabel vuelve a mirar la maleta.

     *

     Citricos Donoso.

     Ramirez descubre a Simón hurgando y buscando en la oficina de Salvador como si fuera un ladrón.

     -¿Qué estás haciendo aquí? –se sorprende.

     Simón lo mira culpable- ¡Nada don Evelio! –miente- ¡nada importante!

     -A Salvador no le gustaría ver que le revuelve su escritorio –le advierte- sabes lo delicado que es para sus cosas.

     -No necesito ni que me lo diga –y como ya está descubierto sigue buscando.

     -¿Qué estás mirando? –interroga Evelio.

     -¡Algo bien interesante! –y le muestra unos papeles- ¡mire! Acérquese don Evelio… observe cuidadosamente estos dos documentos y dígame.

     -No veo nada raro –dice Evelio luego de estudiarlos- una letra grande y pareja… la letra de Salvador… ¿Qué tiene de malo?

     -¡Muchísimo! Porque este documento fue escrito por Salvador, pero este otro… ¡fue escrito por don Pedro José!

     Evelio se asusta y le toma los dos documentos para mirarlos mejor- ¡Qué curioso! Cualquiera diría que se trata de la misma letra.

     -Hasta las firmas son muy parecidas.

     -Si… ya veo.. ¡yo no me había percatado antes! –y le devuelve los papeles- sin embargo… -se queda pensativo- ¡no es lo único que tiene en común Salvador con el difunto Donoso!

     -¿También usted lo había notado?

     -Salvador debió de recibir mucha influencia del señor Donoso porque coincide con él en muchos puntos, y no solamente lo digo yo… ¡lo sabe toda la empresa! –y luego reflexiona- ¡si el difunto Donoso hubiera tenido un hijo, no se hubiese parecido tanto a él!... ¡como Salvador Cerinza!

     Simón inquieto mira a la distancia.

     (Hummm... relleno 3)

     *

     Mansión.

     -¡Entiendo que tengas tus razones para estar enojada conmigo! –se enoja Isabel- ¡pero deja de comportarte como una niña estúpida! Si tú no le das importancia a esas cosas… ¿Por qué me regresaste los vestidos que te di?

     -¡Bueno, porque en el lugar donde voy no los voy a utilizar!

     -¿Ah si? –exclama Isabel- ¿se puede saber donde piensas ir?

     -Voy al sanatorio de donde me sacaste.

     -¿Por qué al sanatorio? –se asusta genuinamente Isabel- ¿Por qué?

     -Me voy a encargar de los pacientes como asistente de las enfermeras –Valeria hace una pausa y explica- ¡hablé con la directora de la institución y me ofrece el empleo!

     -¿Estás conciente de lo que acabas de decir? –Isabel se enoja otra vez- ¿piensas regresar a ese lugar donde estuviste a punto de volverte loca Valeria? ¡por favor! –le grita.

     -Isabel, las cosas han cambiado mucho –suspira profundamente Valeria- prefiero tener un trabajo modesto que seguir encerrada en esta casa como una inútil.

     -¿Por qué mejor no me confiesas que lo que quieres es escapar por el desengaño que tuviste con Salvador? –Isabel cambia el tono.

     -¡Piensa lo que quieras! –tiembla Valeria- ¡el caso es que me voy! –y cierra su maleta y luego la mira- Isabel… te agradezco mucho todo lo que hiciste por mí durante este tiempo.

     Isabel desvía la mirada… mira al suelo- Yo creo que… -le dice sin mirarla- que tendrás que agradecerme algo muchísimo más importante –y suspira- ¡el haberte liberado de Salvador!

     -¡No quisiera hablar de eso!

     -¡Yo sí! Porque te aseguro que si te hubieras escapado con él… ahorita lo lamentarías con toda tu alma.

     -¡Tienes mucha razón! –responde enojada Valeria- ¡tengo que agradecértelo! Porque estaba completamente ciega… estaba totalmente equivocada con respecto a ese hombre.

     Isabel sonríe con amargura- ¡No más que yo!

     -¿Tan pronto? –se sorprende- ¿tan pronto te decepcionaste de él?

     Isabel no responde y le ruega- ¡Te suplico que no te vayas porque te necesito más que nunca!

     -¿Me necesitas? –y Valeria no puede atajar las lágrimas- ¿realmente me necesitas? Porque siempre que intento marcharme me dices lo mismo… ¡por favor Isabel deja de manipularme!

     -Esta vez va en serio (Qué?  entonces las veces anteriores no eran en serio? ) –Isabel susurra- ¡te necesito a mi lado! ¡te necesito junto a mí!

     -¿Para qué? –se enoja Valeria- ¿para hacerme pagar con lágrimas todos los favores que me has hecho? ¿para hacerme soportar situaciones imposibles?

     Isabel no responde.

     -¡Eres una mujer muy cruel Isabel!

     -Algo terrible está a punto de suceder Valeria –le cuenta Isabel con voz llena de miedo- de veras… ¡necesito de tu apoyo! –y le toma la mano con desesperación- ¡necesito de ti! ¡necesito de la tía! ¡necesito de todos! –y luego la mira a los ojos- ¡yo te prometo que te voy a decir toda la verdad, discúlpame si no puedo hacerlo en este momento!

      Pero Valeria no quiere- ¡Lo siento mucho Isabel! Pero no me interesa –y decidida a partir toma su maleta.

     -¡Se trata de Pedro! –le lanza Isabel y toma aire profundamente- ¡sé que no te puedes marchar de esta casa! –le repite- ¡no te puedes marchar!

     Valeria la mira sorprendida y se queda quieta.

     *

     Sala.

     El doctor es recibido por Norita que corre a avisar a la señora Ángela.  Isabel, muy elegante, se topa con él- ¡Buenos días doctor!

     -¡Buenos días señora Isabel!

     -Doctor… -se acerca Isabel tentativamente- necesito hablar con usted… ¿tal vez me pueda regalar unos minutos?

     -Vengo a ver a la señora Ángela pero dispongo de unos minutos.

     -¿Gusta un café?

     *

     Momentos después toman el café en la sala.

     -La veo muy nerviosa, y no entiendo exactamente lo que me quiere hablar… ¿Qué clase de médico es el que me dice que quiere consultar?

     -Bueno… primero que nada me gustaría saber si puedo confiar plenamente en usted.

     -¡Claro que sí! Hábleme francamente, seré muy discreto.

     -De acuerdo –se anima- lo que sucede doctor, es que no estoy buscando un médico común y corriente, sino un especialista en ciencias ocultas.

     El doctor se sorprende y se aleja instintivamente de ella- ¿Ciencias ocultas?

     -Mire doctor, estoy muy interesada en consultar un profesional de la materia, y no sé donde encontrarlo… ese es el problema… ¡me da mucho miedo toparme con un charlatán! Es por eso que me dirijo a usted… no sé… a lo mejor usted conoce a alguien con esas características y me puede ayudar.

     -Bueno –duda el doctor- conozco a un siquiatra que le podría ayudar.

     -¡No estoy loca! –salta Isabel- no es para que me examine a mí.

     -No se preocupe… sé exactamente lo que habla… ¡no se preocupe! El siquiatra al que me refiero se dedica actualmente a la parasicología.

     Isabel lo mira esperanzada.

     -Pienso que es lo que está buscando… un parasicólogo… ¿o me equivoco señora Isabel?

     *

     Afuera en el jardín, Walter examina el auto del doctor cuando aparece Rebeca-¡Walter! ¿Qué tiempo hace que llegó el doctor?

     -Hace un momento, pero ahora se encuentra con la señora Isabel en la sala.

     -No puede ser con Isabel, Isabel salió.

     -Pensaba hacerlo –le corrige Walter- llegó el médico, hablaron unas palabras y volvió a entrar.

     -¡Me tiene intrigadísima su comportamiento Walter! ¿sabe de qué estuvo hablando con Valeria?

     -Parece que discutieron muy fuertemente.

     -Apuesto a que sabe todo lo que se dijeron… ¿Por qué no me lo cuenta hombre?

     -¡No pude oírlo! –dice Walter con pena- ¡es que Abigail estaba muy cerca y tuve que desistir!

     Rebeca se mueve nerviosa y vuelve a mirar hacia la sala- ¿Qué estarán hablando esos dos? Me extraña muchísimo que Isabelita se preocupe por la salud de Ángela ¿no?

     Y ambos se miran intrigados.

     (Hummm... relleno 4)

     *

     En la sala el doctor anota en un papel un nombre y una dirección - ¡En cuestión de temas paranormales no me atrevería a recomendarle a nadie! Pero este es un médico muy serio y yo confío en él… Juan Carlos Robledo… así se llama, es un excelente profesional y creo que puede ayudarla.

     -¡Ojalá y yo pudiera platicarle a usted la razón por la que lo busco!

     -No se preocupe señora Isabel, yo no acostumbro a meterme en los asuntos personales de nadie, solo quiero colaborar con usted.

     Norita aparece- La señora Ángela la espera.

     -Enseguida subo –y luego a Isabel- el sugiero que lo llama y haga una cita lo antes posible… tiene muchos compromisos y no va a ser fácil contactarlo.

     -Me imagino, no sabe cuanto se lo agradezco.

     -Con su permiso.

     -Propio – Isabel mira el papel y reflexiona largamente, luego toma el teléfono y llama- Gracias señorita… ¿con el consultorio del doctor Robledo? –pausa- No, no hace falta… simplemente necesito saber la dirección.

     *

     Una carretera.

     Isabel conduce en su Range Rover, sin sonreír, y recuerda  Cantalicia.

     “-Estaba todo diferente, hacía cosas que nunca hacía antes.”

     “-¿Qué cosas, qué cosas?”

     “-Pues…¡se bañaba mucho! Caminaba diferente y hasta la mirada le cambió. Y luego cuando se despertó sabia leer… ¡sabía muchas cosas! Como un señor de esos todos inteligentes.”

     “- ¿Y qué hicieron con él?”

     “-Primero lo metieron en un hospital y ahí lo tuvieron por muchos días.”

     “-Me acuerdo que trajeron a unos doctores de muy lejos para verlo… y luego gentes de los periódicos.”

     Isabel conduce con un objetivo.

     *

     Mansión.

     -Estuvo platicando un buen rato con Isabel –comenta Ángela mientras el doctor la examina.

     -Quería hacerme unas preguntas.

     -¿Se siente mal? –se interesa- ¿le sucede algo?

     -No precisamente, se trataba de una cuestión sin importancia.

     -¡Ay! Es que debe sentirse muy mal, al igual que todos en esta casa… ¡estamos atravesando por una crisis nerviosa muy fuerte!

     El doctor frunce el entrecejo.

     (Hummm... relleno 5)

     *

     Consultorio.

     -¿Isabel Arroyo? –una secretaria indiferente- Usted no tiene cita con el doctor ¿verdad? –examina su agenda.

     -No, vine a hacerla personalmente.

     -Está complicado, el doctor podrá atenderla hasta dentro de 2 o 3 meses.

     -¿Tanto tiempo tengo que esperar? –Isabel se sorprende enojada.

     -Me temo que sí porque su agenda está muy llena hasta fin de mes y luego saldrá de viaje… ¿usted quiere que escriba su nombre en la lista?

     -¡No! –Isabel calcula rápidamente- ¿el doctor se encuentra ahorita?

     -Si, pero está ocupado.

     Isabel se acerca y le propone- Señorita… ¿no podría comentarle que vengo de parte del doctor Duarte si me puede recibir?

     -¡Ay, lo siento mucho señora! –se niega la secretaria- ¡pero yo no puedo interrumpirlo!

     -¡Ay señorita! –Isabel baja la voz y se acerca más- ¡yo estoy dispuesta a pagar el doble por la cita!

     -¡Señora, no se trata de dinero! Usted puede pagar diez veces más pero el doctor no puede atenderla… ¿quiere que escriba su nombre o no?

     -¡No! –Isabel le sonríe, toma su cartera y decidida se dirige a la oficina del doctor a paso rápido.

     Antes que la puedan detener abre la puerta y entra.

     *

     El doctor Robledo está al teléfono- Yo estoy totalmente de acuerdo con usted, claro que sí, sería  la semana que viene - cuando ve entrar a Isabel decidida- ¡un momento! –y sorprendido enfrenta a Isabel- ¿en qué puedo servirlo señora?

     Detrás entra la secretaria corriendo- ¡Doctor, disculpe, entró sin autorización y no pude detenerla!

     -Mi nombre es Isabel Arroyo y necesito hablar urgentemente con usted.

     -Por favor no insista ¡ya le dije que el doctor no puede atenderla! –le grita la enfermera-¿Tiene la amabilidad de retirarse?

     Pero el doctor está impresionado con Isabel y corta a su secretaria - Cristina, por favor déjela –y vuelve al teléfono- Después le hablo señora, permiso –corta y luego se dirige a Isabel- Debo atender a una paciente, pero si me espera 20 minutos, le prometo que le atenderé con mucho gusto… ¿de acuerdo? –le propone mirándola con ojos muy negros.

     (Este doctor parece sacado de una película de terror!!   con su barba negra y negras cejas pobladas sobre sus ojos bien negros  )

      Isabel suspira aliviada y le sonríe- De acuerdo.

     *

     En el consultorio.

     Más tarde el doctor Robledo habla- ¡Claro que es posible! –y le sirve agua- ¡la idea, créame que es aterradora, pero no podemos descartarla!

     -De acuerdo, entonces usted cree que esto sí puede ser posible.

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      -Bueno… hace unos años atrás… -mira al techo- yo estaba en contra de ese tipo de teorías… incluso no me preocupaba por nada de los problemas parasicológicos, todo lo que no se pudiera demostrar con los métodos científicos tradicionales, para mí, no eran confiables.

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      -¿Qué le hizo cambiar de opinión?

     El doctor se apoya sobre su escritorio y dice con voz misterios- Algunas experiencias con mis pacientes.

     Isabel se pone nerviosa- ¡Mire doctor! Yo me resisto a creer en estas cosas… ¡se lo juro, me resisto! Pero estoy demasiado confundida y muy desconcertada con todas las pruebas que tengo de la persona que le hablé… ¡por eso vine a buscarlo, ya no sé qué hacer!

     -¡Señora! ¿usted no se estará dejando llevar por la ansiedad?

     -¡No lo creo! –sonríe nerviosa.

     -Hay personas que se resisten a la idea de perder a un ser querido e incluso algunos se aferran a otras personas buscando similitudes y recuerdos… por ejemplo.

     -¡No doctor, no es mi caso! –niega con vehemencia- ¡le repito que yo sí tengo pruebas!

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      -La persona de quien me habla… ¿demuestra habilidades exóticas o conocimientos particulares?

     -¡Sí, así es!

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      -¿Deseos de encontrarse con su antigua familia?

     -¡Si, de hecho ya fue, eso es definitivo! Fue a buscarnos.

     -¿Observa costumbres, comportamientos o reacciones muy similares a los del difunto?

     -¡Completamente!

     -¿Reconoce lugares, situaciones, o incluso personas que no tiene por qué conocer?

     -¡Sí! –se desespera Isabel- ¡todo lo que acaba de decir y muchísimo más! Hasta el grado que estamos todos confundidos y estamos alterados… ¡asombrados! ¡ya no sabemos qué hacer!

     -Señora… ¡dígame concretamente de quien me habla!

     -De una persona que falleció hace un año exactamente y que regresó en el cuerpo de otro hombre.

     El doctor abre los ojos como platos-Está usted muy angustiada.

     -¡Y cómo no lo voy a estar! –grita Isabel y pierde la compostura- ¡si le digo que…! –y no se atreve pero luego continua- ¡que esa persona…! –respira muy agitada- ¡es el hombre con el que me acabo de casar –le levanta de la silla histérica- ¡por favor entiéndame! Es muy extraño, no es un ser normal –la voz le tiembla- ¡cuando está junto a mí yo siento que no está él sino otra persona junto a mí!

     -¿Quién?

     -¡Es espíritu de mi primer esposo!

     El doctor se apoya en el respaldo de su silla y examina a Isabel atentamente. Isabel se muerde los labios nerviosa.

     (humm... cuidado Isabel.. te pueden tomar por loca!! )

     *

     FIN DEL CAPITULO

     (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad)

     @2005 Narración by Mabouchita! Z;D

     www.mabouchita.com

     Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme

 

 

http://mabouchita.com/NOVELAS/ECDD/ECDD142.html

CAP# 142: martes 7 de febrero de 2006 – EL PARAPSICOLOGO

     Citricos Donoso.

     Apenas llega Salvador a su oficina y se sienta a su escritorio que ya se dio cuenta que le tocaron los papeles.

     Su secretaria entra y le reclama- ¿Qué pasó aquí Adela? ¡no encuentro nada!

     -¡Le juro que no lo sé! –se asusta la pobre Adela.

     Salvador la mira con sospecha, calculando y respirando agitadamente como un animal al acecho- ¡Alguien estuvo aquí!

     -Sinceramente no lo sé señor, yo llegué tarde porque tuve cita con el odontólogo, pero si desea le pregunto a la secretaria del doctor Garcés –se apresura Adela.

     -Mejor no… -decide Salvador recostándose en su sillón- yo me encargo Adela, gracias.

     -Permiso –se retira.

     Salvador queda solo y estudia los papeles fuera de lugar, los mismos que escudriñaba Simón momentos antes con Garcés.  Revisa los cajones… cuando de pronto se queda quieto al descubrir una foto de Pedro José Donoso sonriendo feliz y despreocupado.  Salvador mira largamente esa foto.

     *

     La noche.  Enorme luna llena.

     *

     Mansión.

     Salvador llega y se saca el saco de traje y mira a Isabel con deseos.  Isabel lo espera nerviosa sentada en la cama.

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     Salvador se acerca sensualmente

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     http://cuerpo.my-album.us/slike/620819/7659yoAFz3k6OcU0.jpg

     ?

     Te busqué en otra ciudad,

     caminé por otras calles,

     sin saber que una vez,

     sin dudar me traicionaste,

     otros brazos y otros besos,

     con los que tú me engañaste

     *

     Y hoy regreso a tu vida,

     para alguna vez vengarme

     ¡Voy a tomar de nuevo mi lugar,

     a ser de nuevo tu dueño,

     y a mostrarte que mi amor

     lo tomaste como un juego!

     Link aqui

     ?

     y la levanta de la cama…

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     la mira con admiración… le acaricia el rostro

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     y todo el cuerpo y luego le murmura algo a la oreja.

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     Isabel asiente con la cabeza.  Salvador la desviste,

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     con suavidad le baja el negligé de seda rosa…

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     y la besa…

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     y la abraza… y luego jugando la tira sobre la cama.   

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     Isabel cierra los ojos disfrutando… pero cuando abre los ojos ve reflejado en el espejo el rostro de Pedro José.

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     *

     Pasa el tiempo.

     *

     Una gran fiesta en la mansión.

     Walter acoge a los invitados con aire circunspecto y los saluda-¡Buenas noches! Pasen adelante –y los elegantes invitados desfilan- ¡que se diviertan! –murmura cuando los ve entrar.

     Y repite esto una y otra vez.

     Un conjunto de arpas toca divinamente.

     La mesa de comidas es espléndida.

     Todos ríen y se divierten.

     Norita sirve vino.

     La música suena… el grupo toca un arpa larga, un contrabajo y un cuatro venezolano (posted by Alfredo) … tocan música venezolana.

     La siembra del Cuatro

     Asociación venezolana-suiza

     *

     En medio de la fiesta una Isabel espectacularmente vestida de rosa se pasea muy contenta del brazo del señor CroBergman y saludan a unos amigos.

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     El señor CroBergman mira con admiración a Isabel que sonríe de izquierda a derecha, la anfitriona perfecta.

     *

     Habitación de Antonio.

     En otro lugar de la casa Salvador reclama a Antonio- ¡Yo insisto, no deben permanecer al margen de nuestra vida social! ¡tienen que compartir más con nosotros!

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     -Pero es que no entiendo por qué debemos participar en esa reunión Salvador –se hace el difícil Antonio.

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     -¡Porque…! –y Salvador cansado de esta lucha toma aire- ¡porque Isabel organizó esta fiesta para el señor CroBergman! Yo no tengo velas en ese entierro, sin embargo, invité a unos amigos… entonces… ¿por qué no van a participar ustedes que tienen más derechos?

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     -Es que nosotros ¿Qué vamos a hacer ahí? Con gente que ni siquiera conocemos –y cruza los brazos como un niño enojado, con los pies también cruzados.

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      (No…  si éste parece que se casó con la empleada de la casa y no con la heredera de las empresas Donoso)

     -¿Tú aspiras a relacionarte en el mundo de los negocios? ¡Tienes que empezar a conocer a ese tipo de gente!

     -Si está bien –acepta por fin Antonio- ¡pero Ángela…!

     -¡Ángela va a estar de acuerdo Antonio! –le corta impaciente Salvador- ¡créeme que es por tu bien! Recuerda que el día de mañana tú vas a dirigir la empresa.

     -¡No se adelante a los acontecimientos!

     -¡No me adelanto Antonio! –vuelve a suspirar- debo empezar a darte las instrucciones necesarias para que manejes la empresa correctamente –y le palmea el brazo- el lunes te espero por allá.

     -¿Es una orden? –pregunta Antonio tontamente y de mala manera.

     Salvador lo mira realmente fastidiado- ¡Es una petición muchacho! Las órdenes te las daba Pedro José.

     -¿Simplemente por ser el esposo de Ángela/

     -Por eso –le contesta seco Salvador y le da la espalda… pero se arrepiente y se detiene y lo mira- ¡y porque te quería como a un hijo y los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos!

     Entra Ángela- ¡Perdón, no sabía que estaba aquí Salvador! ¿interrumpo?

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      -No mi amor, arréglate –Antonio- vamos a bajar a la sala.

     -¿Por qué? si nadie nos ha invitado a esa reunión.

     -Salvador lo está haciendo y creo que debemos complacerlo… es nuestra obligación.

     Ángela abre los ojos sorprendida.  Salvador sonríe satisfecho.

     *

     En medio de la fiesta llega por fin el invitado especial… ¡el doctor parapsicólogo!

     Entra con una mirada escrutadora y misteriosa.

     Isabel corre a recibirlo- ¡Muchas gracias por haber aceptado esta invitación! –sonríe feliz.

     -No podía faltar… es una noche muy importante.

     -Si… ¡así es! –inquieta mira para todos lados.

     *

     En el jardín Walter repiten incansablemente- ¡Buenas noches, pase adelante, qué se diviertan!

     -¡Walter! –aparece Rebeca.

     -Doña Rebeca… ¿no se supone que usted debe estar en la reunión?

     -¡Si Walter! –suspira como una niña malcriada- ¡Isabel me dijo que debía asistir! Pero no tengo ganas y no me gustan las fiestas.

     -Ahora que le está devolviendo la confianza no pierda la oportunidad.

     -¡Sólo la idea de que tengo que enfrentar a Salvador me desespera! No soporto a ese infeliz –dice histérica.

     Walter pone mala cara cuando de pronto se pone verde de rabia cuando ve llegar muy llamativas a Matilda y a Gaetna- ¡Qué descaro!

     Gaetana está vestida de rojo, con plumas y abrigo imitación de visón.

     Matilde toda de azul brillante.

     -¿Qué hacen estas aquí? –se enoja Rebeca.

     -¡Ni siquiera en las fiestas privadas pueden faltar este par de compinches que me dan asco de verlas!

     -Salvador lo hace para provocarnos –Rebeca con voz agria.

     Gaetana los ve y se detiene y les sonríe provocadoramente- ¿Y a ustedes qué les pasa? –se burla- ¿vinieron a darnos la bienvenida o a prohibirnos la entrada?

     -Si su amigo las invitó es inútil detenerlas –dice con voz ronca Walter.

     -¡Pero deja esa cara de revolver alma mía! –ríe Matilda- ¿o acaso les disgusta nuestra presencia?

     -¡Pueden ir donde quieran pero no me dirijan la palabra! –les escupe Rebeca- ¡no trato a gente de su calaña – y las mira con desprecio.

     -¡No puede dirigirnos la palabra! –exclama Matilda- ¡pero bien que me buscaba desesperadita! ¿o acaso olvida que fue una de mis clientas!

     -¡Señora por favor! –se enfurece Rebeca.

     -¡Y por esa cara de amargada seguro que el hombre que quería pescar la mandó a los mismísimos infiernos! –y sonríe cómplice - ¡seguramente no siguió todos mis consejos!

     -¿Se quiere callar? –le grita Rebeca que pierde toda compostura- ¡no diga más estupideces!

     -Ya no la molestes Matilda- interviene Gaetana- ¿no ves que la pobre señora sufre algo así como de los nervios? ¡mírala! ¡tan demacrada! ¡qué horrenda! –y sonriendo los ignora y sigue- ¡vamos que Salvador nos debe estar esperando!

     Y las dos felices entran a la casa mientras que Rebeca se tiene que hacer a un lado para dejarlas pasar, llena de furia.

     Matilda y Gaetana hacen su entrada triunfal en la fiesta ganándose la mirada de todos los invitados.

     *

     En su habitación, Abigail muy elegante busca en su joyero y extrae la joya, regalo de Salvador/Pedro José, la mira, duda… pero luego se la pone decidida.

     Entra Valeria vestida de jeans- ¡Abigail! ¿vas a ir a la reunión?

     -Es mi deber… la señora Isabel nos invitó y Salvador también.

     -¿Sientes obligación con ellos? –se sorprende.

     -Especialmente con Salvador… ¡no quiero hacerle un desaire!

     Valeria baja la mirada.

     -¿Ya estás lista mamá? –aparece Simón muy elegante de traje.

     -En un momentito.

     Valeria los mira y sale del cuarto.   Simón la sigue-Pareces molesta.

     -Es que ustedes se comportan de una manera muy extraña, no entiendo por qué se someten a las exigencias de Salvador.

     -Posiblemente nos estemos sometiendo… ¡pero no a Salvador! De eso puedes estar segura.

     -Bueno… y yo también me comporto de una manera muy estúpida… ¡no sé que hago aquí! De no ser que me convenció Isabel en estos momentos estaría muy lejos.

     Simón sonríe feliz- ¡Afortunadamente la escuchaste! Me sentiría muy mal si te hubieras marchado lejos.

     -¡Pues sí Simón! Pero yo estaba decidida a resolver mi situación… ¡Isabel cada día me desconcierta más! Si algo malo me pasa me lo tengo bien merecido.

      (¿qué malo le puede pasar?  )

     -Mira, mientras estés con nosotros, nada malo te va a pasar.

     -Es que a veces no sé qué hacer Simón.

     -¡Si la señora Isabel te insistió en que te quedaras, demuéstrale a ella y a Salvador que resistes los golpes, que no te acobardas! –le ruega- ¡la cuestión es que no te escondas ni trates de evitarlos!

     -Gracias por tus palabras- sonríe- ¡tienes razón! Mientras cuente con ustedes no tengo nada que temer –y lo abraza.

     Simón la abraza fraternalmente.

     *

     La fiesta sigue al ritmo de la guitarra.

     -¿Está segura de que son espiritistas? –el parapsicólogo mira discretamente pero muy sorprendido del aspecto de Gaetana y Matilda.

     -Una de ellas, la de rojo… sí –le asegura Isabel.

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     El doctor Robledo vuelve a mirarlas.

     -Ella es precisamente la que frecuentaba a mi marido, se encerraban por horas en el estudio a platicar quien sabe de qué,

     -¿Y su actual marido es amiga de ellas?

     -¡Si! También tiene mucha relación con ella.

     El doctor sonríe con aire conocedor- ¡Eso no es una coincidencia! –le afirma- ¿en qué parte de la casa se encuentra el estudio del que me habló?

     -En el segundo piso, pero no podemos entrar porque permanece encerrado todo el tiempo.

     Esto contraría al doctor Robledo.

     *

     Matilda se sorprende y mira no muy discretamente al doctor-¿De veras conoces a ese tipo y sabes que es un científico?

     -¡Claro que sí mujer! Es un científico muy prestigioso que se dedica a la parapsicología… que se llama… creo que Robledo…. Ese es el apellido –y hace un esfuerzo- ¡Alejandro Robledo! Si no estoy mal.

     -¿Y de donde demonios lo conociste?

     -Asistí a una de sus conferencias el año pasado.

     -¡Pero mira cómo son las cosas! –ríe Matilde- ¡pensé que aquí solo iban a haber industriales y potentados, todo me imaginé, menos que nos encontraríamos con un colega! –y toma feliz de su copa de champagne.

     -Un momento Matildea –Gaetana la amenaza- ¡mucho cuidado! Tenemos que ser muy prudentes, mira que ese señor no es nada fácil, especialmente con espiritistas y magas.

     -Bueno, me lo imagino, debe darse sus ínfulas por tener un título… lo que no entiendo… ¿es que hace de arriba para abajo con Isabel Arroyo? –y los sigue con la mirada mientras Isabel sigue conversando muy con el doctor.

     -Sabes que eso mismo me pregunto yo –dice Gaetana entrecerrando los ojos, con sospecha- ¿qué hace con ella? –y no les saca la mirada de encima.

     *

     -Entonces el piano está en el estudio –dice el doctor Robledo- y es allí donde suena misteriosamente.

     -Si.

     -¿Y qué clase de música se escucha?

     -¡La misma música que interpretaba mi difunto marido doctor, la misma!

     El doctor lanza una carcajada divertida- ¡Créame que tengo mucho interés en conocer a Salvador!

     Y como si lo llamara aparece Salvador seguido de Ángela y Antonio.

     -Creo que ya no tendrá que esperar tanto porque ya viene para acá –anuncia Isabel.

     Salvador presenta a Antonio a unos hombres de negocios y apenas ve a Isabel, lo abandona y viene corriendo, le da un beso.

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     -¡Salvador! –aprovecha Isabel que le sonríe- te presento a Alejandro Robledo, un muy buen amigo y además… -duda- ¡un industrial muy importante! –miente.

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     Salvador le sonríe.

     -¡Es un placer señor! -saluda Robledo.

     -Es un placer conocerlo, bienvenido a la casa –lo saluda y luego vuelve a concentrar su atención en Isabel, la mira con adoración.

     *

     En el pasillo.

     Abigail y Simón van para la fiesta.

     -¡Qué guapos están! –les dice Norita- ¡no me digan que van para la reunión!

     -¡Para allá vamos Norita!

     -Pues será un placer atenderlos.

     -¡Simón! –aparece Valeria- lo pensé mejor y tienes mucha razón, no tengo por qué quedarme encerrada en mi cuarto, si me esperan un momentito me arreglo y los acompaño con mucho gusto.

     Abigail y Simón felices- ¡Claro que sí!

     -¡Yo la ayudo a que se arregle niña! –se ofrece Abigail- ¡vamos!

     *

     En la fiesta, la música continua, los invitados se divierten y la pasan bien.

     Vicky se acerca y le ofrece una bebida a Ángela.

     -No gracias, en mi estado no puedo tomar.

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      -Yo si te acepto una –Antonio.

     -No pensé que iban a venir –Vicky.

     -Es nuestra casa y no podemos ignorar lo que pasa en ella – Antonio.

     -Si, la voy a seguir –se aleja Vicky.

     *

     -¿Así que usted es uno de los futuros socios de Isabel? –hace conversación Salvador.

     -¡Bueno! –sonríe el doctor con su copa de champagne- ¡a eso aspiro, a convertirme en su socio!