Ramona                                           Resúmenes detallados de Argentina Caps. 41 – 55 (escrito por Sandra S. Vallejos )

 

Mexico (Televisa) 2000.

USA (Univision) 2001.

 

 

 

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RESÚMENES DE ARGENTINA

 

Ramona - Detailed Episodes - File 3

Episodes 41 - 55

 

 

http://www.civila.com/Argentina/Ramona/Los capítulos aquí colocados corresponden a la emisión realizada por El Canal de las Estrellas entre el 3 de abril y el 14 de julio del año 2000. Los capítulos 1 a 10 fueron de media hora.

 

 

     Capítulo Nº 41 ( 30 - 05 - 00 ) Doña Ramona le confiesa a Ramona que fue traicionada por su padre. -  ¿ Mi padre la traicionó ? - le pregunta sorprendida. -  Sí, pero él está muerto y a los muertos hay que dejarlos en paz. -  ¿ Y si Alejandro hubiera perdido la vida ? -  Ya lo sabríamos. El Norteño acaba de ir al pueblo yahí. -  Entonces me traicionó - dice ella llorando nuevamente . -  De eso puedes estar segura - le dice sin piedad - Estoy convencida que ese canalla sólo quería tus favores. Regresó a su pueblo y se olvidó de su conquista - mientras habla doña Ramona le va echando agua en el cuerpo. - Entiende Ramona, él no es como tú. Lleva una sangre distinta a la tuya. Una sangre violenta. Una sangre que . . . que no sabe de amores. -  ¡ Alejandro es diferente ! - logra decir en medio de su llanto. -  Eres muy ingenua y eso te justifica, pero a todas nos destrozan el corazón algún día. Hay hombres que te cortejan, te seducen, te dicen que te aman con locura y luego son capaces de las peores vilezas. ¿ Qué puedes esperar de un indio de costumbres ásperas, que desconoce la delicadeza del alma femenina ? - prosigue ignorando el llanto de Ramona - Será mejor que salgas de esa tina, no vayas a pescar un resfriado. Ahora regreso - sale y llama a Marta - Marta, Marta ¿ qué pasó con las toallas ? Felipe está paseando con Beatriz por la galería. -  No sé que hacer. Ramona se opone a que mande a alguien al pueblo yahí para averiguar qué le pasó a Alejandro. Pero si no lo hago ella se va a quedar con la duda y nunca se va a recuperar de este golpe. -  Oye Felipe. No sé si crees en el destino pero hoy que estaba en la capilla con tu mamá pensé que a lo mejor Dios no quiso que el indio llegara. ¿ Por qué no dejas así las cosas ? Pensándolo bien, creo que Ramona iba a ser desdichada viviendo entre gente que no tiene sus costumbres. Nada más de imaginarla en esas casuchas, entre danzas y matanzas se me eriza la piel - Felipe la escucha muy atento - Ponte en su lugar, ¿ tú crees que podrías vivir en una aldea de pieles rojas enamorado de una india ? -  No, yo no me puedo enamorar de nadie más . . . - se detiene de golpe al darse cuenta de lo que iba a decir. -  ¿ Qué ? ¿ De quién ? -  Que de ti Beatriz - termina él. Ella sonríe. -  ¿ Te cuento algo ? -  Sí - interesado. -  Tu mamá me dijo que una vez que se case tu hermana, habrá tiempo para pensar en nuestra boda. Pero antes que nada necesito saber lo que opinas tú - él la toma de las manos . -  Cuando se vaya Ramona me casaré contigo Beatriz - ella feliz lo besa . Doña Ramona está envolviendo el pelo de Ramona en una toalla. -  Ah, sé lo que sientes porque lo he vivido en carne propia. No te va a ser fácil olvidar esta desilusión, pero tienes que poner toda tu voluntad para salir adelante - la ayuda a salir de la bañera. -  Estoy muy confundida. -  Daría lo que fuera para no verte así - secándole la espalda - Sé que en muchas ocasiones te he hecho sufrir. Te arranqué de esta casa, te mantuve años encerrada en un convento. En fin, no he sido la mejor de las madres, pero créeme una cosa, jamás quise causarte daño, hija - Ramona llora aún más al escucharla - Perdóname todo lo que te he hecho. -  Nunca me había llamado así. -  ¿ Así cómo ? -  Hija. Es una palabra que siempre quise escuchar de sus labios. -  No me di cuenta - dice ella incómoda. -  Pero lo hizo. Gracias mamá - llorando con desesperación. -  Vístete - le ordena antes de irse. El Norteño está conversando con Polita. -  ¡ Ah, a mí me encantaría venirme a vivir a este rancho ! -  ¿ Rancho ? Esta es una señora hacienda. No hay una semejante en millas a la redonda. -  Quise decir que me gustaría vivir en le campo . -  Ah ! - Yo pensaba que a la gente de la ciudad no le cuadraba el monte - se acerca Margarita con un canasto con ropa. -  Norteño, en lugar de andar de mitotero deberías estar trabajando ¿ qué no ? -  Ya voy huerca. Nada más estábamos aquí apalabrando la Polita y yo. -  Te busca Felipe - le dice con cara de pocos amigos. -  ¿ A mí ? - pregunta Polita sorprendida. -  ¿ A ti pa' qué taruga ? Si a ti ni te conoce. Al Norteño. -  Luego nos vemos Polita - dice el Norteño yéndose. -  ¿ Y tú ? - encara a Polita de mala manera - Ponte a ayudar en la cocina que hay re harto que hacer. ¿ Qué no viniste a ayudar a los Coronado ? -  Ya voy . -  Ya voy - repite ella - Nomás te digo una cosa mosca muerta. El Norteño está comprometido conmigo. Nos vamos a matrimoniar así que ay de ti si te vuelvo a ver coqueteándole. -  Ah, pues reclámale a él. Él fue el que vino a sacarme plática. Ramona ya está cambiada. Su mamá está cepillándole el cabello. -  Nunca me imaginé que mi papá la hubiera hecho sufrir. Pensé que lo quería mucho y se llevaban muy bien. -  No confundas las cosas. Yo sí lo quise mucho y él a mí. -  ¿ Entonces qué fue lo que pasó ? Doña Ramona empieza a recordar. Es de noche. Ella está teniendo un enfrentamiento con Angus. -  Yo me habré casado pero lo hice porque me obligaron mis padres y porque pensé que habías muerto en la guerra. Te lo he dicho muchas veces. Pero tú te fuiste con una india. ¡ Niégalo ! ¡ Lo sé Angus ! -  Vives con una yahí llamada Tewa. No tienes derecho a venir a perturbarme. Vete y no vuelvas más. -  Yo no la amo, sólo te he amado a ti - le dice deteniéndola. -  Yo estaba dispuesta a huir contigo. ¿ Cómo pudiste hacerme esto Angus ? Dicen que esa india espera un hijo tuyo. -  Sí, es verdad. Ella espera un hijo mío. Es el hijo que tú y yo no pudimos tener - ella se suelta violenta. -  No quiero que regreses jamás. No voy a permitir que me vengas a estrujar el alma nuevamente - llega Marta corriendo. -  Señora, ya viene el general Moreno. Váyase a la casa por favor, váyase. -  Ramona. Ramona no me dejes - le suplica arrodillado a sus pies - Ramona, no me dejes. -  Vete Angus - le dice tratando de soltarse - Alonso nos va a matar. ¡ Suéltame Angus ! -  No me dejes, por favor. ¡ No me dejes ! - doña Ramona logra soltarse y se va corriendo. -  ¡ Vete por Dios, vete ! - le pide mientras se aleja. -  ¡ Ramona ! - la llama él todavía arrodillado. Doña Ramona regresa al presente. Parece muy cansada. -  Dígame mamá, ¿ qué fue lo que le hizo mi padre? -  Algo imperdonable . -  ¿ Tenía otra mujer ? -  No quiero seguir hablando de ese tema. Y por favor, no hables de esto con nadie. Muchos menos con Felipe. Podrías confundirlo. -  No lo haré mamá. Descuide - su madre deja el cepillo y toma una frasquito de perfume, se seca unas lágrimas rebeldes -  Si hablé de mis intimidades contigo fue para que entendieras que no has sido la única mujer que ha sufrido por un hombre - la perfuma detrás de las orejas - Dios quiera que Fernando Coronado sea un esposo que pueda ayudarte a sanar esas cicatrices de amor. - Ramona tiene cara de que lo duda Felipe está interrogando al Norteño . -  Quiero que me digas exactamente ¿ qué fue lo que viste en el pueblo yahí cuando le llevaste la misiva al padre Sarriá ? -  Pos ya se lo dice a su hermana, patrón. -  Escucha Norteño. Cuida muy bien tus palabras porque te advierto que si descubro que mientes, aparte de recibir un castigo ejemplar te irás para siempre de esta hacienda. Así que dime , ¿ es verdad que viste a Alejandro cortejando a una india ? -  Pos, cortejando, así lo que se dice cortejar, pos no. -  ¿ Entonces ? Es tu última oportunidad Norteño. ¿ Cuéntame todo lo que sabes - lo mira fijo. -  Pos, yo nomás lo vi ahí, apalabrando con una de las mujeres de allá. Es todo patrón. -  ¿ Hablaste con él ? -  No - tiene que reconocer. -  ¿ Qué más Norteño ? ¿ Con quién platicaste ? ¿ A quién viste ? Recuerda lo que te advertí. No quiero mentiras. -  Pos no vi a naides más que al padre Sarriá. -  ¿ Seguro ? - le desconfía Felipe. -  Sí, patrón. Hice el encargo de su amá y me regresé luego. -  ¿ Y la muñequita que le regalaste a Delgadina ? ¿ De dónde la sacaste ? - sigue acosándolo. -  Pos, es que . . . no me vaya a regañar, pero aproveché para darme una vuelta allá, por el pueblo gringo. Allá en Spurtown. Tenía un dinerito y quería traerle algo a la Mago. Vi la muñequita y se la compré a Delgadina. -  Está bien Norteño. Espero que me hayas dicho la verdad - le hace un gesto con la cabeza para que salga. -  Con permiso, patrón - y se retira . Felipe se queda pensando en lo que le contó, sin creerle demasiado. Alejandro se acaba de despertar y se incorpora rápido . Se queja del dolor. Manuela que está junto a él intenta calmarlo. -  ¿ En dónde estoy ? - pregunta mirando a su alrededor totalmente desorientado. -  En tu casa, en el pueblo yahí. -  Mmm - dice todavía perdido, le sonríe reconociéndola - Manuela. -  Por fin despertaste Alejandro. Los espíritus oyeron mis ruegos - le coloca una manta doblada bajo la cabeza , él movimiento lo hace quejarse. Mira a su alrededor y sus ojos caen en el violín de su padre. De pronto recuerda. -  ¡ Ah ! - tomándose la cabeza angustiado - Ya recuerdo. Los carapálidas. Mi padre. - solloza impotente - No puede hacer nada por él. ¡ Lo mataron ante mis propios ojos Manuela ! -  Tranquilízate - acariciándolo - Cuando hayas sanado lo vengaremos. -  ¿ Sebastián ? ¿ Cómo está Sebastián ? -  Está bien. Le pediste que fuera a la hacienda ¿ no te acuerdas ? -  No. No me acuerdo, no me acuerdo - todavía su mente nublada. -  Lo mandaste a la hacienda con un encargo para la blanca . Esta mañana salió para allá. -  Sí, Ramona - recuerda él, mira el techo - Ya pasó la luna llena. -  Sí - él intenta incorporarse pero ella no lo deja. -  Tengo que levantarme. -  No, no, no. No te muevas. Estás malherido. Si tu herida aún no sana. -  Tengo que ir por ella - insiste intentando, pero sin fuerzas, levantarse de allí. -  Ya Sebastián fue a avisarle lo que te pasó. Tú quédate tranquilo. -  Ramona estará pensando que le fallé. -  ¿ La quieres mucho verdad ? - él la mira un momento, asiente con la cabeza . -  No puedo mentirte. La quiero más que a mi vida. Felipe está con Ramona. -  Hablé con el Norteño, a ver si podía arrancarle alguna información que pudiera servirnos. Pero dice no saber nada. Insiste en que vio a Alejandro con una india. -  Tal vez mi mamá tenga razón. -  ¿ Mi madre ? - se sorprende él. -  Sí Felipe. Le conté que Alejandro no llegó por mí como había prometido. -  ¡ No lo puedo creer ! ¿ Por qué se lo contaste ? -  Ella alcanzó a escuchar lo que yo le decía a Marta. No me quedó más remedio que aclararle las cosas. Para mi sorpresa ella se portó muy comprensiva y afectuosa conmigo. -  No es que quiera hablar mal de ella pero deberías ser más precavida. Ten en cuenta que mi madre detesta a los indios. Lo que te diga siempre va a estar influido por la mala fe que les tiene. -  En esta ocasión fue diferente. Me habló de ella, de su vida. Hasta me llamó hija - él suspira al ver su emoción. Se le acerca -  Ramona, estás tan necesitada de cariño - la abraza. -  Todo el día le he estado dando vueltas en la cabeza. Y no hay mucho que hacer Felipe. Yo te dije que sólo muerta no habría llegado a esa cita. Pienso que si Alejandro no vino fue porque . . . porque definitivamente me olvidó - y con dificultad dice - o porque está muerto. -  ¿ Alejandro muerto ? -  Sí, esa es la única explicación que puedo darme. Quizá porque la otra posibilidad es aún más dolorosa. La muerte al menos trae la resignación y con ella viene el descanso del espíritu. Pero el engaño, la traición, son venenos que te corroen el alma para siempre. -  Pero la duda es aún más terrible. Dame tu aprobación para que mande a Marcos a indagar al pueblo yahí. Le pediré que sea discreto, él es cien por ciento de mi confianza. -  ¿ Pero el Norteño ya fue ? - limpiándose unas lágrimas. -  Ramona, yo creo que el Norteño está mintiendo. No sé por qué pero tuve esa impresión cuando hablé con él. -  Está bien, que vaya Marcos. -  Voy a decirle. Apenas hay tiempo para que vaya y regrese antes de la boda. - se detiene cuando estaba por salir - Soy muy egoísta. -  ¿ Por qué ? - él al abraza muy fuerte. -  Porque estoy feliz de seguirte viendo. Aunque sea sólo unos días más. Me siento muy dichoso de poder estar cerca de ti. Ahora mismo voy a ordenarle a Marcos que parta mañana para el pueblo yahí.

     Ya es de mañana. Muestran a Marcos que está cabalgando por el campo, rumbo a la aldea yahí.

     En la hacienda. Fernando está sentado en la galería junto a Ramona que está muy seria, vestida de negro. -  El aroma de las flores se confunde con tu perfume - le dice galante - El día está esplendoroso, el sol, el canto de los pájaros. -  Me dijiste que no te gustaba el campo - le dice sin entusiasmo y sin mirarlo. -  Quizás es por ti que me estoy empezando a enamorar de todo esto. Cuando nos casemos si tú no quieres no iremos a la ciudad de Méjico. Podríamos comprar una finca por aquí. -  ¿ Estarías dispuesto a hacer eso por mí ? - recién ahora lo mira. -  Sí, Ramona. Haré lo que quieras, con tal de verte sonreír otra vez - ella apenas esboza una. -  ¿ Qué curioso ? Ahora tú deseas quedarte y yo lo único que quiero es alejarme de aquí. Anoche estuve pensando en cómo sería mi vida en Méjico. Ni siquiera me la pude imaginar. -  Ya te dije, es una ciudad muy hermosa. Llena de gente interesante, elegante. Es un tipo de vida muy diferente a la que se vive en una hacienda. Allá tendríamos muchas amistades. Yo podría hacer mucho dinero para poner a tus pies lo que te mereces - ella lo mira seria. -  Eso a mí no me importa. Pero tal vez no sea tan mala idea irnos de aquí. -  Podríamos probar. Si no te gusta volvemos a California. ¿ Qué te parece ?

     En la aldea yahí. Antonio está con Alejandro. -  Le debemos mucho a Lince solitario y a Matea. Ellos te salvaron la vida. -  A ti también te debo mucho. Supe que corriste un gran riesgo en el pueblo de los blancos para rescatarnos a Sebastián y a mí. Y también sé - mira el violín - que trajiste a este suelo el cadáver de mi padre. Gracias Antonio. -  Tú habrías hecho lo mismo por mí. Para eso somos hermanos yahís. -  Estoy muy inquieto. Quiero levantarme pronto, quiero ir por Ramona. Quedé en regresar por ella en la luna llena y no lo hice. -  Sebastián no ha de tardar en llegar a la hacienda. Le hará saber lo ocurrido y ella comprenderá. -  Temo que crea que me olvidé de ella. Si estoy vivo es porque nunca me abandonó el deseo de volver a verla - le sonríe evocador - Antonio, la necesito como al aire, como al agua. Sin ella mi vida será triste, árida, como un desierto. Me muero por tenerla entre mis brazos. Felipe se ha acercado más a Ramona, la besa. Ella no lo rechaza pero tampoco le responde. -  Te amo Ramona y si me lo permites verás que tú también podrás enamorarte de mí - ella no dice nada. Ya cayó la noche. Lince ha llegado a la aldea yahí. Busca a Matea. -  Tienes que venir a ayudarme. Encontré a Sebastián en los caminos. Le cortaron la lengua - Matea se espanta. Toma varias de sus cosas. -  Vamos - le dice pasando junto al cuerpo dormido de Alejandro. -  Está un poco alejado de aquí. -  No importa, Matea es vieja pero fuerte. Vámonos. Alejandro se mueve algo inquieto en su sueño. Ya es la mañana en Spurtown. Davis entra sonriente en al comisaría con un pañuelo en su mano. -  ¿ Dónde te metiste Davis , eh ? - le espeta Green - Estábamos preocupados por ti. Mandamos a buscarte. -  Le fui a traer un regalo aquí, al doctor Thomas - dice acercándose al la mesa donde está sentado. Deja el pañuelo sobre la mesa. -  ¿ Qué es ? - le pregunta sorprendido. -  Véalo - Thomas abre el pañuelo y al ver lo que contiene lo tira al suelo. -  ¿ Qué demonios es ? -  Es la lengua de uno de los pieles rojas que escapó. Que usted me impidió matar aquella noche - mirando a Green. Ambos lo miran sorprendidos. Él sigue sonriendo socarrón. En el bosque Sebastián está dormido. Matea está junto a él. -  ¿ Cómo lo ves ? -  Sebastián no volverá a hablar jamás, pero el clamor de los yahís pidiendo justicia se extenderá por los valles y su eco resonará hasta el último rincón de la tierra. La crueldad de los carapálidas será cobrada con la ferocidad de los guerreros de nuestra tribu. Se acercan días de muerte. El sol oscurecerá y vendrá la gran batalla. Está lloviendo.

     En la hacienda todos están reunidos en al sala por pedido de doña Ramona. Sobre la mesita del centro se ve un cofre, un alhajero y un papel enrollado. -  Los reuní a todos en esta pequeña ceremonia para hacer entrega de la dote de Ramona - Felipe y Ramona se toman de la mano, gesto que no pasa inadvertido a su madre y le dirige una mirada censora a Felipe que hace que la suelte. - Los que estamos aquí, más pronto que tarde, seremos familia, porque quiero aprovechar esta ocasión para pedir, en ausencia de mi difunto esposo, la mano de Beatriz para mi hijo Felipe - Felipe y Ramona se miran sorprendidos, doña Perpetua deja escapar exclamaciones de alegría. -  Me pillas de sorpresa pero debo confesar que la idea me complace mucho. Claro, mi hija Beatriz tiene la última palabra - dice César. -  La señora sabe de sobra que yo estaría encantada. ¿ Y tú Felipe, qué dices ? - se dan vuelta a mirarlo. -  Yo . . . también acepto gustoso. -  Siendo así, considero que hay un compromiso formal entre nuestros hijos - acerca a Felipe y Beatriz, él le besa la mano. Doña Ramona se acerca y toma la mano de Ramona y se la entrega a Fernando - Una vez que se realice la boda entre Ramona y Fernando fijaremos la fecha del enlace de Beatriz y Felipe - acerca a Ramona a ella - De esta manera, y a la usanza de nuestra tradición, hago entrega de la dote que corresponde a Ramona Moreno Gonzaga. Sus apellidos le otorgan el derecho a estas posesiones mismas que pongo en tus manos Fernando , para respaldar cualquier eventualidad en su futuro. -  En nombre de mi hijo Fernando y en el mío propio, le prometo hacer buen uso de estos bienes. -  Tal como convinimos, aquí están mil pesos acuñados en oro - abre el cofre y muestra el contenido - un lote de joyas - hace lo mismo con el alhajero - y el contrato que avalan las mil cabezas de ovejas. En cuanto estén casados podrán disponer de todo ello - Ramona se seca unas lágrimas. -  Gracias Ramona - le dice Ruy besándole la mano. -  Yo responderé con mi honor a la responsabilidad que se me encomienda con estos bienes - toma la mano de Ramona y se la besa. Ella está muy afectada. -  ¿ Pero Ramoncita estás llorando ? - dice Perpetua. -  Es por la emoción tía - le dice Beatriz. -  ¿ Puedo darle un abrazo a mi futura nuera ? - pregunta Ruy acercándose a ella que deja que lo haga - Soy un viejo sentimental pero qué quieres. Fernando es mi primogénito, en él he depositado todas mis ilusiones de padre. Traté de darle la mejor educación. Estoy seguro que no te va a defraudar hija. -  Me van a hacer llorar - dice Perpetua emocionada - Yo también soy una vieja romántica y sentimental. -  Ja, esto parece más un funeral que una fiesta - dice Analupe tomando una bandeja con bocaditos - Cualquiera diría que Ramona va al cadalso. -  El matrimonio es un paso definitivo en la vida de cualquier ser humano. Es natural que Ramona esté emocionada - dice Felipe - Al fin de cuentas este paso significará un cambio radical en su vida - Ramona lo mira llorosa -  Disculpen, ahora regreso - sale corriendo. -  Discúlpenla, por favor. Ramona es muy sensible - dice su madre a los demás, pero su cara trasluce rabia por lo que hizo. Fernando tiene cara de entender la angustia de Ramona. Matea a quedado sola con Sebastián. -  Oigo cascos de caballos, vamos a escondernos. Rápido, ven, ven - lo ayuda a levantarse y se esconden tras un árbol. El que se acerca es Marcos que se detiene al ver la fogata. Se apea del caballo, va hacia el fuego con pistola en mano mirando a su alrededor. Sebastián sale con su cuchillo en la mano. Marcos lo reconoce. -  ¡ Sebastián ! Soy Marcos, de allá de la hacienda de los Moreno - guarda su pistola - ¿ No te acuerdas de mí ? ¿ Qué me dices de Alejandro ? Vengo con órdenes del amo Felipe de llevarle razón de él - Matea surge de detrás de Sebastián . -  Sebastián no te puede contestar. Algún carapálida le cortó la lengua - Marcos se le acerca asombrado.

     En la sala de los Moreno todos tienen su copa ya en la mano. -  Sólo falta Ramona para que podamos brindar - dice doña Ramona. -  Voy por ella - dice Beatriz. -  Y tú Analupe ¿ no tienes novio ? - le pregunta Perpetua. -  Ay, pues no señora. -  Pero tiene un pretendiente - interviene César - Lástima que sea un gringo. -  Ay, ¡ qué cosas dice don César ! - su padre y su hermano se miran sorprendidos - Billy no es un pretendiente, es sólo un conocido. -  ¿ Qué Billy ? ¿ De quién están hablando ? - pregunta Ruy molesto. Analupe lo mira nerviosa. -  Es que estando don César en Spurtown, pasó uno de los hombres del sheriff, para ver si no se nos ofrecía nada. Como recién acababan de ocurrir los sucesos de los pieles rojas . . . -  ¿ Un hombre del sheriff ? - le interrumpe escandalizado su padre - ¡Te he dicho que no te confíes de ningún americano ! -  No sé que es peor - dice doña Ramona - si un gringo o un piel roja. Los primeros son codiciosos y los segundos sanguinarios. -  Perdone que no esté de acuerdo con usted señora. - le dice Fernando - Para mí no hay duda, un indio no vale ni siquiera lo que cuesta un caballo Marcos se está despidiendo de Matea. -  Ustedes dispensarán que los deje pero tengo que ir a su aldea. Vengo con órdenes de mi patrón para averiguar si Alejandro está bien. -  ¿ Hablas de Alejandro de Asís ? -  Ese mero - le confirma él. -  No es necesario que camines hasta allá, yo te puedo informar. -  ¿ Cómo está ? Quiero decir ¿ está bueno y sano ? -  Alejandro de Asís goza de buena salud. ¿ Por qué lo preguntas ? -  Nomás. Mi patrón está interesado en saber si no le pasó nada. -  ¿ Y por qué ese interés de tu patrón por Alejandro ? Hasta ahora nunca se había preocupado por los yahís. -  Pues no le sé decir. El amo no me dio razón. -  Dile que puede estar tranquilo, que Alejandro está más fuerte que nunca. Que jamás se había visto tan contento. La fortuna le sonríe, pronto se va a casar con mi hija Manuela - mira hacia atrás por si Sebastián acaba de escuchar. -  Ah, pos. Entonces salúdelo de mi parte. Y yo creo que sigo su consejo y no me doy la vuelta hasta la aldea. El patrón tiene prisa por recibir esta razón. Será mejor que emprenda mi camino de regreso. ¿ No se le ofrece que la ayude en algo antes de irme ? -  No, no, no. Un amigo de los yahís no tarda en venir. Al amanecer saldremos para nuestro pueblo con Sebastián. -  ¿ Puedo despedirme del chamaco ? -  No, no - niega asustada - Está muy débil. -  Sólo para decirle adiós - se le acerca - Siento mucho lo que te pasó amigo, guarda fuerzas para que puedas llegar a tu aldea y ponerte bien . ¡ Gringos infelices ! Pero ya vendrá la revancha. Algún día nos vengaremos de todos sus crímenes. ¡ Échale harto valor muchacho ! Hasta la vista pues - y se va. Matea se le acerca -  Ya puedes estar tranquilo Sebastián. Ya lleva el mensaje de Alejandro para la mujer blanca. Tómate eso - acercándole un cuenco- Déjalo ahí nomás en la boca aunque sea en gárgaras.

     Ramona entra en su cuarto seguida por Felipe. -  Todo me parece indicar que llegaré al altar del brazo de Fernando. Cada día que pasa me parece difícil dar un paso atrás. Creo que mi suerte está echada. -  Tal parece que la mía también. Ya viste, mi madre anunció por sorpresa mi compromiso con Beatriz. Y hasta hace poco tiempo no parecía entusiasmada con esa idea - le comenta resignado. -  ¿ Por qué tiene que decidir todo por nosotros ? - protesta ella - Hasta don César permitió que Beatriz dijera la última palabra. En cambio ni a ti ni a mí se nos dio la oportunidad de opinar siquiera. -  Mi caso no es tan dramático como el tuyo. Yo no estoy enamorado de Beatriz, pero ella es encantadora y con el tiempo quizás podamos ser felices. -  Aún no hay noticias de Marcos ¿ verdad ? -  No, la aldea queda lejos. Dándose mucha prisa llegará pasado mañana. -  La boda es el sábado - dice ella preocupada.

     En la aldea yahí. Lince les está contando a Yahale, Manuela y Carmen lo sucedido con Sebastián. Dentro de la cabaña Alejandro ya ha sido informado. -  ¡ Malditos ! Juro que cuando me levante de aquí, esos blancos recibirán su merecido - les dice rabioso a Antonio, Sebastián y Matea que están con él. - Robaremos armas de fuego, enseñaré a guerrear a todos los yahís. Les vamos a declarar la guerra. Arrasaremos con su pueblo. -  Tu padre no quería sangre -le dice Antonio. -  ¡¡¡ Ni yo !!! Pero ellos nos obligan a derramarla. Sebastián, lo que te hicieron no quedará impune - toma su hacha y la presenta frente a sí - Te lo juro por la memoria de nuestros ancestros. -  Así se habla Alejandro de Asís - aprueba Matea - Tu padre era un viejo y por eso detestaba la guerra. ¡ Tú tienes la vitalidad de los jóvenes ! y eso es bueno para la tribu. ¡¡ Sangre y guerra contra los blancos !! -  Antes, tengo que hacer una cosa - dice incorporándose con esfuerzo - Ya que Sebastián no pudo llevar mi mensaje a la hacienda tendré que ir personalmente por Ramona. Después, planearemos nuestra venganza contra esos carapálidas. -  Tú todavía no puedes salir - le dice Antonio. -  No corre tanta prisa Alejandro - le dice Matea - Los caminos se cruzan en el monte como también se cruzan las vidas. Anoche un peón de la hacienda nos encontró y yo le di el mensaje que Sebastián llevaba - Alejandro lo mira a Sebastián dudoso, éste le hace un gesto afirmativo con la cabeza - Puedes estar tranquilo, la mujer blanca pronto sabrá que tú estás herido y que por eso no cumpliste con tu palabra. Te esperará, no te preocupes. Ramona está en el arroyo, se sienta en el mismo tronco que aquella vez del encuentro con Alejandro. Recuerda lo que hablaron en ese momento : -  Mi mamá está preparando mi boda. -  ¿ Y te vas a casar ? -  No me queda otra alternativa. Tú conoces a mi madre, a ella no se le puede negar nada. Ella es la ama y señora de esta hacienda y de nuestras vidas. Yo no puedo echarme para atrás, es demasiado tarde. -  No, no, no. Yo no voy a permitir que te cases. Desde esta mañana sé que sientes lo mismo que yo y nadie podrá separarme de ti . ¡ Te amo ! - la besa, la abraza. -  Repítemelo. -  Te amo. Te amo con todas las fuerzas de mi ser - y la besa nuevamente. Se acerca Fernando a ella, la llama pero sigue perdida en sus pensamientos. Le toca el hombro y ella recién reacciona. -  Ramona, ¿ no nos escuchaste ? -  Sí, sí claro - le miente ella. -  Entonces vámonos. Ya convencimos a Beatriz de ir hasta el río - se ve subir a Analupe y a Beatriz desde el arroyo riéndose divertidas. Él le tiende la mano para ayudarle a pararse. Ambos empiezan a caminar. Ella perdida nuevamente en sus pensamientos. Alejandro está en su cabaña con Carmen. -  Quiero que saques mi caballo y lo lleves a la orilla del camino. -  ¿ Qué vas a hacer ? - se asombra ella. -  Ir por Ramona. -  Estás malherido. No debes - se preocupa. -  ¡¡ Ayúdame !! - es su suplica - Ayúdame. Por favor. Has lo que te pido sin que nadie te vea. Carmen sin una palabra sale dispuesta a cumplir su pedido. Alejandro se apoya en la ventana, muy cansado, sentido en su herida pero dispuesto a ir por ella.  

     Capítulo Nº 42 ( 31 - 05- 00 ) Alejandro le pide ayuda a Carmen para poder ir en busca de Ramona. Ella no se puede negar y acepta hacerlo.

     En la hacienda . -  No hay manera de darte gusto Felipe. ¿ No me dijiste hace poco que querías casarte con Beatriz ? -  Y no recuerda que usted me dijo que no corría prisa - doña Ramona se asombra por la réplica . -  ¡ Ya aprendiste de Ramona ! Mira qué rápido eres para contestarle mal a tu madre. -  Dispense pero usted lo desconcierta a uno. -  Mira- le dice sentándose - Cuando me propusiste formalizar tu compromiso con Beatriz ella estaba pasando por una racha de mala salud que me tenía preocupada. Nunca quise hablar de esto contigo porque me obligaba la prudencia - él se intriga - pero ya que insistes en recibir una explicación, tengo que decirte que la mamá de Beatriz murió de tuberculosis. -  ¿ Y usted piensa que . . . ? -  Pensé muchas cosas, por eso te estaba protegiendo. Ahora la suerte ha cambiado, esa muchacha rebosa de salud y en vista de que es inminente la boda de tu hermana, ¿ qué mejor que Beatriz para hacerte compañía ? Por eso cambié de opinión - Felipe ha quedado tan sorprendido que no puede emitir sonido - ¿ Satisfecho ? -  Sí, madre. -  Gracias. Y ojalá no olvides nunca que cada decisión que tomo, la tomo pensando en tu bien. No espero que siempre me entiendas, pero me agradaría que confiaras en mi buena voluntad. Alejandro está en el camino. Carmen le ha llevado allí su caballo. -  Vas a tener que ayudarme - le pide - Me vas a amarrar a la montura. ¿ Está bien ? Sostenme - y monta. -  Estás haciendo una locura Alejandro. Con esa herida no vas a llegar vivo a la hacienda. -  Llegaré - le asegura él. Ella desenrolla unos trapos que va a utilizar para atarlo y lo hace - Fuerte, fuerte - pide él. -  Ay, Alejandro, ¿ por qué me pediste esto ? Me voy a quedar muy preocupada. Además, los otros van a hacer preguntas. Le tengo miedo a Matea y a Manuela. Van a enfurecer cuando sepan que te fuiste. -  No les digas que me ayudaste - la toma de la mano - Deja de preocuparte. No me va a pasar nada. Adiós Carmen . Gracias por todo. -  Adiós Alejandro. Que Pablo de Asís vele por ti - Alejandro sale al galope. Noche en la hacienda. Cuarto de Beatriz. Ramona se está secando la cara. -  Atchís !!! - estornuda Beatriz. -  Jesús - le dice Ramona. -  Gracias . ¡ Ay, cómo me disgusta Analupe ! Por hacerse la graciosa nos empapó. Espero que no me vaya a hacer daño la mojada. Tú también deberías cambiarte - Ramona se sienta en la cama muy triste. -  Ramona, levanta el ánimo. No puedes seguir así. -  Es que cada rincón de esta hacienda me lo recuerda. Es curioso ver cómo los lugares cambian de significado. Antes el arroyo me encantaba, ahí era donde nos encontrábamos Alejandro y yo. Y luego en el río, ahí me salvó la vida. Ahora esos lugares me hacen sentir la mujer más desgraciada del mundo. -  Eres muy apasionada Ramona. Por eso no puedo desterrar ese amor de tu alma - tose de nuevo - Perdón - se sienta junto a ella - Yo sé que no quieres a Fernando pero él, a diferencia de su hermana , es muy agradable, muy gentil. Trata de conocerlo mejor. Sólo el conocimiento mutuo puede acercar a las personas. Además, tienes la ventaja de que él está prendado de ti. -  Razón no te falta Beatriz. Todo eso ya lo he pensado, pero es que no logro que mi corazón y mi cabeza se pongan de acuerdo. -  Me encantaría poderte dar un poco de la alegría que me brota por los poros. ¡ No sabes lo feliz que estoy por mi compromiso con Felipe ! Él aún no se rinde por completo, pero por lo menos sé que no está enamorado de otra - Ramona se tensiona ante este comentario. Se pone de pie. -  Felipe es muy noble. Un poco tímido pero es el más tierno de los hombres. Ambos merecen ser felices.  Es la mañana siguiente. Felipe entra al despacho donde lo espera Marcos. -  ¿ Qué pasó Marcos ? ¿ Qué averiguaste ? ¿ Viste a Alejandro ? - pregunta sumamente ansioso. -  No, pues no lo vi. -  ¡ Ah, te dije que lo buscaras ! -  Es que poquito antes de llegar a la aldea me encontré con gente de su tribu. Una mujer mayor y a Sebastián Lorenzo. -  ¿ Y qué te dijeron ? -  Pos el pobre Sebastián no pudo decir nada. Le cortaron la lengua. -  ¿ Qué dices ? -  Pues eso patroncito, que al chamaco le cortaron la lengua. Parece que fue un gringo. -  ¡ Malditos ! ¿ Hasta cuando dejarán en paz a esa pobre gente? -  Lo bueno es que la anciana que estaba con él, me dio noticias de Alejandro. Me dijo que está requete bien y hasta va a matrimoniarse con una india de por allá y anda recontento - Felipe lo mira con cara de no poder creer lo que escucha. -  ¿ Estás seguro ? -  Sí, patrón. La india que estaba cuidando a Sebastián me contó todo. Ella es la mamá de la muchacha que se va a casar con Alejandro - Felipe no sale de su asombro. En tanto Alejandro viene cabalgando hacia la hacienda. En el cuarto de Ramona hay mucho revuelo ya que ella y Margarita están guardando su ropa. -  Ahora sí vas a poder cargar con todo. Con tu virgen, con tus vestidos, con todo lo que necesites. -  Pon lo que quieras, me da lo mismo. -  Oye Ramona. Y si a Alejandro la pasó algo y llega después de tu boda, ¿ qué le voy a decir ? -  Si llegara a venir, cosa que dudo, le dices simplemente que me casé con Fernando Coronado. -  ¡ Ah Ramona ! . Va a sentir requete feo. -  Sí, como sentí yo. Ni más ni menos Margarita. -  ¡ Ramona ! - llama Felipe golpeando la puerta. -  Adelante - dice ella doblando un vestido. Felipe pasa, está muy serio. Ella lo mira - ¿ Qué pasó Felipe ? Estás pálido. -  Malas noticias Ramona. Ya llegó Marcos. -  ¿ Y ? - inquiere ansiosa. -  Dice que Alejandro está bien. -  Entonces, ¿ por qué no vino a la cita ? -  Ramona, parece que Alejandro está a punto de casarse con una india de su tribu - Ramona siente el impacto de la noticia. Se deja caer en el borde de la cama llorando - Déjanos solos - le pide a Margarita que lo hace angustiada. Felipe se agacha frente a su hermana. -  Te lo deje - logra decir Ramona haciendo esfuerzos por respirar bien - Yo lo sabía, Alejandro me engañó. Me traicionó. Mi mamá tenía razón , soy una ilusa. -  ¡ Cálmate Ramona ! -  Repíteme exactamente , ¿ qué fue lo que te dijo Marcos ? Quiero saber todo palabra por palabra. -  No hay mucho por decir. -  ¿ Marcos lo vio ? -  No, pero supo de esto por una mujer mayor de la aldea, madre de la futura esposa de Alejandro - Ramona lanza un gemido . -  Soy una tonta. Debí haber escuchado a mi mamá. ¡ Qué razón tenía cuando me dijo que Alejandro no me correspondería ! ¡ Qué los indios no saben de amores ! No debí confiar en él. Después de esto nunca podré volver a confiar en nadie. -  En mí sí podrás confiar siempre. -  Lo sé, pero tú eres mi hermano. Es diferente. Yo me refería a que no volveré a enamorarme de nadie más - llorando desolada. Felipe la mira con dolor. Matea está en su cabaña comiendo fruta. Entra Manuela agitada, seguida por Yahale y Carmen. -  Alejandro se fue. Su caballo no está en los corrales. -  ¿ Estás segura ? -  Sí, Matea. Su lecho está vacío y no está ni su hacha ni su arco - le dice Yahale - Alguien debe haberlo ayudado. Él estaba muy débil y no pudo haber sacado su caballo él solo. -  Debe haber ido a la hacienda a buscar a esa blanca - dice Manuela con rabia. -  Quien lo ayudó le hizo un flaco favor - dice Matea - Él está muy malherido. ¿Ahora quién podrá curarlo ? Si muere en el camino el pueblo yahí quedará sin el retoño del gran tronco. -  ¿ Quién habrá sido ? - se pregunta Yahale. -  Voy a indagar y a quien lo haya hecho le prenderé fuego - Carmen que las ha estado escuchando muy silenciosa se asusta. En el cuarto de Ramona. -  Me voy a olvidar de él para siempre. Fui una inocente. Bien me dijo un día el padre Salvatierra que los hombres como las aves deben juntarse con los de su especie. Me arrepiento tanto de haber creído en Alejandro y en sus promesas. ¡ Maldigo la hora en que posé mis ojos en él ! . -  Quisiera decirte que estás en un error pero ahora ya no hay dudas. Alejandro no es como pensábamos, a mí también me embaucó . ¡ Nunca debí haber permitido esa relación ! -  Es que tú eres bueno. No eres ladino como él. Por eso caíste en su trampa, así como yo caí en sus brazos - lo consuela ella - Pero se acabó. No estoy dispuesta a seguir sufriendo por alguien que no vale la pena. Me casaré con Fernando y me iré lejos a Méjico, a donde sea .¡ Adónde no vuelva a escuchar su nombre ! Alejandro se ha detenido en el río para lavar un poco su herida que está sangrando, hace un gesto de dolor. Se moja la cara y se dirige a su caballo. Marcos está almacenando paja en una de las caballerizas vacía . El Norteño está con él. -  Ahí te encargo mucho a Rubí, Marcos. Yo tengo que ir a la casa grande para cumplir con unos encargos de la patrona. Hay hartas cosas que arreglar porque los invitados ya vienen en camino. -  Sí, yo atiendo la yegüita. Pobrecita , ¿ quién sabe qué le estará pasando? Si estuviera Alejandro bien que la curaría. -  Puro jarabe de palo. Ese emplumado presumía de curandero pero de animales no sabía más que yo. -  ¡ No seas envidioso ! -  Si no es envidia. Ese indio me caía remal pero por otras razones. -  ¿ Por qué tú ? -  Porque rondaba a la Mago. El atrevido se animó a rondar a la mismísima niña Ramona. ¿ Ya sabes no ? -  Pa' mí que esas son mentiras . -  Yo mero los vi. -  Pues mira, de eso ya no hay que preocuparse. La niña se va a casar con el señorito Fernando y Alejandro con una india de su pueblo. -  ¿ Tú cómo sabes ? - pregunta sorprendido por el comentario. -  No vayas a regar por ahí el chisme pero el amo Felipe me mandó a la aldea yahí para enterarse cómo estaba Alejandro. No quiere que nadie lo sepa . Menos que nadie la patrona. Yo mismo fui a averiguar. -  ¿ Y a poco lo viste ? -  No, pero una india de su tribu me dijo que está requete contento y se va a casar con una hija de ella. -  Ah, ¿ seguro ? - todavía incrédulo. -  Segurísimo. Es más, ¿ te acuerdas de Sebastián ? -  El indio joven. -  Ese mero. -  Pues, ¿ qué hay con él ? -  Que un gringo maloso le arrancó la lengua. -  Ja. ¡ No te creo nada ! -  ¡ Yo nunca miento ! Por mis padres que están en el camposanto que lo que te digo es verdad - el Norteño toma su carabina. -  Entonces, ¿ Alejandro está vivo ? -  Sí señor. Bien vivo. Bueno, bien tarugo porque se va a casar. Ja, ja, ja . -  Ahí te encargo - le dice tomando su caballo. -  ¿ No te ibas a la casa grande ? ¿ Para qué quieres la carabina ? -  Este pos . . . la patrona también me encargó echar un ojo por los caminos. Ahí nos vamos. Ya ha caído la noche. Doña Ramona entra a su despacho seguida por el padre Sarriá. -  ¡ Ah, padre Sarriá ! ¡ Qué bueno que ya está aquí ! Tenía cierto temor de que no llegara . Usted sabe, cada vez es más difícil conseguir un sacerdote católico por estas comarcas. -  No voy a negarle que hice un gran esfuerzo para acudir. Lo hice sólo porque se trata de la boda de su hija. De otra manera no habría vendido. En Rosarito hay una epidemia de viruela. -  ¡ Ay, Virgen Santa ! ¿ Viruelas ? -  Así es señora. Entre los males que nos envía el cielo y la sangre que derraman los hombres, uno se pregunta si no se estará acercando el fin del mundo. -  ¡ Ay ! Yo también a veces pienso que tantas calamidades son los signos del Apocalipsis - ella se instala detrás de su escritorio y le señala a él una silla. -  Gracias - sentándose frente a ella - La estoy poniendo nerviosa señora. Mejor cuénteme con quién se desposa su hija. -  Gusta una copita , padre - señalando un botellón de vino. -  Gracias - acepta él. Ella le sirve. -  Su prometido es Fernando Coronado. Hijo primogénito de un abogado muy distinguido. De las viejas familias mejicanas de California. ¿ No los conoce ? -  No. No, señora. No he tenido el gusto. -  Yo estoy más que complacido con esta unión. He tenido mucha suerte en encontrar un partido conveniente para Ramona. -  Me alegro. Al menos aquí habrá fiesta y se respira un poco de paz. En cambio en la aldea yahí han ocurrido muchas desgracias. -  No me diga padre. -  Sí, señora. Los americanos han cometido crímenes despiadados . Mancillaron mujeres. Colgaron a un inocente. En fin, con decirle que . . . -  ¡ Ay, no ! No siga padre. Tanta tragedia me desasosiega. Aquí también hemos tenido nuestra dosis de sufrimiento. Además, mi hija se va a casar y no quiero ensombrecer la celebración. -  Tiene razón señora. No diré más. Hagamos que el contento impere en estos días. -  Gracias padre. Y le rogaría que no comentara esas atrocidades con nadie. Ya sabe, las malas noticias corren muy rápido y aquí, en la hacienda, mi gente aprecia a los yahís. No me gustaría ver caras largas para la boda. -  Pierda cuidado. No mencionaré ni media palabra de estas malas nuevas . -  Gracias padre. ¿ Nos acompaña a merendar ? -  No. Prefiero descansar. Vengo muy fatigado. He trotado días y noches. -  Entonces vamos. Yo misma lo acompañaré a su cuarto . -  Gracias - ambos salen del despacho.

     Ramona está tocando el piano. Todos la escuchan muy atentos menos Analupe que no hace más que bostezar. Cuando termina la aplauden entusiastas. -  Mi futura nuera es un estuche de monerías - dice Ruy - Toca el piano de maravilla. -  Gracias don Ruy, pero no es para tanto - dice riendo Ramona. -  Beatricita toca muy bien el arpa - dice Perpetua. -  Lástima que no haya en al hacienda - dice Felipe - pero ya que lo sé te encargaré una. -  No será necesario - interviene don César -

     En la finca tenemos una y es de las mejores. Legítima austríaca. -  ¿ Y tú no tocas algo Analupe ? - le pregunta Beatriz justo cuando ésta bostezada de nuevo. Se sobresalta. -  ¡ Ay, claro que sí ! Soy la mejor toca aldabas de las puertas -dice con humor provocando la risa de todos . -  ¿ No quieres salir a tomar un poco de aire fresco ? - pregunta Fernando a Ramona poniéndole sobre los hombros su chal. -  Sí, vamos - acepta ella. Felipe la detiene. -  ¡ Eh ! ¿ No esperan a mi madre ? Ya estamos por pasar a merendar. -  Sólo vamos al patio a dar una vuelta - casi con cara de fastidio - Cuando esté todo dispuesto nos avisan. Si no te molesta claro. -  Por supuesto que no - no tiene más remedio que decir. -  Déjalos Felipito - dice Perpetua acercándose y tomándolo del brazo - ¿Qué no ves que los enamorados les gusta estar solos ? - lo lleva junto a Beatriz. Lo deja allí y se acerca al otro grupo que está conversando - Y a ti Analupe, ¿ nunca te ha interesado la música ? -  Ja. Sí, señora. Pero a mí me gusta hacer cosas más espirituales. Yo pinto. -  ¿ Las puertas ? - dice Perpetua y empieza a reírse - Ja, ja, ja. ¡ Una broma ! - todos ríen con ella. En tanto afuera . -  El día de hoy he sido muy feliz. Siento que ha habido un cambio en ti. No sé si será mi imaginación pero hoy te noto diferente. -  Estás en lo cierto. He decidido cambiar y quiero que sepas una cosa. Me he propuesto enterrar el recuerdo del indio Alejandro. Espero que seas benévolo y llegues tú también a olvidarte de ese episodio . Cometí una falta imperdonable y créeme que estoy arrepentida - Fernando le toma una mano y se la besa. Felipe aparece tras ellos y los observa. Fernando la acerca más a su cuerpo. -  Para mí, ese episodio no existió. Yo sólo sé que la mujer que amo está frente a mis ojos. -  Gracias Fernando - él se inclina y la beso, ella lo deja hacer sin responder. Felipe se retira rabioso. -  Estoy impaciente por casarme contigo. ¡ Ya quiero que seas mi esposa ! - dice él entusiasta. Ella le sonríe tibiamente. Ya llegó la mañana. Ramona ya tiene puesto su vestido de novia. Marta le está planchando algunas arrugas del ruedo. Doña Ramona muy complacida le acomoda el vestido. -  Se me olvidaron los aretes Marta. Hazme el favor de traer de mi ropero los aretes que usé en mi boda, ¿ los recuerdas ? -  Sí, señora. -  Están dentro del cofre que está en mi ropero - le indica. -  ¿ Se puede ? - pregunta Beatriz asomándose a la puerta. Tras ella están Perpetua y Analupe. -  Pasen - les dice doña Ramona. -  ¡ Te ves preciosa ! - exclama Perpetua maravillada. -  Fernando se va a quedar sin habla cuando te vea - golpean a la puerta. Es Felipe, que la abre e intenta entrar. -  ¡ No, tú no puedes entrar ! - le dice Analupe corriendo a la puerta - Es de mala suerte que el novio vea a la novia antes de entrar a la iglesia. -  ¿ Novio ? Yo no soy el novio Analupe - le dice él sonriente. -  ¡ Ya no sé lo que digo ! Bueno, de todas maneras no puedes entrar. Ramona todavía no está lista - lo empuja hacia fuera y cierra la puerta. -  ¡ Qué curioso ! -dice Perpetua - El otro día que Ramoncita se estaba probando el vestido yo le dije lo mismo a Felipito. -  Si me permiten quisiera hablar a solas con Ramona. -  ¡ Ay, por supuesto ! Analupe, mi sobrina y yo necesitamos coloretes . Nos vemos como muertos frescos. Ay, con permiso eh. Vamos - y las tres salen . -  Tengo algo que decirte Ramona .  Juan Canito entra a su casa muy apurado. En el dormitorio está Margarita terminando de arreglar a Delgadina. -  ¿ Todavía no acabas ? El padre Sarriá ya está desayunándose. Va a empezar la misa. -  ¡ Ah ! Ya voy apá. Quieta no te muevas Delgadina - arreglándole el tocado. -  ¡ Ay, que me lastimaste ! -  Oiga apá. ¿ Del Norteño no ha sabido nada ? -  No. Ese bribón volvió a irse sin permiso. Pero es la última que me hace. Esta vez sí se larga de la hacienda - Margarita lo mira triste. - ¡ Qué puntazo hombre ! Cuando tenemos tanto jaleo encima. Ni siquiera le he podido decir a la patrona. Andamos todos apurados. Pero en cuanto termine todo este burlote como que me llamo Juan Canito, así - chasquea los dedos - no vuelve a trabajar aquí. -  Pues vea ,¿ dónde se habrá ido apá ? -  ¿ Cómo que adónde ? A echarse sus tragos . ¿ Qué no lo conoces ? Cuando hay jolgorio es lo que le gusta. Por una parte mejor. No vaya a hacer otro de sus desfiguros. -  Ay, quiero hacer de las aguas - interrumpe Delgadina moviéndose inquieta. -  ¿ Ahorita ? -  Sí, ya me anda . . . -  ¡ Déjala ir pues ! -  No te tardes Delgadina - ella va corriendo. -  En lugar de estar achicopalada por ese baboso debes estar contenta. ¡ Por fin se casa la niña ! ¡ Bendito sea Dios ! Marta acaba de traer los aretes. -  ¿ Son estos señora ? - dejándoselos en la mano. -  Sí, Marta. Gracias - Marta se retira - Estos aretes fueron de mi madre y antes de mi abuela. Ahora te pertenecen. -  Gracias mamá - se los pone. -  Ramona, quizás nunca nos volvamos a ver. -  ¡ No diga eso ! Si a usted no le molesta a mí me gustaría venir a visitarlos . -  Si se van a vivir a Méjico será difícil que vuelvan. La distancia terminará por separarnos. Por eso quiero decirte algo, algo que no quiero que olvides. A pesar de mi aparente frialdad - la toma de las manos - yo siempre te he querido Ramona. Mucho más de lo que tú te imaginas aunque no te lo haya dicho con palabras. Si alguna vez falte a ese deber de madre, perdóname. Esas palabras no se le deben nunca a un hijo. Ahora que te vas, te las digo y espero que siempre los recuerdes - la abraza - Te quiero mucho y te deseo toda la felicidad del mundo. Esa felicidad que yo no supe darte. -  Mamá. Perdóneme por todos los malos ratos que le hice pasar. A veces me pasé de injusta pero ahora, ahora me doy cuenta que usted es buena - una lágrima corre por la mejilla de doña Ramona - y que todo lo que hizo lo hizo por mi bien. -  Exactamente. Cuando pienses en mí, recuerda lo que te acabo de decir. Siempre te quise y si algún día llegas a saber cosas, no permitas que se empañe este momento entre tú y yo. -  ¿ Y qué cosas podría saber mamá ? -  Fue un decir. Olvídalo. Arrodíllate para que pueda darte mi bendición - Ramona así lo hace - A ti, señor encomiendo el bienestar de mi hija Ramona. Cuídala, adonde quiera que esté. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Amén . -  Amén - dice Ramona besándole la mano a su madre. Alejandro ya está llegando. Para cerca el arroyo, se apea del caballo. Muestran al Norteño escondido detrás de un árbol y apuntándole. Felipe se está lavando las manos en su cuarto. Con él está Juan. -  ¿ Llegaron los últimos huéspedes , Juan ? -  Sí, patrón. -  Te voy a pedir que mantengas a raya a los cocheros y a los caballerangos. Ya sabes, poco alcohol para que no hay pleitos. -  Si quiere los desarmo. -  Será lo mejor - se hace un moño con el lazo - ¿ Ya apareció el Norteño ? -  No, patrón. Marcos dice que salió desde ayer. Lo mandé a buscar pero ni sus luces. Pa' mí que se embriagó. -  Cuando llegue me avisas. Voy a tener que castigarlo - se perfuma - ¿ No sé por qué diablos se le ocurrió irse a hora que lo necesitamos tanto ? Si por casualidad llega bebido, lo encierras en el cobertizo. No quiero que haga una de sus troperías. -  Usted ordena . -  Eso es todo. -  Con permiso patrón - Juan sale del cuarto. Felipe se pone la chaqueta. Alejandro se moja la herida con agua de su cantimplora. Exhala un quejido. Se para y se dirige hacia su arco. Se escucha el chasquido al amartillar la carabina. Él queda rígido -  ¿ A dónde vas Alejandro ? - le pregunta el Norteño a sus espaldas. Alejandro se da vuelta y lo enfrenta . -  ¿ Qué haces por aquí Norteño ? - le pregunta tranquilo. -  Yo soy el que tendría que preguntar. Que yo sepa te andabas matrimoniando en tu aldea. -  No sé de qué estás hablando. -  Mira, yo nomás sé una cosa. La patrona no quiere verte por aquí. Será mejor que desandes tu camino y que regreses a tu pueblo. -  ¡ Vine por Ramona ! ¡ Y nadie me lo va a impedir ! -  No seas terco . No me obligues a meterte un plomazo. Además, si llegas hasta la hacienda de todas maneras te van a matar. Hay guardias apostados por todos lados. Hoy se casa la niña Ramona. -  Hoy se casa . -  Sí, Alejandro. Va a ser mejor que te regreses. -  No puedo irme sin ella- dándole la espalda y yendo hacia su caballo. El Norteño dispara al aire, él se detiene, se da vuelta. -  Esta carabina trae dos balas. Queda una- le vuelve a apuntar - No me obligues a matarte. -  Pues vas a tener que hacerlo porque no pienso irme sin ella. -  Te repito No me obligues a mandarte al infierno. Vete con tu novia . -  ¡ Yo no tengo ninguna novia ! - le replica con rabia. -  Ya se descubrió todo Alejandro. El amo Felipe envió a Marcos a investigar. Y alguien de tu tribu le dijo que estabas por casarte. Deja a la niña en paz y lárgate con los tuyos. -  ¡ Eso es mentira ! - y vuelve a dirigirse a su caballo. -  Si das un paso más te mato - Alejandro se detiene, se da vuelta y lo mira con rabia. Aparece una víbora en el suelo. El Norteño se asusta y le dispara pero no le acierta. Se cae mientras ve cómo la víbora se dirige a hacia él. Alejandro toma su hacha de la montura y con un certero tiro la parte en dos. -  ¿ Por qué lo hiciste ? - pregunta sorprendido desde el suelo. -  Porque te iba a morder - toma su hacha. -  Me salvaste la vida - Alejandro se le acerca, saca su cuchillo y se lo coloca en la garganta. Le pide con un gesto el arma, la toma , le saca la bolsita con balas y retrocede. -  Voy a ir a la hacienda - saca una bala de la bolsita, carga el arma - y me voy a llevar a Ramona - hace un disparo al aire, el caballo del Norteño sale al galope . Le devuelve la carabina- Adiós Norteño . - El Norteño se para y saca de un bolsillo una bala. -  ¿ Alejandro ? - lo llama, éste lo mira, le muestra la bala, carga el arma y le apunta. -  Dispárame si quieres - le dice Alejandro sin mover un músculo. El Norteño duda.

     En la hacienda. Fernando se termina de hacer el moño frente al espejo. -  Estoy muy nervioso papá. ¿Cómo me veo ? -  No eres mal parecido y tiene buena percha . Cuando Ramona te vea no se va a arrepentir de casarse contigo -  ¡ No será hora de que vayamos a la capilla ? -  Hay que esperar a Analupe . -  ¡ Cómo siempre ! -  Gracias a Dios que finalmente todo salió bien. -  Sobre todo gracias a doña Ramona. Si no fuera por ella esta boda no se realiza papá. Bendita la hora en que mandó matar a ese indio bastardo. -  Ya. Olvídate de ese asunto. Ya quedó liquidado. Tendrás holgura económica , una mujer hermosa. ¿ Qué más puedes pedirle a la vida ? -  Sí, realmente me siento muy afortunado. Estos últimos días aunque Ramona no se veía del todo bien manifestó estar arrepentida. Tengo esperanzas que con el tiempo me llegue a querer papá. -  Te cautivó la hija como algún día a mí me cautivó la madre. -  ¿ Estás hablando en serio ? -  Sí, hijo. Antes de conocer a tu mamá. Todos los mejicanos bien nacidos de California aspirábamos a los favores de Ramona Gonzaga. Yo fui uno de ellos. La recuerdo muy bien. Era muy bella, un poco distante. Tal vez melancólica pero siempre hermosa. -  ¡ Ay ! - dice Analupe entrando a la sala - Se me hizo tardísimo. Con permiso papá - corre a pararse delante del espejo - El vestido estaba tan arrugado que tuvieron que volver a plancharlo. ¿ Me veo bien ? . -  Pero si parece que la que se va a casar eres tú - dice su padre- La novia va a sufrir para destacar. Ojalá tú también llegues a hacer una elección tan buena como la que hizo tu hermano. Me encantaría verte casada con un buen partido hija - ella suspira. -  Bueno, vámonos yendo. Ramona no tarda en salir - dice rápida apoyando su mano en el brazo de su padre. Los tres salen. Margarita está ayudando a Ramona a ponerse los zapatos. -  Toda la noche pensé en Alejandro. No puede evitarlo. Hay momentos en los que me niego a creer que me hay dejado olvidada por la mano de Dios. No puedo aceptar que haya sido tan cruel. Cuando estábamos juntos era tan dulce, parecía tan sincero. ¿ Por qué me tenía que mentir ? ¿ Qué ganaba con burlarse de mí ? -  Ya no chilles a ese ingrato Ramona. No hay ningún hombre que valga lágrimas. Todos son unos desgraciados. Luego que te convencer de que te quieren te dejan ahí, como si nada. No, ellos no sienten igual a las mujeres. -  No todos los hombres son así Margarita. Fernando, tan mal que me caía y es muy gentil. Perdonó mi falta. Tal vez algún día llegue a quererlo. -  No, pos eso sí. Tienes razón. Hay uno que otro que no es tan pero como el Felipe que es rebuena gente. Pero pues, son contados - se dirige a tomar el tocado. -  Bueno Margarita. Llegó el momento de la verdad. Dime, ¿ qué fue lo que escuchaste decir al padre Salvatierra ? -  ¿ Ahorita ? -  Sí, ahorita. Ya me voy a ir y sino no lo sabré nunca. -  ¡ Ah ! ¿ Y si regresas ? -  Lo dudo mucho. Creo que me voy a vivir a Méjico. Y si lo hago, lo que me digas no saldrá de mis labios - Margarita duda. -  Mm. ¡ Ay ! ¿ A poco que ni siquiera se lo vas a decir a Felipe ? -  A nadie. -  Me lo juras por Diosito Santo. -  Ya Margarita. Por favor, dímelo.

     El Norteño ha bajado el arma. -  ¡ Pos seré muy canijo pero no mala entraña ! Tú me salvaste la vida . -  Tengo que irme. -  Alejandro. La patrona me va a matar. Ella me ordenó que te quietara la vida . -  ¿ Qué ? - se sorprende él. -  Fui a cumplir su encargo hasta el pueblo yahí y el padre Sariá me dijo que te habías ido a rescatar a don Pablo . Luego me fui hasta Spurtown y supe que te iban a colgar. Te di por muerto. Me regresé a la hacienda y pos, le dije a la patrona que yo mismo te había despachado para el otro mundo. Ella cree que estás muerto. -  ¿ Y Ramona ? - le pregunta ansioso - ¡ Ramona!, ¿ qué es lo que ella cree ? -  Pos lo que te dije. Que estabas en tu pueblo y que andabas con otra mujer. -  ¡ Tengo que ir por ella ! Queda poco tiempo. -  Ándale con cuidado. Hay hartos guardias cerca de la hacienda. -  Despreocúpate. Conozco bien los caminos - sube al caballo. -  ¡ Alejandro ! No le vayas a decir a naides que nos encontramos aquí . Si un día me animo a regresar a la hacienda y la ama se entera de que te dejé escapar pos, me desollaría vivo. -  No te preocupes. No le voy a decir nada. Adiós Norteño. Y gracias - sale al galope. El Norteño mira la cielo. -  Perdóname Diosito por ser tan cobarde. Pero tú viste, él me salvó la vida. ¿ Cómo iba a tener corazón para meterle un tiro ? En el cuarto de Ramona. -  Te estoy esperando -  Pues es que . . . a lo mejor no oí bien . -  ¡ Margarita ! -  Bueno, pero que conste que no recuerdo exactamente - ¡ Ay, Ramona ! No me vayas a echar de cabeza, luego - se asusta -  Margarita. Ya te lo juré. ¿ Qué más quieres que haga para que me lo digas ? -  Ta' güeno pues. Te lo voy a decir. Pos . . . lo que tu amá y el padrecito dijeron es que . . . pues que tú no eras hija de tu apá. -  ¿ Cómo ? - se asombra ella. -  Pos eso . . . que no eres hija del General Moreno .            Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 42 ( 31 - 05- 00 ) Alejandro le pide ayuda a Carmen para poder ir en busca de Ramona. Ella no se puede negar y acepta hacerlo.

     En la hacienda . -  No hay manera de darte gusto Felipe. ¿ No me dijiste hace poco que querías casarte con Beatriz ? -  Y no recuerda que usted me dijo que no corría prisa - doña Ramona se asombra por la réplica . -  ¡ Ya aprendiste de Ramona ! Mira qué rápido eres para contestarle mal a tu madre. -  Dispense pero usted lo desconcierta a uno. -  Mira- le dice sentándose - Cuando me propusiste formalizar tu compromiso con Beatriz ella estaba pasando por una racha de mala salud que me tenía preocupada. Nunca quise hablar de esto contigo porque me obligaba la prudencia - él se intriga - pero ya que insistes en recibir una explicación, tengo que decirte que la mamá de Beatriz murió de tuberculosis. -  ¿ Y usted piensa que . . . ? -  Pensé muchas cosas, por eso te estaba protegiendo. Ahora la suerte ha cambiado, esa muchacha rebosa de salud y en vista de que es inminente la boda de tu hermana, ¿ qué mejor que Beatriz para hacerte compañía ? Por eso cambié de opinión - Felipe ha quedado tan sorprendido que no puede emitir sonido - ¿ Satisfecho ? -  Sí, madre. -  Gracias. Y ojalá no olvides nunca que cada decisión que tomo, la tomo pensando en tu bien. No espero que siempre me entiendas, pero me agradaría que confiaras en mi buena voluntad. Alejandro está en el camino. Carmen le ha llevado allí su caballo. -  Vas a tener que ayudarme - le pide - Me vas a amarrar a la montura. ¿ Está bien ? Sostenme - y monta. -  Estás haciendo una locura Alejandro. Con esa herida no vas a llegar vivo a la hacienda. -  Llegaré - le asegura él. Ella desenrolla unos trapos que va a utilizar para atarlo y lo hace - Fuerte, fuerte - pide él. -  Ay, Alejandro, ¿ por qué me pediste esto ? Me voy a quedar muy preocupada. Además, los otros van a hacer preguntas. Le tengo miedo a Matea y a Manuela. Van a enfurecer cuando sepan que te fuiste. -  No les digas que me ayudaste - la toma de la mano - Deja de preocuparte. No me va a pasar nada. Adiós Carmen . Gracias por todo. -  Adiós Alejandro. Que Pablo de Asís vele por ti - Alejandro sale al galope. Noche en la hacienda. Cuarto de Beatriz. Ramona se está secando la cara. -  Atchís !!! - estornuda Beatriz. -  Jesús - le dice Ramona. -  Gracias . ¡ Ay, cómo me disgusta Analupe ! Por hacerse la graciosa nos empapó. Espero que no me vaya a hacer daño la mojada. Tú también deberías cambiarte - Ramona se sienta en la cama muy triste. -  Ramona, levanta el ánimo. No puedes seguir así. -  Es que cada rincón de esta hacienda me lo recuerda. Es curioso ver cómo los lugares cambian de significado. Antes el arroyo me encantaba, ahí era donde nos encontrábamos Alejandro y yo. Y luego en el río, ahí me salvó la vida. Ahora esos lugares me hacen sentir la mujer más desgraciada del mundo. -  Eres muy apasionada Ramona. Por eso no puedo desterrar ese amor de tu alma - tose de nuevo - Perdón - se sienta junto a ella - Yo sé que no quieres a Fernando pero él, a diferencia de su hermana , es muy agradable, muy gentil. Trata de conocerlo mejor. Sólo el conocimiento mutuo puede acercar a las personas. Además, tienes la ventaja de que él está prendado de ti. -  Razón no te falta Beatriz. Todo eso ya lo he pensado, pero es que no logro que mi corazón y mi cabeza se pongan de acuerdo. -  Me encantaría poderte dar un poco de la alegría que me brota por los poros. ¡ No sabes lo feliz que estoy por mi compromiso con Felipe ! Él aún no se rinde por completo, pero por lo menos sé que no está enamorado de otra - Ramona se tensiona ante este comentario. Se pone de pie. -  Felipe es muy noble. Un poco tímido pero es el más tierno de los hombres. Ambos merecen ser felices.  Es la mañana siguiente. Felipe entra al despacho donde lo espera Marcos. -  ¿ Qué pasó Marcos ? ¿ Qué averiguaste ? ¿ Viste a Alejandro ? - pregunta sumamente ansioso. -  No, pues no lo vi. -  ¡ Ah, te dije que lo buscaras ! -  Es que poquito antes de llegar a la aldea me encontré con gente de su tribu. Una mujer mayor y a Sebastián Lorenzo. -  ¿ Y qué te dijeron ? -  Pos el pobre Sebastián no pudo decir nada. Le cortaron la lengua. -  ¿ Qué dices ? -  Pues eso patroncito, que al chamaco le cortaron la lengua. Parece que fue un gringo. -  ¡ Malditos ! ¿ Hasta cuando dejarán en paz a esa pobre gente? -  Lo bueno es que la anciana que estaba con él, me dio noticias de Alejandro. Me dijo que está requete bien y hasta va a matrimoniarse con una india de por allá y anda recontento - Felipe lo mira con cara de no poder creer lo que escucha. -  ¿ Estás seguro ? -  Sí, patrón. La india que estaba cuidando a Sebastián me contó todo. Ella es la mamá de la muchacha que se va a casar con Alejandro - Felipe no sale de su asombro. En tanto Alejandro viene cabalgando hacia la hacienda. En el cuarto de Ramona hay mucho revuelo ya que ella y Margarita están guardando su ropa. -  Ahora sí vas a poder cargar con todo. Con tu virgen, con tus vestidos, con todo lo que necesites. -  Pon lo que quieras, me da lo mismo. -  Oye Ramona. Y si a Alejandro la pasó algo y llega después de tu boda, ¿ qué le voy a decir ? -  Si llegara a venir, cosa que dudo, le dices simplemente que me casé con Fernando Coronado. -  ¡ Ah Ramona ! . Va a sentir requete feo. -  Sí, como sentí yo. Ni más ni menos Margarita. -  ¡ Ramona ! - llama Felipe golpeando la puerta. -  Adelante - dice ella doblando un vestido. Felipe pasa, está muy serio. Ella lo mira - ¿ Qué pasó Felipe ? Estás pálido. -  Malas noticias Ramona. Ya llegó Marcos. -  ¿ Y ? - inquiere ansiosa. -  Dice que Alejandro está bien. -  Entonces, ¿ por qué no vino a la cita ? -  Ramona, parece que Alejandro está a punto de casarse con una india de su tribu - Ramona siente el impacto de la noticia. Se deja caer en el borde de la cama llorando - Déjanos solos - le pide a Margarita que lo hace angustiada. Felipe se agacha frente a su hermana. -  Te lo deje - logra decir Ramona haciendo esfuerzos por respirar bien - Yo lo sabía, Alejandro me engañó. Me traicionó. Mi mamá tenía razón , soy una ilusa. -  ¡ Cálmate Ramona ! -  Repíteme exactamente , ¿ qué fue lo que te dijo Marcos ? Quiero saber todo palabra por palabra. -  No hay mucho por decir. -  ¿ Marcos lo vio ? -  No, pero supo de esto por una mujer mayor de la aldea, madre de la futura esposa de Alejandro - Ramona lanza un gemido . -  Soy una tonta. Debí haber escuchado a mi mamá. ¡ Qué razón tenía cuando me dijo que Alejandro no me correspondería ! ¡ Qué los indios no saben de amores ! No debí confiar en él. Después de esto nunca podré volver a confiar en nadie. -  En mí sí podrás confiar siempre. -  Lo sé, pero tú eres mi hermano. Es diferente. Yo me refería a que no volveré a enamorarme de nadie más - llorando desolada. Felipe la mira con dolor. Matea está en su cabaña comiendo fruta. Entra Manuela agitada, seguida por Yahale y Carmen. -  Alejandro se fue. Su caballo no está en los corrales. -  ¿ Estás segura ? -  Sí, Matea. Su lecho está vacío y no está ni su hacha ni su arco - le dice Yahale - Alguien debe haberlo ayudado. Él estaba muy débil y no pudo haber sacado su caballo él solo. -  Debe haber ido a la hacienda a buscar a esa blanca - dice Manuela con rabia. -  Quien lo ayudó le hizo un flaco favor - dice Matea - Él está muy malherido. ¿Ahora quién podrá curarlo ? Si muere en el camino el pueblo yahí quedará sin el retoño del gran tronco. -  ¿ Quién habrá sido ? - se pregunta Yahale. -  Voy a indagar y a quien lo haya hecho le prenderé fuego - Carmen que las ha estado escuchando muy silenciosa se asusta. En el cuarto de Ramona. -  Me voy a olvidar de él para siempre. Fui una inocente. Bien me dijo un día el padre Salvatierra que los hombres como las aves deben juntarse con los de su especie. Me arrepiento tanto de haber creído en Alejandro y en sus promesas. ¡ Maldigo la hora en que posé mis ojos en él ! . -  Quisiera decirte que estás en un error pero ahora ya no hay dudas. Alejandro no es como pensábamos, a mí también me embaucó . ¡ Nunca debí haber permitido esa relación ! -  Es que tú eres bueno. No eres ladino como él. Por eso caíste en su trampa, así como yo caí en sus brazos - lo consuela ella - Pero se acabó. No estoy dispuesta a seguir sufriendo por alguien que no vale la pena. Me casaré con Fernando y me iré lejos a Méjico, a donde sea .¡ Adónde no vuelva a escuchar su nombre ! Alejandro se ha detenido en el río para lavar un poco su herida que está sangrando, hace un gesto de dolor. Se moja la cara y se dirige a su caballo. Marcos está almacenando paja en una de las caballerizas vacía . El Norteño está con él. -  Ahí te encargo mucho a Rubí, Marcos. Yo tengo que ir a la casa grande para cumplir con unos encargos de la patrona. Hay hartas cosas que arreglar porque los invitados ya vienen en camino. -  Sí, yo atiendo la yegüita. Pobrecita , ¿ quién sabe qué le estará pasando? Si estuviera Alejandro bien que la curaría. -  Puro jarabe de palo. Ese emplumado presumía de curandero pero de animales no sabía más que yo. -  ¡ No seas envidioso ! -  Si no es envidia. Ese indio me caía remal pero por otras razones. -  ¿ Por qué tú ? -  Porque rondaba a la Mago. El atrevido se animó a rondar a la mismísima niña Ramona. ¿ Ya sabes no ? -  Pa' mí que esas son mentiras . -  Yo mero los vi. -  Pues mira, de eso ya no hay que preocuparse. La niña se va a casar con el señorito Fernando y Alejandro con una india de su pueblo. -  ¿ Tú cómo sabes ? - pregunta sorprendido por el comentario. -  No vayas a regar por ahí el chisme pero el amo Felipe me mandó a la aldea yahí para enterarse cómo estaba Alejandro. No quiere que nadie lo sepa . Menos que nadie la patrona. Yo mismo fui a averiguar. -  ¿ Y a poco lo viste ? -  No, pero una india de su tribu me dijo que está requete contento y se va a casar con una hija de ella. -  Ah, ¿ seguro ? - todavía incrédulo. -  Segurísimo. Es más, ¿ te acuerdas de Sebastián ? -  El indio joven. -  Ese mero. -  Pues, ¿ qué hay con él ? -  Que un gringo maloso le arrancó la lengua. -  Ja. ¡ No te creo nada ! -  ¡ Yo nunca miento ! Por mis padres que están en el camposanto que lo que te digo es verdad - el Norteño toma su carabina. -  Entonces, ¿ Alejandro está vivo ? -  Sí señor. Bien vivo. Bueno, bien tarugo porque se va a casar. Ja, ja, ja . -  Ahí te encargo - le dice tomando su caballo. -  ¿ No te ibas a la casa grande ? ¿ Para qué quieres la carabina ? -  Este pos . . . la patrona también me encargó echar un ojo por los caminos. Ahí nos vamos. Ya ha caído la noche. Doña Ramona entra a su despacho seguida por el padre Sarriá. -  ¡ Ah, padre Sarriá ! ¡ Qué bueno que ya está aquí ! Tenía cierto temor de que no llegara . Usted sabe, cada vez es más difícil conseguir un sacerdote católico por estas comarcas. -  No voy a negarle que hice un gran esfuerzo para acudir. Lo hice sólo porque se trata de la boda de su hija. De otra manera no habría vendido. En Rosarito hay una epidemia de viruela. -  ¡ Ay, Virgen Santa ! ¿ Viruelas ? -  Así es señora. Entre los males que nos envía el cielo y la sangre que derraman los hombres, uno se pregunta si no se estará acercando el fin del mundo. -  ¡ Ay ! Yo también a veces pienso que tantas calamidades son los signos del Apocalipsis - ella se instala detrás de su escritorio y le señala a él una silla. -  Gracias - sentándose frente a ella - La estoy poniendo nerviosa señora. Mejor cuénteme con quién se desposa su hija. -  Gusta una copita , padre - señalando un botellón de vino. -  Gracias - acepta él. Ella le sirve. -  Su prometido es Fernando Coronado. Hijo primogénito de un abogado muy distinguido. De las viejas familias mejicanas de California. ¿ No los conoce ? -  No. No, señora. No he tenido el gusto. -  Yo estoy más que complacido con esta unión. He tenido mucha suerte en encontrar un partido conveniente para Ramona. -  Me alegro. Al menos aquí habrá fiesta y se respira un poco de paz. En cambio en la aldea yahí han ocurrido muchas desgracias. -  No me diga padre. -  Sí, señora. Los americanos han cometido crímenes despiadados . Mancillaron mujeres. Colgaron a un inocente. En fin, con decirle que . . . -  ¡ Ay, no ! No siga padre. Tanta tragedia me desasosiega. Aquí también hemos tenido nuestra dosis de sufrimiento. Además, mi hija se va a casar y no quiero ensombrecer la celebración. -  Tiene razón señora. No diré más. Hagamos que el contento impere en estos días. -  Gracias padre. Y le rogaría que no comentara esas atrocidades con nadie. Ya sabe, las malas noticias corren muy rápido y aquí, en la hacienda, mi gente aprecia a los yahís. No me gustaría ver caras largas para la boda. -  Pierda cuidado. No mencionaré ni media palabra de estas malas nuevas . -  Gracias padre. ¿ Nos acompaña a merendar ? -  No. Prefiero descansar. Vengo muy fatigado. He trotado días y noches. -  Entonces vamos. Yo misma lo acompañaré a su cuarto . -  Gracias - ambos salen del despacho.

     Ramona está tocando el piano. Todos la escuchan muy atentos menos Analupe que no hace más que bostezar. Cuando termina la aplauden entusiastas. -  Mi futura nuera es un estuche de monerías - dice Ruy - Toca el piano de maravilla. -  Gracias don Ruy, pero no es para tanto - dice riendo Ramona. -  Beatricita toca muy bien el arpa - dice Perpetua. -  Lástima que no haya en al hacienda - dice Felipe - pero ya que lo sé te encargaré una. -  No será necesario - interviene don César -

     En la finca tenemos una y es de las mejores. Legítima austríaca. -  ¿ Y tú no tocas algo Analupe ? - le pregunta Beatriz justo cuando ésta bostezada de nuevo. Se sobresalta. -  ¡ Ay, claro que sí ! Soy la mejor toca aldabas de las puertas -dice con humor provocando la risa de todos . -  ¿ No quieres salir a tomar un poco de aire fresco ? - pregunta Fernando a Ramona poniéndole sobre los hombros su chal. -  Sí, vamos - acepta ella. Felipe la detiene. -  ¡ Eh ! ¿ No esperan a mi madre ? Ya estamos por pasar a merendar. -  Sólo vamos al patio a dar una vuelta - casi con cara de fastidio - Cuando esté todo dispuesto nos avisan. Si no te molesta claro. -  Por supuesto que no - no tiene más remedio que decir. -  Déjalos Felipito - dice Perpetua acercándose y tomándolo del brazo - ¿Qué no ves que los enamorados les gusta estar solos ? - lo lleva junto a Beatriz. Lo deja allí y se acerca al otro grupo que está conversando - Y a ti Analupe, ¿ nunca te ha interesado la música ? -  Ja. Sí, señora. Pero a mí me gusta hacer cosas más espirituales. Yo pinto. -  ¿ Las puertas ? - dice Perpetua y empieza a reírse - Ja, ja, ja. ¡ Una broma ! - todos ríen con ella. En tanto afuera . -  El día de hoy he sido muy feliz. Siento que ha habido un cambio en ti. No sé si será mi imaginación pero hoy te noto diferente. -  Estás en lo cierto. He decidido cambiar y quiero que sepas una cosa. Me he propuesto enterrar el recuerdo del indio Alejandro. Espero que seas benévolo y llegues tú también a olvidarte de ese episodio . Cometí una falta imperdonable y créeme que estoy arrepentida - Fernando le toma una mano y se la besa. Felipe aparece tras ellos y los observa. Fernando la acerca más a su cuerpo. -  Para mí, ese episodio no existió. Yo sólo sé que la mujer que amo está frente a mis ojos. -  Gracias Fernando - él se inclina y la beso, ella lo deja hacer sin responder. Felipe se retira rabioso. -  Estoy impaciente por casarme contigo. ¡ Ya quiero que seas mi esposa ! - dice él entusiasta. Ella le sonríe tibiamente. Ya llegó la mañana. Ramona ya tiene puesto su vestido de novia. Marta le está planchando algunas arrugas del ruedo. Doña Ramona muy complacida le acomoda el vestido. -  Se me olvidaron los aretes Marta. Hazme el favor de traer de mi ropero los aretes que usé en mi boda, ¿ los recuerdas ? -  Sí, señora. -  Están dentro del cofre que está en mi ropero - le indica. -  ¿ Se puede ? - pregunta Beatriz asomándose a la puerta. Tras ella están Perpetua y Analupe. -  Pasen - les dice doña Ramona. -  ¡ Te ves preciosa ! - exclama Perpetua maravillada. -  Fernando se va a quedar sin habla cuando te vea - golpean a la puerta. Es Felipe, que la abre e intenta entrar. -  ¡ No, tú no puedes entrar ! - le dice Analupe corriendo a la puerta - Es de mala suerte que el novio vea a la novia antes de entrar a la iglesia. -  ¿ Novio ? Yo no soy el novio Analupe - le dice él sonriente. -  ¡ Ya no sé lo que digo ! Bueno, de todas maneras no puedes entrar. Ramona todavía no está lista - lo empuja hacia fuera y cierra la puerta. -  ¡ Qué curioso ! -dice Perpetua - El otro día que Ramoncita se estaba probando el vestido yo le dije lo mismo a Felipito. -  Si me permiten quisiera hablar a solas con Ramona. -  ¡ Ay, por supuesto ! Analupe, mi sobrina y yo necesitamos coloretes . Nos vemos como muertos frescos. Ay, con permiso eh. Vamos - y las tres salen . -  Tengo algo que decirte Ramona .  Juan Canito entra a su casa muy apurado. En el dormitorio está Margarita terminando de arreglar a Delgadina. -  ¿ Todavía no acabas ? El padre Sarriá ya está desayunándose. Va a empezar la misa. -  ¡ Ah ! Ya voy apá. Quieta no te muevas Delgadina - arreglándole el tocado. -  ¡ Ay, que me lastimaste ! -  Oiga apá. ¿ Del Norteño no ha sabido nada ? -  No. Ese bribón volvió a irse sin permiso. Pero es la última que me hace. Esta vez sí se larga de la hacienda - Margarita lo mira triste. - ¡ Qué puntazo hombre ! Cuando tenemos tanto jaleo encima. Ni siquiera le he podido decir a la patrona. Andamos todos apurados. Pero en cuanto termine todo este burlote como que me llamo Juan Canito, así - chasquea los dedos - no vuelve a trabajar aquí. -  Pues vea ,¿ dónde se habrá ido apá ? -  ¿ Cómo que adónde ? A echarse sus tragos . ¿ Qué no lo conoces ? Cuando hay jolgorio es lo que le gusta. Por una parte mejor. No vaya a hacer otro de sus desfiguros. -  Ay, quiero hacer de las aguas - interrumpe Delgadina moviéndose inquieta. -  ¿ Ahorita ? -  Sí, ya me anda . . . -  ¡ Déjala ir pues ! -  No te tardes Delgadina - ella va corriendo. -  En lugar de estar achicopalada por ese baboso debes estar contenta. ¡ Por fin se casa la niña ! ¡ Bendito sea Dios ! Marta acaba de traer los aretes. -  ¿ Son estos señora ? - dejándoselos en la mano. -  Sí, Marta. Gracias - Marta se retira - Estos aretes fueron de mi madre y antes de mi abuela. Ahora te pertenecen. -  Gracias mamá - se los pone. -  Ramona, quizás nunca nos volvamos a ver. -  ¡ No diga eso ! Si a usted no le molesta a mí me gustaría venir a visitarlos . -  Si se van a vivir a Méjico será difícil que vuelvan. La distancia terminará por separarnos. Por eso quiero decirte algo, algo que no quiero que olvides. A pesar de mi aparente frialdad - la toma de las manos - yo siempre te he querido Ramona. Mucho más de lo que tú te imaginas aunque no te lo haya dicho con palabras. Si alguna vez falte a ese deber de madre, perdóname. Esas palabras no se le deben nunca a un hijo. Ahora que te vas, te las digo y espero que siempre los recuerdes - la abraza - Te quiero mucho y te deseo toda la felicidad del mundo. Esa felicidad que yo no supe darte. -  Mamá. Perdóneme por todos los malos ratos que le hice pasar. A veces me pasé de injusta pero ahora, ahora me doy cuenta que usted es buena - una lágrima corre por la mejilla de doña Ramona - y que todo lo que hizo lo hizo por mi bien. -  Exactamente. Cuando pienses en mí, recuerda lo que te acabo de decir. Siempre te quise y si algún día llegas a saber cosas, no permitas que se empañe este momento entre tú y yo. -  ¿ Y qué cosas podría saber mamá ? -  Fue un decir. Olvídalo. Arrodíllate para que pueda darte mi bendición - Ramona así lo hace - A ti, señor encomiendo el bienestar de mi hija Ramona. Cuídala, adonde quiera que esté. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Amén . -  Amén - dice Ramona besándole la mano a su madre. Alejandro ya está llegando. Para cerca el arroyo, se apea del caballo. Muestran al Norteño escondido detrás de un árbol y apuntándole. Felipe se está lavando las manos en su cuarto. Con él está Juan. -  ¿ Llegaron los últimos huéspedes , Juan ? -  Sí, patrón. -  Te voy a pedir que mantengas a raya a los cocheros y a los caballerangos. Ya sabes, poco alcohol para que no hay pleitos. -  Si quiere los desarmo. -  Será lo mejor - se hace un moño con el lazo - ¿ Ya apareció el Norteño ? -  No, patrón. Marcos dice que salió desde ayer. Lo mandé a buscar pero ni sus luces. Pa' mí que se embriagó. -  Cuando llegue me avisas. Voy a tener que castigarlo - se perfuma - ¿ No sé por qué diablos se le ocurrió irse a hora que lo necesitamos tanto ? Si por casualidad llega bebido, lo encierras en el cobertizo. No quiero que haga una de sus troperías. -  Usted ordena . -  Eso es todo. -  Con permiso patrón - Juan sale del cuarto. Felipe se pone la chaqueta. Alejandro se moja la herida con agua de su cantimplora. Exhala un quejido. Se para y se dirige hacia su arco. Se escucha el chasquido al amartillar la carabina. Él queda rígido -  ¿ A dónde vas Alejandro ? - le pregunta el Norteño a sus espaldas. Alejandro se da vuelta y lo enfrenta . -  ¿ Qué haces por aquí Norteño ? - le pregunta tranquilo. -  Yo soy el que tendría que preguntar. Que yo sepa te andabas matrimoniando en tu aldea. -  No sé de qué estás hablando. -  Mira, yo nomás sé una cosa. La patrona no quiere verte por aquí. Será mejor que desandes tu camino y que regreses a tu pueblo. -  ¡ Vine por Ramona ! ¡ Y nadie me lo va a impedir ! -  No seas terco . No me obligues a meterte un plomazo. Además, si llegas hasta la hacienda de todas maneras te van a matar. Hay guardias apostados por todos lados. Hoy se casa la niña Ramona. -  Hoy se casa . -  Sí, Alejandro. Va a ser mejor que te regreses. -  No puedo irme sin ella- dándole la espalda y yendo hacia su caballo. El Norteño dispara al aire, él se detiene, se da vuelta. -  Esta carabina trae dos balas. Queda una- le vuelve a apuntar - No me obligues a matarte. -  Pues vas a tener que hacerlo porque no pienso irme sin ella. -  Te repito No me obligues a mandarte al infierno. Vete con tu novia . -  ¡ Yo no tengo ninguna novia ! - le replica con rabia. -  Ya se descubrió todo Alejandro. El amo Felipe envió a Marcos a investigar. Y alguien de tu tribu le dijo que estabas por casarte. Deja a la niña en paz y lárgate con los tuyos. -  ¡ Eso es mentira ! - y vuelve a dirigirse a su caballo. -  Si das un paso más te mato - Alejandro se detiene, se da vuelta y lo mira con rabia. Aparece una víbora en el suelo. El Norteño se asusta y le dispara pero no le acierta. Se cae mientras ve cómo la víbora se dirige a hacia él. Alejandro toma su hacha de la montura y con un certero tiro la parte en dos. -  ¿ Por qué lo hiciste ? - pregunta sorprendido desde el suelo. -  Porque te iba a morder - toma su hacha. -  Me salvaste la vida - Alejandro se le acerca, saca su cuchillo y se lo coloca en la garganta. Le pide con un gesto el arma, la toma , le saca la bolsita con balas y retrocede. -  Voy a ir a la hacienda - saca una bala de la bolsita, carga el arma - y me voy a llevar a Ramona - hace un disparo al aire, el caballo del Norteño sale al galope . Le devuelve la carabina- Adiós Norteño . - El Norteño se para y saca de un bolsillo una bala. -  ¿ Alejandro ? - lo llama, éste lo mira, le muestra la bala, carga el arma y le apunta. -  Dispárame si quieres - le dice Alejandro sin mover un músculo. El Norteño duda.

     En la hacienda. Fernando se termina de hacer el moño frente al espejo. -  Estoy muy nervioso papá. ¿Cómo me veo ? -  No eres mal parecido y tiene buena percha . Cuando Ramona te vea no se va a arrepentir de casarse contigo -  ¡ No será hora de que vayamos a la capilla ? -  Hay que esperar a Analupe . -  ¡ Cómo siempre ! -  Gracias a Dios que finalmente todo salió bien. -  Sobre todo gracias a doña Ramona. Si no fuera por ella esta boda no se realiza papá. Bendita la hora en que mandó matar a ese indio bastardo. -  Ya. Olvídate de ese asunto. Ya quedó liquidado. Tendrás holgura económica , una mujer hermosa. ¿ Qué más puedes pedirle a la vida ? -  Sí, realmente me siento muy afortunado. Estos últimos días aunque Ramona no se veía del todo bien manifestó estar arrepentida. Tengo esperanzas que con el tiempo me llegue a querer papá. -  Te cautivó la hija como algún día a mí me cautivó la madre. -  ¿ Estás hablando en serio ? -  Sí, hijo. Antes de conocer a tu mamá. Todos los mejicanos bien nacidos de California aspirábamos a los favores de Ramona Gonzaga. Yo fui uno de ellos. La recuerdo muy bien. Era muy bella, un poco distante. Tal vez melancólica pero siempre hermosa. -  ¡ Ay ! - dice Analupe entrando a la sala - Se me hizo tardísimo. Con permiso papá - corre a pararse delante del espejo - El vestido estaba tan arrugado que tuvieron que volver a plancharlo. ¿ Me veo bien ? . -  Pero si parece que la que se va a casar eres tú - dice su padre- La novia va a sufrir para destacar. Ojalá tú también llegues a hacer una elección tan buena como la que hizo tu hermano. Me encantaría verte casada con un buen partido hija - ella suspira. -  Bueno, vámonos yendo. Ramona no tarda en salir - dice rápida apoyando su mano en el brazo de su padre. Los tres salen.

     Margarita está ayudando a Ramona a ponerse los zapatos. -  Toda la noche pensé en Alejandro. No puede evitarlo. Hay momentos en los que me niego a creer que me hay dejado olvidada por la mano de Dios. No puedo aceptar que haya sido tan cruel. Cuando estábamos juntos era tan dulce, parecía tan sincero. ¿ Por qué me tenía que mentir ? ¿ Qué ganaba con burlarse de mí ? -  Ya no chilles a ese ingrato Ramona. No hay ningún hombre que valga lágrimas. Todos son unos desgraciados. Luego que te convencer de que te quieren te dejan ahí, como si nada. No, ellos no sienten igual a las mujeres. -  No todos los hombres son así Margarita. Fernando, tan mal que me caía y es muy gentil. Perdonó mi falta. Tal vez algún día llegue a quererlo. -  No, pos eso sí. Tienes razón. Hay uno que otro que no es tan pero como el Felipe que es rebuena gente. Pero pues, son contados - se dirige a tomar el tocado. -  Bueno Margarita. Llegó el momento de la verdad. Dime, ¿ qué fue lo que escuchaste decir al padre Salvatierra ? -  ¿ Ahorita ? -  Sí, ahorita. Ya me voy a ir y sino no lo sabré nunca. -  ¡ Ah ! ¿ Y si regresas ? -  Lo dudo mucho. Creo que me voy a vivir a Méjico. Y si lo hago, lo que me digas no saldrá de mis labios - Margarita duda. -  Mm. ¡ Ay ! ¿ A poco que ni siquiera se lo vas a decir a Felipe ? -  A nadie. -  Me lo juras por Diosito Santo. -  Ya Margarita. Por favor, dímelo. El Norteño ha bajado el arma. -  ¡ Pos seré muy canijo pero no mala entraña ! Tú me salvaste la vida . -  Tengo que irme. -  Alejandro. La patrona me va a matar. Ella me ordenó que te quietara la vida . -  ¿ Qué ? - se sorprende él. -  Fui a cumplir su encargo hasta el pueblo yahí y el padre Sariá me dijo que te habías ido a rescatar a don Pablo . Luego me fui hasta Spurtown y supe que te iban a colgar. Te di por muerto. Me regresé a la hacienda y pos, le dije a la patrona que yo mismo te había despachado para el otro mundo. Ella cree que estás muerto. -  ¿ Y Ramona ? - le pregunta ansioso - ¡ Ramona!, ¿ qué es lo que ella cree ? -  Pos lo que te dije. Que estabas en tu pueblo y que andabas con otra mujer. -  ¡ Tengo que ir por ella ! Queda poco tiempo. -  Ándale con cuidado. Hay hartos guardias cerca de la hacienda. -  Despreocúpate. Conozco bien los caminos - sube al caballo. -  ¡ Alejandro ! No le vayas a decir a naides que nos encontramos aquí . Si un día me animo a regresar a la hacienda y la ama se entera de que te dejé escapar pos, me desollaría vivo. -  No te preocupes. No le voy a decir nada. Adiós Norteño. Y gracias - sale al galope. El Norteño mira la cielo. -  Perdóname Diosito por ser tan cobarde. Pero tú viste, él me salvó la vida. ¿ Cómo iba a tener corazón para meterle un tiro ? En el cuarto de Ramona. -  Te estoy esperando -  Pues es que . . . a lo mejor no oí bien . -  ¡ Margarita ! -  Bueno, pero que conste que no recuerdo exactamente - ¡ Ay, Ramona ! No me vayas a echar de cabeza, luego - se asusta -  Margarita. Ya te lo juré. ¿ Qué más quieres que haga para que me lo digas ? -  Ta' güeno pues. Te lo voy a decir. Pos . . . lo que tu amá y el padrecito dijeron es que . . . pues que tú no eras hija de tu apá. -  ¿ Cómo ? - se asombra ella. -  Pos eso . . . que no eres hija del General Moreno .            Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 44 ( 02- 06- 00 ) Alejandro y Ramona se besan apasionadamente mientras deciden que se van a casar en cuanto lleguen a la aldea. Los Coronado ya se han ido.

     En la sala han quedado los Echagüe. -  César. Creo que deberíamos reconsiderar el compromiso entre Beatriz y Felipe - dice Perpetua. -  ¡ Por favor tía ! No atices el fuego. No en estos momentos. Felipe está muy perturbado, sería como darle el tiro de gracia. -  ¡ Ay, niña ! Comprende. Los Moreno han caído en el desprestigio y Analupe tiene razón. ¿ Quién sabe qué cosas guardan en el baúl de sus recuerdos ? No nos vaya a salir Felipe con un domingo siete. -  ¡ Cállate tía ! -se enoja Beatriz - Por favor, papá . No te enemistes con Felipe. A él no lo podemos responsabilizar de lo que hizo su hermana. -  Pero apoyó la huida - dice Perpetua - No defendió la honra de su familia. Ni siquiera pensó en su pobre madre. -  Es que él quiere a su hermana. Lo hizo por ella. ¿ Acaso es pecado el cariño entre hermanos ? - Perpetua suelta un bufido y mueve la cabeza. César no dice absolutamente nada. Alejandro se ha quitado la venda y se aprieta con ella la herida. Ramona está rompiendo el ruedo de su vestido. -  ¡ Eh ! ¡ Tú vestido ! - exclama él al verla. -  ¡ Qué importa ! Ya no sirve para nada . Sígueme contando . -  Llegué a Spurtown ayudado por las sombras de la noche y pude entrar a la cárcel. Sebastián Lorenzo me ayudó. Cuando estábamos a punto de rescatar a mi padre llegaron los americanos. Mi padre cayó, yo lo tuve que ayudar. Después una balacera - las lágrimas comienzan a correr por su mejillas - Y el sheriff . . . asesinó a mi padre frente a mis propios ojos. ¡ No me lo voy a perdonar ! Desde ese día mi alma no descansa ni descansará hasta no vengarme de esos . . . canallas. -  Son unos mal nacidos. Pero tienes que dejar a un lado la venganza. Si no lo haces comenzará una cadena de muertes que no terminará nunca. Además, no quiero que te pase nada. Prométeme que vas a tratar de sobreponerte al rencor. -  No puedo no hacer nada Ramona. No puedo. Un guerrero no puede quedarse inerte ante la injusticia. Los pieles rojas ya hemos sufrido demasiado. No puedo quedarme con los brazos cruzados. -  Tienes que hacerlo - le pide ella acariciándolo - Por mí, por ti. Por nosotros. No quiero que arriesgues tu vida, ¿ entiendes ? - él la mira cansado, sin contestar. Se recuesta en ella, quien le besa la frente y lo acaricia. Ya ha caído la noche.

     En la casa de los Moreno todos están reunidos alrededor de la mesa. El silencio que reina se hace ya incómodo. -  ¿ Y cuándo se va padre ? - pregunta César rompiendo el silencio - Porque ya estaba pensando en salir pronto. Mis viñedos y mis campos de mostaza me reclaman. Ya estamos en tiempo de aguas y tengo que estar allá. Si gusta cuando se vaya yo puedo acercarlo al pueblo indio. -  ¡ Qué amable don César ! Salgo mañana. Aquí el buen Felipe ya dispuso un carruaje para que me lleve. De todas formas le agradezco su ofrecimiento. -  Se siente la casa muy silenciosa sin la algarabía de los invitados - comenta César. -  Hablando de invitados - dice Perpetua - Creo que Beatriz y yo deberíamos ir contigo. Ya llevamos demasiado tiempo aquí. Me parece que llegó el momento de regresar a la finca. -  No tienes que dar pretextos Perpetua. Está claro que somos una familia sobre la cual ha caído la vergüenza. Hacen bien en alejarse de nosotros - interviene doña Ramona. -  No diga eso señora - le dice Beatriz. -  Es la verdad. Lo que se atrevió a hacer esa . . . bueno, no sé cómo llamarla porque desde hoy ya no es mi hija. -  Madre, por favor. -  Ramona nos echó a las fauces de los murmuradores. Los Moreno hemos quedado a merced de la mofa y del escarnio. Incluso don César entendería que cambiara de opinión respecto al compromiso de nuestros hijos - César mira a su hija. -  A mí no me afectan los comentarios de las malas lenguas - dice Beatriz - Ahora es cuando debemos manifestar nuestra amistad ¿ verdad papá ? -  Beatriz tiene razón. No creo que debamos tomar las cosas tan trágicamente. Este desaguisado no va a dar al traste con nuestros planes. -  Gracias por tus palabras Beatriz - le dice doña Ramona - Gracias don César. No olvidaré este gesto de solidaridad. Nunca ha sido más cierto el proverbio que dice que en la adversidad es cuando se conoce a los verdaderos amigos. Alejandro y Ramona han llegado a una posada del camino. -  Son muy valiosos - dice Ramona dejando los aretes sobre le mostrador. -  Necesitamos un cuarto, comida y un caballo - dice Alejandro. -  ¿ Qué te parece vieja ? - le pregunta el posadero a su mujer. -  Vaya sí - opina la mujer - Pero que el indio se quede en el establo. -  Entonces regréseme los aretes - le exige Ramona tomando de la mano a Alejandro - Este hombre va a ser mi esposo y si aquí no es bien recibido yo tampoco me quedo. -  Eso es cosa tuya, pero nosotros no aceptamos bestias en nuestra posada - el resto de los clientes comienza a reír. -  ¿ Cómo puede expresarse así ? - se indigna sacándole los aretes - Los mejicanos también llevamos sangre india en las venas. -  Pero sangre de azteca, no de comanche - dice despectivo el posadero. Los demás siguen riendo. Alejandro lo mira con altanería, se inclina para tomar al pasadero pero Ramona se lo impide. -  Por favor, por favor. Vámonos de aquí. Es preferible dormir en una cueva que con esta ralea - ambos se van seguidos por la risa de todos. -  ¡ Taruga ! - exclama el posadero luego que salieron - ¿ Por qué le regresaste los aretes ? Te hubieras callado el hocico. Total ¿ a ti qué te importaba que ella durmiera con el indio ? -  Los pieles rojas apestan - le dice su mujer escupiendo. -  Pascuata atarantada . la insulta él - ¡Te voy a dar de realazos !Apestará pero los aretes valían requete harto - se da vuelta para mirar a sus clientes que se le ríen en la cara. En tanto en la casa de los Moreno. -  El pobre Fernandito estaba descolorido y no era para menos - comenta Perpetua con poco tacto - La situación lo pilló por sorpresa. No entiendo cómo tu hija se fue tan contenta con ese indio patarrajada - todos la escuchan incómodos. -  Yo conozco a Alejandro desde niño y aunque repruebo lo que hizo, no puedo calificarlo con esos adjetivos tan despectivos - le regaña el padre. -  Dispense que no opine como usted padre - dice doña Ramona - Un hombre que se atreve a robarse a una mujer decente no merece requiebros. Me parece poco lo que dijo Perpetua. -  Madre, Alejandro no se robó a Ramona - interviene Felipe - Ellos no tuvieron otra alternativa. Huyeron porque nadie quiso comprender que estaban enamorados. -  ¡ Basta Felipe ! - dice su madre golpeando la mesa - Deja de justificar a ese miserable. De aquí en adelante te prohibo terminantemente que se mencione el nombre de ese desventurado y de tu hermano en esta casa. Con permiso - y se retira del comedor. -  Si me permiten yo también me retiro - dice el padre - Tengo que madrugar. ¡Qué Dios los bendiga a todos ! - hace la señal de la cruz frente a ellos que lo imitan. -  Buenas noches padre- le dice César. -  ¡ Qué tenga buen viaje ! - le desea Beatriz. -  ¡ Qué Dios lo acompañe padre ! - agrega Perpetua. El padre agradece y se retira. Entra Marta y le dice a Felipe. -  Dispense que los interrumpa niño, pero Juan quiere hablar con usted. -  Discúlpeme. Voy a ver qué se ofrece.

     En la cocina están Juan y Marcos. -  ¿ Qué raro que le Norteño anduviera a pata, no ? -comenta Juan extrañado - ¿ Ande perdería el caballo ? -  Pa' mí que se lo robaron - dice Marcos. Entra Felipe en la cocina. -  ¿ Qué pasó Juan ? -  Que ya apareció el Norteño. Lo encontramos en el monte. Perdió el cuaco. Se iba a pie pa' Rosarito. -  ¿ Dónde está ? -  En el cobertizo patrón - le dice Marcos - Lo tuvimos que amarrar. No quería regresar. Jura y perjura que la señora ama lo va a matar. -  Eso dice -asiente Juan. -  Vamos con él Juan. Y tú Marcos, alístate para salir mañana temprano con el padre Sarriá. Vas a tener que regresar al pueblo yahí. Quiero que te quedes allá hasta que veas a Ramona y le entregues una misiva que le voy a enviar. -  A la orden patrón - Juan y Felipe salen. Marcos se queda con Marta. -  ¿ En qué enredo andará metido el Norteño Martita ? Por más que le hicimos la lucha no quiso desembuchar nada. -  ¿ Yo qué voy a saber ? - le dice Marta en tono despreocupado pero en su cara se refleja la preocupación. El Norteño está en el cobertizo con cara de resignado. Tiene los pies en el cepo. Entra Felipe , toma un cajón y se sienta sobre él. -  Te pasé una, Norteño, pero al parecer tú no entiendes. Te fuiste sin permiso de la hacienda. Recibirás una arroba de azotes como corresponde y dejarás el trabajo. -  Hágalo patroncito pero Dios sabe que está cometiendo una injusticia. -  ¿ Cuál injusticia ? - pregunta Juan tomándolo del pelo - Mucho te han pasado Norteño. La arguenda que armaste en la fiesta, eh. No escarmentastes. -  Ahora es diferente. -  Explícate -le exige Felipe. -  No puedo. Empeñé mi palabra a alguien. -  ¿ A quién ? -  Pos . . . pos no puedo decir. Le digo que empeñé mi palabra de hombre. -  No tienes palabra. Desembucha. Te está hablando el patrón. ¿A quién le debes más respeto que a él ? ¿ A quién ? - pero el Norteño no habla. -  Sólo hay una persona a la que le debes más que a mí. A mi madre. ¿ Se trata de ella, no es así Norteño ? -  Patroncito. No me haga hablar. Se lo suplico. Castígueme si quiere pero no me haga hablar. -  Mañana mismo tomas tus pertenencias y te vas - le dice Felipe rabioso yéndose de allí. -  Te fue bien Norteño. Nomás porque el patrón es rebuena gente. Si hubiera sido la patrona, no te escapas de al menos 20 fuetazos. -  Cállate la boca, Juan. Que yo sé más que nadie cómo se las gasta la patrona. ¡ Por eso no quería regresar ! ¡ Deberías haberme dejado allá en le monte ! Es mejor vivir entre bestias que enfrentarme a la patrona. Sólo yo sé lo que me espera. Alejandro y Ramona han acampado en el monte. -  Mucho me temo que cuando lleguemos a la aldea, sufrirás las humillaciones como la que acabo de recibir. -  No te preocupes. Estoy preparada. Sé que será muy difícil que tu gente me acepte. Al fin de cuentas todos los seres humanos tienen los mismos prejuicios. Seremos rechazados, quizás segregados. Pero tú y yo debemos permanecer unidos siempre - él le acaricia el rostro. -  Me gusta tu fuerza - le dice mirándola orgulloso - Mi corazón no se equivocó al elegir. Me hubiera gustado que mi padre te hubiera conocido mejor. Lo hubieras conquistado - Ramona se pone de pronto triste, aparta la mirada - ¿ Qué pasa ? -  Algo que no quería recordar pero que se me vino a la mente ahora que mencionaste a tu padre. -  ¿ Qué te puso tan triste ? -  Justo antes de salir a mi boda Margarita me reveló una conversación entre el padre Salvatierra y mi mamá. Es algo que me causa desasosiego pero . . . pero que me explica muchas cosas. Alejandro . . . yo no soy hermana de Felipe - éste la mira sorprendido - Quiero decir, soy su media hermana. -  ¿ Qué ? ¿ Qué dices ? No te entiendo. -  Mi padre no era el general Moreno. Margarita lo escuchó perfectamente. -  Entonces, ¿ de quién eres hija ? -  No estoy del todo segura. Tengo sospechas. Descubrí que mi mamá guardaba cartas de un hombre. Marta me dijo que era un irlandés. -  ¿ El que está enterrado en el árbol ? -  ¿ Cómo ? - ahora es el turno de ella el de sorprenderse. -  Sí, el que está enterrado en el árbol. Yo vi sus restos. Allí enterramos los títulos de propiedad del pueblo yahí. En uno de sus dedos llevaba un anillo grabado con el nombre de Ramona. -  Entonces mi sospecha es cierta - se angustia ella - Soy hija de Angus O'phail. Doña Ramona está en su cuarto. En sus manos tiene la carta de Angus. -  Ramona ya se fue Angus. Fue más fuerte la sangre de Tewa que la tuya. Hice todo lo posible por cumplir mi juramento, pero ella no escuchó advertencias, no escuchó consejos. Se repitió la historia, una O'phail se fue con un piel roja. Ramona le sigue contando a Alejandro. -  Desde que yo era niña mi mamá siempre rezaba en ese árbol. Luego descubrí unas cartas que ella guardaba con mucho celo. Leí claramente el nombre de que se las escribió . Angus O'phail. Y ahora que tú me dices que bajo ese árbol hay un hombre sepultado con ese anillo no puedo pensar más que en una cosa. Se trata de mi padre. Margarita me dijo la verdad. Yo no soy hija del general Moreno. Golpean a la puerta del cuarto de doña Ramona -  Madre, ¿ puedo hablar con usted ? - pregunta Felipe desde fuera. Ella se apresura a guardar todo . -  Adelante - dice tomando su rosario . -  Discúlpeme que interrumpa sus rezos pero necesito hablar con usted. -  ¿ De qué se trata ? -  Del Norteño. Ya apareció. -  ¿ Hablaste con él ? -  Sí, pero se niega a darme una explicación por haberse ausentado de la hacienda sin permiso y creo que usted tiene algo que ver. -  ¿ Yo ? -  Sí, el Norteño dio a entender que guarda silencio porque hay alguien por encima de mí, a quien le debe lealtad. Y esa persona no puede ser otra que usted. -  El Norteño siempre ha sido un hablador. -  No madre. Esconde algo. ¿ Dígame qué es ? No me obligue a cometer una injusticia contra él - ella lo mira unos segundos dudando. -  ¿ De veras quieres saberlo ? -  Sí - le dice muy seguro. -  Le encargué que asesinara al indio Alejandro . -  ¡ No puedo creer lo que me dice ! -  ¿ Por qué ? Cualquier madre en mi lugar hubiera hecho lo mismo. Lo único lamentable es que no cumplió mis órdenes y además me mintió. Me dijo que lo había hecho. Por eso estaba yo tan intranquila la noche de luna llena en que Ramona iba a fugarse con ese piel roja. -  ¿ Cómo se enteró de esa cita ? -  En esta casa no hay secreto que yo no conozca. Mañana el Norteño se irá de aquí. Le advertí que si no cumplía mis órdenes lo pagaría con su vida. Seré benévola, sólo lo echaré de la hacienda, aunque ganas de matarlo no me faltan. -  Me horroriza descubrir a lo que ha llegado madre. No sé cómo puede tener la conciencia tan tranquila. -  No la tengo pero hay momentos en la vida en que uno tiene que cumplir con su deber. Aunque eso cueste condenarla.

     Alejandro le cuenta a Ramona lo que sabe de Angus. -  Yo conozco parte de la historia de ese hombre. -  ¿ Tú ? - se asombra ella. -  Sí, mi padre me contó algo. Ese irlandés amaba a tu madre. Desconozco las razones por las que nunca se casaron, pero lo que sí sé es que ese hombre vivía con una yahí, Tewa. -  Me parece haber oído a don Ruy mencionar algo de esa historia. -  Mi padre fue testigo la noche que los mataron. -  ¿ Fueron asesinados ? -  Así es. Unos americanos desalmados los emboscaron. -  Pero, ¿ por qué ? -  Por el odio entre razas - Alejandro comienza a recordar el relato que le hizo su padre de ese día . " Angus acodado en la barra dándole una copa a Pablo y un americano diciéndole que está prohibido darle alcohol a los pieles rojas. Angus indicándole a Pablo que no les haga caso. Otro hombre interviniendo y diciendo que Angus es un traidor porque vive con una piel roja, Todos burlándose. Angus empujándolos y apuntándoles con su arma " -  Al salir de la cantina esos hombres lo acribillaron y a Tewa también. Mi padre lo vio todo - continúan las escenas de esa noche. Tewa tratando de advertir a Angus, recibiendo el disparo. Angus respondiendo pero también siendo herido. Tewa le pide que cuide al bebe antes de morir, Angus tomándolo en sus brazos mientras Pablo observa todo. -  ¡ Qué escena más espantosa ! - exclama Ramona - ¿ Y luego qué sucedió ? -  Nadie lo sabe con certeza. El rumor que corrió fue que el irlandés se fue a morir a tu hacienda y que tu madre lo enterró bajo ese árbol. -  ¿ Por qué nunca me dijeron nada ? -  Quizá porque tu madre no quería que se supiera que amaba a un hombre que no era su esposo. -  Claro. Seguramente me concibió con el irlandés y lo ocultó. Por eso vive atormentada , porque la acosaron los remordimientos. Yo no soy su hija legítima. -  Me pregunto ¿ qué habrá sido de es bebé ? -  ¿ Tu padre no te dijo nada ? -  No. Esa historia quedó envuelta en las sombras de la noche. Ya es la mañana. En el pueblo yahí Nepo está con los niños de la aldea. Sebastián lo observa desde los techos. -  A ver, a ver, a ver. Un dulce para que me digan dónde puedo hallar a un tal Alejandro. -  Yo quiero un dulce - reclama uno de los niños. -  No, dámelo a mí - exige otro. -  No, solamente se lo voy a dar al que me lo diga. -  No está en la aldea. -  ¿ Y dónde está ? -  No sabemos. -  Ah, pos si no saben malaya, porque no les voy a dar nada. -  No, yo quiero . -  Yo quiero un dulce - los niños empiezan a reclamar insistentemente los dulces. -  Un momento. Un momento. Un momento - intenta pararlos él. -  Eso es lo que yo digo - se escucha a Antonio. Le está apuntando con un rifle. Con él está Sebastián - Un momento - Nepo levanta las manos y deja caer los dulces, los niños aprovechan, los agarran y se van corriendo - No me diga que vino a repartirles dulces a los indios yahís. Está lloviendo a raudales en la hacienda. César y Perpetua están almorzando solos. -  ¿ Y Beatriz ? -  Está recostada. Se levantó al alba para despedir al padre Sarriá y luego volvió a la cama. -  Pobre hombre, con este temporal el camino va a estar hecho un lodazal. Debió esperarse - Perpetua lo mira, parece muy preocupada. -  César, te tengo que comentar algo. Fíjate que Beatricita tosió toda la noche - César se alarma - No durmió, por eso se volvió a recostar. -  ¿ Tosió ? -  ¡ Ay, César ! Cada vez que le viene esos accesos , no puedo evitar acordarme de tu mujer que en paz descanse. Me da pánico que nuestra niña . . . -  Cállate Perpetua. Ni lo pienses, por favor. -  Yo me había propuesto convencerte para que nos llevaras contigo a la finca, pero con este clima creo que Beatricita debe quedarse en la hacienda. -  ¿ No sería bueno que la revisara nuevamente el médico ? -  Pues sólo que le pidamos a Felipe que manden traer al doctor Oviedo. -  ¡ Claro que sí ! Hay que hacerlo - aparece Beatriz. -  ¡ Ay, mi vida ! ¿ Para qué te levantaste ? Yo te iba a llevar el almuerzo a la cama. -  Me siento bien tía. Además no me gusta que me trates como a enferma . -  Pero si tosiste toda la noche criatura. -  Ya pasó. Me siento mucho mejor. -  Quiero que estés tranquila, hija y que sepas que no pienso oponerme en lo más mínimo a tu relación con Felipe. Te lo dije ayer y te lo repito hoy, yo sería incapaz de robarte tu felicidad. Y si ella depende de ese muchacho, pues bienvenido sea a la familia - Beatriz le sonríe feliz. -  ¿ Lo meditaste bien, César ? - pregunta Perpetua. -  No tuve que darle muchas vueltas. Basta ver el rostro de mi niña para saber cuál tenía que ser mi decisión. -  Gracias papá. Es muy bondadoso - Perpetua lo mira meneando la cabeza. Nepo está conversando con Antonio. -  No, me jalé de Rosarito hasta acá, porque me dijeron que aquí encontraría a los mejores esquiladores de California. -  No es época de esquila - dice Antonio. -  Bueno, no lo necesitamos para ahorita sino para el año que entra. El patrón se está previniendo. -  Pues Alejandro no está y no puedo darle ninguna respuesta. -  ¿ Y dilatará mucho en regresar ? -  Probablemente tarde algunos días. -  ¿ Anda por aquí cerca ? -  No exactamente. ¿ Conoce la hacienda de los Moreno ? -  ¿ La de los acaudalados mejicanos ? Uy, sí. Pos, ¿ quién no sabe de ellos en California ?Con esa inmensidad de tierra que tienen nos mete a toda la gente. -  Pues si quiere hablar con él, tendrá que regresar. Yo creo que en unos cuantos días, él estará por aquí. -  Ta' güeno pues. Bueno, mientras, me voy a hacer mis comparas al pueblo de aquí cerca. Muchas gracias - les tiende la mano que no estrechan. Matea se acerca a ellos. -  Buen día le dé Dios, buena mujer - le dice Nepo ya montado en su caballo y yéndose de allí. -  ¿ Qué quería ese hombre ? -  Vino a ofrecer trabajo de esquila . -  ¡ Ah ! Tiene cara de urraca y como ellas vino a robarse algo - Sebastián hace gestos negativos con la cabeza. -  No, no se llevó nada. -  Vino por algo. De eso estoy segura. Alejandro está revisando un caballo junto al negro que habían echado de Spurtown. -  ¿ Qué le parece el caballo? -  Está bien - dice Alejandro continuando su inspección. -  Y aquí están los víveres - le tiende una bolsa con ellos - Los acabo de conseguir en el caserío de aquí cerca. -  Está muy bien. Gracias - aparece Ramona desde atrás de la carreta. Trae puesto un vestido blanco y el cabello suelto. Se está quitando los aretes . -  ¡ Qué bien le quedó el vestido, señorita ! - Ramona se ríe. -  Estás hermosa - le dice Alejandro mirándola apreciativamente. -  ¿ Te parece ? - pregunta ella acercándose sonriente. -  Sí - él le da un beso en la frente. -  Aquí tiene su paga - dice Ramona tendiéndole los aretes. -  Podría llevarse otro vestido si quiere - dice él al verlos. -  ¿ De veras ? - le da gusto a Ramona. -  Por estos aretes podría llevarse el carromato entero - le dice. Ramona se dirige a buscar el vestido, entonces el negro le dice -  Son una pareja extraña - a Alejandro no le gusta el comentario - No quise ofenderlo, sólo era un comentario. No es común ver a un piel roja con una señorita de buenas familias. Es obvio que ella es una mujer rica y bonita. Con todo respeto. -  Estoy lista, vámonos - dice Ramona apareciendo con otro vestido en sus manos. Alejandro le tiende la mano para llevarla junto al caballo. -  Muchas gracias - le dice Alejandro al negro. -  Gracias a ustedes y mucha suerte. Cuídense de los maleantes que hay muchos en estos caminos. -  Gracias - le dice Ramona sonriente - Adiós. Plano del Norteño con la boca sangrando. Doña Ramona frente a él se pasea con el fuete en las manos. -  Por la virgencita de los Ángeles, por el difunto padre Salvatierra, no me vaya a matar, patrona. Es cierto que le fallé, pero no solté el pico. ¡ A nadie le dije que me ordenó matar al indio ! - doña Ramona lo vuelve a golpear. -  Infeliz. Por tu cobardía el indio se robó a mi hija. -  ¡ Perdóneme patrona ! Pues, yo creía que Alejandro estaba muerto. Por eso le vine con el cuento de que yo mismo lo había matado. En Spurtown me aseguraron que lo iban a colgar y a mí se me hizo fácil echarle mentiras. -  Cualquier otra cosa te la habría perdonado, pero esto no. Fuiste demasiado lejos. Arruinaste todos mis planes. Gracias a tu incompetencia el indio se salió con la suya. Ahora los Moreno estamos en boca de toda la gente - levanta el fuete de nuevo. -  Merezco que me azote - le grita él - Deme duro si quiere, pero por favor no me mate. -  Presumes de ser muy macho, pero tienes alma de mujer. Debiste de haber ejecutado mis órdenes a cualquier precio. Pero la culpa la tengo yo, por confiar en alguien como tú. Cobarde. Miserable. Cretino - levanta el fuete y lo golpea una y otra vez. Llega Felipe corriendo. -  ¡ Basta madre ! - deteniéndole el brazo - Debería agradecer que el Norteño no asesinó a Alejandro. Gracias a eso usted se salvó de la condenación eterna. Una cosa es matar en defensa propia y otra matar a mansalva - ella se desprende rabiosa. -  Hubiera preferido morir a soportar lo que estoy viviendo -  Calle madre. No sabe lo que dice. No entiendo de dónde saca tanto rencor, tanto odio contra los indios. Los critica por sanguinarios y salvajes pero véase ahora en un espejo. ¿ Quién luce más salvaje ? La desconozco madre y sabe una cosa, empiezo a perderle el respeto - ella se da vuelta y levanta el fuete como para pegarle - Ande. Descargue su ira. Pégueme con el fuete pero deje al Norteño en paz. Finalmente gracias a él , usted no se convirtió en una asesina. -  ¿ Qué me reprochas ? A ti te faltaron agallas para defender a Ramona . -  Confunde usted el valor con crueldad - saca su pistola - Aquí tiene un arma para que demuestre su valentía - ella la toma - Mate a un inocente. Que de una vez por todas quede claro que Ramona Gonzaga no le tiene miedo a nada. Si alberga tanto odio descárguese con él. Acabe de una vez con este desdichado - se va dejándola con toda la rabia. Ella le apunta la Norteño que se pone a rezar sollozando. Entra Margarita corriendo seguida de Delgadina. -  ¡ No señora, por favor no lo mate ! - y se lanza frente al Norteño protegiéndolo con su cuerpo - Tenga piedad, por favor señora. Si alguna vez quiso a alguien tenga piedad de mí, por favor. Se lo suplico - tanto el Norteño como Margarita sollozan. Doña Ramona parece despertar y tira el revólver sobre le heno. -  Juan. ¡ Juan - llama tomándose la cabeza. -  Sí ama - aparece éste corriendo. -  Quítale el cepo al Norteño - Delgadina se abraza a Juan que mira desconcertado la escena. -  ¡ Maguito, gracias ! - dice el Norteño abrazándola fuertemente. Ha pasado un tiempo. Doña Ramona, bastante demacrada, se encuentra en cama. -  Mi madre ha empeorado notablemente en los últimos días - le comenta Felipe al doctor Oviedo - No ha probado bocado. -  ¡ No es para menos ! Yo no pude asistir a la boda pero me contaron - doña Ramona eleva los ojos y bufa al escucharlo. -  ¿ Qué es lo que tengo ? - pregunta fastidiada. -  Fiebre. Se enfermó de la impresión. Lo que no entiendo es cómo no le dieron unos plomazos a ese descastado. Me extraña que no hayan mandado una cuadrilla de hombres tras ese piel roja. -  Hablemos de la salud de mi padre doctor - lo interrumpe brusco Felipe - ¿ Tiene algo serio ? -  Tiene el hígado crecido, se le derramó la bilis. Recomiendo una dieta, mucho reposo y por supuesto nada de sobresaltos aunque supongo que es pedir mucho. Ha, si a mí se me hubiera fugado mi hija ... -  ¡ Doctor ! Le suplico que no siga hablando de eso - lo increpa doña Ramona incorporándose en la cama - ¡ Ramona no es mi hija ! - Felipe y el médico la miran extrañados - Desde el momento en que se fue dejó de serlo, para mí está muerta y le pido que no vuelva a mencionarla. En Spurtown. Oficina del sheriff. Douglas tiene un montón de carteles sobre la mesa. -  Estas son las últimas leyes promulgadas en Sacramento - les dice - No podremos quitarle a nadie sus tierras sean pieles rojas o mejicanos a menos que . . . no presenten sus títulos de propiedad. -  Explíquese mejor Douglas - le pide Green tomando el cartel - ¿ Qué es lo que quieren estos politiquillos de Sacramento ? -  Mire - le quita el cartel y sacando su monóculo lee - Lo que aquí dice es . " A todos los ciudadanos de California se les informa que tendrán que registrar sus títulos de propiedad en la fecha aquí indicada. De no hacerlo sus tierras pasarán a ser propiedad pública y podrán ser otorgadas a los ciudadanos que las reclamen para su propio beneficio. Esta disposición incluye a todos los habitantes de California ". -  Eso quiere decir que los pieles rojas y los mejicanos también tendrán que presentar sus títulos - dice Thomas -  Mmm. -  Y si no lo hacen perderán automáticamente sus tierras. -  Efectivamente - Green está muy satisfecho. Ramona y Alejandro ha llegado al pueblo yahí. -  Espera - pide Ramona deteniendo su caballo. -  ¿ Qué pasa ? -  Tengo miedo - Alejandro la mira con ternura, se le acerca y la toma de un brazo . -  Tú misma dijiste que nuestro destino estaba unido. Si los yahís no te aceptan nos iremos de aquí juntos - ella le sonríe, él le acaricia la mejilla y dando vuelta su caballo comienza a avanzar. Ella lo sigue mirando aprensiva a su alrededor, poco a poco los indios dejan sus labores para mirarlos pasar. Matea y Manuela les salen al paso. -  ¡ Fuera de aquí ! - grita Matea - Llévate a esa mujer Alejandro. Es una bruja blanca. Su presencia traerá la desgracia a pueblo yahí . ¡ Fuera ! Alejandro la mira altanero.                Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 45 ( 05 - 06 - 00) Ramona y Alejandro entran al pueblo yahí. Son recibidos de manera hostil por Matea. -  Fuera de aquí. Llévate a esa mujer Alejandro. Es una bruja blanca. Su presencia atraerá la desgracia a pueblo yahí. ¡ Fuera ! -  Regresa con los tuyos - interviene Yahale - No te queremos en nuestra tribu. ¡ Qué se vaya ! - grita, los demás se unen a su grito. Alejandro se les acerca con su hacha en mano. -  Esta hacha fue de mi padre y antes de su padre. Durante generaciones ha pertenecido a mi familia. Es símbolo del poder que se me ha encomendado - la mira - pero no quiero ser jefe en contra de su voluntad. Si ustedes rechazan a Ramona, yo me iré de la aldea y ustedes podrán poner como jefe a quien quieran - todos comienzan a murmurar. -  Los blancos sólo han traído muerto y deshonra a nuestro pueblo - vuelve a hablar Yahale - Si ella se va tú seguirás siendo nuestro jefe. -  Alejandro y yo no podemos separarnos - habla Ramona - Nuestra alianza no se puede romper porque nos amamos. Estamos unidos por lazos más fuertes que nuestra raza. Yo renuncié a los míos. Ellos también se opusieron a nuestros sentimientos. Pensé que ustedes serían diferentes, pero ya ve que no. Ustedes tampoco comprenden que el color de la piel no significa nada. El amor está por encima de todo - Manuela la escucha muy atenta - Alejandro y yo nos hicimos un juramento y sólo la muerte podrá separarnos. Matea y Manuela se agachan y toman piedras del suelo gritando que se vaya. Alejandro se interpone para defenderla. Se escucha un disparo. Es Marcos que ha llegado junto al padre Sarriá. -  ¡ En el nombre de Dios deténganse ! - grita el padre desde la carreta.

    

     En la comisaría. -  Estoy seguro que hay muchísima gente que no tiene sus papeles en orden - dice el sheriff. -  Lo mejor de todo es que aunque los tengan, si no se enteran de esta disposición y no lo registran en la fecha requerida igual se quedan sin su puñado de tierra - dice Douglas -  Je, je, je - se ríe Green - Por fin los politiquillos hacen algo inteligente. Con el montón de ignorantes que ni siquiera saben leer, van a ser muy pocos los que registren sus títulos. -  Pero el rumor va a correr - le advierte Douglas - Es increíble, pero de granja en granja, todo el mundo termina siempre por enterarse de cualquier cosa. -  Vamos a ser discretos con estos carteles. Los vamos a colocar estratégicamente. Quiero decir donde muy pocos los puedan ver. Por lo pronto nuestro interés debe enfocarse a que los yahís y los mejicanos no se enteren de estas noticias. -  ¿ Se puede ? - aparece Nepo en la puerta. -  Pásale Nepo - le indica Green - Cuéntanos . ¿ Qué supiste del dichoso Alejandro ? Alejandro y Ramona desmontan de sus caballos. El padre baja de la carreta y se acerca a ellos. -  ¿ De qué les han servido las enseñanzas cristianas ? - los regaña muy molesto - Jesús dijo, amaos los unos a los otros y veo con tristeza que no lo han aprendido. Mi estancia aquí ha sido estéril. Si se van a matar entre ustedes es algo de lo que yo no quiero ser testigo. Si van a lanzar una sola piedra en contra de estos jóvenes, antes me iré de aquí. -  Tu religión no nos ha salvado de nada - le lanza Matea - Los blancos predican esa doctrina pero son sólo palabras que se lleva el viento. En cambio, sus acciones son viles y cobardes. Sí, han venido a nuestra tierra a matar a nuestros hombres y a mancillar a nuestras mujeres - el padre le hace señas de que guarde silencio. -  ¡ No, mamá ! - exclama Manuela tomándola del brazo -  Déjame Manuela - intenta soltarse. -  Usted prometió que no iba a decir nada. -  Déjame Manuela - vuelve a repetir logrando soltarse - Entérense todos. Yahale y Manuela perdieron su honra. Un canalla, un carapálida vino hasta nuestra tribu y abusó de ellas en la orilla del río. -  ¿ Qué dice Matea ? - pregunta Alejandro incrédulo. -  Lo que oyes Alejandro. Tú sin saberlo vengaste esa infamia. -  ¿ No entiendo ? -  El tuerto que asesinaste cuando colgaron a Pepe era el mismo que deshonró a Yahale y a mi hija. -  ¿ Por qué no me lo dijeron antes ? -  Manuela y Yahale temían el rechazo de los hombres - le dice el padre - Pensamos que lo mejor era guardar silencio pero ya que Matea lo ha dicho, no me queda más remedio que confirmarlo. Efectivamente, esa pobres muchachas fueron vejadas. -  Lo ves Alejandro - dice Matea - Los blancos no sólo quieren nuestra sangre, sino nuestra humillación. Por eso no queremos a una mujer de otra raza con nosotros en nuestra aldea. ¡ Qué se vaya de aquí ! - y le tira una piedra . Alejandro logra ponerse frente a ella, se adelanta furioso. -  ¡ Sólo porque es mujer no le regreso la pedrada ! Pero le advierto si lo vuelvo a intentar - mira a su alrededor - o alguien más se atreve defenderé con mi vida la de Ramona. -  Tú tienes la fuerza pero yo el poder de los espíritus - lo amenaza Matea colocándose frente a él - Veremos quién puede más. -  ¡ No ! - se asusta el padre - ¿ Dónde está don Pablo de Asís ? ¿ Dónde está ? - grita moviéndose de un lado a otro. Alejandro baja la cabeza al escucharlo - Llámenlo, que venga a poner el orden aquí. Alguien que vaya por él. ¿ Qué no oyen ? ¡ Llámenlo ! -  ¡ Padre ! - lo detiene Alejandro - ¡ Por lo que veo usted no se enteró - levanta el hacha - Mi padre está muerto . -  ¿ Cómo hijo ? - no lo entiende el padre. -  Lo asesinaron los americanos de Spurtown cuando fui a rescatarlo. -  ¡ Dios mío ! - se horroriza él.

     En la oficina del sheriff Nepo hace su relato. -  Ya le digo sheriff. Me dio harto trabajo porque los pieles rojas son re desconfiados. Pero logré sacarles que el indio Alejandro se fue a la hacienda de los Moreno. -  Así que sigue vivo ese maldito asesino - se enoja Green. -  Sí, los indios tienen siete vidas, como los gatos - dice Thomas. -  ¿ Qué habrá ido a hacer a la hacienda de los mejicanos ? -  Bueno, vamos a buscarlo - propone Thomas. -  No es mala idea. Podríamos acusarlos de proteger a un fugitivo de la ley. Ese indio debe la vida de Merryl y con una orden de aprehensión, podemos llegar hasta la hacienda y capturarlo - le indica a Douglas - Usted se podría encargare de redactar la orden ¿ verdad ? -  Por supuesto -dice él dirigiéndose a la mesa y sacando de su carpeta un papel. -  Pues, llegó el momento de conocer formalmente a los campesinos - dice Green tomando un rifle - Iremos a visitar a los Moreno . -  Le aviso a Davis - dice Thomas. -  No, no - lo detiene el sheriff - A él lo conocen. Recuerde que los mejicanos lo aprehendieron en una ocasión. Será mejor que no vaya. A él le voy a encomendar la tarea de distribuir los carteles. -  Bueno sheriff, yo ya cumplí - dice Nepo parándose. Green abre un cajón, saca unos billetes y se los tira al piso, frente a él. Nepo se apresura a levantarlos y guardarlos. Toma su sombrero e intenta irse. -  ¡ Eh, espérate ! - le dice Thomas deteniéndolo - Tal vez Nepo podría ayudar a Davis. -  Parece buena idea . Siéntate. -  Es que yo, yo quería tomarme unos días. Ando rete cansado de tanto trajín. -  ¡ Qué te sientes ! ¿ No oyes ? - le dice Thomas obligándolo a que lo haga. -  No, pos así por las buenas, con mucho gusto.

     Ramona entra corriendo a la iglesia seguida por marcos. Fuera se escucha el griterío de los indios. -  La aldea yahí está rete alborotada, señorita. A mi modo de ver, debería regresarse conmigo pa' la hacienda. Aquí corre harto peligro. -  Nunca lo haré. Mi lugar está donde está Alejandro. -  ¡ Pero señorita ! -  ¡Basta Marcos ! Esa es mi última palabra. -  El amo Felipe está rete preocupado por usted. Mire, le envía esto - le entrega la carta . Ella la toma y cuando la va a abrir entran rápidamente el padre, Antonio y Alejandro, que la abraza. -  Va a ser difícil hacer entrar en razón a los yahís - dice el padre - Están llenos de rencor y no los culpo. Asesinar a don Pablo de Asía fue un crimen innecesario y brutal. Yo ignoraba todo lo ocurrido en mi ausencia. Será una proeza convencerlos de que te acepten, hija. -  Pero yo no soy americana, padre. Los mejicanos no tenemos nada que ver con la muerte de don Pablo. -  Desgraciadamente, para los yahís, el que no es de su raza es un intruso. Si todavía tienes un poco de cordura harías bien en regresar a tu casa hija. -  Si Ramona se va, me voy yo - dice Alejandro abrazándola. -  Así es padre. Alejandro y yo no nos vamos a separar nunca. -  Entonces no sé qué hacer, hija - se desespera el padre. -  Casarnos - dice Alejandro muy seguro. El padre lo mira - Casarnos, padre. Si en verdad quiere ayudarnos, hágalo. -  Si usted no bendice nuestra unión tendremos que irnos de aquí para buscar quien lo haga - dice Ramona - Soy católica y no puedo ser mujer de Alejandro si no estamos unidos ante Dios - el padre intenta protestar, ella le ruega - Por favor, por favor, padre. -  Está bien. No puedo decir que apruebo lo que están haciendo pero tampoco puedo negar que veo un amor muy grande entre ustedes - ellos lo miran sonrientes y muy abrazados - Los casaré, hijos. En tanto en la comisaría. -  Pon mucha atención a lo que te voy a decir. Vas a poner estos carteles en los caminos, pero donde sea difícil que los vean. -  ¿ Entonces para qué los pongo ? -  Porque son órdenes de las autoridades de Sacramento. Ellos desean que estos carteles se distribuyan por toda la zona y lo que nosotros queremos es que se enteren muy pocos de estas noticias. Así que te vas a ir al monte, los vas a colocar en unos cuantos árboles, pero principalmente lejos de la aldea yahí y de la hacienda de los Moreno. ¿ Sí entendiste ? -Nepo asiente con la cabeza. -  ¡ Y cuidado con hablar de esto ! - le advierte Thomas - Tienes que tener el pico bien cerrado si no quieres vértelas conmigo - apoya su mano en la culata de su pistola. -  Ta' güeno don, pero no se enoje - se levanta con los carteles bajo el brazo - Bueno, ¿ y cuánto hay para el buen Nepo para hacer esto, sheriff ? -  Mucho hago con darte trabajo, pero para que veas mi buena fe y voluntad, te voy a dar para tus tortillas y frijoles - los tres se ríen de Nepo . El padre Sarriá está casando a Alejandro y Ramona. -  Alejandro de Asís, juras ante nuestro Dios serle fiel a Ramona. Cuidarla en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, en la privación y en la abundancia, amarla y respetarla hasta que la muerte los separe, como lo demanda nuestra religión . - Ramona mira a Alejandro, él también lo hace. -  Sí, padre . Lo juro. -  Ramona Moreno Gonzaga, juras ante nuestro Dios serle fiel a Alejandro. Cuidarlo en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, en la privación y en la abundancia, amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe, como lo demanda nuestra religión . - Alejandro no deja de mirarla mientras el padre pronuncia los votos. Ramona gira a verlo, le sonríe . -  Sí. Lo juro. -  Ahora dense las manos - ellos lo hacen - y recuerden que lo que Dios unió, el hombre no lo puede desatar. Bajo este vínculo quedan unidos ante Dios y ante los hombres por el resto de sus días. - Alejandro se quita su cruz. -  Es todo lo que tengo. Me la puso mi madre - se la pasa por al cabeza, ella la toma en sus manos y la besa. -  Nunca me la voy a quitar - le dice emocionada - Yo no tengo nada que darte. -  Me has dado lo más valioso que tienes - le pone la mano en le pecho - tu corazón. -  Ahora son marido y mujer - dice el padre sonriéndose - Pueden consumar su matrimonio. -  Gracias padre - le dice Alejandro . -  Gracias - también le da Ramona. Amas le besan la mano.

 -  Les deseo una vida llena de amor y comprensión . Y recuerden que el paso que acaban de dar es para siempre. -  Eso es lo que quiero - dice Ramona mirando a Alejandro - Vivir con Alejandro para siempre - él le sonríe feliz. Matea está en su cabaña. Se le acerca Manuela. -  Ahora ningún hombre va a querer desposarse conmigo y todo por su culpa - le recrimina rabiosa - Me voy de la aldea. No voy a soportar la mirada de todo el pueblo sobre mí. ¿ Por qué lo hizo mamá ? ¿ Por qué me avergonzó de esa manera ? -  A veces callar es pero que decir la verdad. Era necesario que nuestra gente supiera de las maldades de los carapálidas. Hay que atizar en su corazones las llamas del odio para que clamen venganza. Lo hice también para que ese odio aleje de nuestra tribu a la lechuza blanca. -  De todas formas Alejandro ya nunca se va a casar conmigo. Él sabe de mi deshonra. -  Si esa mujer regresa a su casa, con el tiempo Alejandro volverá sus ojos hacia ti. Él es noble y compasivo. Vi arder en su mirada el fuego de la indignación. Estoy segura que no te repudiará. Ahora nuestra tarea es hacerle la guerra a Ramona. Alejandro lleva a Ramona a su cabaña. Ella mira a su alrededor con placer. -  Esta es nuestra casa - le dice abrazándole por detrás - Espero que no te sea difícil vivir aquí. Tú estabas acostumbrada a muchas comodidades. -  Alejandro. Todo lo que necesito lo tengo frente a mis ojos - se da vuelta en sus brazos enfrentándolo. Se besan dulcemente. -  Estoy muy orgullosa de ti. Eres valiente. Le demostraste a los míos que tienes carácter. Sé que con el tiempo lo apreciarán. -  Eso espero. -  Bueno - dice él - te dejo. Voy a conseguir comida - le da un beso en la mejilla. -  Aquí te espero . -  Cierra bien la puerta y no vayas a salir - le dice como última indicación antes de salir.

    

     En la hacienda. Beatriz está sentada sola en la sala. Llega Felipe. -  ¿ Cómo te encontró el médico ? -  Creo que bien. Ahorita está hablando con papá. Lo único que recomienda es que repose un poco y que no me exponga a cambios de clima. De alguna forma estoy contenta de tener estas pequeñas molestias. De no ser por eso estoy segura de que mi tía Perpetua hubiera convencido a mi papá de llevarme a la finca. -  Yo ante todo preferiría que estuvieras perfectamente. No es que quiera que te vayas. Al contrario, aprecio más que nunca tu compañía, pero no me gusta que tu estancia se prolongue so pretexto de tu mala salud. Me gustaría que te quedaras para siempre en esta casa y que no necesitaras excusas para hacerlo. -  Hay una manera - dice ella. -  Sí. Casarnos - ella lo mira tan sorprendida que no puede hablar. Se aparta de él. -  ¿ De veras quieres que sea tu esposa ? - le pregunta con voz trémula. -  Sí, Beatriz. En cuanto mi madre se ponga mejor nos casaremos. Tendrá que ser una boda íntima por los motivos que conoces. Espero que eso no te desanime. -  A mí no me interesa la fiesta, me interesas tú. ¿ No te has dado cuenta de que te quiero con toda mi alma y que me he quedado todo este tiempo aquí, sólo por estar cerca de ti ? - él la besa El doctor Oviedo está con César y Perpetua. Saca de su maletín un frasco. -  Es láudano. Hay que dárselo a tomar a discreción cuando tenga los accesos de tos. -  Pero el láudano envicia a la gente - protesta Perpetua tomando el frasco. -  Pues sí, si se abusa de él, pero en pequeñas cantidades es muy efectivo para ciertos malestares. -  Está bien, doctor. -  Dígame doctor - interviene César preocupado - ¿ Hay alguna posibilidad de que esa tos recurrente pueda ser el anuncio de una tuberculosis ? -  Bueno, no puedo determinarlo todavía. Sólo recomiendo el remedio que les di y que se cuide de los cambios de clima. Hablo desde luego que debe evitar mojarse y exponerse a temperaturas frías.  ¡ Ah! Y si llegara a arrojar sangre llámenme de inmediato. Ese sí sería un síntoma grave. Green y el doctor Thomas están sobre su caballos frente a la comisaría. -  Ahí te encargo la comisaría Davis . -  ¿ De veras no quiere que los acompañe sheriff ? -  No es necesario - dice Thomas - Sólo vamos a cumplir una diligencia a Sacramento. Te aburrirías. -  Mejor Nepo y tú vayan a poner los carteles - ordena Green . Nepo asiente. -  Despreocúpese sheriff. Me haré cargo de todo. Ya verá que no tendrá queja de mi desempeño como comisario. -  Más te vale. Vamos - le dice a Thomas y ambos parten. -  Oye, ¿ qué te parece si dejamos los carteles para mañana ? Ando rete cansado. Traigo harta gruma por la humedad. -  Ningún mañana. Te me largas ahora mismo con esos carteles. ¡ Ay, de ti se me entero que en lugar de hacer tu trabajo te fuiste a emborrachar ! -  Pero el sheriff dijo que lo hiciéramos los dos - protesta Nepo. -  A partir de este instante la máxima autoridad de este pueblo soy yo. Así que te ordeno que vayas tú sólo ¿ entendiste ? -  ¿ A dónde iba Green ? - pregunta Billy acercándose a ellos. -  A Sacramento. En su ausencia yo estoy a cargo de la comisaría. -  Mm. ¡ Pobre Spurtown ! En manos de quién lo dejaron - saca su pistola - Si necesitan ayuda puedes contar conmigo - la guarda y se va. -  ¿ Y tú qué esperas Nepo ? - le dice Davis apuntándole con su arma - Andando. -  Ya voy, ya voy. Sólo necesito los carteles - Nepo entra a la comisaría. Davis se pone a jugar con el arma y luego dispara al aire. Cae un pajarito. La gente del pueblo que está por allí se queda mirando.

     En la aldea yahí. Ya es de noche. Alejandro está desvistiendo a Ramona. Está parado detrás de ella, ya le ha sacado la falda y la blusa. Sus manos recorren su brazo desde abajo hasta llegar al hombro mientras huele su cabello. Lo aparta y le besa el cuello. Ya enfrentados se besan con dulzura. Él estira su mano y desata el frente de su enagua. Ya desvestidos se recuestan. -  Te amo - le dice él mirándola fijamente - Te amo Ramona -ella le acaricia el rostro. -  Siempre seré tuya - él la besa suavemente y luego lo hace con más pasión

         

     En la hacienda. Cuarto de doña Ramona. -  Abre la ventana Marta que siento que me falta el aire. Cuando cierro los ojos tengo pesadillas y cuando los abro es peor. La fuga de Ramona con el piel roja ha revivido mi propia historia. De nuevo me acosan los recuerdos. Muestran a Angus entrando en la sala con el bebe en brazos oculto por una manta. Llega doña Ramona seguida por Marta. -  Estante pendiente Marta - le pide ella. -  Pero . . . - protesta Marta. -  Déjame. Por favor - Marta se va cerrando la puerta . Ramona se acerca rápidamente a él - Angus, por Dios ¿ qué haces aquí ? Mi esposo está agonizando . ¿Qué es lo que quieres ? ¿ A qué has venido ? -  A despedirme de ti. -  Te vas . -  Sí. Muy lejos. -  Sólo vienes a herirme . ¿ Te vas con Tewa, verdad ? - él se le acerca. -  Ella está muerta. -  ¿ Qué dices ? -  Ramona. Vine a verte por última vez. No podía irme sin decirte adiós. Y pedirte que en nombre del amor que nos tuvimos cuides a esta niña - la destapa para que la vea. -  ¡ Díos mío ! ¡ Estás herido ! - se alarma ella. -  Tómala. Tómala. Es mi hija. -  Y de ella. De la india - le dice mirándola fijo. -  Debió haber sido nuestra, pero Dios no lo quiso así. Se llama Ramona. Le puse ese nombre en honor a tu memoria - doña Ramona la toma en sus brazos. Él cae arrodillado a sus pies. -  Te amo Ramona. Siempre te amé - le besa una mano - Ramona, fuiste el amor de mi vida. Quiero que sepas que ninguna mujer pudo hacer que te olvidara. -  Yo tampoco te olvidé. Te lo juro por mi hijo que es lo que más sagrado que tengo - él cae lentamente al piso - Marta. Marta - llama ella . La escena regresa a ... -  De eso han pasado muchos años y todavía Angus no se borra de mi memoria - dice angustiada doña Ramona - Me pregunto si estaré condenada a vivir siempre el exilio de ese amor. Tal vez si nunca me hubiera dejado a su hija hubiera sido más fácil desterrarlo de mis recuerdos. -  Señora, no puede seguir viviendo en el pasado. Eso es lo que le hace mal. Tiene que resignarse. El irlandés está muerto - doña Ramona solloza - Y su hija ya se fue con su gente. Pa' que lucha contra el destino. Pídale a Dios conformidad. Ya casi es de día. Ramona está sentada observando con una sonrisa complacida a Alejandro que duerme. -  Nunca había imaginado tanta dicha - dice él despertando y mirándola. Ella se le acerca y se recuesta sobre su pecho. -  Yo tampoco. Está amaneciendo y no me canso de tus besos - le da un beso en el pecho y luego se estira para recibir sus besos apasionados.

     En la hacienda. Felipe abre las ventanas del cuarto de su madre. -  ¿ Cómo amaneció madre ? -  Mal - le contesta de mal talante. -  No se ha tomado su medicina. -  ¿ Para qué ? -  ¿ Cómo para qué ? Tiene que curarse. -  Lo mejor que podría sucederme es que Dios me recogiera . -  No juegue con eso. -  Es la verdad. ¿ Ya qué me queda ? Ramona me falló y tú te has distanciado de mí. -  No podemos continuar de esta manera - le dice él sentándose a su lado en la cama - Somos madre e hijo. Debemos olvidar rencores. -  Sé que tú repruebas que yo hay mandado a matar a Alejandro, así como yo repruebo que tú hayas solapado la fuga de Ramona. -  Ya, madre. Olvidémoslo. -  No me quedan razones para vivir. -  Ah ! Le quedo yo y la quiero mucho. A veces no la entiendo pero eso no le quita mi cariño Póngase bien. Hágalo por mí, yo la necesito. -  ¿ De veras me necesitas ? -  Por supuesto - ella lo acaricia. -  Mi Felipe. Ay, siempre tan noble. Tan diferente a la ingrata de Ramona. ¡ Qué haría yo sin tu afecto! Sin tu apoyo . Sin tu compañía -  ¿ Por qué no se levanta y almorzamos todos juntos ? Encerrada aquí se va a poner peor. Ande madre. Anímese. Además don César anda cabizbajo. Supongo que está ansioso por irse a su finca. -  ¡ Qué bondadoso es don César ! Mira que mantener el compromiso del matrimonio a pesar de las habladurías. Su postura es digan de alabanza. Los Echagüe nos están demostrando tener buena cepa. -  Tengo la misma opinión que usted. No encontraré mejor compañera que Beatriz - ella le toma las manos ansiosa. -  ¿ De veras quieres casarte ? O sólo lo haces por olvidarte , por olvidarte de ella - él se siente molesto. -  ¿ Por qué me tortura así, madre ? -  Perdóname hijo. Tienes razón. A veces soy cruel sin darme cuenta. Cásate, si ese es tu deseo. -  Gracias. Será lo mejor para mí. -  Llama a Marta para que me ayude. Voy a levantarme. Hablaré con César para apurar esa boda. -  Gracias - dice Felipe saliendo de la habitación.

     En la aldea yahí. Casa de Alejandro y Ramona. Ella está con Marcos entregándole unas cartas. -  Se las entregas a Felipe. Una es para él y otra es para mi mamá. -  Como usted ordene niña - dice él tomándolas. -  Marcos, por favor. No le comentes nada del recibimiento que me dieron los yahís. No quiero que se preocupe por mí. -  Pero niña . . . -  No quiero que sepa nada Marcos. Él es capaz de venir hasta acá y no quiero involucrarlo en mis problemas. -  Está bien - se dispone a salir pero se detiene - Oiga niña. Dispénseme que me entrometa pero tiene que cuidarse de la mujer mayor. La que le aventó la piedra. Ya me enteré, es una bruja. Ella fue la que me dijo que Alejandro se iba a casar con su hija. Pa' mí que esa es la peor de la tribu. Tenga cuidado con ella. -  Lo tomaré en cuenta Marcos. Ahora vete. Seguramente mi hermano está impaciente por recibir noticias mías. -  Ta' güeno - vuelve a detenerse - Me da harta pena dejarla entre puro piel roja. Menos mal que aquí está el padrecito. -  No va a pasarme nada Marcos. Alejandro sabrá protegerme. Además, yo me sé cuidar. Ahora vete. -  Ta' güeno. Pues que Dios la bendiga niña. -  Marcos. Me saludas a todos por allá. A Margarita, a Marta, a Juan, a Delgadina. Diles que los recuerdo con mucho cariño. -  Yo se los digo niña. Con su permiso y que la virgencita de los Ángeles la tenga de su santa mano. -  Gracias Marcos - él por fin se va . Matea está en su cabaña consultando los guijarros. -  No me explico - cierra los ojos para volver a concentrarse, vuelve a mirar - ¿ Por qué los guijarros me dicen una y otra vez que Ramona es una yahí ? ¿ Quién es en realidad esa mujer ?

     Casa de los Coronado. -  Como les dije antes de salir a la hacienda estamos al borde de la bancarrota - le dice Ruy a sus hijos - Sin la dote de Ramona no tendremos más remedio que echar mano de las alhajas de su madre y recurrir a la hipoteca de la casa. -  Al menos nos regresaron la gargantilla y la capa - dice Analupe. -  Era obvio que lo tenían que hacer Analupe - le dice Fernando - Sólo eso hubiera faltado. -  Ve tú a saber. Ojos vemos, corazones no sabemos. Ya viste lo que nos hicieron ¿ Quién se iba a imaginar que Ramona tenía tan bajos instintos ? -  Deja de decir sandeces Analupe - la reta su padre - Ciertamente los Moreno nos defraudaron pero eso no significa que sean unos ladrones. No insinúes cosas que no vienen al caso.

 -  Mejor termina de irte a comprar los comestibles - le indica su hermano - Los negocios no son cosas de mujeres - Analupe se pone la capita enojada, se levanta y lo enfrenta. -  Cuando les conviene nos mandan a moler al metate pero cuando necesitan una dote hay que ver cómo nos tratan . No creas que no te vi desviviéndote por Ramona queridito - toma su bolso - Polita. Polita. -  Mande señorita. -  Ya vámonos a las compras - ambas salen. Su hermano queda enojado. -  ¡ Cómo me disgustan los comentarios de Analupe ! ¡ Es tan superficial ! -  Déjala, tiene que desahogarse . Me figuro que también ella debe estar dolida. Toma en cuenta que Felipe prefirió a Beatriz. Felipe está conversando con Beatriz. -  ¿ Y si se hecha atrás en el último momento ? -  ¿ Cómo crees ? Mi madre está encantada contigo. -  ¿ Y tú Felipe ? -  Yo también. A llegado el momento en que rehaga mi vida. -  Hablas como si fueras viudo. -  Perdón. No quise decir eso. Simplemente pensaba que por primera vez debo preocuparme por mí. He pensado demasiado en los demás. -  Me parece una idea maravillosa porque yo . . . yo Felipe estoy muy enamorada de ti . - se besan. Manuela baja por la ladera hacia el río. Mira hacia la cascada y descubre a Alejandro y Ramona que se están bañando allí desnudos. Se abrazan , se besan, juegan. Ella los mira rabiosa, arranca una planta del lugar. -  Con el índigo de la pradera dejarán de reír para siempre . Sale en busca de más mientras los enamorados continúan besándose ajenos a todo a su alrededor.                Sandra S. Vallejos =======================================================

     Capítulo Nº 46 ( 06 - 06 - 00 ) Alejandro y Ramona se están bañando en la cascada. Manuela los descubre y se enoja muchísimo, lanza una amenaza contra ellos. En Spurtown. Fuera del almacén Billy está sentado en el banco. Frente a él Davis lee el periódico mientras le lustran las botas. -  Por lo visto ya regresó tu novia Billy - le dice al verla. -  Señorita. Señorita - la llama él al verla salir acompañada por Polita. -  Tenemos prisa - dice ella. -  Sólo quiero sabe cómo le fue en su viaje. -  Vete yendo Polita - le ordena dándole la caja que llevaba. -  Sí, señorita. -  ¿ Qué tal estuvo la boda ? -  Ay, ni me pregunte. Pasamos la vergüenza de la vida. No hubo boda. Mi hermano se quedó plantado en el altar. -  No me diga. -  Figúrese nomás. Un indio piel roja se robó a la novia. -  ¿ De veras ? - le pregunta incrédulo . -  Fue un escándalo - se van caminando junto mientras Davis los mira meneando la cabeza. Alejandro y Ramona ya han salido del agua y se han cambiado. -  El baño estuvo delicioso - dice ella secándose el cabello - Me hacía mucha falta. Aunque el agua estaba un poco fría - él le sonríe. -  Es que viene desde lo alto de la montaña. -  Ya me acostumbraré. -  ¿ Se fue Marcos ? -  Sí, salió esta mañana. Por cierto, me comentó algo sobre Matea. Ella fue la que le dijo toda esa patraña de que te ibas a casar con su hija. -  No entiendo por qué lo hizo. Yo nunca tuve nada que ver con Manuela. Voy a hablar con ella de una vez por todas. Le voy a exigir que nos deje en paz. -  Será mejor que no le reproches nada - lo acaricia - Me va a odiar más - Manuela ya ha juntado suficiente cantidad de plantas, los observa desde detrás de una roca.

     En la hacienda. Está lloviendo a cántaros.

     En la sala se encuentran doña Ramona, Perpetua y César. -  Le agradezco don César que le otorgue a Felipe la mano de Beatriz . Sobre todo ahora, que estamos en boca de todo el mundo y que mucha gente nos ha volteado la espalda. Esas lealtades son de las que no se olvidan nunca. -  Señora, por Dios. ¡ Qué demonios le pueden importar a uno las habladurías de la gente que vemos cada venida de obispo ! Lo importante es la felicidad de nuestros hijos. -  Bueno, es verdad que vivimos aislados en estos andurriales, pero hay que admitir que no es agradable ser la comidilla del día - dice Perpetua. -  Tú lo has dicho, del día - dice César - Mañana no hay quien se acuerde. Ojalá la gente se preocupara tanto por uno. La verdad es que realmente los demás se interesan muy poco en la vida ajena. -  ¿ Y qué fecha han pensado para la boda ? - pregunta doña Ramona. -  Francamente no lo hemos precisado - le contesta César. -  ¿ Qué les parece a principios del próximo año ? Sólo faltan unos pocos meses . -  Por mí no hay inconveniente - dice César. -  Me parece razonable - opina Perpetua - Así nos dará tiempo de regresar a la finca y prepararlo todo. -  ¿ Piensan partir pronto ? -  Yo me voy a adelantar. En cuanto pasen las aguas me alcanzarán mis mujercitas. -  Sí. Mejor que Beatriz se cuide del clima. Es muy sensible a los cambios. Por cierto, ¿ qué les dijo el doctor Oviedo ? -  No le encontró nada de cuidado - dice Perpetua - Sólo aconsejó lo que tú estás diciendo, que se cuide de los cambios de clima. Noche en la aldea yahí. Casa de Alejandro. Ramona está cocinando pescado. Se escucha un balido en el dormitorio, ella se sorprende, se dirige allí y se encuentra con un borreguito. -  ¿ Y tú que haces por aquí ? - le pregunta sonriente - ¿ Perdiste a tu mamá ? Ya es de noche y no te voy a poder llevar con ella. ¿ Tienes hambre ? ¡ Ay, no tengo leche ! - mira hacia el otro cuarto como pensando qué darle, en ese momento se abre la puerta. -  Buenas noches - dice Manuela pasando. -  Buenas noches - saluda Ramona y se vuelve a arrodillar frente al fuego. -  Te traigo atole. Pensé que te haría falta algo de comida - deja un cántaro . -  Gracias - le dice Ramona inclinándose sobre el pescado - Parece que se perdió - le dice a Manuela que vio al borrego - Cuando llegue Alejandro le diré que la lleve a su rebaño - Pero, siéntate - Manuela da una vuelta y se agacha junto a ella. -  Esa es la cruz de Alejandro. -  Así es. Me la regaló. -  Dicen que se casaron, ¿ es verdad ? -  Sí - le confirma ella. -  No debiste haberlo hecho. -  ¿ Por qué ? -  Tú, que no eres yahí. -  El amor no sabe de razas. Yo me enamoré de Alejandro y él de mí. -  Me tengo que ir - le dice de pronto. -  Espera. Manuela - pero ella sale sin hacerle caso. Ramona mira el cántaro con atole, vierte un poco en un cuenco y se lo lleva al borreguito . -  Ten - le dice dejándoselo frente a él. Regresa a seguir cocinado.

     En la hacienda. Felipe y su madre están en la sala esperando a los Echagüe. -  ¡ Qué orgulloso estaría tu padre si pudiera verte !. Te convertiste en un caballero y en un hombre de bien. Eres un Moreno Gonzaga en toda la extensión de la palabra. Gracias al cielo a ti sí voy a tener la dicha de entregarte en matrimonio como Dios manda. -  Beatriz desea que la boda sea en su finca. A mí me pareció buena idea. Ella es la novia y lo correcto es que nosotros vayamos . -  Como tú quieras pero yo hubiera preferido algo íntimo, en esta casa. No me gusta viajar y si te soy sincera, no tengo humor de enfrentar a la gente después del escándalo. Deberías convencer a Beatriz que se casen aquí. -  Ya veremos, madre. Cambiando de tema, hay algo que deseo consultarle. El Norteño se encuentra totalmente recuperado pero está en espera de sus órdenes. ¿ Va a permitir que siga laborando aquí o tiene pensado otra cosa ? -  Tú dices que soy dura pero en realidad soy débil. A pesar de todo el Norteño me simpatiza. Bueno, al menos demostró valor al quedarse callado. Creo que esa actitud es encomiable - piensa unos segundos - Dile que puede regresar a sus tareas - Felipe le toma una mano y se la besa. -  Gracias madre. Se lo diré. Y me alegra que no tenga un corazón de piedra como muchos creen. -  No cabe duda que la vejez me está ablandando. En mis buenos tiempos no habría dudado en meterle un tiro entre ceja y ceja - entran los Echagüe a la sala. -  Estamos listos para brindar - dice César. Ramona ya ha terminado de cocinar. Llega Alejandro, ella lo recibe con una amplia sonrisa. Él se agacha junto a ella y la besa en la cabeza. Se escucha un sonido desde el dormitorio. -  ¿ Eso ? - pregunta él sorprendido. Va a ver. -  Es una borrega que se extravió. Pobrecita, tenía hambre - sirve la comida -  Mañana la llevo con su rebaño - se sienta frente al fuego. -  ¿ Cómo te fue ? - le pregunta ella. -  Bien. -  Te noto preocupado. -  Es que hablé con Antonio. Teme que si los americanos nos atacan no tendremos con qué defendernos - toma el plato que le pasa Ramona - Contamos con algunas armas pero no tenemos pólvora. Está prohibido su venta para los pieles rojas. La única manera de conseguirla es robarla . -  Bueno, quizá la puedan conseguir de otra manera. -  ¿ Cómo ? - comienza a comer. -  No sé. Tal vez si se lo pedimos a Felipe - Alejandro niega con la cabeza. -  No quiero inmiscuir a tu familia. -  Felipe lo haría con gusto. -  Ya sé, pero los yahís tenemos que sortear nuestros problemas solos. -  Pues creo que deberías pensarlo mejor - Ramona toma el cántaro con el atole y le sirve a Alejandro. -  Sí, eso haré - muestras al borrego que se va acostando lentamente - ¿ Y a ti ? ¿ Cómo te fue ? -  No hice gran cosa - pasándole la bebida - Cociné. ¡ Ah ! Recibí una visita. -  ¿ Sí ? ¿ De quién ? -  De Manuela - él la mira - Me dio la impresión de que quiere hacer las pases. Me trajo este atole . ¿ No tienes frío ? Yo sí, voy por una manta.- se levanta dirigiéndose al dormitorio. Se sorprende al ver a la borrega tirada. Mira hacia atrás y corre hacia Alejandro que está a punto de beber el atole. -  No, no lo tomes - le empuja la mano - No lo tomes. -  ¿ Qué pasa ? -  La borrega está muerta - Alejandro corre al dormitorio y la revisa. -  ¿ Qué pasa ? ¿ Qué pasa ? - le pregunta preocupado . Ella se agacha y toma el cuenco. -  Este atole está envenenado. Se lo acababa de dar a borreguita - vuelve al cuarto . Alejandro la sigue - Manuela nos trajo este cántaro. Yo pensé que era un acto de buena voluntad pero . . . pero en realidad lo que quería era vengarse de nosotros - Alejandro le arrebata el cántaro furioso y sale de la cabaña - ¿ Adónde vas ? Alejandro. Alejandro - pero él no se detiene. Ramona entra nuevamente y yendo al dormitorio acaricia a la borreguita - Viniste a buscar a tu mamá y encontraste la muerte - le dice muy preocupada.

     En la cabaña de Matea. Yahale le tiende algo de comida a Manuela que la rechaza. -  ¡ No quiero ! - le aparta la mano cuando vuelve a insistir. -  ¿ No vas a comer nada ? -  No tengo hambre . -  Estás muy rara Manuela. No me has dirigido la palabra y te desapareciste toda la tarde - se abre la puerta y entra Alejandro. -  Manuela - la llama y levanta el cántaro - ¿ Qué significa esto Manuela ? -  No sé de qué me hablas - le dice ella nerviosa. -  Le llevaste a Ramona este atole fingiendo buena fe pero lo que querías era matarnos. -  ¿ Qué dices ? - se sorprende Yahale. -  Que Manuela intentó envenenarnos - Alejandro se acerca a ella que retrocede asustada. -  Yo no hice nada. Si Ramona se puso mal no es cosa mía. -  Ramona está bien. Afortunadamente no alcanzó a beberlo - sigue adelantándose y ella retrocediendo. -  ¿ Entonces por qué me acusas ? -  Sólo te advierto una cosa Manuela - deja el cántaro en el piso - Si tratas de hacerle algo a Ramona soy capaz de . . . capaz de . . . - y la sacude con violencia. -  ¿ De qué ? - pregunta Matea entrando - ¿ De qué ? -  Mira Matea - suelta a Manuela - De una vez por todas te digo que nos dejen en paz a Ramona y a mí. Ya supe que fue usted la que le dijo al peón de la hacienda toda esa patraña de que me iba a casar con Manuela. Por esa mentira estuve a punto de perder a Ramona - levanta el cántaro - Y ahora su hija intentó envenenarnos - lo deja en la manos de Manuela - Si insisten en molestarnos, las voy a echar de la aldea. Les guste o no ahora Ramona es mi esposa. Tendrán que respetarla - y se va. -  ¿ Qué fue lo que hiciste Manuela ? - le pregunta Matea tomando de sus manos el cántaro. -  Puse el índigo de la pradera al atole y se lo llevé a la lechuza blanca. -  Alejandro fue benévolo contigo. El índigo mata en instantes hasta a un búfalo. No debí enseñarte mis secretos. Pusiste en peligro la vida del jefe de los yahís. Los espíritus jamás te perdonarán si haces daño a uno de tu propia raza. -  Yo sólo quería deshacerme de ella. -  Y lo haremos - toma el cuenco con guijarros - Pero antes tengo que descifrar un enigma.

     En la hacienda don César acaba de destapar una botella de champaña. -  Brindemos en honor de los novios - dice doña Ramona levantando su copa - En hora buena hijo, en hora buena Beatriz. -  Salud - dicen todos chocando sus copas. -  Mi hijita - dice Perpetua - Dispensa que llore, pero ya soy una vieja chocha. Se acerca el día en que debemos separarnos. -  No te preocupes así, tía. -  No tiene por qué mortificarse señora - le dice Felipe - Aquí siempre van a tener los brazos abiertos para recibirla durante el tiempo que guste. -  Gracias - le dice Perpetua contenta. -  No le hagas ese ofrecimiento porque es capaz de venirse a vivir aquí, eh. - dice César jocoso. Todos ríen menos doña Ramona. -  Estamos adelantando vísperas - dice la doña - Lo que quería proponerles es que la boda se haga aquí, en la hacienda. -  ¡ Ah ! Beatricita me había dicho que tenía ganas de que fuera en la finca - dice César. -  No hay problema papacito. Si a la señora le complace que la boda se realice aquí, yo no tengo ningún reparo. -  Gracias Beatriz. Veo que serás una nuera muy condescendiente. Pero no quiero abusar de tu buena disposición. La boda se hará donde tú quieras - vuelven a brindar. Alejandro ha regresado . Toma a la borreguita en sus brazos y la saca de la cabaña. -  ¡ Díos mío ! Protégenos - pide Ramona angustiada. Vuelve Alejandro, se le acerca al verla tan mal y la abraza muy fuerte. -  No te dejes abatir tan fácilmente. Recuerda que me dijiste que ibas a tener fuerzas para luchar contra lo que fuera. ¿ Te acuerdas ? -  Fue un verdadero milagro encontrar esa borrega. Si eso no hubiera sucedido estarías muerto y quizá yo también. -  No. No digas eso. Ya hablé con Matea y con Manuela. Espero que con lo que les dije nos dejen en paz. De todas maneras tendremos cuidado con ellas - se levanta y va hacia la puerta para atrancarla - Procura no salir de la casa. Cuando necesites hacerlo espérame, para que yo te acompañe. -  Tal parece que mi destino es estar siempre encerrada - le dice llorosa. -  Sólo será una temporada - la abraza y besa en l cabeza - Ya verás que con el tiempo los yahís te aceptarán - se abrazan muy fuerte. Felipe está escribiendo en su diario. -  Me casaré sin amor. Tal vez no sea tan terrible. A pesar de que Beatriz me ama no puedo corresponderle. ¡ Dios mío ilumíname ! Indícame cómo arrancarme del alma a Ramona. Pensé que con su partida podría olvidarla pero ahora me siento más desesperado que antes. Ya ni siquiera tengo el consuelo de poder mirarla y de escuchar su voz - tira la pluma y se recuesta angustiado en la silla.

     Ya es la mañana. Marcos ha regresado a la hacienda. -  ¿ Cómo que mataron a don Pablo de Asís ? -  Parece que eso fue hace tiempo. La niña me pidió que no le dijera nada pa' que no se preocupara pero yo creo que usted debe saberlo , patrón. -  Prosigue Marcos. -  Pos . . . la indiada los recibió rete mal. Hasta una piedra le aventaron a la amita. Y me dio harta grima dejarla ahí, entre tanta gente desconocida. Su casa es muy pobrecita. Mucho peor que la de los criados de aquí. Yo creo que la niña Ramona no se va a hallar en el pueblo yahí patrón. Pero por más que le rogué, no quiso regresarse. -  ¿ Y qué opina el padre Sarriá ? -  Pues el padrecito los estuvo reconviniendo para que cambiaran de parecer. Pero pos, no hubo manera. Tuvo que casarlos - en el rostro de Felipe se nota el impacto de la noticia. -  Entonces . . . ya están casados. -  Así es amo. Yo mismo fui testigo - Felipe abre las ventanas que dan a la galería para poder respirar aire fresco. -  Está bien Marcos. Regresa a tus tareas. Hay que echarle la mano a Juan Canito. Almacenar los forrajes que llegaron para prevenir cualquier escasez en el invierno. -  Pa' obedecer estamos patrón. Con permiso. -  Los casó - dice Felipe muy triste. A lejandro está en la cabaña de Carmen. -  Por eso necesitamos de tu ayuda Carmen. No tenemos mucha gente a la cual recurrir. Tal parece que todo el pueblo nos odia. Así que pensé que tal vez tú podrías . . . -  Alejandro, no me pidas eso. Tú sabes que yo no tengo nada en contra de Ramona, pero Matea recela de mí. Estoy segura que sabe que fui yo la que te ayudó a salir de aquí cuando estabas herido y fuiste por Ramona. Le temo a sus poderes. -  Por favor Carmen. Ramona lleva muchos días sin salir de la casa, sin hablar con nadie más que conmigo. Necesita una amiga que la ayude. No puede continuar encerrada. Está desorientada. Desconoce las obligaciones que le corresponden como esposa de un yahí. Bueno, ni siquiera tiene ropas adecuadas que ponerse. -  Le puedo regalar algunas prendas pero no me pidas más. Por favor, no me comprometas - se levanta - Tú estás ahí para defenderla de Matea, pero a mí ¿ quién me defiende ? -  Está bien - concede él. Carmen suspira y elige varias prendas de ropa que le entrega - Gracias. Felipe está leyendo la carta que le envió Ramona. -  "Querido Felipe : Como lo imaginábamos la vida aquí es muy diferente. Sin embargo no extraño nada gracias a la presencia y al amor de Alejandro. No estoy arrepentida de lo que hice, sólo estando con él me siento plena, dichosa. No importan las vicisitudes por las que tenga que atravesar, junto a él me siento fuerte y segura - doña Ramona pasa por la galería y lo ve leyendo - Pienso en ti y le ruego a Dios que Beatriz sea la mujer que pueda hacerte olvidar ese amor imposible que te atormenta. No te aflijas por mí, puedo jurarte que soy inmensamente feliz " -  Te estaba buscando Felipe - dice la doña entrando al despacho - Juan Canito está esperando que le indiques algunos detalles sobre los forrajes. -  Escribió Ramona - le dice él. -  ¡ Qué no piensa dejarte en paz ni en los confines del mundo ! -  Estoy preocupado por ella, madre. Marcos me dijo que fue mal recibida en la aldea. -  ¿ Y qué esperabas ? Qué la recibieran con fanfarrias. ¡ Se lo advertí mil veces pero ella no escuchó ! Ahora lo único que cabe es que se olvide de nosotros para siempre. -  Madre, usted no entiende la gravedad de la situación. La aldea yahí corre gran peligro. Los americanos asesinaron a don Pablo de Asís. -  Era un buen hombre. ¡ Qué Dios lo tenga en su gloria ! -  ¿ Se da cuenta del riesgo que corre mi hermana ? Estando las cosas así de álgidas, en cualquier momento los gringos pueden atacar la aldea y Ramona puede ser agredida. -  Ella se labró su destino - lo interrumpe su madre - No podemos estar eternamente con el Jesús en la boca imaginando su suerte - Felipe toma la carta dirigida a ella. -  Ella le envió esta carta - doña Ramona la toma, le saca la cinta, la despliega y la rompe con rabia ante la cara de asombro de Felipe. -  Te lo dije y te lo repito. Para mí Ramona está muerta. Hagamos de cuenta que su paso aquí fue como una borrasca. Que vino y se alejó. Si todavía hay en ti un poco de cordura bien harías en enterrarla también - se escucha ladrar a los perros y el relincho de caballos - ¿ Quién llegó ? - doña Ramona se dirige a la ventana mientras Felipe sale del despacho - ¿ Americanos ? ¿ Qué demonios hacen en mi casa ? Margarita está cocinando. El Norteño se acerca a ella. -  Desde hace días que . . . que quería darte las gracias por . . . por lo que hiciste por mí ante la patrona. Te debo harto Maguito. Espero en Dios algún día poder pagártelo. -  No pos, si quieres ya puedes empezar - le dice ella. -  Pos, pídeme lo que quieras huerca. -  ¿ De veras ? -  Pues sí. -  Entonces dame un beso - le pide sonriente. -  ¿ Aquí ? - se alarma él. -  No - ella se toca los labios - en la boca. - él mira hacia todos lados para ver si viene alguien y se acerca a ella que cierra los ojos. Norteño apenas le da un besito, la mira, ella aún no ha abierto los ojos y ya se lanza a repetirlo pero muchos más apasionado -  ¿ Perpetua ? ¿ Perpetua ? - se escucha la voz de Delgadina - ¿ No han mirado por ahí a Perpetua ? -  No seas mal criada Delgadina - la regaña el Norteño - A la gente mayor no se le habla de tú. Se dice señora Perpetua - Margarita se ríe . -  Pos si no está hablando de la señora. Así le puso a su ranita. -  Perpetua, ¿ dónde te metiste ? - sigue llamando Delgadina mientras ellos dos se miran a los ojos. Ramona se puso uno de los vestidos que le regaló Carmen. -  Te ves hermosa - le dice Alejandro sonriente - Vestida así cualquiera diría que eres una yahí. -  Me siento un poco rara, pero supongo que me acostumbraré con el tiempo. Hoy mismo iré a buscar a Carmen para darle las gracias por lo de la ropa . -  No, mejor no lo hagas. -  ¿ Por qué ? -  Ella tiene miedo de hablar contigo. Le teme al rechazo del resto de la tribu - ella se pone triste -¡Eh! Pero no te preocupes. Me tienes a mí. Hoy voy a regresar temprano. Solamente vamos a ver si cayó un oso en las trampas que pusimos y vuelvo. ¿ Está bien ? -  Vete tranquilo. Aquí te espero - Alejandro toma su arco y flecha y su morral. -  Te quiero - le dice besándola dos veces. -  Y yo a ti - ambos ríen felices. Don César y Felipe están en la sala esperando a las visitas. Entran el sheriff y Thomas. -  Buenos días - saluda Green - Hemos venido a aprehender a un asesino. Es un piel roja. Se llama Alejandro y nos dijeron que está aquí. Ese piel roja Alejandro está prófugo desde hace tiempo - le entrega la orden a Felipe - Asesinó a uno de mis ayudantes y huyó de la cárcel de Spurtown. Un paisano de ustedes averiguó en su aldea que había salido para acá - Felipe y César lo miran con desconfianza. -  Según nuestros cálculos él debió haber llegado aquí hace unos cuantos días - dice Thomas. -  Hicieron su viaje en balde caballeros - le devuelve la orden - Alejandro efectivamente estuvo aquí. Es decir, sigue aquí. -  ¿ Cómo ? -  Que sigue aquí, pero no creo que se lo quieran llevar. -  ¿ Qué no escuchó que ese indio mató a uno de nuestros alguaciles ? - le dice Thomas. -  Permítame explicarle señor . . . -  Dr. Thomas - se presenta éste. -  Alejandro está muerto - aparece doña Ramona en la puerta - Por eso sigue aquí . Yo mismo le disparé. -  ¿ Está usted seguro ? - pregunta Green - ¿ No se estará equivocando ? -  No es fácil confundir a un piel roja - dice César. -  Mi hijo dice la verdad - interviene doña Ramona - Ese indio está bajo tierra porque trató de robarse a mi hija. Las mujeres yahís están lavando la ropa en el río. Ramona se le acerca con su ropa y duda. -  Buenos días - dice decidida poniéndose entre Carmen y Manuela -  Buenos días - la saluda Carmen. -  Esas ropas no te quedan ¿ quién te las dio ? - pregunta Manuela observándola. -  Alguien que no me condena por haber nacido donde nací - le contesta mojando la ropa - y que entiende que nuestro origen no nos hace ni mejores ni peores personas. -  ¿ Fuiste tú, verdad ? - pregunta Manuela a Carmen . -  ¡ Traidora ! - le dice Yahale. -  Ella no fue - la defiende Ramona. -  No mientas. Esa ropa es de Carmen. Ya se la conocíamos - dice Yahale. -  Es mejor que nos vayamos - opina Carmen incómoda, toma su ropa. -  Yo que tú me quitaba esa ropas. Avergüenzas a las yahís - le dice Manuela. -  Y también a su gente - dice Yahale burlona - ¡ Qué lástima que no estén aquí para verte ! Les daría risa - y ella misma lanza la carcajada. -  Entiéndelo de una vez lechuza blanca. Aquí nunca te vamos a querer y no vamos a descansar hasta no ver que te hayas largado de nuestro pueblo - la amenaza Manuela. Ramona no les contesta nada pero se ve afectada. Las tres se van dejándola allí. En tanto en la hacienda. -  Mi madre está en lo cierto. En esta casa no albergamos criminales. -  ¿ Permitiría usted que echáramos un vistazo ? - pregunta Thomas - ¿ Supongo que lo enterraron por aquí ? -  Claro que no - dice la doña - Esta hacienda es de mejicanos y no sepultamos a cualquiera. Yo personalmente mandé arrojar el cadáver de ese indio ladrón a un despeñadero, cerca del sendero del llanto. Supongo que las fieras se lo habrán comido. -  De cualquier forma no estaría de más dar una revisada - insiste Thomas - ¿ Nos permiten ? -  Momento Thomas - lo detiene Green - La señora ya nos dijo lo que ocurrió con ese asesino. Además buscar aquí sería una tontería. Esta hacienda es tan grande que sería como buscar una aguja en una pajar. Vamos a confiar en su palabra. -  Nosotros utilizamos la mano de obra de los yahís - dice doña Ramona - Pero con los ingratos no tenemos ninguna compasión. Ese indio que buscan está bien muerto. -  Si su hija se parece a usted, entiendo que el piel roja se la haya querido robar - le dice Green galantemente. Ni a Felipe ni a su madre les gusta el comentario. En tanto afuera Juan está organizando las guardias. -  Muchachos, hay que tener todo bien vigilado. Caballerizas. Corrales. Ustedes allá. La puerta la tenemos vigilada. Cuídense. ¡ Qué Dios los bendiga ! - todos salen a cumplir las órdenes - A mí esta visita me da mala espina - dice Juan preocupado. -  ¿ Y ahora qué irá a pasar ? - pregunta el Norteño - Si andan buscando a Alejandro van a ir a la aldea y allá está la niña Ramona. -  Yo insisto - dice Marcos - Conmigo el sheriff fue rebuena gente. Él fue el que me salvó la vida cuando me atacaron los encapuchados. -  Pues a mí no me da ninguna confianza - dice Juan - Me recuerda a alguien pero no hallo a quién. -  ¿ Y si me jalo pa' la aldea para avisarle a Alejandro que lo andan persiguiendo ? - propone le Norteño. -  Espérate Norteño. ¿ Todo lo quieres hacer sin permiso ? - lo regaña Juan - Hay que ver qué dice el amo. -  ¿ O la ama ? - dice el Norteño -  Eso mero digo yo - acota Marcos. Perpetua está tomando un té muy nerviosa en la salita. Entra Beatriz. -  ¡ Ay ! ¿ Qué pasó ? ¿ Qué pasó ? ¿ Qué averiguaste ? -  Buscan a Alejandro pero Felipe les dijo que estaba muerto. Que él mismo le había disparado y la señora lo corroboró. -  ¡ Ay, qué extraño ! ¡ Qué extraño que la señora lo encubra ! -  ¡ Ay, tía ! No lo está encubriendo a él, está protegiendo a Ramona. ¿ Qué no ves que si lo persiguen le puede ocurrir algo a ella ? -  ¡ Ay, claro ! ¡ Qué tonta soy ! ¿ Y qué facha tienen ? -  No se ven desarrapados, pero de todas formas me inspiran desconfianza . -  ¡ Ay ! Ojalá se vayan pronto. ¡ Me pone nerviosa su presencia ! ¡ Ay, es que no sé a quien le tengo más miedo, si a los gringos o a los indios ! -  Yo a los dos tía. A cual más de salvajes. Lince solitario está espiando a Nepo que va a colgar un cartel en el tronco de un árbol que tiene las ramas muy bajas. Una vez que lo coloca casi no se ve por las ramas. Lince espera que se vaya, se acerca y lo quita de allí. Matea se acerca a Ramona que todavía está en el río. Ella advierte su presencia. -  ¿ Qué quiere ? ¿ Usted también vino a burlarse de mí o vino a arrojarme otra piedra ? - deja la ropa en la canasta y se levanta con una piedra en la mano - Ande, hágalo - la desafía tendiéndole la piedra. Matea la toma pero la deja caer al suelo - ¿ Qué es lo que quiere ? -  ¿ Saber quién eres en realidad ? -  No la entiendo -  Tú no eres mejicana. -  No sé de lo que me habla. -  Probablemente tú no lo sepas pero a mí los espíritus me han revelado que por tus venas corre sangre yahí Ramona la mira desconcertada.               Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 47 ( 07- 06- 00 ) Matea se acerca a Ramona en el río y le pregunta quién es en realidad, que ella no es mejicana. -  No sé de qué me habla - le dice Ramona -  Probablemente tú no lo sepas pero a mí los espíritus me han revelado que por tus venas corre sangre yahí.

     En la hacienda el cielo está cada vez más encapotado. Se dejan oír los truenos. -  Vaya, parece que viene una tormenta - comenta Thomas. -  No sé si sea abusar de su hospitalidad - dice Green - Con esta lluvia preferiríamos salir para Spurtown hasta que mejore el tiempo . ¿Sería mucha molestia pedirles alojamiento por esta noche ? -  Podemos albergarlos si así lo desean - dice doña Ramona - Sólo que tendrá que ser en los caseríos de nuestros peones. Por ahora no tenemos cuartos disponibles en la casa. Tenemos otros huéspedes - Green mira a Thomas, no parecen contentos. -  Está bien - dice el sheriff con una falsa sonrisa - Cualquier techo es bueno para guarecerse del agua. -  Entonces voy a dar instrucciones a Juan Canito para que los acompañe - dice Felipe. Green se queda pensativo al oír ese nombre. Recuerda al hombre que le apuntó cuando los descubrieron volteando las cercas : " Me llamo Juan Canito, apréndete este nombre porque te voy a llevar a la tumba " fueron las palabras que le dijo ese día. -  Sheriff - lo llama Thomas - Sheriff. Nos están esperando. -  Sí - dice Green despertando de su recuerdo, toma su sombrero y se lo pone - Con su permiso señora y muchas gracias. Con permiso caballero - le dice a César. -  Creo que se tragaron el cuento de que Alejandro estaba muerto - dice César una vez que salieron. -  ¿ Quién sabe don César ? Voy a pedir que no les quiten el ojo de encima . ¡ Esos hombres me inspiraron mucha desconfianza ! - César le enciende un cigarrillo - Y para variar, todas estas angustias se las debemos a Ramona. De no ser por ella con gusto hubiera delatado al indio. En tanto Ramona. -  Lo que usted dice es absurdo . -  No, no lo es. En tu origen hay un enigma. Los guijarros no mienten - le observa el rostro - Tú no eres quien crees ser. -  Apártese de mí - dice Ramona separándose asustada. Se va del lugar. Ramona ha ido a la iglesia a ver al padre Sarriá, que está dando su clase. -  Ahora pueden ir a jugar un rato, hijos. Vayan, anden - los niños salen - ¿ Qué ocurre hija ? Ven acá. -  Necesito hablar con usted. -  Siéntate. Siéntate. A ver, dime. -  Es que . . . tengo que hacer algo padre. No puedo seguir como prisionera en un cuarto. Durante toda mi vida he estado encerrada. Primero enclaustrada en un convento y luego en la hacienda mi mamá no me permitía salir. Y ahora padre , ¡ siento que me asfixio !. Pensaba que . . . bueno, que tal vez podría ayudarlo en algo. Podría enseñar a leer y a escribir a los niños. No sé, necesito una ocupación. -  ¡ Qué barbaridad ! Ya sabía que esta unión no iba a prosperar. -  ¡ No ! No, no, padre. No me malinterprete. ¡ Yo adoro a Alejandro ! y soy muy feliz de estar junto a él. Es sólo que, pues es que no puedo estar sin hacer nada y sin hablar con nadie. -  No, hija. Por ahora no veo conveniente asignarte la tarea que me pides. Los yahís podrían tomar a mal el que tú educaras a sus niños. Ellos recelan de ti. Tienes que esperar a que se atemperen los ánimos. Si es que llegan a atemperarse. -  Padre, ¿ usted cree que algún día los yahís lleguen a aceptarme? -  Hija, los yahís cuentan mucho la historia de una mujer de esta tribu que se fue con un hombre de otra raza. Nunca la perdonaron. Pablo de Asís, en contra de la voluntad de su pueblo la enterró en el cementerio de esta aldea.

     En la memoria de la gente sigue siendo una traidora, una desertora de su raza. -  ¿ Me está hablando de Tehua ? -  ¿ Conoces la historia ? -  Sí, me la contó Alejandro.¿ Usted conoció a Tehua, padre ? -  No. A mí sólo me tocó darle cristiana sepultura. Era yo muy joven, recién acababa de llegar. -  ¿ Se fue con un irlandés verdad ? -  Sí, me parece que sí. Quien conoce muy bien los detalles de esto es Matea. Ella sí conoció a Tehua. Es una historia muy triste y Dios quiera hija mía que la tuya no vaya a ser similar a la de esta desventurada mujer. Noche en la hacienda. Green y Thomas entran a la cabaña que les designaron. -  ¡ No puede ser ! Nosotros durmiendo en esta asquerosa pocilga mientras los mejicanos están disfrutando de lo lindo en ese caserón. ¡ Ni siquiera nos invitaron a cenar ! - protesta rabioso Green. -  Esos grasientos ya no deberían vivir en la Unión Americana. Nosotros ganamos la guerra y merecemos ser los dueños de todo esto. -  Nos falta poco Thomas. Recuerda que si estos terratenientes no presentan sus títulos de propiedad, van a perder todas sus tierras. -  Pero mientras eso sucede me molesta la forma en que nos tratan. No se fijó que la dueña nos recibió de una manera arrogante y déspota. -  Sí, pero no me va a negar que es una mujer atractiva. -  ¿ Qué pasa sheriff ? ¿ Ya se contaminó de Billy ? ¿ A usted también le van a gustar las mejicanas ? -  Por supuesto que no, Thomas. Es solamente un comentario. Por cierto, a la que nunca nos presentaron fue a la hija. Me pregunto si estará tan bella como la madre - Thomas se ríe. -  La han de tener encerrada a piedra y cal. Sobre todo si se la trató de robar un piel roja. Ni siquiera a un mejicano le deseo tal suerte. -  Eso quiere decir que también tiene que ser hermosa. Me gustaría conocerla, Thomas. -  Lo que yo quiero es largarme de este piojoso lugar. ¿ No entiendo por qué quiso quedarse sheriff ? -  Porque tengo un asunto pendiente que resolver.

     En la casa grande todos están sentados a la mesa comiendo y comentando sobre la llegada de los gringos. -  Quiero que esta noche extremes la vigilancia hijo. La presencia de esos malandrines me tiene intranquila. No entiendo a qué se quedaron. -  Ni yo - le dice Felipe - Pero, por si quieren camorra, ya le ordené a Juan Canito que redoblara las guardias. Él mismo va a velar toda la noche. -  Yo me tranquilicé cuando supe que uno de los visitantes era el sheriff de Spurtown y que su compañero es un médico. No son malandrines. Inclusive creo que hubiera sido pertinente invitarlos a cenar para romper lanzas. ¿ No crees César ? - dice Perpetua. -  Pamplinas Perpetua. Ese sheriff y su acompañante son autoridades de pacotilla. Son gente que han adquirido el poder por la ley del revólver. Son unos facinerosos. -  Además, yo jamás sentaría a mi mesa a un americano. Ellos nos odian y por mi parte yo les correspondo - dice doña Ramona con rabia - Durante la guerra contra Méjico fueron desalmados con miembros hasta de su propio ejército. -  ¿ A qué se refiere señora ? - pregunta Beatriz. -  A las atrocidades que cometieron contra los irlandeses. Ellos, por ser católicos, en un momento dado se cambiaron al bando de los mejicanos y fueron castigados de una manera despiadada por los gringos. La mayoría de esos valientes irlandeses fueron aprehendidos, torturados, ahorcados. Alos que no masacraron les marcaron el rostro con un hierro candente para señalarlos como desertores. Muy pocos lograron huir. Pero al final casi todos perdieron la vida a manos de esos sátrapas. -  Es que en la guerra madre, el que se cambia de bando es un traidor a la patria. Alabo que los irlandeses se hayan aliado a los mejicanos y que les haya importado defender más nuestra religión que una bandera pero es comprensible que el ejército americano los haya tratado como desertores. -  ¡ Serán, serán ! Pero yo no puedo justificar esa acción de los americanos. Los irlandeses fueron mártires y habría que venerarlos. Alejandro y Ramona están comiendo. -  ¿Recuerdas Alejandro lo que hablamos del irlandés ? -  Sí, claro. -  Es que me pasó algo muy curioso. Cuando se fueron todas la mujeres del río, llegó Matea y me dijo algo muy extraño - él deja su plato a un lado . -  ¿ Qué cosa ? -  Dijo que por mis venas corre sangre yahí. Se lo dijo algo así como un espíritu. -  ¿ Matea te dijo eso ? -  Sí. Si no soy hija del general Moreno, ¿ no será que mi mamá me concibió con un indio ? -  No. No, eso sería una locura. Tu madre nos desprecia. -  Por eso. Tal vez alguno la forzó. No sé. Por favor, habla con Matea. Que te diga lo que sabe. Sus palabras me dejaron muy inquieta. Hablé con el padre Sarriá y también me mencionó la historia de Tewa otra vez. No he podido dejar de pensar en eso. -  Mira, no hay que creerle totalmente a Matea. Es cierto que sabe de remedios pero de eso a que los espíritus le revelen enigmas y todas esas cosas, no estoy tan seguro. -  De todas formas, habla con ella, ¿ sí ? - le apoya una mano sobre la mejilla. Alejandro recuesta su cabeza en ella, le besa el brazo. -  Si tú me lo pides, claro que lo haré - le dice mirándola dulcemente. -  Cuando miro tus ojos me doy cuenta que cada instante que paso contigo vale cualquier sacrificio - él le acaricia el rostro y acercándose la besa y lentamente la va recostando hasta quedar tendido sobre ella. Margarita le está contando un cuento a Delgadina. -  Entonces, los niños que se quedaron solos ahí, en casa ¿ no ? y el viento se oía soplar así - hace el ruido- y en eso que empiezan a caer unos rayos, así del cielo rete feos como estos de ahorita y un árbol que estaba cerca de la casa, zas, que se parte en dos. Y en eso que aparece la muerte y dice : " Vengo por todos ustedes " - Delgadina se asusta y se tapa la cara con las mantas. -  ¿ La muerte es hombre o mujer ? - pregunta destapándose. -  Pos sabe, es un esqueleto. -  Ya no quiero que me sigas contando - en ese momento se escuchan truenos más fuertes y Delgadina grita y asusta a Margarita. -  ¿ Qué pasa ? - pregunta Marta entrando a la habitación con una bandeja en donde lleva algo tapado con una repasador. -  Nada pues esta, le estaba contando un cuento pa' que se durmiera. -  Era un cuento rete feo - dice Delgadina - Apareció una muerte que quería llevarse a unos niños. -  ¡ Qué puntadas Margarita ! ¡ Con esas historias le espantas el sueño ! -  Ay, pues si Delgadina es rete miedosa, de cualquier cosa se asusta - levanta el repasador - ¡ Qué y ese pastel amá ? -  Lo voy a esconder. Mañana es el santo e tu papá y lo vamos a festejar bien tempranito. -  ¡ Ay ! ¡ Qué cabeza la mía ! ¡ Se me había pasado ! - exclama Margarita. Se abre la puerta de la casa y aparece Juan. -  Pasa Norteño - le dice dirigiéndose al dormitorio - ¡ Qué bueno que todavía están despiertas ! -  Pos, es que es temprano apá. -  El Norteño quiere hablar con nosotros- les dice. Margarita y Marta se miran intrigadas. Alejandro y Ramona han hecho el amor. Están muy juntitos mirándose a los ojos, él le acaricia el rostro con los dedos. -  ¿ En qué piensas ? - pregunta ella. -  En que no merezco tanto. Aún no puedo creer que estemos juntos. Que me ames como yo te amo - ella le sonríe y apoya su frente contra la de él con un suspiro. -  A mí también me parece increíble estar aquí. Con un hombre que hace poco era para mí un extraño - le delinea con un dedo las facciones - que ahora amo más que a mi vida. Es como si nos hubiéramos conocido desde siempre - él en silencio la besa.

     En la casa de los Canito. -  Juanito, estoy rete agradecido porque la Mago me salvó de la furia de la ama y cuando pensé que ya no iba a volver a pisar esta hacienda, me di cuenta que lo que más me podía era pos, no volver a ver a la Mago. Por eso quiero matrimoniarme con ella - Margarita la mira emocionada. - No sé por qué me hago el monje pos, si yo la quiero. ¿ Tú que dices Margarita ? -  Yo pos . . . pos yo . . . - empieza ella sumamente contenta . Juan da un golpe seco sobre la mesa haciéndola callar. -  ¿ Yo pos qué ? El que manda soy yo. Tápate ahí - le dice porque Margarita está en camisón. Juan mira al Norteño muy serio - No me gustas pa' yerno Norteño. ¿ Tú que dices vieja, eh ? -  Pos yo digo que si el Norteño tiene voluntad y se quieren no tiene nada de malo que se junten viejo - a Juan no le gusta la respuesta, pone cara de no y protesta. -  Sí apá, por favor - le ruega Margarita. -  ¿ A ti también te va a llevar un indio Margarita ? - pregunta Delgadina desde la puerta del dormitorio -  ¡ Eh ! ¿ Qué pasó huerca ? - le pregunta el Norteño. Los demás se ríen. -  Pues así es cuando se casan ¿ no ? - pregunta acercándose a Marta. -  No mi niña - le dice Marta - Así no son las bodas. Lo de la niña Ramona fue otra cosa. -  Ándele apacito, no sea remolón - insiste Margarita - Denos su consentimiento ¿ sí ? Su bendición apá. Ándele. -  Está bien - afloja Juan. -  Yujujuy!!!!! - grita el Norteño contento. -  ¿ Qué es eso hombre ? Yujuy - lo regaña Juan - Ahorita no se van a casar, eh. ¡No se casan ahorita ! La casa no está pa' jolgorios. Que esa boda sea para después. Por lo pronto tienen mi permiso pa' noviar. Norteño, cuidado con andar saliéndote de bravas. -  Te prometo que no vas a tener quejas de mí Juanito. Ya lo verás . -  Gracias, gracias apá - dice Margarita dándole besos en la mejilla. -  Ya, ya, ya . Ya déjame - la separa él - Ni que fuera pa' tanto . Mucho más tarde. Marta ya está acostada, casi dormida. Juan se inclina sobre ella y le da un beso en la frente. -  Vieja, voy a dar mi ronda. Regreso hasta la madrugada. -  ¿ Hasta dónde vas ? - le pregunta ella somnolienta. -  Por aquí, hasta el arroyo cuando mucho. -  Llévate algo pa' taparte por si se suelta el chubasco. -  Sí -  No deberías de ir solo. -  Llevo esto - mostrándole su cuchillo - y mi escapulario. No necesito más. No te apures. No me esperen, eh - le da otro beso en la frente - Descansa . -  Juan - lo llama ella - ¡ Qué bueno que le diste permiso al Norteño y a la Mago pa' apalabrear Estaba pensando que ya nos llegó el momento de ver a nuestros nietos. -  Ya que me lo dices, sí es cierto . Hacen falta unos chamacos que alegren la casa. Anda, duérmete. Hasta luego. Duérmete - Juan se acerca a la cama en donde duermen Margarita y Delgadina. -  ¡ Ah , qué muchacha ésta ! Dios quiera que te vaya bien con el bribón del Norteño - le da un beso en la mejilla y sale después de tomar su rifle y dar un último vistazo a la habitación.

     Felipe va al cuarto de su madre. -  Madre, le quiero agradecer lo que hizo por Ramona. -  No sé de qué me hablas. -  Bien que lo sabe. Frente a los americanos apoyó la versión de que Alejandro estaba muerto. ¡ Yo sé que lo hizo por mi hermana ! Debo decirle que ese gesto la enaltece . -  No fue ninguna proeza. No lo hice por Ramona sino por ti. ¿ No creerás que iba a ser capaz de desmentirte frente a esos rufianes ? -  ¡ Qué trabajo le cuesta admitir que quiere a Ramona, madre ! Finalmente, no porque se fue dejó de ser su hija. Usted pregonará lo contrario pero yo sé que en el fondo la sigue queriendo. -  Está bien. La protegí de los americanos. No quiero que esos tipos le hagan daño. ¿Conforme ? - él la besa en la frente. -  Conforme. ¡ Qué pase buenas noches ! -  ¡ Virgen Santísima ! Protege a Ramona - pide ella una vez que él se va - Que tu voluntad no permita que se encuentre con la muerte. Marcos y Juan están sentados junto al arroyo. Juan está fumando. -  ¡ Ya me estoy haciendo viejo Marcos ! Dentro de poco se me va a casar la Mago y voy a ser abuelo. -  A poco ya le diste permiso de matrimoniar con el Norteño. -  Pos luego. ¡ Ni modo que la deje para vestir santos ! Además, es la ley de la vida. Los viejos nos tenemos que ir haciendo a un lado pa' que los jóvenes pasen. Pa' que fluya el río de la vida - clava su cuchillo en el tronco en donde está sentado - Mañana cumplo años. -  ¿ Cuántos Juanito ? -  Ya perdí la cuenta . Lo que sí es que ya ajusté 50 sirviendo en esta casa. Toda mi vida pues. He visto de todo: bautizos, bodas, amores contrariados y muchos funerales. -  Tú debes saber hartas cosas. -  Hartas y de ellas muchas me las voy a llevar al sepulcro - el cielo se ilumina ante los refucilos, se escuchan los truenos. -  ¡ Válgame ! - exclama Marcos - Parece que viene un aguacero. -  No, pa' mí que esa tormenta no llega. Mucho ruido y pocas nueces. -  Pues yo por si las dudas voy a traer un impermeable de la casa. ¿ Te quedas Juan ? -  Me fumo mi cigarro y luego voy a dar una vuelta pa' que todo ande bien. -  Nos vemos en la madrugada. Yo de la casa me jalo pa' las hondonadas. -  Ándale pues - Juan queda solo. Aparece Green. -  Buenas noches Juan Canito - lo saluda apuntándole con su pistola. Juan se le queda mirando e intenta tomar el cuchillo pero Green le dispara cerca y tiene que levantar la mano. Sin dejar de apuntarle se acerca y lo toma. - Si te mueves eres hombre muerto, desgraciado. Levántate. ¡ Qué te levantes ! Alza las manos - así lo hace Juan, el sheriff se aleja un poco - Camínale . ¡ Camínale ! - Juan se le acerca unos pasos - Date vuelta. ¡ Qué te des la maldita vuelta ! - Juan así lo hace. -  Ya decía yo que nos habíamos visto en algún lado. Usted es el maldito que una vez vino a la hacienda a tirar las cercas. No lo reconocí porque traía el pañuelo ese pero ahorita estoy reconociendo su voz. -  Demasiado tarde mejicano. Te dije que nos volveríamos a ver. Así que ponte a rezar porque ya vas camino al infierno - Juan lo vuelve a enfrentar. Green se sobresalta - ¿ Quién te dijo que te voltearas ? - Juan no le contesta, simplemente sigue echando el humo de su cigarrillo. -  Si me vas a matar jálale al gatillo - lo provoca mientras sigue fumando - No vaya a ser que la temblorina le haga mover el pulso. -  ¡ Tira ese cigarro maldito ! - se enoja Green. -  Sólo los cobardes le disparan a alguien que no está armado . -  Yo no soy ningún cobarde. Te voy a perdonar la vida. -  Usted no perdona nada. En sus ojos veo el brillo del diablo. -  ¡ Cállate ! - le dice con los dientes apretados - Cállate si en algo aprecias tu miserable vida - se escucha un trueno, Juan rápido se lanza a apartarle el arma pero Green le clava el cuchillo en la espalda. Juan cae lentamente, Green de una patada lo arroja al arroyo. -  ¿ Creíste que te iba a dejar vivo ? Grasiento arrogante - se va. El cuerpo de Juan queda flotando boca abajo. El cuchillo sobresale en su espalda. Ya de el día en la hacienda. Green y Thomas están en la sala junto a Felipe. Green acaricia la culata de un arma que dentro de su caja está sobre una mesa . -  ¿ Puedo verla ? - le pregunta a Felipe, éste asiente. Green la levanta - Mira Thomas. Es una Colt . -  Es preciosa - dice éste tomándola de manos del sheriff - ¿ No la vende ? . -  No - dice Felipe quitándosela de la manos - Es un presente que le tengo a mi capataz Juan Canito - la vuelve a poner en su caja. -  Pues qué suerte tiene su capataz - sonríe Green -  Caballeros, espero que tengan buen viaje - los despide Felipe. -  Gracias por su hospitalidad. Afortunadamente el aguacero que amenazaba con caer anoche no llegó. Así que podemos regresar a Spurtown - sale. Norteño que está parado más atrás los observa con desconfianza . -  Nos despide de su distinguida madre - le dice el doctor. -  Yo le haré saber de su partida. -  Por cierto - dice Green regresando - No tuve el gusto de conocer a su hermana. -  Está indispuesta. Acompaña a los señores Norteño. -  Una última cosa señor Moreno. Lo felicito por su buen gusto - mirando a su alrededor - Su casa es un palacio. -  Gracias. -  Y también le agradezco su ayuda por haber aniquilado al indio Alejandro. Nos ahorró el trabajo de irlo a buscar a su aldea. -  No tiene nada que agradecer. -  Vámonos sheriff, se está haciendo tarde - le dice Thomas y ya casi a punto de salir escupe al piso. -  ¡ Óigame ! - se enoja el Norteño lanzándose sobre él. Felipe lo detiene. -  Acompáñalos Norteño - Thomas hace un saludo, el Norteño sale tras él poco convencido. Felipe los mira irse, se le acerca su madre. -  ¡ Cretinos ! ¡ Bendito sea Dios que se van ! - dice ella.

     En la aldea yahí. Alejandro ya está levantado, le lleva algo para tomar a Ramona que aún duerme. -  Despierta - le dice acariciándole su hombro desnudo, ella se mueve - Despierta, es hora de irnos. -  Buenos días - le dice ella con los ojos apenas abiertos. -  Buenos días - y se inclina a besarla. -  ¿ Qué hora es ? -  Ya salió el sol - ella se incorpora. -  ¿ Adónde vamos a ir ? - toma la bebida que él le ofrece. -  Vamos a ir a cortar unos árboles para hacer leña, para arreglar unos corrales. Tenemos que empezar a guardar provisiones para el invierno. -  Me voy a vestir - le dice ella sonriéndole. -  Mm. Veo que amaneciste de mejor ánimo. -  Es que el amor hace milagros - le acaricia el pelo - Anoche fue maravilloso - él le sonríe y se inclina a besarla nuevamente. -  Hoy pasaremos todo el día juntos . -  Me parece perfecto - golpean a la puerta. -  Debe ser Antonio - dice Alejandro yendo a abrir - ¡ Lince ! ¿ Qué haces aquí ? Margarita le está dando unos últimos retoques a la torta de su padre. Aparece Marta con Delgadina que todavía está en camisón y apenas despierta. -  Me levante temprano para preparar los buñuelos pa' el festejo de mi apá. ¿ A qué hora vamos a partir el pastel amá ? - le pasa una taza de café. -  No sé. Tu pá no ha regresado de la ronda. Me tiene con pendiente. Ya le dije a Marcos que lo fuera a buscar. -  ¡ Ay ! Por ahí debe andar . No se apure amá. Ya ve que es harto cumplidor. Ha de haber ido a dar la vuelta hasta por los linderos de la hacienda. Ahorita que regrese le hacemos su fiesta. Felipe ya me dijo que le tiene un regalo. -  Hasta que no regrese Marcos con noticias yo no voy a estar tranquila. Mi viejo siempre que vela regresa temprano - dice Marta angustiada. -  A ver Delgadina, te vas a peinar esas greñas - Delgadina hace un gesto de que no quiere - ¡ Sí, cómo no ! -  No, yo no quiero. -  ¿ Cómo de que no ? -  No - ambas siguen peleando mientras Marta entra al dormitorio, toma su rosario y se sienta a rezar. Alejandro está leyendo el cartel que le trajo Lince. Él se está sirviendo un café . -  No sé lo que dice. Pero vi que un mejicano los andaba colocando en la sierra y luego los ocultaba. Era un hombre parecido a una comadreja, de esas que se esconden en su madriguera después de robar comida. -  Tenemos que registrar los títulos de propiedad del pueblo yahí - le dice Alejandro a Ramona que se asoma desde el dormitorio - Están enterrados en la hacienda, voy a tener que regresar por ellos. -  Tú no podrás hacerlo - le dice Ramona - Si alguien de mi casa te descubre te matará. -  Entonces que vaya Antonio. -  No, no. Él tampoco, también lo descubrirían. -  ¿ Quién más sabe dónde están eso títulos ? - pregunta Lince. -  Yo - dice Ramona - Conozco perfectamente el árbol bajo el cual están enterrados. Los guardias de la hacienda no se atreverían a hacerme daño. Iré yo - Alejandro la observa pensativo.

     En la hacienda. Alrededor del cuerpo de Juan, que está cubierto por una manta , están Felipe, César, Norteño, Marcos y otros peones. -  Su cuerpo estaba flotando en el arroyo - cuenta Marcos arrodillado junto al cuerpo - Tenía su propio cuchillo clavado en la espalda - se levanta y se lo da a Felipe. -  ¡ Estoy seguro que fueron esos malditos gringos ! - dice Felipe apretando en su mano el cuchillo - ¡ Malaya la hora en que les abrí la puerta de mi casa ! ¡ Qué una cuadrilla de hombres los siga y acaben con ellos ! -  Cálmate Felipe - le dice César - Esos hombres ya deben de ir muy lejos de aquí. Salieron al alba. Además no tienes pruebas de que ellos fueron los asesinos. Recuerda que se trata del sheriff. Si los atacas tendrán un buen pretexto para llevarte a juicio y colgarte. Felipe aún apretando el cuchillo en su mano cae arrodillado junto al cuerpo, destapa su cara, la vuelve a tapar, clava el cuchillo en el suelo y se tapa la cara sollozando. -  ¿ Cómo se lo vamos a decir a la Maguito ? ¿ Y a Martita ? - dice el Norteño . -  Yo lo haré - dice Felipe. César lo ayuda a levantarse - Será algo terrible para ellas. -  Y pero hoy, que era santo de Juanito - dice Marcos . Doña Ramona sale de la casa y se acerca . -  ¿ Qué sucede ? - pregunta preocupada la ver el grupo. Como adivinando apura el paso. -  Espere madre. Espere madre- intenta detenerla Felipe. -  Suéltame. ¡ Suéltame Felipe ! - se enoja. -  ¡ Espere madre ! - pero no la puede detener . -  Suéltame - y logra llegar junto al cuerpo. Se agacha y lo destapa, el impacto del descubrimiento es tremendo. - Juan Canito - dice con voz ahogada - No, no puede ser. Juan no. ¡ Juan no ! - con desesperación . Ya en la casa . -  No debimos confiar en esos advenedizos - dice ella - No tendremos ninguna prueba pero yo afirmo sin lugar a dudas que fueron esos malditos los que mataron a Juan . ¡ Y juro por Dios que recibirán su merecido ! -  Yo mismo puedo seguirlos madre. Le llevaré una docena de hombres bien armados y los liquidaremos - dice Felipe desesperado. -  ¡ No vas ! no quiero que te expongas. ¿ Qué sería de mí si te sucediera algo ? -  Tu mamá tiene razón Felipe - le dice Beatriz - Tienes que cuidarte por el bien de todos. -  Pero es que . . . -  Yo les pido cordura - interviene César - Entiendo la indignación que deben sentir. ¡Yo mismo los despedazaría con mis manos a esos canallas ! Pero ya deben ir lejos . Llegarán a Spurtown antes que nosotros y ese pueblo prácticamente es de gringos. Se haría una carnicería y ninguno de nosotros regresaría vivo. -  De todas formas nos van a acabar - dice Felipe - Nos están matando uno a uno. Iré tras ellos - y se lanza a la puerta. -  Te prohibo terminantemente que lo hagas - lo detiene su madre - Don César tiene razón, no podemos planear la venganza - comienza a llorar - Por ahora las que deben preocuparnos son Marta y Margarita. No sé cómo voy a darles la noticia. Los Canito han sido los más fieles que he tenido a mi servicio. Al morir Juan ha muerto una parte de mi misma. Me siento mal - Felipe se apresura a sostenerla. -  Será mejor que yo les dé la noticia a Marta y Margarita. Usted debe recostarse. -  No. Lo haré yo. A mí me corresponde - Perpetua se levanta del sillón y se acerca. -  Pero Ramona.

     En las condiciones que estás. Déjale ese trago amargo a Felipe . -  No insistas. Quiero hacerlo yo - se seca las lágrimas. Thomas y Green ha n hecho una parada en el camino. Green está limpiando la pata de su caballo. -  Hizo bien en no contarme nada sheriff, porque de haber sabido lo que planeaba hacer hubiera regresado a Spurtown a la medianoche. No cabe duda que tiene usted los nervios bien templados. Lo oí roncar hasta la madrugada. -  A estas horas ya deben haber descubierto el cadáver del dichoso Juan Canito. El que ríe último ríe mejor. Ese mejicano me la debía Thomas. -  Por fortuna no vino Douglas, eh . Porque le apuesto que ya lo estaría sermoneando con toda su palabrería legal. -  No pueden probarme nada. Cualquiera lo pudo haber matado. Por eso no le disparé con mi revólver. No dejé ninguna evidencia. -  Es usted un demonio Green. Y vaya que por lo que me cuenta el mejicano era de armas tomar. Me cuesta creer que estuviera fumando segundos antes de morir. -  ¡ Era un fanfarrón ! -  Sí, como todos los mejicanos que presumen de ser muy machos. -  No perdamos más tiempo. Mejor apuremos el paso. No se les vaya a ocurrir a esos piojosos seguirnos. -  Bien, entonces pongamos pies en polvorosa - y parten ambos al galope. Se asoma Nepo que estaba escondido tras un árbol. -  Al menos dejaron este purito - dice levantando el cigarro que Thomas estaba fumando - Con su perdón sheriff, pero yo me voy para la hacienda.

     Doña Ramona y Felipe les han dado la noticia a Marta y Margarita. -  ¡ Quiero verlo ! ¡ Quiero verlo ! - grita Margarita tratando de salir. Felipe la detiene - Felipe, dime que es mentira, por favor. Dime que es mentira. ¡Quiero ver a mi papá ! -  ¡ Qué más quisiera decirte que es mentira, pero desgraciadamente es verdad. -  ¡ No ! ¡ Quiero verlo ! - grita Margarita desesperada - Apacito, quiero verlo por favor - doña Ramona se le acerca. -  Margarita. Será mejor que esperes. Al menos hasta que le cambien las ropas. -  No, no - sigue llorando abrazada a Felipe - ¡ Ay, papá ! ¿ Por qué ? - doña Ramona mira a Marta que parece totalmente destrozada pero no deja caer una lágrima. -  Marta, lo siento tanto - le dice abrazándola. -  ¡ Ay, señora ! ¡ Qué dolor más grande ! ¿ Qué voy a hacer sin mi Juan ? . -  ¿ Quién más que yo para comprenderte Marta ? Tú sabes mejor que nadie lo que sufrí cuando perdí al hombre que amaba, lo más terrible que le puede ocurrir a un ser humano. Sin embargo tendrás que ser fuerte y resignarte porque la vida tiene que seguir. -  ¡ No ! ¿ Por qué Dios nos castiga de esta manera ? - grita Margarita - Si mi apacito no le hacía nada malo a nadie. Él era un santo, pobrecito. ¡ No ! ¿ Y ahora quién va a velar por nosotras Felipe ? -  Cálmate Margarita. No les faltará nada. Vivirán al cobijo de nosotros y les juro por la memoria de mi padre que el asesino de Juan lo pagará con su vida. -  ¡ No ! Mi papá- sigue llorando Margarita abrazada a él. Marta solloza abrazada a su patrona. Alejandro y Ramona le han llevado al padre los carteles . -  ¡ Claro ! - dice el padre terminando su lectura - Si no se registran los títulos de propiedad los despojarán de sus tierras . Es una buena treta de los americanos para apoderarse de lo que no es suyo. -  ¿ Eso es legal ? - pregunta Ramona. -  Ellos son los que dictan las leyes hija. No hay más remedio que registrar esos títulos. -  Entonces no queda otra alternativa. Tendremos que ir a la hacienda por ellos - dice Alejandro - Mi padre los enterró ahí. Pensó que estarían más seguros. -  Padre, convenza a Alejandro de que no vaya. Si mi madre lo llega a descubrir lo matará. La que debe ir soy yo. A mí no me hará nada. Por más que mi madre me deteste sería incapaz de hacerme daño. -  No, en mi opinión ninguno de los dos debe ir. Tu mamá no sería capaz de hacerte daño pero puede ser que te impida regresar. -  Ningún yahí podrá entrar a la hacienda padre. Antes de que entren los guardias los recibirán a tiros. -  Tú no irás sola - le dice Alejandro - En todo caso iremos los dos juntos. Es mi última palabra. Ramona ni siquiera protesta .                Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 47 ( 07- 06- 00 ) Matea se acerca a Ramona en el río y le pregunta quién es en realidad, que ella no es mejicana. -  No sé de qué me habla - le dice Ramona -  Probablemente tú no lo sepas pero a mí los espíritus me han revelado que por tus venas corre sangre yahí.

     En la hacienda el cielo está cada vez más encapotado. Se dejan oír los truenos. -  Vaya, parece que viene una tormenta - comenta Thomas. -  No sé si sea abusar de su hospitalidad - dice Green - Con esta lluvia preferiríamos salir para Spurtown hasta que mejore el tiempo . ¿Sería mucha molestia pedirles alojamiento por esta noche ? -  Podemos albergarlos si así lo desean - dice doña Ramona - Sólo que tendrá que ser en los caseríos de nuestros peones. Por ahora no tenemos cuartos disponibles en la casa. Tenemos otros huéspedes - Green mira a Thomas, no parecen contentos. -  Está bien - dice el sheriff con una falsa sonrisa - Cualquier techo es bueno para guarecerse del agua. -  Entonces voy a dar instrucciones a Juan Canito para que los acompañe - dice Felipe. Green se queda pensativo al oír ese nombre. Recuerda al hombre que le apuntó cuando los descubrieron volteando las cercas : " Me llamo Juan Canito, apréndete este nombre porque te voy a llevar a la tumba " fueron las palabras que le dijo ese día. -  Sheriff - lo llama Thomas - Sheriff. Nos están esperando. -  Sí - dice Green despertando de su recuerdo, toma su sombrero y se lo pone - Con su permiso señora y muchas gracias. Con permiso caballero - le dice a César. -  Creo que se tragaron el cuento de que Alejandro estaba muerto - dice César una vez que salieron. -  ¿ Quién sabe don César ? Voy a pedir que no les quiten el ojo de encima . ¡ Esos hombres me inspiraron mucha desconfianza ! - César le enciende un cigarrillo - Y para variar, todas estas angustias se las debemos a Ramona. De no ser por ella con gusto hubiera delatado al indio. En tanto Ramona. -  Lo que usted dice es absurdo . -  No, no lo es. En tu origen hay un enigma. Los guijarros no mienten - le observa el rostro - Tú no eres quien crees ser. -  Apártese de mí - dice Ramona separándose asustada. Se va del lugar. Ramona ha ido a la iglesia a ver al padre Sarriá, que está dando su clase. -  Ahora pueden ir a jugar un rato, hijos. Vayan, anden - los niños salen - ¿ Qué ocurre hija ? Ven acá. -  Necesito hablar con usted. -  Siéntate. Siéntate. A ver, dime. -  Es que . . . tengo que hacer algo padre. No puedo seguir como prisionera en un cuarto. Durante toda mi vida he estado encerrada. Primero enclaustrada en un convento y luego en la hacienda mi mamá no me permitía salir. Y ahora padre , ¡ siento que me asfixio !. Pensaba que . . . bueno, que tal vez podría ayudarlo en algo. Podría enseñar a leer y a escribir a los niños. No sé, necesito una ocupación. -  ¡ Qué barbaridad ! Ya sabía que esta unión no iba a prosperar. -  ¡ No ! No, no, padre. No me malinterprete. ¡ Yo adoro a Alejandro ! y soy muy feliz de estar junto a él. Es sólo que, pues es que no puedo estar sin hacer nada y sin hablar con nadie. -  No, hija. Por ahora no veo conveniente asignarte la tarea que me pides. Los yahís podrían tomar a mal el que tú educaras a sus niños. Ellos recelan de ti. Tienes que esperar a que se atemperen los ánimos. Si es que llegan a atemperarse. -  Padre, ¿ usted cree que algún día los yahís lleguen a aceptarme? -  Hija, los yahís cuentan mucho la historia de una mujer de esta tribu que se fue con un hombre de otra raza. Nunca la perdonaron. Pablo de Asís, en contra de la voluntad de su pueblo la enterró en el cementerio de esta aldea.

     En la memoria de la gente sigue siendo una traidora, una desertora de su raza. -  ¿ Me está hablando de Tehua ? -  ¿ Conoces la historia ? -  Sí, me la contó Alejandro.¿ Usted conoció a Tehua, padre ? -  No. A mí sólo me tocó darle cristiana sepultura. Era yo muy joven, recién acababa de llegar. -  ¿ Se fue con un irlandés verdad ? -  Sí, me parece que sí. Quien conoce muy bien los detalles de esto es Matea. Ella sí conoció a Tehua. Es una historia muy triste y Dios quiera hija mía que la tuya no vaya a ser similar a la de esta desventurada mujer. Noche en la hacienda. Green y Thomas entran a la cabaña que les designaron. -  ¡ No puede ser ! Nosotros durmiendo en esta asquerosa pocilga mientras los mejicanos están disfrutando de lo lindo en ese caserón. ¡ Ni siquiera nos invitaron a cenar ! - protesta rabioso Green. -  Esos grasientos ya no deberían vivir en la Unión Americana. Nosotros ganamos la guerra y merecemos ser los dueños de todo esto. -  Nos falta poco Thomas. Recuerda que si estos terratenientes no presentan sus títulos de propiedad, van a perder todas sus tierras. -  Pero mientras eso sucede me molesta la forma en que nos tratan. No se fijó que la dueña nos recibió de una manera arrogante y déspota. -  Sí, pero no me va a negar que es una mujer atractiva. -  ¿ Qué pasa sheriff ? ¿ Ya se contaminó de Billy ? ¿ A usted también le van a gustar las mejicanas ? -  Por supuesto que no, Thomas. Es solamente un comentario. Por cierto, a la que nunca nos presentaron fue a la hija. Me pregunto si estará tan bella como la madre - Thomas se ríe. -  La han de tener encerrada a piedra y cal. Sobre todo si se la trató de robar un piel roja. Ni siquiera a un mejicano le deseo tal suerte. -  Eso quiere decir que también tiene que ser hermosa. Me gustaría conocerla, Thomas. -  Lo que yo quiero es largarme de este piojoso lugar. ¿ No entiendo por qué quiso quedarse sheriff ? -  Porque tengo un asunto pendiente que resolver.

     En la casa grande todos están sentados a la mesa comiendo y comentando sobre la llegada de los gringos. -  Quiero que esta noche extremes la vigilancia hijo. La presencia de esos malandrines me tiene intranquila. No entiendo a qué se quedaron. -  Ni yo - le dice Felipe - Pero, por si quieren camorra, ya le ordené a Juan Canito que redoblara las guardias. Él mismo va a velar toda la noche. -  Yo me tranquilicé cuando supe que uno de los visitantes era el sheriff de Spurtown y que su compañero es un médico. No son malandrines. Inclusive creo que hubiera sido pertinente invitarlos a cenar para romper lanzas. ¿ No crees César ? - dice Perpetua. -  Pamplinas Perpetua. Ese sheriff y su acompañante son autoridades de pacotilla. Son gente que han adquirido el poder por la ley del revólver. Son unos facinerosos. -  Además, yo jamás sentaría a mi mesa a un americano. Ellos nos odian y por mi parte yo les correspondo - dice doña Ramona con rabia - Durante la guerra contra Méjico fueron desalmados con miembros hasta de su propio ejército. -  ¿ A qué se refiere señora ? - pregunta Beatriz. -  A las atrocidades que cometieron contra los irlandeses. Ellos, por ser católicos, en un momento dado se cambiaron al bando de los mejicanos y fueron castigados de una manera despiadada por los gringos. La mayoría de esos valientes irlandeses fueron aprehendidos, torturados, ahorcados. Alos que no masacraron les marcaron el rostro con un hierro candente para señalarlos como desertores. Muy pocos lograron huir. Pero al final casi todos perdieron la vida a manos de esos sátrapas. -  Es que en la guerra madre, el que se cambia de bando es un traidor a la patria. Alabo que los irlandeses se hayan aliado a los mejicanos y que les haya importado defender más nuestra religión que una bandera pero es comprensible que el ejército americano los haya tratado como desertores. -  ¡ Serán, serán ! Pero yo no puedo justificar esa acción de los americanos. Los irlandeses fueron mártires y habría que venerarlos. Alejandro y Ramona están comiendo. -  ¿Recuerdas Alejandro lo que hablamos del irlandés ? -  Sí, claro. -  Es que me pasó algo muy curioso. Cuando se fueron todas la mujeres del río, llegó Matea y me dijo algo muy extraño - él deja su plato a un lado . -  ¿ Qué cosa ? -  Dijo que por mis venas corre sangre yahí. Se lo dijo algo así como un espíritu. -  ¿ Matea te dijo eso ? -  Sí. Si no soy hija del general Moreno, ¿ no será que mi mamá me concibió con un indio ? -  No. No, eso sería una locura. Tu madre nos desprecia. -  Por eso. Tal vez alguno la forzó. No sé. Por favor, habla con Matea. Que te diga lo que sabe. Sus palabras me dejaron muy inquieta. Hablé con el padre Sarriá y también me mencionó la historia de Tewa otra vez. No he podido dejar de pensar en eso. -  Mira, no hay que creerle totalmente a Matea. Es cierto que sabe de remedios pero de eso a que los espíritus le revelen enigmas y todas esas cosas, no estoy tan seguro. -  De todas formas, habla con ella, ¿ sí ? - le apoya una mano sobre la mejilla. Alejandro recuesta su cabeza en ella, le besa el brazo. -  Si tú me lo pides, claro que lo haré - le dice mirándola dulcemente. -  Cuando miro tus ojos me doy cuenta que cada instante que paso contigo vale cualquier sacrificio - él le acaricia el rostro y acercándose la besa y lentamente la va recostando hasta quedar tendido sobre ella. Margarita le está contando un cuento a Delgadina. -  Entonces, los niños que se quedaron solos ahí, en casa ¿ no ? y el viento se oía soplar así - hace el ruido- y en eso que empiezan a caer unos rayos, así del cielo rete feos como estos de ahorita y un árbol que estaba cerca de la casa, zas, que se parte en dos. Y en eso que aparece la muerte y dice : " Vengo por todos ustedes " - Delgadina se asusta y se tapa la cara con las mantas. -  ¿ La muerte es hombre o mujer ? - pregunta destapándose. -  Pos sabe, es un esqueleto. -  Ya no quiero que me sigas contando - en ese momento se escuchan truenos más fuertes y Delgadina grita y asusta a Margarita. -  ¿ Qué pasa ? - pregunta Marta entrando a la habitación con una bandeja en donde lleva algo tapado con una repasador. -  Nada pues esta, le estaba contando un cuento pa' que se durmiera. -  Era un cuento rete feo - dice Delgadina - Apareció una muerte que quería llevarse a unos niños. -  ¡ Qué puntadas Margarita ! ¡ Con esas historias le espantas el sueño ! -  Ay, pues si Delgadina es rete miedosa, de cualquier cosa se asusta - levanta el repasador - ¡ Qué y ese pastel amá ? -  Lo voy a esconder. Mañana es el santo e tu papá y lo vamos a festejar bien tempranito. -  ¡ Ay ! ¡ Qué cabeza la mía ! ¡ Se me había pasado ! - exclama Margarita. Se abre la puerta de la casa y aparece Juan. -  Pasa Norteño - le dice dirigiéndose al dormitorio - ¡ Qué bueno que todavía están despiertas ! -  Pos, es que es temprano apá. -  El Norteño quiere hablar con nosotros- les dice. Margarita y Marta se miran intrigadas. Alejandro y Ramona han hecho el amor. Están muy juntitos mirándose a los ojos, él le acaricia el rostro con los dedos. -  ¿ En qué piensas ? - pregunta ella. -  En que no merezco tanto. Aún no puedo creer que estemos juntos. Que me ames como yo te amo - ella le sonríe y apoya su frente contra la de él con un suspiro. -  A mí también me parece increíble estar aquí. Con un hombre que hace poco era para mí un extraño - le delinea con un dedo las facciones - que ahora amo más que a mi vida. Es como si nos hubiéramos conocido desde siempre - él en silencio la besa.

     En la casa de los Canito. -  Juanito, estoy rete agradecido porque la Mago me salvó de la furia de la ama y cuando pensé que ya no iba a volver a pisar esta hacienda, me di cuenta que lo que más me podía era pos, no volver a ver a la Mago. Por eso quiero matrimoniarme con ella - Margarita la mira emocionada. - No sé por qué me hago el monje pos, si yo la quiero. ¿ Tú que dices Margarita ? -  Yo pos . . . pos yo . . . - empieza ella sumamente contenta . Juan da un golpe seco sobre la mesa haciéndola callar. -  ¿ Yo pos qué ? El que manda soy yo. Tápate ahí - le dice porque Margarita está en camisón. Juan mira al Norteño muy serio - No me gustas pa' yerno Norteño. ¿ Tú que dices vieja, eh ? -  Pos yo digo que si el Norteño tiene voluntad y se quieren no tiene nada de malo que se junten viejo - a Juan no le gusta la respuesta, pone cara de no y protesta. -  Sí apá, por favor - le ruega Margarita. -  ¿ A ti también te va a llevar un indio Margarita ? - pregunta Delgadina desde la puerta del dormitorio -  ¡ Eh ! ¿ Qué pasó huerca ? - le pregunta el Norteño. Los demás se ríen. -  Pues así es cuando se casan ¿ no ? - pregunta acercándose a Marta. -  No mi niña - le dice Marta - Así no son las bodas. Lo de la niña Ramona fue otra cosa. -  Ándele apacito, no sea remolón - insiste Margarita - Denos su consentimiento ¿ sí ? Su bendición apá. Ándele. -  Está bien - afloja Juan. -  Yujujuy!!!!! - grita el Norteño contento. -  ¿ Qué es eso hombre ? Yujuy - lo regaña Juan - Ahorita no se van a casar, eh. ¡No se casan ahorita ! La casa no está pa' jolgorios. Que esa boda sea para después. Por lo pronto tienen mi permiso pa' noviar. Norteño, cuidado con andar saliéndote de bravas. -  Te prometo que no vas a tener quejas de mí Juanito. Ya lo verás . -  Gracias, gracias apá - dice Margarita dándole besos en la mejilla. -  Ya, ya, ya . Ya déjame - la separa él - Ni que fuera pa' tanto .

     Mucho más tarde. Marta ya está acostada, casi dormida. Juan se inclina sobre ella y le da un beso en la frente. -  Vieja, voy a dar mi ronda. Regreso hasta la madrugada. -  ¿ Hasta dónde vas ? - le pregunta ella somnolienta. -  Por aquí, hasta el arroyo cuando mucho. -  Llévate algo pa' taparte por si se suelta el chubasco. -  Sí -  No deberías de ir solo. -  Llevo esto - mostrándole su cuchillo - y mi escapulario. No necesito más. No te apures. No me esperen, eh - le da otro beso en la frente - Descansa . -  Juan - lo llama ella - ¡ Qué bueno que le diste permiso al Norteño y a la Mago pa' apalabrear Estaba pensando que ya nos llegó el momento de ver a nuestros nietos. -  Ya que me lo dices, sí es cierto . Hacen falta unos chamacos que alegren la casa. Anda, duérmete. Hasta luego. Duérmete - Juan se acerca a la cama en donde duermen Margarita y Delgadina. -  ¡ Ah , qué muchacha ésta ! Dios quiera que te vaya bien con el bribón del Norteño - le da un beso en la mejilla y sale después de tomar su rifle y dar un último vistazo a la habitación. Felipe va al cuarto de su madre. -  Madre, le quiero agradecer lo que hizo por Ramona. -  No sé de qué me hablas. -  Bien que lo sabe. Frente a los americanos apoyó la versión de que Alejandro estaba muerto. ¡ Yo sé que lo hizo por mi hermana ! Debo decirle que ese gesto la enaltece . -  No fue ninguna proeza. No lo hice por Ramona sino por ti. ¿ No creerás que iba a ser capaz de desmentirte frente a esos rufianes ? -  ¡ Qué trabajo le cuesta admitir que quiere a Ramona, madre ! Finalmente, no porque se fue dejó de ser su hija. Usted pregonará lo contrario pero yo sé que en el fondo la sigue queriendo. -  Está bien. La protegí de los americanos. No quiero que esos tipos le hagan daño. ¿Conforme ? - él la besa en la frente. -  Conforme. ¡ Qué pase buenas noches ! -  ¡ Virgen Santísima ! Protege a Ramona - pide ella una vez que él se va - Que tu voluntad no permita que se encuentre con la muerte. Marcos y Juan están sentados junto al arroyo. Juan está fumando. -  ¡ Ya me estoy haciendo viejo Marcos ! Dentro de poco se me va a casar la Mago y voy a ser abuelo. -  A poco ya le diste permiso de matrimoniar con el Norteño. -  Pos luego. ¡ Ni modo que la deje para vestir santos ! Además, es la ley de la vida. Los viejos nos tenemos que ir haciendo a un lado pa' que los jóvenes pasen. Pa' que fluya el río de la vida - clava su cuchillo en el tronco en donde está sentado - Mañana cumplo años. -  ¿ Cuántos Juanito ? -  Ya perdí la cuenta . Lo que sí es que ya ajusté 50 sirviendo en esta casa. Toda mi vida pues. He visto de todo: bautizos, bodas, amores contrariados y muchos funerales. -  Tú debes saber hartas cosas. -  Hartas y de ellas muchas me las voy a llevar al sepulcro - el cielo se ilumina ante los refucilos, se escuchan los truenos. -  ¡ Válgame ! - exclama Marcos - Parece que viene un aguacero. -  No, pa' mí que esa tormenta no llega. Mucho ruido y pocas nueces. -  Pues yo por si las dudas voy a traer un impermeable de la casa. ¿ Te quedas Juan ? -  Me fumo mi cigarro y luego voy a dar una vuelta pa' que todo ande bien. -  Nos vemos en la madrugada. Yo de la casa me jalo pa' las hondonadas. -  Ándale pues - Juan queda solo. Aparece Green. -  Buenas noches Juan Canito - lo saluda apuntándole con su pistola. Juan se le queda mirando e intenta tomar el cuchillo pero Green le dispara cerca y tiene que levantar la mano. Sin dejar de apuntarle se acerca y lo toma. - Si te mueves eres hombre muerto, desgraciado. Levántate. ¡ Qué te levantes ! Alza las manos - así lo hace Juan, el sheriff se aleja un poco - Camínale . ¡ Camínale ! - Juan se le acerca unos pasos - Date vuelta. ¡ Qué te des la maldita vuelta ! - Juan así lo hace. -  Ya decía yo que nos habíamos visto en algún lado. Usted es el maldito que una vez vino a la hacienda a tirar las cercas. No lo reconocí porque traía el pañuelo ese pero ahorita estoy reconociendo su voz. -  Demasiado tarde mejicano. Te dije que nos volveríamos a ver. Así que ponte a rezar porque ya vas camino al infierno - Juan lo vuelve a enfrentar. Green se sobresalta - ¿ Quién te dijo que te voltearas ? - Juan no le contesta, simplemente sigue echando el humo de su cigarrillo. -  Si me vas a matar jálale al gatillo - lo provoca mientras sigue fumando - No vaya a ser que la temblorina le haga mover el pulso. -  ¡ Tira ese cigarro maldito ! - se enoja Green. -  Sólo los cobardes le disparan a alguien que no está armado . -  Yo no soy ningún cobarde. Te voy a perdonar la vida. -  Usted no perdona nada. En sus ojos veo el brillo del diablo. -  ¡ Cállate ! - le dice con los dientes apretados - Cállate si en algo aprecias tu miserable vida - se escucha un trueno, Juan rápido se lanza a apartarle el arma pero Green le clava el cuchillo en la espalda. Juan cae lentamente, Green de una patada lo arroja al arroyo. -  ¿ Creíste que te iba a dejar vivo ? Grasiento arrogante - se va. El cuerpo de Juan queda flotando boca abajo. El cuchillo sobresale en su espalda. Ya de el día en la hacienda. Green y Thomas están en la sala junto a Felipe. Green acaricia la culata de un arma que dentro de su caja está sobre una mesa . -  ¿ Puedo verla ? - le pregunta a Felipe, éste asiente. Green la levanta - Mira Thomas. Es una Colt . -  Es preciosa - dice éste tomándola de manos del sheriff - ¿ No la vende ? . -  No - dice Felipe quitándosela de la manos - Es un presente que le tengo a mi capataz Juan Canito - la vuelve a poner en su caja. -  Pues qué suerte tiene su capataz - sonríe Green -  Caballeros, espero que tengan buen viaje - los despide Felipe. -  Gracias por su hospitalidad. Afortunadamente el aguacero que amenazaba con caer anoche no llegó. Así que podemos regresar a Spurtown - sale. Norteño que está parado más atrás los observa con desconfianza . -  Nos despide de su distinguida madre - le dice el doctor. -  Yo le haré saber de su partida. -  Por cierto - dice Green regresando - No tuve el gusto de conocer a su hermana. -  Está indispuesta. Acompaña a los señores Norteño. -  Una última cosa señor Moreno. Lo felicito por su buen gusto - mirando a su alrededor - Su casa es un palacio. -  Gracias. -  Y también le agradezco su ayuda por haber aniquilado al indio Alejandro. Nos ahorró el trabajo de irlo a buscar a su aldea. -  No tiene nada que agradecer. -  Vámonos sheriff, se está haciendo tarde - le dice Thomas y ya casi a punto de salir escupe al piso. -  ¡ Óigame ! - se enoja el Norteño lanzándose sobre él. Felipe lo detiene. -  Acompáñalos Norteño - Thomas hace un saludo, el Norteño sale tras él poco convencido. Felipe los mira irse, se le acerca su madre. -  ¡ Cretinos ! ¡ Bendito sea Dios que se van ! - dice ella.

     En la aldea yahí. Alejandro ya está levantado, le lleva algo para tomar a Ramona que aún duerme. -  Despierta - le dice acariciándole su hombro desnudo, ella se mueve - Despierta, es hora de irnos. -  Buenos días - le dice ella con los ojos apenas abiertos. -  Buenos días - y se inclina a besarla. -  ¿ Qué hora es ? -  Ya salió el sol - ella se incorpora. -  ¿ Adónde vamos a ir ? - toma la bebida que él le ofrece. -  Vamos a ir a cortar unos árboles para hacer leña, para arreglar unos corrales. Tenemos que empezar a guardar provisiones para el invierno. -  Me voy a vestir - le dice ella sonriéndole. -  Mm. Veo que amaneciste de mejor ánimo. -  Es que el amor hace milagros - le acaricia el pelo - Anoche fue maravilloso - él le sonríe y se inclina a besarla nuevamente. -  Hoy pasaremos todo el día juntos . -  Me parece perfecto - golpean a la puerta. -  Debe ser Antonio - dice Alejandro yendo a abrir - ¡ Lince ! ¿ Qué haces aquí ? Margarita le está dando unos últimos retoques a la torta de su padre. Aparece Marta con Delgadina que todavía está en camisón y apenas despierta. -  Me levante temprano para preparar los buñuelos pa' el festejo de mi apá. ¿ A qué hora vamos a partir el pastel amá ? - le pasa una taza de café. -  No sé. Tu pá no ha regresado de la ronda. Me tiene con pendiente. Ya le dije a Marcos que lo fuera a buscar. -  ¡ Ay ! Por ahí debe andar . No se apure amá. Ya ve que es harto cumplidor. Ha de haber ido a dar la vuelta hasta por los linderos de la hacienda. Ahorita que regrese le hacemos su fiesta. Felipe ya me dijo que le tiene un regalo. -  Hasta que no regrese Marcos con noticias yo no voy a estar tranquila. Mi viejo siempre que vela regresa temprano - dice Marta angustiada. -  A ver Delgadina, te vas a peinar esas greñas - Delgadina hace un gesto de que no quiere - ¡ Sí, cómo no ! -  No, yo no quiero. -  ¿ Cómo de que no ? -  No - ambas siguen peleando mientras Marta entra al dormitorio, toma su rosario y se sienta a rezar. Alejandro está leyendo el cartel que le trajo Lince. Él se está sirviendo un café . -  No sé lo que dice. Pero vi que un mejicano los andaba colocando en la sierra y luego los ocultaba. Era un hombre parecido a una comadreja, de esas que se esconden en su madriguera después de robar comida. -  Tenemos que registrar los títulos de propiedad del pueblo yahí - le dice Alejandro a Ramona que se asoma desde el dormitorio - Están enterrados en la hacienda, voy a tener que regresar por ellos. -  Tú no podrás hacerlo - le dice Ramona - Si alguien de mi casa te descubre te matará. -  Entonces que vaya Antonio. -  No, no. Él tampoco, también lo descubrirían. -  ¿ Quién más sabe dónde están eso títulos ? - pregunta Lince. -  Yo - dice Ramona - Conozco perfectamente el árbol bajo el cual están enterrados. Los guardias de la hacienda no se atreverían a hacerme daño. Iré yo - Alejandro la observa pensativo.

     En la hacienda. Alrededor del cuerpo de Juan, que está cubierto por una manta , están Felipe, César, Norteño, Marcos y otros peones. -  Su cuerpo estaba flotando en el arroyo - cuenta Marcos arrodillado junto al cuerpo - Tenía su propio cuchillo clavado en la espalda - se levanta y se lo da a Felipe. -  ¡ Estoy seguro que fueron esos malditos gringos ! - dice Felipe apretando en su mano el cuchillo - ¡ Malaya la hora en que les abrí la puerta de mi casa ! ¡ Qué una cuadrilla de hombres los siga y acaben con ellos ! -  Cálmate Felipe - le dice César - Esos hombres ya deben de ir muy lejos de aquí. Salieron al alba. Además no tienes pruebas de que ellos fueron los asesinos. Recuerda que se trata del sheriff. Si los atacas tendrán un buen pretexto para llevarte a juicio y colgarte. Felipe aún apretando el cuchillo en su mano cae arrodillado junto al cuerpo, destapa su cara, la vuelve a tapar, clava el cuchillo en el suelo y se tapa la cara sollozando. -  ¿ Cómo se lo vamos a decir a la Maguito ? ¿ Y a Martita ? - dice el Norteño . -  Yo lo haré - dice Felipe. César lo ayuda a levantarse - Será algo terrible para ellas. -  Y pero hoy, que era santo de Juanito - dice Marcos . Doña Ramona sale de la casa y se acerca . -  ¿ Qué sucede ? - pregunta preocupada la ver el grupo. Como adivinando apura el paso. -  Espere madre. Espere madre- intenta detenerla Felipe. -  Suéltame. ¡ Suéltame Felipe ! - se enoja. -  ¡ Espere madre ! - pero no la puede detener . -  Suéltame - y logra llegar junto al cuerpo. Se agacha y lo destapa, el impacto del descubrimiento es tremendo. - Juan Canito - dice con voz ahogada - No, no puede ser. Juan no. ¡ Juan no ! - con desesperación . Ya en la casa . -  No debimos confiar en esos advenedizos - dice ella - No tendremos ninguna prueba pero yo afirmo sin lugar a dudas que fueron esos malditos los que mataron a Juan . ¡ Y juro por Dios que recibirán su merecido ! -  Yo mismo puedo seguirlos madre. Le llevaré una docena de hombres bien armados y los liquidaremos - dice Felipe desesperado. -  ¡ No vas ! no quiero que te expongas. ¿ Qué sería de mí si te sucediera algo ? -  Tu mamá tiene razón Felipe - le dice Beatriz - Tienes que cuidarte por el bien de todos. -  Pero es que . . . -  Yo les pido cordura - interviene César - Entiendo la indignación que deben sentir. ¡Yo mismo los despedazaría con mis manos a esos canallas ! Pero ya deben ir lejos . Llegarán a Spurtown antes que nosotros y ese pueblo prácticamente es de gringos. Se haría una carnicería y ninguno de nosotros regresaría vivo. -  De todas formas nos van a acabar - dice Felipe - Nos están matando uno a uno. Iré tras ellos - y se lanza a la puerta. -  Te prohibo terminantemente que lo hagas - lo detiene su madre - Don César tiene razón, no podemos planear la venganza - comienza a llorar - Por ahora las que deben preocuparnos son Marta y Margarita. No sé cómo voy a darles la noticia. Los Canito han sido los más fieles que he tenido a mi servicio. Al morir Juan ha muerto una parte de mi misma. Me siento mal - Felipe se apresura a sostenerla. -  Será mejor que yo les dé la noticia a Marta y Margarita. Usted debe recostarse. -  No. Lo haré yo. A mí me corresponde - Perpetua se levanta del sillón y se acerca. -  Pero Ramona.

     En las condiciones que estás. Déjale ese trago amargo a Felipe . -  No insistas. Quiero hacerlo yo - se seca las lágrimas.

     Thomas y Green ha n hecho una parada en el camino. Green está limpiando la pata de su caballo. -  Hizo bien en no contarme nada sheriff, porque de haber sabido lo que planeaba hacer hubiera regresado a Spurtown a la medianoche. No cabe duda que tiene usted los nervios bien templados. Lo oí roncar hasta la madrugada. -  A estas horas ya deben haber descubierto el cadáver del dichoso Juan Canito. El que ríe último ríe mejor. Ese mejicano me la debía Thomas. -  Por fortuna no vino Douglas, eh . Porque le apuesto que ya lo estaría sermoneando con toda su palabrería legal. -  No pueden probarme nada. Cualquiera lo pudo haber matado. Por eso no le disparé con mi revólver. No dejé ninguna evidencia. -  Es usted un demonio Green. Y vaya que por lo que me cuenta el mejicano era de armas tomar. Me cuesta creer que estuviera fumando segundos antes de morir. -  ¡ Era un fanfarrón ! -  Sí, como todos los mejicanos que presumen de ser muy machos. -  No perdamos más tiempo. Mejor apuremos el paso. No se les vaya a ocurrir a esos piojosos seguirnos. -  Bien, entonces pongamos pies en polvorosa - y parten ambos al galope. Se asoma Nepo que estaba escondido tras un árbol. -  Al menos dejaron este purito - dice levantando el cigarro que Thomas estaba fumando - Con su perdón sheriff, pero yo me voy para la hacienda. Doña Ramona y Felipe les han dado la noticia a Marta y Margarita. -  ¡ Quiero verlo ! ¡ Quiero verlo ! - grita Margarita tratando de salir. Felipe la detiene - Felipe, dime que es mentira, por favor. Dime que es mentira. ¡Quiero ver a mi papá ! -  ¡ Qué más quisiera decirte que es mentira, pero desgraciadamente es verdad. -  ¡ No ! ¡ Quiero verlo ! - grita Margarita desesperada - Apacito, quiero verlo por favor - doña Ramona se le acerca. -  Margarita. Será mejor que esperes. Al menos hasta que le cambien las ropas. -  No, no - sigue llorando abrazada a Felipe - ¡ Ay, papá ! ¿ Por qué ? - doña Ramona mira a Marta que parece totalmente destrozada pero no deja caer una lágrima. -  Marta, lo siento tanto - le dice abrazándola. -  ¡ Ay, señora ! ¡ Qué dolor más grande ! ¿ Qué voy a hacer sin mi Juan ? . -  ¿ Quién más que yo para comprenderte Marta ? Tú sabes mejor que nadie lo que sufrí cuando perdí al hombre que amaba, lo más terrible que le puede ocurrir a un ser humano. Sin embargo tendrás que ser fuerte y resignarte porque la vida tiene que seguir. -  ¡ No ! ¿ Por qué Dios nos castiga de esta manera ? - grita Margarita - Si mi apacito no le hacía nada malo a nadie. Él era un santo, pobrecito. ¡ No ! ¿ Y ahora quién va a velar por nosotras Felipe ? -  Cálmate Margarita. No les faltará nada. Vivirán al cobijo de nosotros y les juro por la memoria de mi padre que el asesino de Juan lo pagará con su vida. -  ¡ No ! Mi papá- sigue llorando Margarita abrazada a él. Marta solloza abrazada a su patrona. Alejandro y Ramona le han llevado al padre los carteles . -  ¡ Claro ! - dice el padre terminando su lectura - Si no se registran los títulos de propiedad los despojarán de sus tierras . Es una buena treta de los americanos para apoderarse de lo que no es suyo. -  ¿ Eso es legal ? - pregunta Ramona. -  Ellos son los que dictan las leyes hija. No hay más remedio que registrar esos títulos. -  Entonces no queda otra alternativa. Tendremos que ir a la hacienda por ellos - dice Alejandro - Mi padre los enterró ahí. Pensó que estarían más seguros. -  Padre, convenza a Alejandro de que no vaya. Si mi madre lo llega a descubrir lo matará. La que debe ir soy yo. A mí no me hará nada. Por más que mi madre me deteste sería incapaz de hacerme daño. -  No, en mi opinión ninguno de los dos debe ir. Tu mamá no sería capaz de hacerte daño pero puede ser que te impida regresar. -  Ningún yahí podrá entrar a la hacienda padre. Antes de que entren los guardias los recibirán a tiros. -  Tú no irás sola - le dice Alejandro - En todo caso iremos los dos juntos. Es mi última palabra. Ramona ni siquiera protesta .                Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 49 ( 09 - 06 - 00 ) Felipe le confiesa a Beatriz que piensa ir al pueblo yahí a llevarle a Alejandro los títulos de propiedad que están enterrados en el árbol en donde su mamá siempre reza. Alejandro, Ramona y Lince están comiendo con el negro Memphis. -  Pues me alegro volverte a encontrar - le dice éste a Lince - Y me gustaría regresarte el favor. ¡ Me ha ido bien ! Ahí te traigo muchas cosas en le carromato. Puedes tomar lo que te guste. -  Lince no necesita nada. Mejor ayúdalos a ellos. Los yahís necesitan armas. -  ¿ Armas ? - se sorprende él. -  Sí - le dice Alejandro - Armas y pólvora. -  No traigo pero las podría conseguir. -  Los yahís solamente tenemos un rebaño de ovejas y un poco de dinero que guardamos de nuestro trabajo en la esquila. -  Será difícil pero trataré de conseguirles algo. Les daré buen precio por la gratitud que le tengo a Lince. -  Felipe nos podría prestar dinero - le dice Ramona a Alejandro. -  Es mejor que no involucremos a tu familia. -  Mi familia es muy rica y estoy segura de que Felipe no dudaría en darnos lo que le pidiéramos. -  Lo entiendo, pero ahora tu familia soy yo. Tendrás que avenirte a mis recursos. -  Te conozco y aunque lo niegues sé que no aceptas esa ayuda por orgulloso - se levanta y se dirige hasta su caballo. -  Tu mujer no entiende que el hombre manda - le dice Lince - Es como un potro salvaje. Hay que domarla. Por eso Lince prefiere la soledad - Alejandro no le contesta, se levanta y se acerca a Ramona. -  Te molestaste. -  Sí - le dice ella - Cuando se necesita ayuda hay que tener humildad para aceptarla. No sé por qué te ofende que Felipe nos preste dinero. Tú decías quererlo como un hermano. -  Lo sigo apreciando. Mucho más ahora después de lo que hizo por nosotros. -  ¿ Entonces ? - se le acerca - ¿ Por qué no quieres que le pidamos algo de dinero ? -  Tienes razón. Es orgullo. Entre los yahís, el hombre es responsable del bienestar de su mujer. Yo te advertí lo que conmigo pasarías y tú aceptaste - mientras habla él le acaricia el cabello. -  No estamos hablando de mis comodidades Alejandro - se enoja ella moviéndose para quitar la mano de él - sino de la supervivencia de tu pueblo. Si la tribu corre tanto peligro como supones, me parece una necedad muy grande que quieras exponer la vida de toda tu prole sólo porque a ti te disgusta pedir un favor - vuelve a acercarse a su caballo. Alejandro la mira muy pensativo. En Spurtown. Casa de los Coronado. -  ¿ Y qué has pensado de la hipoteca ? - le pregunta Fernando a su padre. -  Primero trataremos de vender las alhajas y si no nos dan lo suficiente no tendremos otra opción. Perderemos la casa. -  Esto va a ser difícil de vender aquí, papá. He estado pensando en ir a San Diego a trabajar y aunque sea con el poco dinero con el que cuento , compraré unas mercaderías y trataré de hacer negocios. -  Gracias Fernando. Eres un buen hijo y Dios te lo va a premiar. Además me preocupa el futuro de tu hermana. Sin dinero no le podré dar dote y acabará mal casada. Por el bien de todos ojalá te vaya bien en San Diego. Fuera Analupe está regando las plantas. Billy acaba de acercarse a ella. -  ¿ Podemos platicar un poco ? - le pregunta . -  Es que acá están mi papá y mi hermano y si me ven hablando con usted se van a enojar. -  ¿ Por qué ? -  Porque usted es americano. -  Eso no es delito. -  Para ellos sí -  ¿ Y para usted ? -  No tanto - le sonríe ella. -  Le quería preguntar algo . -  ¿ Cómo qué cosa ? -  Que si está comprometida . -  No, todavía no. -  Entonces tal vez podríamos frecuentarnos. Yo tampoco estoy comprometido . -  Verá a mí no me disgustaría verlo de vez en cuando pero le digo que a mi familia sí. -  Entonces podríamos hacerlo sin que se enteren - Analupe se enoja. -  Esa proposición es indecorosa. No se le dicen esas cosas a una señorita decente. -  ¿ Entonces qué propone usted ? - Analupe se pone a pensar. -  Mmm. ¡ Ay, no se me ocurre nada ! -  Pues, a mí se me ocurre que para empezar podríamos tutearnos ¿ Qué te parece ? -  Bueno - le sonríe tontamente - Está bien Billy . -  Otro día vendré a buscarte - se toca el ala del sombrero y se va. Analupe se lo queda viendo totalmente prendada de él. Alejandro y Ramona vuelven a acercarse a Lince y Memphis. -  Tendré dinero suficiente para comprar un poco de pólvora - dice Alejandro - Consíguela y en cuanto puedas llévala a la aldea. Yo estaré ahí dentro de unos días - Memphis mira a Lince sorprendido por el cambio - Esperaremos noticias tuyas. Ahora Ramona y yo tenemos que retirarnos. -  Adiós Memphis. Adiós Lince - los saluda ella. -  ¡ Qué los espíritus los acompañen ! - les dice Lince . Amos se van . -  Por lo visto la fierecilla logró convencer a Alejandro - dice Memphis. -  Cuando las mujeres mandan mala cosa - acota Lince. Noche en la hacienda. Marcos y Norteño están excavando debajo del árbol. Felipe les alumbra. -  Aquí hay algo patrón - dice Marcos. -  ¿ Qué es ? -  Aquí está esto - dice Norteño sacando el atado que había enterrado Alejandro. -  Estos deben ser los títulos - Marcos sigue cavando y de pronto la pala choca con algo. -  Hay algo más patrón - le dice . -  A ver - dice Norteño y se inclina a revisar - ¡ Ah ! - se asusta - ¡ Es un esqueleto ! - Felipe se agacha junto al hoyo. -  No se ve bien pero sí, parecen ser unos huesos - alumbra el lugar - Entonces aquella historia era cierta. Aquí hay un hombre enterrado . -  ¿ Quiere que los saquemos patrón ? - le pregunta Marcos. -  No, a los muertos hay que dejarlos en paz. -  Por eso la patrona viene a rezar aquí - dice el Norteño. -  Me pregunto quién será. -  Lástima que ya no esté Juanito, porque seguro que él hubiera podido decirnos - comenta Marcos. -  Pero está Marta - dice Felipe - Ella me puede aclarar quién fue este hombre y por qué yace aquí. Perpetua está conversando con su sobrina. -  Yo digo que deberíamos irnos con tu papá, mi hijita. Me da pánico quedarme. Felipe se va a ir y nos vamos a quedar solas a merced de indios, gringos, fieras y a las ánimas en pena que se pasean por esta casa. -  ¡Por el amor de Dios, tía ! No vamos a estar solas. Hay muchos guardias, peones, trabajadores en la hacienda. Yo estoy más preocupado por la suerte de Felipe que por la nuestra. -  Ja, y yo por la de César. En Spurtown está el famoso sheriff, ese que me pareció tan decente y puede reconocer a tu papá. Aunque yo dudo que ese hombre sea un asesino. Ramona dirá lo que quiera, pero el sheriff me pareció una persona correcta. -  No tía, no te engañes. Nadie de aquí hubiera sido capaz de matar a Juan Canito. -  Yo no insinúo que fue alguien de aquí, pero a veces veo a gente extraña. Nada menos que ayer recibieron a un mejicano de poca monta. ¿ No lo viste ? -  Sí, fue el que trajo el aviso de los títulos. -  Lo ves, el asesino de Juan pudo haber sido cualquier asaltante que andaba por el monte. -  No. A Juan no le robaron nada - parece triste. -  ¿ Te pasa algo ? -  Sí, tía. Felipe me dijo que tenía planeado irse a pueblo yahí. -  ¡ Oh ! Ya salió el peine. De nuevo ese dolor de cabeza llamado Ramona. -  No sé por qué lo dice así. Supongo que la verá, pero el motivo de su viaje es llevar los títulos de propiedad a la tribu. Los indios los dejaron enterrados aquí. Alejandro y Ramona han acampado bajo la luz de la luna. Ella está recostada sobre una de las piernas de él, quien le acaricia el cabello. -  Gracias por abrirme los ojos. Tuviste razón al haberte enojado conmigo. A veces el orgullo hace muy necios a los hombres. -  Olvídalo - le dice ella sonriéndole. -  Pensaba en las palabras que me dijiste. Soy jefe de los yahís y tu esposo. Lo primero que debo pensar es en proteger sus vidas y yo estaba siendo egoísta. Estoy contento de que Felipe nos ayude con dinero para las armas. -  ¿ De veras ? - pregunta ella dándose vuelta para verle la cara. -  Sí - le dice él recostándose un poco más. Le acaricia con ternura el rostro - ¿ Me perdonas ? - ella estira su mano, le acaricia el cabello y le delinea los labios. Levanta su cabeza, él inclina la suya y se dan un beso. -  Es la mejor prueba de que todo está olvidado - dice ella sin dejar de acariciar sus cabellos, se sonríen y cuando están a punto de besarse nuevamente se escucha un ruido. Se apresuran a levantarse. -  Shhh!! Alguien nos está observando - le dice él acercándola a su cuerpo. Alejandro con su cuchillo en la mano se dirige a los matorrales, pregunta - ¿ Quién está ahí ? -  Vengo en son de paz - se escucha la voz de Nepo. -  Acércate - le dice, cuando lo hace le apoya el cuchillo en la garganta y toma su pistola -¿Quién eres? -  Un buen cristiano. Me llamo Nepomuceno Buen Rostro pa' servirle a usted y a Dios - Alejandro le saca el cuchillo de la cintura y lo sigue revisando - para los amigos soy Nepo - Ramona se les acerca - ¡ Válgame la Virgen Santa ! Me topé con un bandido. -  No somos bandidos -dice Alejandro. -  La señorita seguro que no pero usted quién sabe. No va a decir que por las buenas una señorita decente anda con un piel roja. -  No tiene nada que temer - lo tranquiliza Ramona poniéndose tras Alejandro y tomándose de su brazo - Este hombre es mi esposo. -  ¡ Ah Dios ! - se asombra él. Felipe entra a la sala allí se encuentra con Marta que todavía está dando vueltas. -  ¿ Todavía por aquí, Marta ? - deja el atado de cueros sobre el sillón. -  ¡ Ay, niño ! es que no quiero ni regresar a la casa - Felipe le toma una mano. -  No sabes cuánto lo siento nana. Tú sabes lo que yo quería a Juan. Le debía tantos favores. Él me salvó de morir ahogado en el río cuando era niño, ¿ te acuerdas ? -  Claro que me acuerdo. De eso y de hartas cosas. -  ¿ Y Margarita ? -  Se tuvo que ir pa' dormir a Delgadina, pero estoy rete apurada por ella. No ha dejado de llorar. -  Es natural. Juan era su padre. Lo va a resentir mucho. -  Lo bueno es que mi viejo se portó re bien con ella antes de irse a esa maldita ronda. Ya ve que él no quería dar su brazo a torcer con lo de la Mago y el Norteño. -  ¿ Y ? -  Pos, esa mera noche dio su bendición pa' ese matrimonio. Quería ver a sus nietos - comienza a lagrimear - ya no los va a conocer . -  Ya no llores nana - la abraza - Tienes que ser fuerte para que Margarita tenga en quien apoyarse. Por nuestra parte te aseguro que haremos todo lo posible para que no se sientan solas. -  Gracias niño - él le besa la cabeza - ¿ Quiere tomar algo ? -  No, nana - toma el atado del sillón - mejor dime algo. ¿ Quién está enterrado bajo el árbol que está cerca del cobertizo ? - Marta queda muda de la impresión. Nepo continúa conversando con Alejandro y Ramona. -  Pues yo voy a agarrar camino pa' el caserío de mejicanos que está aquí adelantito. Deberían de venir ustedes también. Luego es más peligroso dormir a la intemperie. Aquí cerquita yo vi huellas de puma - se acerca al fuego. -  No. Alejandro y yo nos quedamos aquí - le dice Ramona. -  ¿ Alejandro ? - se sorprende él. -  ¿ Me conoces ? - le pregunta intrigado. -  De oídas. -  Cuéntame. -  Ah, bueno - se rasca la cabeza - ¿ No tendrán un traguito por ahí, para que les platique más a gusto ? - Ramona y Alejandro se miran sonriendo - Es que ando entumido. No he tragado nada desde la mañana. -  Tenemos carne seca y un poco de café - dice Ramona acercándose a sus cosas. -  Pues me tendré que conformar. ¿ Y tú indio no traes ni un trago ? -  No bebo. -  ¡ Ay, pobres de ustedes ! Ya no me acordaba que los gringuitos les tienen prohibido a los pieles rojas tomar alcohol. Yo digo que es una tontería. Con wisky los tendrían más apaciguados. -  Será mejor que te marches - le dice con tono frío. -  No, déjanos que nos cuente qué oyó de ti -  Pues vengo de la hacienda de los Moreno . ¿Ustedes los conocen ? -  Sí - dice Alejandro sentándose junto a Ramona. -  Claro, ya se me olvidaba. Luego los indios trabajan para las esquilas de las casas de los ricos - Ramona le alcanza una taza de café - Gracias chulada. -  Le voy a pedir que me llame por mi nombre de pila. Me llamo Ramona. -  ¿ Ramona ? -  Sí, ¿ por qué le extraña ? -  Porque la señora de la hacienda se llama así. ¿ No será usted su hija ? -  En lugar de estar interrogándonos mejor dinos lo que sabes de mí. -  Pos que estabas muerto. -  ¿ Ah sí ? -  Pos sí. Bueno, eso dicen los mejicanos de la hacienda. Yo ni les creí. -  ¿ Qué más ? -  Pos, para que desembuche un cafecito no basta. Claro si la señorita Ramona o señora me da su medallita pues puede que me acuerde de más. -  Esta medallita nunca me la voy a quitar - dice Ramona poniendo su mano sobre ella - Me la dio mi hermano, tiene demasiado valor para mí. -  ¡Caray ! - rascándose la barba - Entonces, ¿ cómo le haríamos ? -  Es muy fácil - dice Alejandro - Dinos todo lo que sabes - levanta el arma, la amartilla y le apunta - o te mueres.

    

     En la hacienda . -  No Marta, no son embustes del Norteño. Yo mismo acabo de ver los restos. Desenterrando los papeles de los yahís, nos topamos con un esqueleto. -  ¡ Ay, niño ! Perdóneme pero no le puedo decir nada - se angustia ella. -  ¿ Por qué ? ¿ Quién es ? -  Por Dios, no me pregunte. Si tiene tantita lástima de mí no me inquiera . Por favor, no se lo mencione a su amá. Ya trae bastantes penas como para cargar con esto. -  ¿ Qué tiene que ver mi madre ? -  Por favor, niño. Se lo suplico. Olvídese de ese hallazgo. Por el bien de todos, olvídelo. -  Está bien Marta. No te voy a presionar más por ahora, pero cuando estés mejor ya hablaremos. Tengo que ir a dormir. Mañana salgo temprano. -  ¿ Se va a ir niño ? - se sorprende ella. -  Sí, unos días. Voy a Spurtown a unas diligencias y también a ver a Ramona . -  ¡ A la niña ! - se alegra ella. -  Sí, pero por favor no se lo comentes a mi madre - le da un beso en la frente y sale. Marta queda preocupada. Alejandro sigue apuntando a Nepo para que hable. -  Parece que el sheriff de Spurtown fue a buscarte a la hacienda. Yo creo que le dijeron que estabas muerto y por eso se fue pero antes de irse les dejó su regalito. -  ¿ Qué quieres decir ? - pregunta Alejandro. -  Pos que les dejó un difuntito -  ¿ Quién ? ¿ A quién mataron ? - se alarma Ramona. -  No se de eso no sé nada. Yo nomás vi que estaban velando a un muerto. -  Partamos ahora mismo para allá -dice Ramona levantándose, los hombres hacen lo mismo - ¿ No sabe usted si se trataba del señor Felipe Moreno ? -  No, patroncita. Por más que me pregunte , eso sí que no se lo sé decir - Alejandro lo toma del hombro y le apoya la pistola en la sien. -  ¿ No te acuerdas o no quieres decirnos ? - le pregunta con los dientes apretados. -  Déjalo Alejandro. Por favor ,vámonos. -  Lárgate de aquí - le dice él soltándolo. -  ¡ Uy ! ¡ Qué manera de tratar a la gente ! Luego se quejan de que nadie los quiere. -  No vale la pena -dice Ramona bajándole el arma- No perdamos tiempo y vámonos de aquí. Felipe en el despacho está leyendo su diario. -  De nuevo la tragedia visitó esta casa. Hoy nos abandonó Juan Canito para siempre. ¿ Será posible que algún día tengamos que abandonar estas tierras ? - toma la pluma y se pregunta en voz alta - ¿ Y ese esqueleto bajo el árbol ? - se pone a escribir - A mi alrededor todo es tristeza. Sólo una ilusión me mantiene con ánimos. Veré a Ramona otra vez. Ya es de día. Felipe acaba de bajar la Virgencita de Ramona y Margarita la envuelve. -  ¿ Le cuentas a Ramona lo que le pasó a mi apá ? -  Claro que sí Margarita. -  Le va a dar harto gusto verte. ¡ Qué bueno que le llevas su Virgencita ! Ella le tenía harta devoción. Y también le dices que la casa no es la misma sin ella, que hace mucha falta. -  Le diré todo. -  Y tú cuídate. Cuídate mucho Felipe, que no te vaya a pasar nada - casi sollozando . -  No te preocupes por mí. Preocúpate por tu mamá. Tienes que darle ánimos, ella ya es grande, necesita de ti. No dejes que la tristeza se acostumbre a vivir en tu corazón. Suceda lo que suceda nunca pierdas lo más bonito que tienes: tu alegría. -  ¡ Ay, Felipe ! - comienza a llorar ella - Yo creo que nunca me voy a volver a reír - él la abraza - Nunca me imaginé que el corazón pudiera doler tanto. -  A Juan Canito le gustaría que fueras valiente, estoy seguro. -  No, pos eso sí. Te prometo que me voy a poner bien. Por él, por mi apacito, para que cuando me vea de allá arriba no se ponga triste de verme chillar.

     En la sala de la casa. -  Por favor don César, no vaya a dejar que mi hijo cometa alguna locura. -  Haré todo lo que esté en mis manos para velar por tu muchacho. Perdón, te tutee. -  No, creo que ya nos conocemos lo suficiente para hacerlo. -  Y si Dios no dispone de otra cosa seremos consuegros. Así que no está mal que nos hablemos de tú. -  De acuerdo César. Te decía. Felipe siempre fue un hijo ejemplar, sensato, afectuoso, trabajador. En fin, no sé qué le ocurre ahora. No sé por qué demonios está desafiando la muerte. -  Debe ser por la indignación. Cuando uno es joven no es fácil dominar esos sentimientos . Pero yo te prometo que trataré de hacerlo entrar en razón. Desde luego mi principal tarea será convencerlo de que no busque ningún enfrentamiento con el sheriff de Spurtown. -  ¡ Ese maldito miserable ! - se altera ella - En cuanto Felipe esté de regreso enviaré a una cuadrilla de hombres a ese pueblo para que lo maten por la espalda. Tal y como lo hizo con mi mayoral. -  Calma Ramona. Pides cordura para tu hijo y tú misma no la tienes. -  Nunca he estado más cuerda que ahora. Ese hombre merece la muerte y yo me encargaré de que sea pronto. Sólo que sin arriesgar a mi hijo. Alejandro y Ramona han parado a descansar . Alejandro le pasa un trozo de pan con queso pero ella lo rechaza. -  Tenemos que comer algo - le dice él. -  Con las noticias que nos dio ese hombre se me fue el apetito. -  De todas maneras tienes que comer - le pone el pan en la mano. -  De sólo pensar que Felipe pueda estar muerto se me eriza la piel. -  Tengamos fe en que no se trata de él. Si me hubieras dejado yo le hubiera sacado la verdad a ese embustero. No habló porque no le dimos dinero. -  Quizás tengas razón, pero en esos momentos me dio pavor. En toda mi vida nunca he visto que lastimen a alguien. -  Tendrás que acostumbrarte. Esto no es el convento. En estos parajes la muerte acecha en cada rincón. -  Me pregunto por qué nos tenemos que matar los unos a los otros. El mundo es hermoso y los hombres se encargan de convertirlo en un infierno. Felipe está en el despacho guardando varios papeles en un pequeño baúl. Tiene el cajón del escritorio abierto, toma su diario, lo hojea. En ese momento entra su madre, lo deja en el cajón bajo unos papeles y lo cierra. -  ¿ Qué haces ? -  Escondo los títulos en un compartimiento secreto - levanta la tapita del fondo - si alguien trata de sustraerlos se llevará estos - se los muestra. -  Sigo pensando que no deberías ir. -  ¿ Para qué insiste madre ? Ya sabe que estoy decidido. -  Alabo tu hombría, pero no deja de inquietarme tu partida. ¿ Vas bien armado ? -  Sí madre y los hombres que llevo también. Por cierto, quiero decirle que dejo a cargo de todo al Norteño. -  Necesitamos un caporal. ¿ Has pensado en alguien ? -  Quizás usted no vaya a estar de acuerdo pero a mí me parece que el Norteño es el adecuado. Conoce el movimiento de la hacienda mejor que los otros peones. Es cierto que ha tenido fallas muy grandes pero quizás con una oportunidad de estas siente cabeza. ¿ Qué dice ? -  Los hombres sientan cabeza cuando se casan. Bueno, en tu caso no es así. Tú naciste con el sentido de la responsabilidad en la cuna pero la mayoría necesita de una mujer a su lado para no extraviarse. -  Marta me comentó anoche que Juan ya había dado su anuencia para el matrimonio del Norteño y Margarita. -  Falta mi aprobación. -  Pues, yo creo que no hay que esperar. -  Está bien. A la primera oportunidad que se presente un sacerdote los desposaremos como Dios manda. Ahora Felipe, arrodíllate para darte mi bendición - Felipe así lo hace, ella lo bendice, luego se abrazan. Ramona y Alejandro vienen cabalgando por el monte, ya cerca de la hacienda. -  ¿ Qué pasa ? - le pregunta ella al ver que él se detiene. -  No sigamos por el camino acostumbrado, podríamos encontrar guardias. Sigamos por otro que yo conozco -cambian el rumbo. Felipe y César ya se van. Todos han salido a despedirlos. -  Pensaré día y noche en ti - le dice Beatriz tomándolo de la mano. -  Regresaré lo más pronto que pueda - le dice besándole la mano. Hace una inclinación hacia donde están Perpetua y su madre. -  Vamos muchachos - indica subiendo al carruaje - Cuídalas mucho Norteño. -  Pierda cuidado patrón. -  ¡ No te olvides de traer mis canarios, César ! - exclama Perpetua. -  No lo olvidaré Perpetua - se sonríe César ya subido a su coche - Adiós mi hija. -  Adiós papá - le saluda Beatriz muy triste. -  ¡ Qué tengan buen camino ! - los saluda Perpetua viéndolos partir. -  Norteño, necesito hablar contigo - lo llama la doña. -  A la orden patrona - ella entra a la casa, él la sigue. Ya en el despacho. -  Siéntate - le dice ella , él duda y se dirige al sillón. - 

     En la silla, acá - le señala delante del escritorio, él la acerca y se sienta. -  ¿ Qué tal te sentaría convertirte en el caporal de esta hacienda Norteño? -  ¿Pos, qué le puedo decir patrona ? - se emociona - Sería una honra pa' mí. Aunque ni pa' cuando le llegue a Juan Canito que en paz descanse, pero pondría todo de mi parte. -  Antes de salir Felipe me externó su deseo que fueras tú el que ocupe ese cargo. Por mi parte, y dadas las malas experiencias que he tenido contigo, antes de darte formalmente ese nombramiento te pondré a prueba. -  Cumpliré como el que más . Ya verá . No tendrá motivo de queja. -  Por supuesto te subiré tu paga, pero ahora sí es tu última oportunidad. Si la desaprovechas ya no habrá otra. -  Ta güeno patrona. -  En cuanto a tu vida personal, creo que ya va siendo tiempo que formes una familia. -  Eso mesmo digo yo. Juanito antes de morir nos dio su venia a la Mago y a mí. Puede preguntarle a Marta si no me cree. -  Ya estoy enterada - le dice parándose - Así que no veré con malos ojos ese matrimonio. En cuanto tengamos la visita de un sacerdote se casarán como Dios manda. -  Patroncita, que la virgencita de los ángeles se lo pague - doña Ramona de pronto sienten que se sofoca, el Norteño se alarma - ¿ Le pasa algo señora ? -  Dile a Marta que venga. -  Sí, patrona. - sale corriendo a buscarla. Ya ha caído la noche. Alejandro y Ramona se acercan al árbol . -  Los perros están ladrando mucho - dice Ramona. -  Hay que darnos prisa. No vaya a aparecer alguien y nos delate. -  No antes de cercionarme que Felipe está bien. Voy a buscar a Juan Canito . -  ¡ Los perros te pueden atacar ! - la detiene él. -  Entonces saquemos los títulos y luego vamos a buscar a mi hermano. Espero en Dios que esté sano y salvo. -  Ahí fue donde enterramos los títulos - le señala Alejandro . -  Y también ahí está enterrado Angus O'phail , mi padre. -  Ramona, hay algo que tengo que decirte acerca de eso. -  ¿ Qué cosa ? -  Matea me insinuó que tú podrías ser el bebé de Angus y Tewa - Ramona lo mira sorprendida. -  ¿ Cómo dices ? -  Eso Ramona. ¿ Recuerdas que Angus y Tewa tuvieron un hijo del que nadie volvió a saber nada ? -  Sí, pero se trataba de un varón. -  Puede ser, pero también puede haber sido una niña. -  No se me había ocurrido. -  He pensado mucho acerca de esto. Nunca he dado pleno crédito a las palabras de Matea pero creo que esta vez adivinó algo porque tú le recordaste a Tewa. -  Sólo hay una persona que podría disipar esa duda. -  Tu madre. -  Sí, Alejandro. Marta le ha llevado a doña Ramona sus sales al dormitorio donde se encuentra. -  Los mastines están muy inquietos - comenta ella. Marta se acerca a la ventana - ¡ Ay, espero que el Norteño esté cumpliendo con su deber ! ¡ Ay, me siento muy desprotegida sin Juan y sin mi hijo ! -  No se apure señora. El Norteño y los demás muchachos andan al alba. -  Sigo con los sofocos - comenta Ramona. -  Debe acostarse. -  No, no tengo sueño. Lo que tengo es un presentimiento horrible. Lo siento aquí, en el pecho. Eso es lo que me sofoca. -  Lo que pasa es que todos andamos nerviosos. Ya hasta cuando cierran una puerta pego un brinco. -  Es natural. Después del asesinato de Juan es digno de alabanza que andes de pie. Eres una mujer muy fuerte. Ven Marta. Siéntate aquí - Marta se sienta junto a ella - Quiero decirte algo. Algo que desgraciadamente no le alcancé a decir a Juan . -  ¿ Qué cosa señora ? -  Que estaba muy agradecida con él. A ti y a él les debo mucho. -  No diga eso señora. Al contrario, nosotros le debemos a usted. -  No Marta, no. Si me muero no quiero irme como una ingrata. Quiero darte las gracias, por tu lealtad, por tu compañía. Has sido mi confidente durante muchos años. Mi ángel e la guarda, tu bondad no la puedo pagar con nada. -  Me va a hacer llorar señora y ya no tengo más lágrimas. Tengo los ojos secos de tanto chillar. -  Ojalá, ojalá que llorando se apagaran las penas Marta, pero no es así. Te lo digo yo que he llorado a mares desde que Angus murió. -  Es que los difuntitos no se van señora. Ahora la comprendo, se quedan viviendo en el corazón de uno.

     Alejandro ha excavado y excavado, finalmente se resigna. -  No están. Alguien se llevó los títulos. -  ¡ No puede ser ! ¿ Quién los puedo haber sacado ? - revisa también ella. Alejandro vuelve a excavar. -  Felipe era el único que sabía dónde estaban . -  Él nunca se hubiera atrevido a tomarlos. ¿ Por qué no excavas un poco más ? Deben estar enterrados más abajo. -  No, más abajo no. Ya llegué hasta donde están los restos del irlandés . -  Quiero verlo . -  Será mejor que no lo hagas. No tiene caso. -  Tú me contaste que llevaba un anillo. -  Sí. -  Muéstramelo. En casa de los Canito. Delgadina ya se ha quedado dormida. Margarita la tapa. El Norteño entra a la cocina, allí lo encuentra Margarita. -  ¿ Estás bien ? -  Sí, ¿ por qué ? -  Es que de repente los mastines se pusieron rete inquietos. No vaya a ser que se haya metido algún pelado por ahí. -  No, pues aquí todo está tranquilo. -  Pos, los perros no ladran porque sí. Enciérrate bien y no le abras a naides . Tu amá se va a quedar en la casa grande porque la señora se siente mal. -  Ta' güeno pues. Voy a poner la aldaba y una tranca. -  Ta' güeno - se dirige a la puerta, cuando ya casi está afuera retrocede, se acerca a Margarita - Ahí nos vemos pues - y le da un beso en la mejilla. -  Norteño - lo llama ella - Te quiero harto. -  Y yo a usted huerca - sale, ella cierra bien la puerta. Marta ya terminó de prepararle la cama a doña Ramona. -  Voy a prepararle un té. -  Ve. Yo mientras rezaré un poco. La oración me reconforta . ¿ Y mi Biblia ? -  No la he visto por aquí , señora. -  Creo haberla visto en el cuarto de Ramona - toma su chal. -  Ah, yo se la traigo. -  No, no, no. Yo voy por ella. Tú ve a preparar el té. Alejandro finalmente saca el anillo del dedo de Angus. -  Aquí está - le dice pasándoselo. -  Efectivamente. Dice Ramona - lo limpia un poco - Tiene una fecha, pero no logro distinguir bien. Parece que es 1846. -  Tiene más de veinte años. Dámelo - estira la mano - Dámelo, lo voy a poner donde estaba. -  No. -  ¿ Por qué no ? Le pertenece al irlandés. No nos corresponde quedarnos con él. -  Tal vez no, pero con esta prueba le arrancaré la verdad a mi madre.              Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 50 ( 12 - 06 - 00 ) Alejandro y Ramona han buscado los títulos bajo el árbol pero no los encuentran. Ramona le pide que saque el anillo que tiene el irlandés. Con él en sus manos le arrancará la verdad a su madre. Marta está en la cocina secándose unas lágrimas. Tras ella aparece Beatriz. -  ¡ Ay, niña ! ¡ Qué susto me pegó ! - le dice cuando ya la ve dentro de la cocina. Beatriz tose. -  Perdón Marta. Es que venía a hacerme un té de rábanos, la tos no me deja dormir. -  Yo se lo hago, ahorita se lo llevo. -  Gracias Marta. De todas maneras se me fue el sueño - toma un rábano - Me quedé preocupada por Felipe. -  A ver, traiga -le saca el rábano y lo empieza a cortar en rodajas - Por lo visto todos andamos como almas en pena. Nadie puede dormir. La señora se puso re mala. -  ¿ Qué tiene ? -  Los sofocos que casi la matan - Beatriz suspira. -  ¡ Qué barbaridad ! Tal parece que la única que pudo conciliar el sueño es mi tía. Está roncando como oso. -  Es que su tía es rete despreocupada. Ha de ser porque está soltera. Las querencias y los hijos vienen acompañados de preocupaciones - Beatriz vuelve a toser. -  Así es Marta. El amor es maravilloso pero también se sufre. -  Sí - dice Marta asintiendo con la cabeza. Doña Ramona entra a la habitación de su hija alumbrándose con una vela. Se dirige a la mesita junto a la cama y toma del cajón la Biblia, levanta la vista y se sorprende. Eleva la vela para ver mejor, la Virgen no está. -  ¡ Hijo Mío ! ¿ Qué hiciste ? - es todo lo que logra decir. Margarita está en la habitación . Delgadina duerme. Golpean con insistencia a la puerta. Margarita toma la carabina y corre a la cocina. -  ¿ Quién ? - pregunta apuntando a la puerta - Si no me dice quién es no abro. -  Soy yo Margarita, Ramona - Margarita se sorprende -  Ramona - corre a abrir la puerta, se abrazan muy fuerte - ¿ Qué haces aquí ? Pásale - cierra nuevamente la puerta. -  ¿ Y tus papás ? - pregunta Ramona mirando a su alrededor . Margarita se pone triste. -  Es que . . . - empieza vacilante. -  ¿ Qué pasa Margarita ? - se preocupa -  Es que . . . - no puede seguir. -  Margarita, por favor. Dime ¿ qué sucedió ? -  Mi apá está muerto - logra decir sollozando. Margarita le ha relatado lo sucedido. -  Entonces en la madrugada Marcos encontró el cuerpo de mi apá flotando en el agua - sigue llorando. -  No puedo creer lo que me estás contando Margarita. -  ¡ Ay, diosito ! - Ramona le frota el hombro en señal de consuelo. Se sientan. -  Cuéntame, ¿ cómo está Marta ? -  Pues está rete triste. Ella se hace la fuerte pero yo sé que por dentro está que se muere - ambas sollozan. -  ¡ Ay, Dios ! - dice Margarita secándose las lágrimas - Bueno, ahora cuéntame tú, ¿ por qué viniste ? -  Vinimos por unos papeles. -  ¿ Vinieron ? -  Sí, Alejandro me está esperando allá afuera. -  ¡ Ay Dios ! Pues tráetelo. Si se queda en el sereno lo pueden morder los perros - se apresura a abrir la puerta . -  Tienes razón. Será lo mejor. Voy a llamarlo. -  Sí. Oye Ramona : te ves rete chistosa vestida así . -  Ya te acostumbrarás - sale a buscar a Alejandro. Margarita vuelve a cerrar la puerta . -  Mago. Mago - aparece Delgadina entre dormida - ¿ Dónde está la señora Marta ? -  Ahí viene. Ahí viene mi hija - la lleva al dormitorio - Usted váyase a dormir . Ándale . -  Estaba soñando con Ramona. -  Sí, sí, sí. Ándele, duérmase ya, ¿ eh ? - la acuesta - Ya no es hora para que usted esté despierta. Marta le ha llevado su té a doña Ramona que está indignada por lo de Felipe. -  Ahora comprendo la prisa que tenía Felipe por salir. Fue a buscarla Marta. No pudo contenerse y fue tras ella. -  Son figuraciones suyas señora. El niño iba a hacer sus diligencias. -  Sí, y a ver a Ramona. Por eso no está la Virgen. Debí haberlo sospechado. No sé dónde tiene la cabeza Felipe. Se fue a meter a la boca del lobo. ¡ No puede ser ! ¡ Qué nunca se va a acabar este calvario llamado Ramona ! -  Serénese señora. Acuérdese de sus sofocos. -  Dame las sales - Marta se las alcanza para que las huela - Es como una maldición gitana. Ramona tiene magnetismo para atraer desgracias. -  Ella no tiene la culpa señora. Si el niño se ena... - se detiene de golpe - si el niño la quiere tanto no es porque ella le hay dado motivo. -  En eso debo darte la razón. La culpa la tengo yo por haberla aceptado aquella noche. -  Está siendo injusta con la niña. Dios la trajo al mundo y fue la voluntad de él que se quedara con Ud. -  No Marta. Ramona no se quedó aquí por la voluntad de Dios sino por la mía. Y a veces pienso que me equivoqué. Alejandro y Ramona ya están en la casa de los Canito. Margarita está sirviendo café. -  Necesito tu ayuda. Ve a despertar a Felipe. Necesitamos esos papeles. -  No pos, es que Felipe no está. -  ¿ Cómo ? -  No, salió esta mañana el pobre. Fue a verte, por si hasta te llevaba tu Virgen. -  Entonces seguramente fue él el que desenterró los títulos - dice Alejandro - Quizá ya estaba alertado de que había que registrarlos. -  Ano, pos de eso sí yo no sé nada. Pero a lo mejor el Norteño sí sabe algo. ¿ Quieren que lo busque ? -  No, no, no . Él le diría a mi mamá que estamos aquí - se asusta Ramona. -  Sí, ve a buscarlo. Está bien - calma Alejandro a Ramona - Acuérdate que él me dejó llegar hasta acá el día de la boda. -  ¿ A poco ? - se asombra Margarita. -  Sí. Gracias al Norteño aquel día pude llegar hasta la capilla - le cuenta a Margarita y mirando a Ramona - No nos va a delatar. No te preocupes - Ramona no parece tan convencida. Beatriz está en el despacho, sentada tras el escritorio. Acaricia la carpeta que está sobre el escritorio, abre un cajón y saca papel. Toma la pluma y empieza a escribir : " Adorado Felipe " . Comienza a toser y sin querer vuelva el frasco de tinta sobre el papel. Intenta limpiarlo, sin dejar de toser vuelve a abrir el cajón buscando algo más para limpiar y encuentra el diario. Lo saca, dice casi con reverencia " El diario de Felipe " y lo aprieta contra su pecho. Alejandro y Ramona están esperando que regrese Margarita. Se abre la puerta y entre ésta seguida por Norteño. -  Aquí están. Te lo dije, aquí están. ¿ Son o no son ? -  No, pos sí- los mira sombrado, se quita el sombrero - ¿ Cómo está niña ? -  Bien - dice ella -  Alejandro - dándole la mano. -  ¿ Cómo estás Norteño ? - se la estrecha. Norteño deja el sombrero y se sienta a la mesa. -  Norteño, me urge saber qué fue lo que ocurrió con unos papeles que estaban enterrados debajo del árbol - le dice Ramona- ¿ Sabes algo ? -  Es muy importante - acota Alejandro - Son los títulos de propiedad de la aldea. Si no los presentamos a tiempo nos van a quitar nuestras tierras. -  No pos. ¡ Qué mala suerte ! No hubieran venido hasta acá. El amo los desenterró ayer y fue a llevárselos a la tribu. ¡ Qué raro que no se lo hayan encontrado en el camino ! -  Es que tomamos otro - le dice Ramona. -  Queríamos evitar a los vigilantes. -  Pues hicieron el viaje en balde. Yo mismo le ayudé al amo a sacar esos papeles. Él los tiene. Doña Ramona ya se ha acostado. -  ¿ Ya se siente mejor señora ? -  ¡ Ay, qué va Marta ! Si ya estaba angustiada porque Felipe salió para Spurtown, ahora tengo doble motivo para estar afligida. Va a ir a la tribu de los yahís y ve tú a saber con qué líos se vaya a encontrar. Los americanos andaban tras Alejandro. ¡ Ay ! Tiemblo al pensar en que se encuentre con esos asesinos . -  ¡ Ay, señora ! No me asuste. -  Vamos a rezar un poco. Pásame la Biblia - Marta se la da, doña Ramona busca qué pasaje leer. Beatriz se ha quedado muy pensativa con el diario en su mano. Finalmente desiste y lo vuelve a guardar en el cajón. Limpia un poco el escritorio y aunque duda un segundo sale del despacho. Alejandro y Ramona se han quedado a solas. -  No podré irme sin saber quién soy. Mi mamá tendrá que decirme si soy hija de ella y Angus o si soy el bebé de Tewa y de ese irlandés. No puedo irme con esta incertidumbre Alejandro. Por favor, entiéndeme. -  Sí, lo comprendo. Pero temo que una vez que tu madre te vea no te permita regresar conmigo. -  No, no podrá impedirlo y menos si no soy su hija. Además - se abrazan - tú y yo estamos casados. Se lo diré. No podrá separarnos jamás Alejandro - entra Margarita que los sorprende abrazados. -  ¡ Ah ! El Norteño ya amarró a los perros. El pobrecito tiene re harto miedo de que la señora sepa que los está ayudando. Está bien espantado, como el otro día le dieron unos fuetazos. -  ¿ Mi mamá lo golpeó ? - se asombra Ramona. -  Sí. Figúrate nada más que el otro día estábamos . . . -  Perdona Margarita - la interrumpe Alejandro - No tenemos tiempo. Será mejor que si vas a ver a tu madre lo hagas antes de que se haga más tarde. -  ¡ Ah ! ¿ A poco que vas a ir a verla Ramona ? -  Sí Margarita - mira a Alejandro que la acaricia. Doña Ramona le entrega la Biblia a Marta. -  Ya vete a descansar. He abusado de tu generosidad. Has de estar agotada . -  No señora. Ya le dije que el trabajo me sirve pa' olvidar mi pena. -  De todas maneras tienes que dormir. -  Voy a ver si la niña Beatriz ya se acostó. -  ¿ Estaba levantada ? -  Ey. Dice que le agarraron las toses y le preparé un té de rábano. -  Esos accesos de tos no me gustan. El doctor Oviedo no les ha dado la importancia que merecen. Voy a recomendar que vean a un especialista. Mientras eso no suceda no voy a fijar la fecha de la boda de mi hijo. -  Pos, yo creo que hace bien señora. Fíjese, el otro día al hacer el aseo de su cuarto me encontré un pañuelo con sangre. -  ¿ Cómo ? -  Sí, encontré un pañuelo con sangre. Yo misma lo lavé. -  ¡ Ay ! ¡ Dios mío ! -  ¿ Es malo eso ? -  Malo no, Marta. Grave. Ese síntoma es señal que las toses de Beatriz no provienen de un simple catarro. Beatriz está sentada en la sala tosiendo y tomando su té de rábano. Desde fuera se ve acercarse una luz, entra Margarita. -  ¿ Quién es ? - pregunta Beatriz asustada al escuchar abrirse la puerta. Margarita también se asusta. -  ¡ Ay ! Soy yo. Vengo a acompañar a . . . a . . . -  A mí Beatriz - dice Ramona entrando a la sala. -  ¡ Ramona ! - se sorprende ella - ¿ Qué haces aquí ? Te ves muy diferente con esa ropa. -  Ya ves, ahora soy una yahí. -  Voy a ver si tu amá no se ha dormido - dice Margarita - Beatriz la detiene . -  Tengo entendido que se sentía mal. -  Ve a ver si está despierta Margarita por favor - le indica Ramona. -  Felipe fue a buscarte. Se va a llevar un chasco cuando llegue a la aldea y no te encuentre. Él tenía muchas ganas de verte. -  ¡Y yo a él ! Pero tal parece que el destino no quiere que nos encontremos . -  ¿ Y por qué viniste ? ¿ Te pasó algo malo ? -  No. Vine por los títulos de propiedad de pueblo yahí pero no los encontramos. Parece que Felipe se los llevó. -  Así es. Él siempre vive pendiente de ti -  Es una pena que no nos vayamos a ver. -  ¿ Así que piensas hablar con tu mamá ? -  Sí, Beatriz. -  Me temo que ella no ha terminado de entender tu decisión. -  Lo supongo, pero tengo que preguntarle algo muy importante. -  Debe tratarse de algo muy serio para que te atrevas a enfrentarla. -  Sí, es algo muy serio - y se dirige a las habitaciones de su madre.

     En el cuarto de doña Ramona. Margarita está hablando con su madre en la puerta. -  ¿ Cómo que está aquí la niña ? -  Sh !! - le hace señas de que baje el tono - Está en la sala y quiere ver a su mamá. -  ¿ Qué tanto cuchichean Marta ? - pregunta doña Ramona desde la cama - ¿ Qué sucede ? . -  Nada señora. Es aquí, la Mago. -  ¿ Qué sucede Margarita ? Supuse que ya todo el mundo estaría dormido - Margarita se asoma. -  Ah, pos. Sólo vine a ver si no se le ofrecía algo. -  Nada. Ya vete a dormir. -  Voy a estar en la cocina señora - le dice Marta - Y me voy a dar mis vueltas, ¿ eh ? -  Está bien, pero ya apláquense. Cierra todo antes de salir Margarita. -  Sí, señora - Margarita sale y doña Ramona se queda sola sin poder dormir. Alejandro se ha quedado conversando con Norteño. -  Algún día el sheriff va a recibir su merecido y ojalá sean mis manos las que le den muerte. -  Pos, a lo mejor se te adelanta el amo Felipe. Pa' mí que iba decidido a despacharse a ese infeliz. -  Él mató a mi padre - dice Alejandro. Norteño lo mira sin saber qué decir. Golpean a la puerta del cuarto de doña Ramona. -  ¿ Y ahora qué pasa Marta ? -  No es Marta, mamá - dice Ramona pasando - Soy yo - doña Ramona se incorpora sorprendida. -  Ramona - ésta la mira muy seria. Doña Ramona aparta las mantas dispuesta a levantarse - ¿ Qué haces aquí ? No pensé que regresarías tan pronto. -  No he venido a quedarme. Vine a buscar los títulos de propiedad de pueblo yahí. -  Pero, ¡ cómo es posible que te hayas atrevido a venir a verme con esa indumentaria ! ¿ Qué pretendes ? ¿ Provocarme ? ¿ Matarme de un coraje ? -  Mi intención no era molestarla. Y si no fuera porque tengo que hacerle unas preguntas no habría pasado a verla - doña Ramona se lleva la mano al pecho - ¿ Qué tiene mamá ? - intenta acercarse pero ella la detiene - Mamá, ¿ le pasa algo ? -  Me falta aire - dice respirando profundamente. Marta y Margarita están en la cocina. -  Recemos a las ánimas benditas de purgatorio para que en esta plática no vaya a salir a relucir que todo empezó por un chisme tuyo. -  ¡ Ay, no amá ! Ramona me juró que no me iba a echar de cabeza. Yo confío en su palabra. -  No, yo no desconfío de ella, pero la señora se malicia todo y va a querer saber por qué se le metieron esas dudas a la niña. -  ¡ Ay, amá ! Y dale con lo mismo. Voy a llevarle de comer a Alejandro que ha de tener hambre. -  ¡ Aquí está ! - se asusta ella. -  Ey. Allá en la casa con el Norteño. -  Nomás eso nos faltaba. Ojalá y que no llegue a oídos de la señora porque ahora no está el niño Felipe para defendernos. -  ¡ Ay, mamá ! - dice fastidiada. Sale con la comida para Alejandro. Doña Ramona huele un poco de su frasco de sales. -  ¿ Se siente mejor ? -  Sí, ya pasó - le tiende el frasco que Ramona pone sobre la mesita - Me regresaron mis achaques. Ya te deben de haber contado de la muerte de Juan Canito. -  Sí, lo lamento mucho. Sobre todo por usted. Me consta que lo apreciaba como a ninguno. -  Así es, cada vez me estoy quedando más sola. -  Mamá - se agacha frente a ella - Me apena mucho venir a molestarla en estas penosos momentos pero lo más probable es que no se me presente otra oportunidad. -  ¿ Qué es lo que quieres Ramona ? -  Saber algo. Algo que usted oculta y me concierne - doña Ramona la mira sorprendida. -  No entiendo. -  No finja mamá. Usted oculta cosas. Quiero saber la identidad del muerto que está enterrado debajo del árbol. -  Otra vez con esos cuentos - se enoja ella - Son inventos de la gente. Ya te dije que ahí no hay ningún muerto. -  Sí que lo hay - se saca el anillo - ¿ O me va a decir que esto también es un invento ? - se lo muestra en la palma de la mano. Perpetua aparece bostezando y con una vela en alto. Casi se cae al entrar en la sala. -  ¡ Ay ! ¡ Ay ! Te estaba buscando mi hijita. ¿ Qué haces levantada a estas horas ? Vi que no regresabas y me levanté a buscarte. -  Es que no te quería molestar tía. Me volvieron los accesos de tos y Marta me preparó un té de rábano. -  ¡ Ay, válgame Dios ! - se preocupa mucho - ¿ Ya estás mejor ? -  Sí, sí, tía. -  Entonces, vamos a descansar y a que te arropes bien - trata de llevarla. -  Es que . . . hay novedades tía - cierra las puertas y se sientan - Volvió Ramona. -  ¿ Ramoncita ? - se levanta pero Beatriz la vuelve a sentar - ¿ Y a qué vino ? ¿ Dónde está ? -  Según me dijo vino por unos papeles de los indios yahís. Ahora está con su mamá . -  Vamos con ellas - se levanta y va hacia la puerta - Quiero verlas. -  No, no tía. - trayéndola de nuevo al sillón - Ramona quería hablar a solas con la señora. Parece que tiene un asunto muy serio que arreglar con ella. -  ¡ Ah ! ¡ Qué niña ! ¡Ya sabía yo que se iba a arrepentir ! No aguantó vivir como fiera del monte y ahora viene con la cola entre las patas a implorar perdón. Aunque pensándolo bien, a lo mejor le sale peor quedarse aquí que con esos salvajes. Si su mamá le perdona le va a hacer la vida infame. -  No creo que haya venido a pedir perdón ni a quedarse. -  ¿ Entonces ? -  ¡ Ay, no lo sé ! - se acerca a la puerta - Pero no me dio la impresión de que estuviera arrepentida. -  ¡ Ay, qué extraño ! Entonces, ¿ a qué habrá venido ? Doña Ramona tiene el anillo en sus manos. -  Ese anillo tiene inscripto su nombre. -  ¿ Cómo fuiste capaz de profanar un sepulcro ? -  No fue intencional. Cuando don Pablo y Alejandro enterraron los papeles de su aldea se toparon con un esqueleto. Ellos descubrieron el anillo y con él su secreto - doña Ramona menea la cabeza - Ahora, lo que necesito saber mamá, es si soy hija de ese hombre. -  Tu padre es el general Alonso Moreno. -  No mamá. Usted me envió al convento por una razón. Yo no soy hija del general Moreno sino de ese irlandés al que usted amaba. Por eso él llevaba ese anillo, por eso usted siempre rezaba en ese lugar y por eso guardó usted sus cartas con tanto celo. -  ¿ Quién se atrevió a decirte tantas patrañas ? Te advierto que al que haya sido le arrancaré la lengua. -  Pues tendrá que cortárselo a mucha gente porque son muchos los que conocen esa historia. -  Eso no es cierto. Ese secreto sólo lo conocían el padre Salvatierra, Juan y Marta Canito. Nunca pensé que serían capaces de traicionarme. Voy por Marta - Ramona la detiene. -  Le juro, le juro por mi vida que ellos no me dijeron nada. -  ¿ Entonces quién fue ? -  Yo misma lo descubrí. Siempre tuve dudas, recuerdos. Y hubieron muchos indicios que me fueron llevando a la verdad. Escúcheme. Mis sospechas empezaron desde hace años, cuando un recuerdo me venía con frecuencia a la mente. Alguna vez se lo comenté. A veces venía en forma de sueño y a veces en forma de recuerdo - vuelven a pasar la escena de Ramona- niña escuchando las voces que se compadecían de ella : " Pobre niña Ramona, perdió a su madre y a su padre el mismo día " - Alguna vez se lo comenté y usted le restó importancia. Interrogué a Marta y también evadió la respuesta. Pero yo interiormente intuía algo. De niña nunca comprendí por qué me alejó de esta casa, después en el convento pasaba noches enteras tratando de entender por qué nunca fue a verme ni me permitió visitarlos. Más tarde encontré las cartas de Angus O'phail y aunque no las leí tuve la certeza de que entre usted y él había algo. -  Eso no prueba que seas hija de él. Estás trastornada y dices disparates. -  No mamá. Permítame continuar. Cuando Fernando Coronado comentó que había un muerto enterrado debajo del árbol usted se puso muy nerviosa, violenta. Luego rememoré las muchas veces que la vi rezando bajo ese árbol. Pero fue hasta que Alejandro me refirió la historia de ese irlandés cuando empecé a atar cabos. Comprendí que si ese hombre estaba enterrado ahí, con su anillo era porque usted lo amaba. Esas pistas, pero sobre todo su actitud hacia mí me llevaron a pensar que yo fui el fruto de una pasión ilícita entre usted y Angus O'phail. -  Tus sospechas me ofenden. Yo jamás le fui infiel al general Moreno. -  Júremelo. -  Te lo juro. -  Entonces, si no soy hija suya y de ese irlandés la hechicera de la tribu tiene razón. -  No sé qué te han dicho y no entiendo cómo puedes dar crédito a las palabras de una bruja ignorante. -  Es bruja como usted la llama conoció a Tewa. -  ¿ Tewa ? -se sorprende ella. -  Sí. Ella y Angus procrearon un hijo que quedó vivo después del tiroteo en el que Tewa murió . El irlandés lo trajo hasta aquí. Ese bebé se perdió en las sombras de la noche. Pero no era un niño, sino una niña y soy yo. ¿ Lo va a negar ? - doña Ramona la mira sin saber qué decir. El Norteño está nervioso. Luego de revisar vuelve a entrar a la casa muy preocupado. -  Si la señora descubre que te escondemos se va a endiablar y nos va a mandar al mismísimo infierno. -  Yo no los quiero comprometer - les dice Alejandro tomando sus cosas - Lo mejor será que espere a Ramona en otra parte. -  No, no, no - lo detiene el Norteño - Por aquí cerquita no andan los peones pero pueden aparecer por ahí y darte un plomazo. -  Sí, sí es cierto Alejandro - le dice Margarita - Mejor quédate aquí, pos es más seguro. Total nadie te va a ver. -  De acuerdo - deja sus cosas - Creo que , creo que nos estamos poniendo nerviosos sin motivo. Vamos a esperar a Ramona - se sientan los tres de nuevo. -  Come, ándale - le dice Margarita empujándole el plato. Alejandro niega con la cabeza y lo rechaza.

     Doña Ramona en tanto . -  ¡ Qué importa lo que haya ocurrido ! Para el mundo eres Ramona Moreno Gonzaga. ¿ Para qué desenterrar recuerdos que lo único que hacen es lastimarme ? -  No mamá. Yo necesito saber si llevo sangre yahí en las venas porque si es así, en la aldea de Alejandro me aceptarán. Debe saber que me casé con él y que su pueblo me repudia porque no soy una de ellos. -  Te lo advertí. -  Si alguna vez me quiso compadézcase de mí. Dígame la verdad. Yo nunca volveré a esta casa. Al menos déjeme ser feliz entre mi gente. -  Hice un juramento y no lo puedo romper. -  ¡ No sea cruel ! Un juramento no puede valer más que mi felicidad - sollozando - ¿ Por qué se guarda las palabras que me podrían liberar ? ¿ Por qué se guarda el secreto que podría quitarme esta inquietud que me roba el sueño ? -  Te repito que hice un juramento. -  Si no me lo dice la arrancaré la verdad a Marta Canito. Hablaré hasta con las piedras si es preciso, pero me enteraré de la verdad. ¡ Por favor mamá ! No me deje con la incertidumbre . ¿ Qué no se da cuenta ? ¿ No se da cuenta que con su silencio está arruinando mi vida ? -  Está bien Ramona - resignada se sienta en le sillón - Romperé el juramento que le hice a tu padre. Sólo te pongo una condición -  Lo que usted diga. -  Que nunca lo sabrá Felipe. -  Se lo juro. -  Esa es mi condición Ramona. Mis palabras por tu silencio. -  De acuerdo - le caen las lágrimas. Doña Ramona da vueltas el anillo entre sus manos. -  Yo quería descarriarme hasta el delirio. Estaba locamente enamorada de Angus, pero no me fui con él. -  ¿ Por qué no lo hizo ? -  Tal vez porque no fui tan valiente como tú Ramona. Me faltaron agallas. Angus era soldado del ejército americano y por lo tanto enemigo de nuestra patria. Si mis padres se habrían enterado de ese amor se hubieran avergonzado de mí y yo no quise causarles esa pena. Para mí valían mucho mis apellidos, el honor de mi familia y su cariño. Quizá estaba equivocada pero aposté por eso. -  ¿ Nunca se arrepintió ? -  Sí, alguna vez. Alguna vez he pensado que destruí mi felicidad por esa cobardía. Pero otras, sobre todo cuando nació Felipe, no me arrepentí. Gracias a mi hijo me siento satisfecho por la decisión que tomé aunque no puedo negar que mi alma se quedó llena de añoranzas y de amargura. -  Cuénteme algo de mi papá - le pide sumisa - Sé tan poco de él - doña Ramona sonríe al recordarlo. -  Conocí a Angus cuando era muy joven. Fue una casualidad - pasan la escena en que ella viene cabalgando y cae y luego cuando él la toma en sus brazos para llevar a curar su tobillo - Desde que tuve ese accidente mi vida cambió por completo. Fue como si me hubiera caído un rayo. Comencé a verlo clandestinamente. Casi siempre en la casa de Juan Canito. Otras, donde podía - escena de ambos besándose - estábamos poseídos por la pasión, sentíamos una necesidad apremiante de estar el uno con el otro - escena en que él le pone el anillo y le pide que se case con él - Hablé con el padre Salvatierra, él me disuadió de llevar a cabo nuestros planes. Hubiera sido muy doloroso para mi familia. Finalmente Angus partió a la guerra. Luego nos llegaron noticias y dijeron que todos los irlandeses se habían pasado al bando de los mejicanos y que habían sido masacrados por miembros del ejército americano - Ramona la toma de la mano - Las malas nuevas me trastornaron mucho, supuse que Angus había sido ejecutado. Fue entonces que mis padres me comprometieron con Alonso Moreno y me casé con él. -  ¿ Usted lo llegó a amar ? -  No, nunca pude enamorarme de nuevo. La sombra de Angus me perseguía y me persigue todavía. Doña Ramona sigue con su relato. -  Para mi sorpresa Angus no estaba muerto. Logró huir y regresó. Lo volví a ver sin su uniforme, convertido en un desertor - recuerda la noche en que se vieron y las recriminaciones de él : -  ¿ Por qué te casaste ? ¿ Por qué no me esperaste ? Me juraste amor. -  Pensé que habías muerto en la guerra Angus. Pasaron muchos meses sin que tuviera noticias tuyas. Tuve unas noches muy amargas imaginando que te habían ejecutado en Méjico. -  Fui de los pocos que logró escapar, pero dime ¿ por qué te casaste ? -  Mis padres decidieron mi boda con el general Alonso Moreno. -  No morí en la guerra pero tú me acabas de matar para siempre Ramona Gonzaga. Todavía hay remedio. Vente conmigo, vámonos de aquí. Deja todo y huyamos - se besan. -  No, no puedo Angus. No puedo. Estoy esperando un hijo. -  Pos, no me importa Ramona. Yo le daré mi apellido pero vámonos. -  Te amo Angus, pero no. Ni puedo hacerle esto a mi familia. Perdóname. Perdóname pero no puedo, no puedo. -  Desde entonces no pude vivir en paz. Él se volvió pendenciero, se embriagaba y arriesgaba su vida demostrando con ello que buscaba la muerte. Venía hasta acá, a buscarme. Llegaba hasta el árbol. Sus visitas me provocaban zozobra. En cualquier momento Alonso podría darse cuenta y matarlo. -  Mi padre era muy apasionado - dice Ramona conmovida por el relato. -  Como tú. Siempre me lo recordaste. -  ¿ Y mi madre ? ¿ Qué sabe de Tewa ? -  Muy poco, pero después que escuché su nombre supe lo que era el aguijón de los celos. Celos que con el tiempo se convirtieron en odio - recuerda el encuentro con Angus. -  ¿ Cómo pudiste hacerme esto Angus ? Dicen que esa india espera un hijo tuyo. -  Sí, es verdad. Ella espera un hijo mío. Es el hijo que tú y yo no pudimos tener - ella se separa . -  No quiero que regreses jamás. No voy a permitir que me vengas a estrujar el alma nuevamente - llega Marta muy agitada. -  Señora, ya viene el general Moreno. Váyase a la casa, por favor. Váyase - Angus se lanza a sus pies. -  Ramona. Ramona no me dejes. Ramona no me dejes. -  Vete, por favor Angus. Vete. Alonso nos va a matar. -  ¡ No me dejes Ramona! - sigue suplicando él. -  Suéltame Angus - logra soltarse de él. -  ¡ No me dejes ! -  Vete por Dios . Vete - le pide mientras corre hacia la casa. -  De ahí nació el odio que le tengo a los indios. Porque fue una de ellas la que me arrebató a Angus. Por eso alguna vez también te odié a ti . Tú eres la prueba viviente de las relaciones de Angus y Tewa -- Ramona llora. -  Pero yo no tengo la culpa. -  No serás responsable de tu sangre pero sí de tus actos . Al final, tú también me traicionaste. Como él .                Sandra S. Vallejos

 

 

 

 

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     Capítulo Nº 51 ( 13 - 06 - 00 ) Doña Ramona le cuenta a Ramona en encuentro con Angus en el cual él le confirmó su relación con Tewa. -  De ahí nació el odio que le tengo a los indios. Porque fue una de ellas la que me arrebató a Angus. Por eso alguna vez también te odié a ti. Tú eres la prueba viviente de las relaciones entre Angus y Tewa. -  Pero yo soy inocente de eso - le dice Ramona llorando. -  No serás responsable de tu sangre pero sí de tus actos. Al final, tú también me traicionaste. Como él. -  Antes que nada hay que ser fiel a uno mismo. Usted traicionó sus sentimientos. -  Mi pensamiento en aquella época fue no dañar a mis progenitores. -  Pero se dañó a usted misma y a él. Angus O'phail se fue con Tewa por despecho, mamá. -  Quizá tengas razón porque cuando él vino a morir a mis brazos me dijo unas frases que nunca olvidaré. Pasan la escena en donde Angus entra a la sala llevando a la niña en brazos tapada con una manta. Doña Ramona llega junto a Marta. -  Estate pendiente Marta - le pide -  Pero . . . - protesta Marta preocupada. -  Déjame, por favor - Marta no tiene más remedio que salir. Doña Ramona se acerca a Angus - Angus, por Dios. ¿ Qué haces aquí ? Mi esposo está agonizando. ¿ Qué es lo que quieres ? ¿ A qué has venido ? -  A despedirme de ti . -  ¿ Te vas ? -  Sí. Muy lejos . -  Sólo vienes a herirme. ¿ Te vas con Tewa, verdad ? - él se le acerca. -  Ella está muerta. -  ¿ Qué dices ? -  Ramona. Vine a verte por última vez. No podía irme sin decirte adiós. Y pedirte que en nombre del amor que nos tuvimos cuides a esta niña - la destapa. -  ¡ Dios Mío ! ¡ Estás herido ! - se preocupa ella, apenas mirando a la niña. -  Tómala. Tómala - le insiste él - Es mi hija. -  Y de ella - dice mirándola fijo - De la india. -  Debió haber sido nuestra. Pero Dios no lo quiso así. Se llama Ramona. Le puse ese nombre en honor a tu memoria - doña Ramona se decide y la toma en sus brazos. Él cae arrodillado a sus pies.- Te amo Ramona. Siempre te amé. Ramona, fuiste el amor de mi vida y quiero que sepas que ninguna mujer pudo hacer que te olvidara. -  Yo tampoco te olvidé. Te lo juro por mi hijo que es lo más sagrado que tengo - él cae lentamente a sus pies. Vuelve la escena al rostro de doña Ramona que muestra el sufrimiento que le traen estos recuerdos. -  Ya no quiero seguir. La muerte de Angus es todavía una llaga en mi alma - se sienta en la cama. Ramona se agacha frente a ella y la toma de la mano - Desde que él murió, mi vida se detuvo. Perdí la ilusión y me aficioné a recordar cada momento en que estuvimos juntos. De alguna forma yo morí junto con él. En tanto Felipe y César han parado a comer en la posada de mejicanos del camino. -  Te veo muy pensativo Felipe. -  Pensaba en mi hermana. -  Ramoncita es una herida abierta para ti y tu madre. Tardará en sanar. -  Tengo que confesarle algo, don César. Algo que quizás no le parezca correcto. -  Dime lo que sea muchacho. Cuando uno es viejo aprende a vivir sin sorpresas. -  Verá, no se lo quise decir a mi madre porque no lo hubiera aprobado . -  ¿ De qué se trata ? -  De que no pienso seguir la travesía con usted. Pienso desviarme al pueblo yahí. Quizás no lo entienda pero necesito ver a Ramona. Quiero verla, ver cómo está, saber si necesita algo. ¿ Me entiende ? Necesito estar con ella - don César le sonríe comprensivo. Perpetua se ha quedado dormida en el sillón. Beatriz, sin dejar de toser abre la puerta de la sala . Perpetua se despierta sobresaltada. -  ¿ Qué pasó ? ¿ Qué . . . qué fue ? -  Nada tía. Te quedaste dormida. -  ¡ Ah ! - llevándose la mano al pecho - Es que tuve una pesadilla. Estaba soñando con tu madre. No sé por qué la recordé. -  Tal vez por mi tos, tía. -  No, no, no . Debe ser porque estuve pensando en César. Me quedé con pendiente. Dios quiera llegue con bien. -  También yo pensaba en Felipe y en ese viaje. ¡Qué curioso es el destino ! Iba a encontrarse con Ramona y ella está acá. -  Yo creo que fue mejor mi hijita. Dios no se equivoca. -  ¿ Por qué dices eso, tía ? -  Aquí entre nos, ya te lo he dicho. No me gusta tanta devoción de Felipe por su hermana. Dios guárdela ahora, pero por tu bien espero que Ramona no venga a quedarse - Beatriz parece molesta por el comentario. Doña Ramona ha sacado del cofre todos los recuerdos que posee de Angus para mostrárselos a Ramona . -  Durante años estos objetos han sido mi compañía. De cuando en cuando los saco, los acaricio - toma la foto de Angus - Mira - Ramona la toma y se emociona. -  Es mi papá. -  Sí. Si quieres puedes quedarte con él. -  No. No, guárdelo mamá - se lo tiende - Le pertenece a usted, como le pertenecen todos sus recuerdos. -  Pero es tu padre - le dice empujándolo de nuevo hacia ella - Llévatelo. Quiero que tú lo conserves. Angus expiró aquí mismo - acaricia su revólver - en esta casa. Prácticamente vino a morir a mis brazos - recuerda ese momento . Angus está tendido en el piso, ella arrodillada junto a él. -  Angus, amado mío. -  Quiero que recuerdes una cosa. Yo siempre te quise a ti. Sólo a ti. Ninguna mujer pudo borrarme tu recuerdo, pero el destino nos jugó una mala pasada. Ahora te quiero pedir algo. -  Lo que tu quieras. -  Ya que . . . que tú y yo no pudimos engendrar un hijo cuida a mi hija como si fuera tuya - Marta tiene a la niña en brazos. Juan está junto a ella. -  Así lo haré - le asegura ella. -  Críala al cobijo de nuestra fe y costumbres. Quiero que sea católica como somos nosotros. -  Te lo juro. -  Ramona. Te amo. Puedo morir en paz - y así lo hace mientras ella llora. -  El dolor me hizo enloquecer - doña Ramona mirando la pistola - Hasta pensé en quitarme la vida. -  Y yo que creí que usted era incapaz de sentir algo. -  Me endurecí, pero antes era una mujer muy frágil. Aquella noche no tuve el valor para jalar el gatillo de esta pistola. Finalmente me serené, me cambié de ropa y fui a despedirme de Alonso - gruesas lágrimas caen por sus mejillas- quien por azares del destino también murió esa noche. Escena de Alonso agonizando en su cama. Ella secándole el sudor. -  Yo sé que nunca me quisiste Ramona. Sin embargo nunca te guardé rencor. Sé que siempre amaste a ese irlandés. Pero a pesar de eso fuiste una compañera leal y cristiana y sobre todo una buena madre para mi hijo. -  Perdóname Alonso - pide ella llorando - Hubiera querido amarte y ser la mejor en tu vida, pero sólo pude cumplir con mi deber de esposa. Regresa la escena al cuarto . -  Alonso falleció y momentos más tarde, ayudados por las tinieblas de la noche enterramos a tu papá bajo el árbol. Antes le puse el anillo que él me regaló. Es todo lo que te puedo contar Ramona. -  ¿ Y yo ? ¿ Qué pasó conmigo ? -  Marta Canito te amamantó. Margarita estaba recién nacida. Yo me encerré durante meses en estas cuatro paredes y luego dije que habías nacido. Nadie dudó que eras hija póstuma de Alonso y mía. - Fuera de la habitación Margarita está escuchando la conversación - Esta parte de mi vida sólo la conocían Marta , Juan Canito y el padre Salvatierra. Por eso me parece inconcebible que te hayas enterado. -  Ya le dije que gracias a los detalles que fui hilando, fue sencillo adivinar que yo fui ese bebé desaparecido. - se escucha cantar a los gallos - -  Ya está por despuntar el alba. -  Es hora de que me vaya - su madre asiente - Tendremos que despedirnos y esta vez sí será para siempre. Regresaré a mi aldea y les diré que soy yahí y que estoy muy orgullosa de ser una india como ellos - Fuera Margarita abre la boca sorprendida al escucharla - Y cuando sepan que soy hija de Tewa me aceptarán. -  Me alegro por ti. No tuvo ningún sentido guardar el secreto durante tanto tiempo. En cuanto te enamoraste de Alejandro debí haberte dicho la verdad. -  Afortunadamente todavía no es tarde. Alejandro se va a poner muy feliz cuando sepa que llevo sangre de su raza. -  Yo nunca le perdonaré a él como no perdoné a Tewa. Ambos me robaron el cariño de los míos. -  Ojalá algún día cambie de parecer mamá - le dice llorando - Porque nadie le robó nada. El cariño que yo le tenía - se agacha junto a ella - se lo sigo teniendo. -  Sólo me resta recordarte que me hiciste una promesa. -  ¿ Por qué no quiere que lo sepa Felipe ? -  Déjalo en paz. -  Es que no lo entiendo. -  No importa. Juraste no decírselo y quiero que respetes tu promesa. -  Si ese es su deseo lo cumpliré. Y aunque me hubiera gustado que no hubieran secretos entre mi hermano y yo - se detiene - quiero decir entre Felipe y yo. -  Lo más probable, lo mejor será que no lo vuelvas a ver. Olvídalo y vete con tu gente - Ramona llora. -  Como usted diga mamá - toma el retrato de su padre - ¿ La puedo seguir llamando así ? -  ¿ Para qué ? ¿ Qué sentido tiene si es una mentira ? -  El afecto que le tengo no lo es mamá - se le acerca y le toca el hombro . -  Vete. No hagas más dolorosa esta separación - Ramona se agacha nuevamente frente a ella. -  Yo la sigo queriendo - con la voz ahogada por las lágrimas - Y más ahora que conozco la verdad. Lamento haberle provocado tanto sufrimiento. -  Vete Ramona. Vete - le pide emocionada. -  ¿ Me puede dar su bendición ? -  ¡ Qué Dios te bendiga ! - Ramona se levanta todavía llorando, se da vuelta, la mira por última vez. -  Gracias por todo lo que hizo por mí. -  Ramona - la llama de pronto. -  ¿ Sí ? - le pregunta esperanzada. -  ¿ Viniste sola ? - Ramona se pone seria. -  No mamá - le confiesa. Doña Ramona se enfurece. -  Lo imaginé. Váyanse antes que le cobre a él mis sufrimientos - Ramona la mira muy seria y sale de la habitación . Doña Ramona deja caer su máscara de dureza y llora. Un poco más tarde y sin dejar de sollozar comienza a apagar las velas de su habitación. Mira los recuerdos de Angus que están sobre la cama y los comienza a guardar en el cofre. Ramona vuelve a casa de los Canito. Alejandro se apresura a abrirle la puerta . -  ¿ Qué pasó ? ¿ Qué pasó ? - la interroga ansioso - Me tenías muy preocupado. -  Luego te cuento, tenemos que irnos - le dice ella. -  Lo bueno es que su amá no descubrió que Alejandro estaba aquí - le dice Norteño aliviado. -  Sí lo sabe - todos pierden la sonrisa. -  No pos, será mejor que vayas por los cuacos Norteño - le indica Margarita. -  No tardo - le dice él. -  Vamos - se ofrece Alejandro. -  Quiero llevarme a Rubí - Norteño la mira triste. -  Está re malita. Desde la famosa caída no ha vuelto a trotar. El amo no la ha querido sacrificar pero . . . esa yegüita ya no tiene remedio. -  Vamos a alistar nuestros caballos - le dice Alejandro acariciándole el rostro en gesto de consuelo - Te acompaño - le dice al Norteño. Ambos salen. Doña Ramona ya está un poco más calmada. Huele un poco de sus sales. Entra Marta a la habitación. -  Se lo dije todo Marta. No sé cómo pero Ramona ya lo sabía. No tuve más remedio que confirmárselo. -  Juan y yo no le dijimos nada. -  Estoy segura que alguien le dio la primera pista pero no me quiso decir quién fue. Lo que sí le exigí es que nunca regrese y que Felipe nunca se entere de esta verdad. -  Pos, si ya se lo dijo a ella, ¿ qué caso tiene seguir escondiendo el secreto ? -  No quiero que Felipe lo sepa por una razón muy poderosa. Tú sabes perfectamente bien los sentimientos que alberga por ella. Le inquietaría. Quizá hasta me odiaría por no decírselo antes u no quiero que eso ocurra. -  Pos, al menos ya se liberó de la carga hablando con ella. Se va a sentir mejor señora. Tanto secreto era como una soga amarrada del pescuezo, por eso los sofocos. Ya verá que ahora podrá respirar más tranquila - doña Ramona sigue llorando. -  Lo que no me atreví a decirle es lo mucho que la quiero y que aunque sea piel roja es mi hija. Aunque no haya nacido de mis entrañas es la hija de Angus y mía. -  Pos, alcáncela patrona y dígaselo. -  ¡ Para qué hacer la cosas más complicadas ! Ya nos despedimos y no nos volveremos a ver. -  Pos por eso mismo - insiste Marta - No deje que se vaya sin saber que usted la quiere tanto. La niña siempre necesitó de su afecto. Alcáncela señora por favor, alcáncela - doña Ramona todavía parece muy indecisa ante la idea. Ramona y Margarita conversan mientras esperan que los hombres traigan los caballos. -  Me quedé pasmada. No, pos yo ya sabía que no eras hija del general pero pues, lo que no sabía es que no eras hija de la señora. Entonces eres india. -  Así es Margarita. Soy india yahí. -  ¡ Ay, Dios ! No, pues eso a mí no se me ocurrió ni como mal pensamiento. -  Ahora ya lo sabes y tienes el deber de callar. Mi mamá no quiere que lo sepa Felipe y aunque no conozca sus razones tenemos la obligación de respetarla. ¿ Lo harás ? -  Sí, claro. No te preocupes, tú tranquila. Nunca se lo diré ni al Norteño ni a nadie. Mira, te lo juro. Y muchas gracias por no haberme acusado con tu amá. -  Otra vez nos despedimos - le dice sollozando. -  ¡ Ey ! - asiente Margarita. Ramona se levanta - Pos, sólo sí hasta la próxima que vengas. -  No Margarita. No habrá próxima. Mi mamá me pidió que los olvide, aunque eso nunca podré hacer al menos acataré su deseo de no volver a pisar la hacienda. Este es el adiós definitivo - le dice ya llorando abiertamente. Ambas se abrazan . Minutos más tarde Ramona y Alejandro ya están junto a los caballos. Norteño los acompaña. -  Les puse más comida pa' el camino - dice Margarita apareciendo con dos cantimploras y una bolsa con comida. -  Gracias Margarita -le dice Ramona tomándolas. -  Pues, yo les quiero regalar mi revólver - le dice Norteño dándoselo a Alejandro - y este parque. -  Nos va a ser de gran utilidad. Te lo agradezco mucho Norteño - se dan los brazos al modo yahí . -  Luego que llegue el patrón a ver si les puede mandar armas. Yo le voy a contar que las necesitan allá, en tu aldea - Margarita sollozando abraza muy fuerte a Alejandro. -  Ay, luego la primera de Dios los vamos a ira a ver - Norteño abraza a Ramona . -  Nunca voy a olvidar lo que han hecho por nosotros - le dice ella conmovida. -  ¡ Ay, amita ! Pues, ¿ qué le puedo decir yo ? -  Que hagas muy feliz a Margarita . Con eso me doy por bien servida. -  Yo por esta huerca doy mi vida entera - dice Norteño abrazando a Margarita. -  Bueno, es tiempo de partir - dice Alejandro. Ramona le hecha una mirada muy triste.

     En su cuarto doña Ramona sigue sollozando sin saber qué hacer . Marta sigue insistiendo que la busque. -  Luego se va a arrepentir de no haberla abrazado. Usted misma ha dicho que en la aldea india están pasando muchas desgracias. Si algo le llegara a pasar a la niña usted nunca se lo va a perdonar. -  Vamos con ella - se decide al fin - Apúrate Marta. -  Sí señora -dice ella saliendo a la carrera de la habitación. La doña la sigue. Ramona y Alejandro ya están sobre sus caballos. -  Me despiden de Felipe y díganle que . . . siempre lo voy a llevar en mi corazón. -  Sí amita. -  Adiós Margarita - ésta no puede parar de llorar - No se te olvide lo que hablamos ¿ eh ? -  No voy a abrir mi bocota, de veras. -  Mucha suerte - los saluda Norteño . -  Cuídense mucho - les dice Margarita. Ramona le hecha una última mirada a su casa y dándole la espalda va a reunirse con Alejandro. Ambos salen al galope. En ese momento sale Marta de la casa gritando desesperada al verlos irse. -  ¡ Niña Ramona ! Deténganlos - les pide a Norteño y Mago - La señora quiere hablar con la niña. ¡ Niña Ramona ! - Margarita sale corriendo gritando el nombre de Ramona. Se ve aparecer a doña Ramona. -  Le di mi revólver a Alejandro. No tengo cómo llamar su atención - dice agitado Norteño acercándose. -  Norteño, dales alcance - le ordena la doña -  Voy por mi caballo -corre Norteño para cumplir la orden. -  Ramona, hija. Regresa - suplica doña Ramona . Abraza a Marta - Se fue Marta . Se fue. Ya no la volveré a ver. Nunca sabrá lo mucho que la quiero. En tanto Felipe llega al pueblo yahí. -  ¿ Quién será ? - pregunta Manuela al ver pasar el carruaje. -  No lo sé, vamos a ver - le dice Yahale. Antonio y Jesús se acercan al carruaje que ha detenido su marcha. Felipe baja de él con una sonrisa al reconocerlos. -  ¡ Antonio ! - lo llama -  Amo Felipe - le dice éste dándose la mano a la manera yahí - ¿ Qué nada haciendo por acá ? -  ¡ Es un verdadero honor recibirlo en esta aldea ! - le dice Jesús dándole también la mano. -  Gracias Jesús. Marcos, baja la Virgen y los regalos que traigo para Ramona . -  A la orden, patrón. -  ¿ Viene a ver a la niña Ramona ? - pregunta Jesús. -  Sí. ¿ Me pueden llevar con ella ? -  La niña no está . Se fue con Alejandro rumbo a la hacienda . -  ¿ A la hacienda ? - se sorprende él. -  Fueron a buscar los títulos de propiedad del pueblo. Unos que don Pablo enterró allá en su casa. -  ¡ Ah ! Ya veo - muy desilusionado - ¿ Cuándo salieron ? -  Hace unos cuantos días. Ahorita deben andar por allá - le informa Antonio. -  ¿ Qué hacemos con las cosas , patrón ? - pregunta Marcos -  Se las dejaremos. ¿ Y el padre Sarriá ? -  Está en la iglesia. ¿ Quiere verlo ' -  Sí, llévame con él - Marcos le alcanza la Virgen - Esto es para Ramona - les dice destapándola y entregándosela a Jesús - También le traigo otras cosas. Que te ayude Marcos a llevársela a su casa. -  ¿ También bajo el cofre patrón ? -  No, sólo dame los papeles que vienen envueltos en la piel - Marcos así lo hace - Estos son sus títulos - se los da a Antonio - Vamos a la iglesia y allá les explico. -  ¿ Quién es ese carapálida Jesús ? - pregunta Manuela que se ha acercado con Yahale. -  El hermano de la niña Ramona. El dueño de la hacienda donde vamos a esquilar. -  Hay que bajar todo con cuidado - dice Marcos , mientras las mujeres se retiran - No sé si el amo traiga cosas que se puedan romper. -  Entendido - le dice éste. Doña Ramona espera en la sala noticias del Norteño. Perpetua y Beatriz están con ella. -  El Norteño no logró alcanzarlos - le dice Marta entrando agitada. -  Gracias Marta - le dice ella conteniendo el llanto. Marta se retira. -  Cuéntanos, ¿ qué pasa ? ¿ A qué vino Ramona ? - indaga Perpetua. -  Sólo vino a recoger unos papeles que necesitan los yahís. -  Te lo dije tía. No venía a quedarse. -  Yo pensé que venía como el hijo pródigo a implorar perdón. -  No Perpetua. Ramona no está arrepentida de lo que hizo. Y esta vez es definitiva. No volverá jamás a esta casa - dice con resignación - Y ahora sí nos despedimos para siempre. -  Entonces, ¿ para qué la mandaste seguir ? -  Porque olvidé decirle algo muy importante. Y ahora si me disculpan voy a cambiarme - doña Ramona sale de la sala. Perpetua tiene cara de no entender tanta preocupación. Felipe le está escribiendo una carta a Ramona en la iglesia. -  Se la dejaré a Ramona en su casa - le dice al padre. -  Lamento muchísimo que no la hayas encontrado. Estoy seguro que hubiera estado muy feliz de verte. Fue una casualidad ingrata que haya salido a la hacienda justo cuando tú venías para acá. -  Ya vendré en otra ocasión - le dice terminando la carta. -  ¿ Qué hacemos con los títulos ? - pregunta Antonio. -  ¿ Dices que vas a Spurtown a registrar tu propiedad, no es así hijo ? -  En efecto padre. -  Quizás no estaría mal que tú fueras con él Antonio. Felipe es un terrateniente que sabe de estos oficios y podría ayudarte a realizar los trámites que sean necesarios. Buen, si a ti no te es molesto muchacho. -  De ninguna manera. Estos títulos hay que registrarlos con celeridad. El aviso indica que el plazo se vence dentro de poco. -  Pero Alejandro no está - dice Antonio. -  De todas formas él no puede ir a Spurtown. El sheriff Green fue a buscarlo hasta la hacienda alegando que es prófugo de la ley. -  ¿ Fueron los americanos hasta allá ? - se sorprende el padre. -  Así es padre. De momento pude calmar la situación. Les dije que Alejandro estaba muerto y lo creyeron. Pero no sé por cuanto tiempo pueda sostenerse esta mentira. Lo mejor será que Alejandro nunca se pare en ese maldito pueblo. El sheriff Green es un asesino. Mató a mi caporal. -  ¿ A Juan Canito ? - pregunta Antonio. -  Sí. A Juan. -  ¡ Ah ! ¡ Qué barbaridad ! -exclama el padre dejándose caer en la silla - No paran de llover malas noticias. -  Si vas a venir conmigo Antonio, prepara tus cosas porque quiero partir lo antes posible. No estando Ramona no tiene caso que me demore más. -  ¡ Qué se vaya otro contigo Antonio ! No, mejor que vayan dos. No quiero que te regreses solo. -  Está bien, padre. Voy a decirle a Jesús. Con permiso. -  Cuénteme padre - se anima ahora Felipe que salió Antonio - ¿ Cómo le ha ido a mi hermana ? Alejandro y Ramona han hecho un alto en el camino. -  Esa es la tumba del padre Salvatierra. Ahí lo encontramos Felipe y yo - ambos se acercan a la tumba. -  Mi mamá me dijo que el padre y los Canito eran los únicos que conocían el secreto de mi origen - dice Ramona parada frente a la tumba - El padre se lo llevó a la tumba al igual que Juan. Y estoy segura que Marta estaba dispuesta a hacer lo mismo. Le doy gracias al cielo de que mi mamá me contara todo porque si no probablemente nunca hubiera sabido que soy una india yahí. Matea tenía razón Alejandro. Soy hija de Angus O'phail y de Tewa y me siento muy feliz de saberlo - en su rostro se nota la tristeza que siente, está al borde del llanto. -  Por eso nuestros corazones se encontraron. -  Sí - dice ella ya con lágrimas en los ojos - Algo más fuerte que nosotros nos atrajo. La fuerza de nuestra raza nos unió. -  Ahora la tribu tendrá que aceptarte - se acerca y le pasa un brazo por el cuello a modo de abrazo - Nadie podrá echarte en cara que eres una intrusa. Viviremos en paz entre los nuestros. -  Al fin podremos disfrutar de nuestro amor. Sin ninguna sombra que empañe nuestra felicidad - Alejandro la da vuelta para que lo enfrente, coloca sus manos a ambos lados de su rostro y la acerca para besarla con pasión. El padre Sarriá le cuenta a Felipe lo sucedido desde la llegada de Ramona. -  Todo ha sido muy doloroso hijo, pero tu hermana recibió esas afrentas con gallardía. Ramona es muy valerosa. Debes estar muy orgulloso de ella. -  Mucho padre. Sé que Ramona es una mujer fuera de lo ordinario. Lo supe desde que la volví a ver a su regreso del convento. Tiene muchos dones, entre ellos la fuerza. A más claro, de su belleza y dulzura. -  Ya veo que la quieres mucho. -  Más que a nadie. Inclusive más que a mi vida. -  Me alegra que tengas tan buenos sentimientos. Un amor fraterno tan fuerte no se ve con frecuencia entre hermanos. Hay familias cuyos miembros se odian entre sí. Dios quiera que siempre conserves en ti ese lazo afectuoso por Ramona. -  Creo que ya es hora de despedirme - lo corta Felipe tomando los títulos de los yahís - Pero antes me gustaría conocer la casa de mi hermana - Ambos salen para allá. Alejandro y Ramona se han sentado a descansar en el lugar. -  Lo único que me duele es una cosa - dice Ramona. -  ¿ Cuál ? -  Mi mamá me hizo jurarle algo incomprensible. Me pidió que nunca le fuera a mencionar nada de esto a Felipe. -  ¿ Qué motivos tendrá ? - se extraña él. -  No lo sé. Quizás ella forjó una imagen frente a mi hermano que no quiere destruir. Ha de temer que Felipe la juzgue mal por haber querido más a Angus O'phail que a su propio esposo. Mi mamá me confesó que jamás amó al general Moreno. -  Tal vez sea por eso. Pero también creo que a Felipe no le gustaría saber que no eres su hermana. -  Para mí también es muy triste saber que entre él y yo no hay lazos de sangre. Sin embargo, yo siempre lo voy a querer como si fuera mi verdadero hermano. Lo que más me duele es que jamás voy a volver a verlo. Mi mamá me pidió que jamás regresara a la hacienda. Así es que Felipe y yo no volveremos a vernos más - dice resignada. Felipe se encuentra en la casa de Alejandro y Ramona. Deja la carta que le escribió junto a la Virgen. Mira a su alrededor muy triste y antes de salir dice : " Adiós Ramona " Ramona está colocando unas flores silvestres en la tumba del padre. -  Estaba pensando algo - le dice Alejandro mientras la observa. -  ¿ Qué ? -  Tú le prometiste a tu madre no volver a la hacienda pero no le prometiste no volver a ver a Felipe. -  ¿ No te entiendo ? -  Que si nos vamos a todo galope es probable que lo encontremos en la aldea - Ramona se sonríe ante la idea. Se apresura a dejar las flores que tiene, se hace la señal de la cruz y le dice. -  Démonos prisa - Alejandro le pone las manos en los hombros. -  Ramona. Mi Ramona. Blanca, yahí o irlandesa. Siempre serás lo que más ame - se inclina a besarla.               Sandra S. Vallejos

 

 

     Capítulo Nº 51 ( 13 - 06 - 00 ) Doña Ramona le cuenta a Ramona en encuentro con Angus en el cual él le confirmó su relación con Tewa. -  De ahí nació el odio que le tengo a los indios. Porque fue una de ellas la que me arrebató a Angus. Por eso alguna vez también te odié a ti. Tú eres la prueba viviente de las relaciones entre Angus y Tewa. -  Pero yo soy inocente de eso - le dice Ramona llorando. -  No serás responsable de tu sangre pero sí de tus actos. Al final, tú también me traicionaste. Como él. -  Antes que nada hay que ser fiel a uno mismo. Usted traicionó sus sentimientos. -  Mi pensamiento en aquella época fue no dañar a mis progenitores. -  Pero se dañó a usted misma y a él. Angus O'phail se fue con Tewa por despecho, mamá. -  Quizá tengas razón porque cuando él vino a morir a mis brazos me dijo unas frases que nunca olvidaré. Pasan la escena en donde Angus entra a la sala llevando a la niña en brazos tapada con una manta. Doña Ramona llega junto a Marta. -  Estate pendiente Marta - le pide -  Pero . . . - protesta Marta preocupada. -  Déjame, por favor - Marta no tiene más remedio que salir. Doña Ramona se acerca a Angus - Angus, por Dios. ¿ Qué haces aquí ? Mi esposo está agonizando. ¿ Qué es lo que quieres ? ¿ A qué has venido ? -  A despedirme de ti . -  ¿ Te vas ? -  Sí. Muy lejos . -  Sólo vienes a herirme. ¿ Te vas con Tewa, verdad ? - él se le acerca. -  Ella está muerta. -  ¿ Qué dices ? -  Ramona. Vine a verte por última vez. No podía irme sin decirte adiós. Y pedirte que en nombre del amor que nos tuvimos cuides a esta niña - la destapa. -  ¡ Dios Mío ! ¡ Estás herido ! - se preocupa ella, apenas mirando a la niña. -  Tómala. Tómala - le insiste él - Es mi hija. -  Y de ella - dice mirándola fijo - De la india. -  Debió haber sido nuestra. Pero Dios no lo quiso así. Se llama Ramona. Le puse ese nombre en honor a tu memoria - doña Ramona se decide y la toma en sus brazos. Él cae arrodillado a sus pies.- Te amo Ramona. Siempre te amé. Ramona, fuiste el amor de mi vida y quiero que sepas que ninguna mujer pudo hacer que te olvidara. -  Yo tampoco te olvidé. Te lo juro por mi hijo que es lo más sagrado que tengo - él cae lentamente a sus pies. Vuelve la escena al rostro de doña Ramona que muestra el sufrimiento que le traen estos recuerdos. -  Ya no quiero seguir. La muerte de Angus es todavía una llaga en mi alma - se sienta en la cama. Ramona se agacha frente a ella y la toma de la mano - Desde que él murió, mi vida se detuvo. Perdí la ilusión y me aficioné a recordar cada momento en que estuvimos juntos. De alguna forma yo morí junto con él. En tanto Felipe y César han parado a comer en la posada de mejicanos del camino. -  Te veo muy pensativo Felipe. -  Pensaba en mi hermana. -  Ramoncita es una herida abierta para ti y tu madre. Tardará en sanar. -  Tengo que confesarle algo, don César. Algo que quizás no le parezca correcto. -  Dime lo que sea muchacho. Cuando uno es viejo aprende a vivir sin sorpresas. -  Verá, no se lo quise decir a mi madre porque no lo hubiera aprobado . -  ¿ De qué se trata ? -  De que no pienso seguir la travesía con usted. Pienso desviarme al pueblo yahí. Quizás no lo entienda pero necesito ver a Ramona. Quiero verla, ver cómo está, saber si necesita algo. ¿ Me entiende ? Necesito estar con ella - don César le sonríe comprensivo. Perpetua se ha quedado dormida en el sillón. Beatriz, sin dejar de toser abre la puerta de la sala . Perpetua se despierta sobresaltada. -  ¿ Qué pasó ? ¿ Qué . . . qué fue ? -  Nada tía. Te quedaste dormida. -  ¡ Ah ! - llevándose la mano al pecho - Es que tuve una pesadilla. Estaba soñando con tu madre. No sé por qué la recordé. -  Tal vez por mi tos, tía. -  No, no, no . Debe ser porque estuve pensando en César. Me quedé con pendiente. Dios quiera llegue con bien. -  También yo pensaba en Felipe y en ese viaje. ¡Qué curioso es el destino ! Iba a encontrarse con Ramona y ella está acá. -  Yo creo que fue mejor mi hijita. Dios no se equivoca. -  ¿ Por qué dices eso, tía ? -  Aquí entre nos, ya te lo he dicho. No me gusta tanta devoción de Felipe por su hermana. Dios guárdela ahora, pero por tu bien espero que Ramona no venga a quedarse - Beatriz parece molesta por el comentario. Doña Ramona ha sacado del cofre todos los recuerdos que posee de Angus para mostrárselos a Ramona . -  Durante años estos objetos han sido mi compañía. De cuando en cuando los saco, los acaricio - toma la foto de Angus - Mira - Ramona la toma y se emociona. -  Es mi papá. -  Sí. Si quieres puedes quedarte con él. -  No. No, guárdelo mamá - se lo tiende - Le pertenece a usted, como le pertenecen todos sus recuerdos. -  Pero es tu padre - le dice empujándolo de nuevo hacia ella - Llévatelo. Quiero que tú lo conserves. Angus expiró aquí mismo - acaricia su revólver - en esta casa. Prácticamente vino a morir a mis brazos - recuerda ese momento . Angus está tendido en el piso, ella arrodillada junto a él. -  Angus, amado mío. -  Quiero que recuerdes una cosa. Yo siempre te quise a ti. Sólo a ti. Ninguna mujer pudo borrarme tu recuerdo, pero el destino nos jugó una mala pasada. Ahora te quiero pedir algo. -  Lo que tu quieras. -  Ya que . . . que tú y yo no pudimos engendrar un hijo cuida a mi hija como si fuera tuya - Marta tiene a la niña en brazos. Juan está junto a ella. -  Así lo haré - le asegura ella. -  Críala al cobijo de nuestra fe y costumbres. Quiero que sea católica como somos nosotros. -  Te lo juro. -  Ramona. Te amo. Puedo morir en paz - y así lo hace mientras ella llora. -  El dolor me hizo enloquecer - doña Ramona mirando la pistola - Hasta pensé en quitarme la vida. -  Y yo que creí que usted era incapaz de sentir algo. -  Me endurecí, pero antes era una mujer muy frágil. Aquella noche no tuve el valor para jalar el gatillo de esta pistola. Finalmente me serené, me cambié de ropa y fui a despedirme de Alonso - gruesas lágrimas caen por sus mejillas- quien por azares del destino también murió esa noche. Escena de Alonso agonizando en su cama. Ella secándole el sudor. -  Yo sé que nunca me quisiste Ramona. Sin embargo nunca te guardé rencor. Sé que siempre amaste a ese irlandés. Pero a pesar de eso fuiste una compañera leal y cristiana y sobre todo una buena madre para mi hijo. -  Perdóname Alonso - pide ella llorando - Hubiera querido amarte y ser la mejor en tu vida, pero sólo pude cumplir con mi deber de esposa. Regresa la escena al cuarto . -  Alonso falleció y momentos más tarde, ayudados por las tinieblas de la noche enterramos a tu papá bajo el árbol. Antes le puse el anillo que él me regaló. Es todo lo que te puedo contar Ramona. -  ¿ Y yo ? ¿ Qué pasó conmigo ? -  Marta Canito te amamantó. Margarita estaba recién nacida. Yo me encerré durante meses en estas cuatro paredes y luego dije que habías nacido. Nadie dudó que eras hija póstuma de Alonso y mía. - Fuera de la habitación Margarita está escuchando la conversación - Esta parte de mi vida sólo la conocían Marta , Juan Canito y el padre Salvatierra. Por eso me parece inconcebible que te hayas enterado. -  Ya le dije que gracias a los detalles que fui hilando, fue sencillo adivinar que yo fui ese bebé desaparecido. - se escucha cantar a los gallos - -  Ya está por despuntar el alba. -  Es hora de que me vaya - su madre asiente - Tendremos que despedirnos y esta vez sí será para siempre. Regresaré a mi aldea y les diré que soy yahí y que estoy muy orgullosa de ser una india como ellos - Fuera Margarita abre la boca sorprendida al escucharla - Y cuando sepan que soy hija de Tewa me aceptarán. -  Me alegro por ti. No tuvo ningún sentido guardar el secreto durante tanto tiempo. En cuanto te enamoraste de Alejandro debí haberte dicho la verdad. -  Afortunadamente todavía no es tarde. Alejandro se va a poner muy feliz cuando sepa que llevo sangre de su raza. -  Yo nunca le perdonaré a él como no perdoné a Tewa. Ambos me robaron el cariño de los míos. -  Ojalá algún día cambie de parecer mamá - le dice llorando - Porque nadie le robó nada. El cariño que yo le tenía - se agacha junto a ella - se lo sigo teniendo. -  Sólo me resta recordarte que me hiciste una promesa. -  ¿ Por qué no quiere que lo sepa Felipe ? -  Déjalo en paz. -  Es que no lo entiendo. -  No importa. Juraste no decírselo y quiero que respetes tu promesa. -  Si ese es su deseo lo cumpliré. Y aunque me hubiera gustado que no hubieran secretos entre mi hermano y yo - se detiene - quiero decir entre Felipe y yo. -  Lo más probable, lo mejor será que no lo vuelvas a ver. Olvídalo y vete con tu gente - Ramona llora. -  Como usted diga mamá - toma el retrato de su padre - ¿ La puedo seguir llamando así ? -  ¿ Para qué ? ¿ Qué sentido tiene si es una mentira ? -  El afecto que le tengo no lo es mamá - se le acerca y le toca el hombro . -  Vete. No hagas más dolorosa esta separación - Ramona se agacha nuevamente frente a ella. -  Yo la sigo queriendo - con la voz ahogada por las lágrimas - Y más ahora que conozco la verdad. Lamento haberle provocado tanto sufrimiento. -  Vete Ramona. Vete - le pide emocionada. -  ¿ Me puede dar su bendición ? -  ¡ Qué Dios te bendiga ! - Ramona se levanta todavía llorando, se da vuelta, la mira por última vez. -  Gracias por todo lo que hizo por mí. -  Ramona - la llama de pronto. -  ¿ Sí ? - le pregunta esperanzada. -  ¿ Viniste sola ? - Ramona se pone seria. -  No mamá - le confiesa. Doña Ramona se enfurece. -  Lo imaginé. Váyanse antes que le cobre a él mis sufrimientos - Ramona la mira muy seria y sale de la habitación . Doña Ramona deja caer su máscara de dureza y llora. Un poco más tarde y sin dejar de sollozar comienza a apagar las velas de su habitación. Mira los recuerdos de Angus que están sobre la cama y los comienza a guardar en el cofre. Ramona vuelve a casa de los Canito. Alejandro se apresura a abrirle la puerta . -  ¿ Qué pasó ? ¿ Qué pasó ? - la interroga ansioso - Me tenías muy preocupado. -  Luego te cuento, tenemos que irnos - le dice ella. -  Lo bueno es que su amá no descubrió que Alejandro estaba aquí - le dice Norteño aliviado. -  Sí lo sabe - todos pierden la sonrisa. -  No pos, será mejor que vayas por los cuacos Norteño - le indica Margarita. -  No tardo - le dice él. -  Vamos - se ofrece Alejandro. -  Quiero llevarme a Rubí - Norteño la mira triste. -  Está re malita. Desde la famosa caída no ha vuelto a trotar. El amo no la ha querido sacrificar pero . . . esa yegüita ya no tiene remedio. -  Vamos a alistar nuestros caballos - le dice Alejandro acariciándole el rostro en gesto de consuelo - Te acompaño - le dice al Norteño. Ambos salen. Doña Ramona ya está un poco más calmada. Huele un poco de sus sales. Entra Marta a la habitación. -  Se lo dije todo Marta. No sé cómo pero Ramona ya lo sabía. No tuve más remedio que confirmárselo. -  Juan y yo no le dijimos nada. -  Estoy segura que alguien le dio la primera pista pero no me quiso decir quién fue. Lo que sí le exigí es que nunca regrese y que Felipe nunca se entere de esta verdad. -  Pos, si ya se lo dijo a ella, ¿ qué caso tiene seguir escondiendo el secreto ? -  No quiero que Felipe lo sepa por una razón muy poderosa. Tú sabes perfectamente bien los sentimientos que alberga por ella. Le inquietaría. Quizá hasta me odiaría por no decírselo antes u no quiero que eso ocurra. -  Pos, al menos ya se liberó de la carga hablando con ella. Se va a sentir mejor señora. Tanto secreto era como una soga amarrada del pescuezo, por eso los sofocos. Ya verá que ahora podrá respirar más tranquila - doña Ramona sigue llorando. -  Lo que no me atreví a decirle es lo mucho que la quiero y que aunque sea piel roja es mi hija. Aunque no haya nacido de mis entrañas es la hija de Angus y mía. -  Pos, alcáncela patrona y dígaselo. -  ¡ Para qué hacer la cosas más complicadas ! Ya nos despedimos y no nos volveremos a ver. -  Pos por eso mismo - insiste Marta - No deje que se vaya sin saber que usted la quiere tanto. La niña siempre necesitó de su afecto. Alcáncela señora por favor, alcáncela - doña Ramona todavía parece muy indecisa ante la idea. Ramona y Margarita conversan mientras esperan que los hombres traigan los caballos. -  Me quedé pasmada. No, pos yo ya sabía que no eras hija del general pero pues, lo que no sabía es que no eras hija de la señora. Entonces eres india. -  Así es Margarita. Soy india yahí. -  ¡ Ay, Dios ! No, pues eso a mí no se me ocurrió ni como mal pensamiento. -  Ahora ya lo sabes y tienes el deber de callar. Mi mamá no quiere que lo sepa Felipe y aunque no conozca sus razones tenemos la obligación de respetarla. ¿ Lo harás ? -  Sí, claro. No te preocupes, tú tranquila. Nunca se lo diré ni al Norteño ni a nadie. Mira, te lo juro. Y muchas gracias por no haberme acusado con tu amá. -  Otra vez nos despedimos - le dice sollozando. -  ¡ Ey ! - asiente Margarita. Ramona se levanta - Pos, sólo sí hasta la próxima que vengas. -  No Margarita. No habrá próxima. Mi mamá me pidió que los olvide, aunque eso nunca podré hacer al menos acataré su deseo de no volver a pisar la hacienda. Este es el adiós definitivo - le dice ya llorando abiertamente. Ambas se abrazan . Minutos más tarde Ramona y Alejandro ya están junto a los caballos. Norteño los acompaña. -  Les puse más comida pa' el camino - dice Margarita apareciendo con dos cantimploras y una bolsa con comida. -  Gracias Margarita -le dice Ramona tomándolas. -  Pues, yo les quiero regalar mi revólver - le dice Norteño dándoselo a Alejandro - y este parque. -  Nos va a ser de gran utilidad. Te lo agradezco mucho Norteño - se dan los brazos al modo yahí . -  Luego que llegue el patrón a ver si les puede mandar armas. Yo le voy a contar que las necesitan allá, en tu aldea - Margarita sollozando abraza muy fuerte a Alejandro. -  Ay, luego la primera de Dios los vamos a ira a ver - Norteño abraza a Ramona . -  Nunca voy a olvidar lo que han hecho por nosotros - le dice ella conmovida. -  ¡ Ay, amita ! Pues, ¿ qué le puedo decir yo ? -  Que hagas muy feliz a Margarita . Con eso me doy por bien servida. -  Yo por esta huerca doy mi vida entera - dice Norteño abrazando a Margarita. -  Bueno, es tiempo de partir - dice Alejandro. Ramona le hecha una mirada muy triste.

     En su cuarto doña Ramona sigue sollozando sin saber qué hacer . Marta sigue insistiendo que la busque. -  Luego se va a arrepentir de no haberla abrazado. Usted misma ha dicho que en la aldea india están pasando muchas desgracias. Si algo le llegara a pasar a la niña usted nunca se lo va a perdonar. -  Vamos con ella - se decide al fin - Apúrate Marta. -  Sí señora -dice ella saliendo a la carrera de la habitación. La doña la sigue. Ramona y Alejandro ya están sobre sus caballos. -  Me despiden de Felipe y díganle que . . . siempre lo voy a llevar en mi corazón. -  Sí amita. -  Adiós Margarita - ésta no puede parar de llorar - No se te olvide lo que hablamos ¿ eh ? -  No voy a abrir mi bocota, de veras. -  Mucha suerte - los saluda Norteño . -  Cuídense mucho - les dice Margarita. Ramona le hecha una última mirada a su casa y dándole la espalda va a reunirse con Alejandro. Ambos salen al galope. En ese momento sale Marta de la casa gritando desesperada al verlos irse. -  ¡ Niña Ramona ! Deténganlos - les pide a Norteño y Mago - La señora quiere hablar con la niña. ¡ Niña Ramona ! - Margarita sale corriendo gritando el nombre de Ramona. Se ve aparecer a doña Ramona. -  Le di mi revólver a Alejandro. No tengo cómo llamar su atención - dice agitado Norteño acercándose. -  Norteño, dales alcance - le ordena la doña -  Voy por mi caballo -corre Norteño para cumplir la orden. -  Ramona, hija. Regresa - suplica doña Ramona . Abraza a Marta - Se fue Marta . Se fue. Ya no la volveré a ver. Nunca sabrá lo mucho que la quiero. En tanto Felipe llega al pueblo yahí. -  ¿ Quién será ? - pregunta Manuela al ver pasar el carruaje. -  No lo sé, vamos a ver - le dice Yahale. Antonio y Jesús se acercan al carruaje que ha detenido su marcha. Felipe baja de él con una sonrisa al reconocerlos. -  ¡ Antonio ! - lo llama -  Amo Felipe - le dice éste dándose la mano a la manera yahí - ¿ Qué nada haciendo por acá ? -  ¡ Es un verdadero honor recibirlo en esta aldea ! - le dice Jesús dándole también la mano. -  Gracias Jesús. Marcos, baja la Virgen y los regalos que traigo para Ramona . -  A la orden, patrón. -  ¿ Viene a ver a la niña Ramona ? - pregunta Jesús. -  Sí. ¿ Me pueden llevar con ella ? -  La niña no está . Se fue con Alejandro rumbo a la hacienda . -  ¿ A la hacienda ? - se sorprende él. -  Fueron a buscar los títulos de propiedad del pueblo. Unos que don Pablo enterró allá en su casa. -  ¡ Ah ! Ya veo - muy desilusionado - ¿ Cuándo salieron ? -  Hace unos cuantos días. Ahorita deben andar por allá - le informa Antonio. -  ¿ Qué hacemos con las cosas , patrón ? - pregunta Marcos -  Se las dejaremos. ¿ Y el padre Sarriá ? -  Está en la iglesia. ¿ Quiere verlo ' -  Sí, llévame con él - Marcos le alcanza la Virgen - Esto es para Ramona - les dice destapándola y entregándosela a Jesús - También le traigo otras cosas. Que te ayude Marcos a llevársela a su casa. -  ¿ También bajo el cofre patrón ? -  No, sólo dame los papeles que vienen envueltos en la piel - Marcos así lo hace - Estos son sus títulos - se los da a Antonio - Vamos a la iglesia y allá les explico. -  ¿ Quién es ese carapálida Jesús ? - pregunta Manuela que se ha acercado con Yahale. -  El hermano de la niña Ramona. El dueño de la hacienda donde vamos a esquilar. -  Hay que bajar todo con cuidado - dice Marcos , mientras las mujeres se retiran - No sé si el amo traiga cosas que se puedan romper. -  Entendido - le dice éste. Doña Ramona espera en la sala noticias del Norteño. Perpetua y Beatriz están con ella. -  El Norteño no logró alcanzarlos - le dice Marta entrando agitada. -  Gracias Marta - le dice ella conteniendo el llanto. Marta se retira. -  Cuéntanos, ¿ qué pasa ? ¿ A qué vino Ramona ? - indaga Perpetua. -  Sólo vino a recoger unos papeles que necesitan los yahís. -  Te lo dije tía. No venía a quedarse. -  Yo pensé que venía como el hijo pródigo a implorar perdón. -  No Perpetua. Ramona no está arrepentida de lo que hizo. Y esta vez es definitiva. No volverá jamás a esta casa - dice con resignación - Y ahora sí nos despedimos para siempre. -  Entonces, ¿ para qué la mandaste seguir ? -  Porque olvidé decirle algo muy importante. Y ahora si me disculpan voy a cambiarme - doña Ramona sale de la sala. Perpetua tiene cara de no entender tanta preocupación. Felipe le está escribiendo una carta a Ramona en la iglesia. -  Se la dejaré a Ramona en su casa - le dice al padre. -  Lamento muchísimo que no la hayas encontrado. Estoy seguro que hubiera estado muy feliz de verte. Fue una casualidad ingrata que haya salido a la hacienda justo cuando tú venías para acá. -  Ya vendré en otra ocasión - le dice terminando la carta. -  ¿ Qué hacemos con los títulos ? - pregunta Antonio. -  ¿ Dices que vas a Spurtown a registrar tu propiedad, no es así hijo ? -  En efecto padre. -  Quizás no estaría mal que tú fueras con él Antonio. Felipe es un terrateniente que sabe de estos oficios y podría ayudarte a realizar los trámites que sean necesarios. Buen, si a ti no te es molesto muchacho. -  De ninguna manera. Estos títulos hay que registrarlos con celeridad. El aviso indica que el plazo se vence dentro de poco. -  Pero Alejandro no está - dice Antonio. -  De todas formas él no puede ir a Spurtown. El sheriff Green fue a buscarlo hasta la hacienda alegando que es prófugo de la ley. -  ¿ Fueron los americanos hasta allá ? - se sorprende el padre. -  Así es padre. De momento pude calmar la situación. Les dije que Alejandro estaba muerto y lo creyeron. Pero no sé por cuanto tiempo pueda sostenerse esta mentira. Lo mejor será que Alejandro nunca se pare en ese maldito pueblo. El sheriff Green es un asesino. Mató a mi caporal. -  ¿ A Juan Canito ? - pregunta Antonio. -  Sí. A Juan. -  ¡ Ah ! ¡ Qué barbaridad ! -exclama el padre dejándose caer en la silla - No paran de llover malas noticias. -  Si vas a venir conmigo Antonio, prepara tus cosas porque quiero partir lo antes posible. No estando Ramona no tiene caso que me demore más. -  ¡ Qué se vaya otro contigo Antonio ! No, mejor que vayan dos. No quiero que te regreses solo. -  Está bien, padre. Voy a decirle a Jesús. Con permiso. -  Cuénteme padre - se anima ahora Felipe que salió Antonio - ¿ Cómo le ha ido a mi hermana ? Alejandro y Ramona han hecho un alto en el camino. -  Esa es la tumba del padre Salvatierra. Ahí lo encontramos Felipe y yo - ambos se acercan a la tumba. -  Mi mamá me dijo que el padre y los Canito eran los únicos que conocían el secreto de mi origen - dice Ramona parada frente a la tumba - El padre se lo llevó a la tumba al igual que Juan. Y estoy segura que Marta estaba dispuesta a hacer lo mismo. Le doy gracias al cielo de que mi mamá me contara todo porque si no probablemente nunca hubiera sabido que soy una india yahí. Matea tenía razón Alejandro. Soy hija de Angus O'phail y de Tewa y me siento muy feliz de saberlo - en su rostro se nota la tristeza que siente, está al borde del llanto. -  Por eso nuestros corazones se encontraron. -  Sí - dice ella ya con lágrimas en los ojos - Algo más fuerte que nosotros nos atrajo. La fuerza de nuestra raza nos unió. -  Ahora la tribu tendrá que aceptarte - se acerca y le pasa un brazo por el cuello a modo de abrazo - Nadie podrá echarte en cara que eres una intrusa. Viviremos en paz entre los nuestros. -  Al fin podremos disfrutar de nuestro amor. Sin ninguna sombra que empañe nuestra felicidad - Alejandro la da vuelta para que lo enfrente, coloca sus manos a ambos lados de su rostro y la acerca para besarla con pasión. El padre Sarriá le cuenta a Felipe lo sucedido desde la llegada de Ramona. -  Todo ha sido muy doloroso hijo, pero tu hermana recibió esas afrentas con gallardía. Ramona es muy valerosa. Debes estar muy orgulloso de ella. -  Mucho padre. Sé que Ramona es una mujer fuera de lo ordinario. Lo supe desde que la volví a ver a su regreso del convento. Tiene muchos dones, entre ellos la fuerza. A más claro, de su belleza y dulzura. -  Ya veo que la quieres mucho. -  Más que a nadie. Inclusive más que a mi vida. -  Me alegra que tengas tan buenos sentimientos. Un amor fraterno tan fuerte no se ve con frecuencia entre hermanos. Hay familias cuyos miembros se odian entre sí. Dios quiera que siempre conserves en ti ese lazo afectuoso por Ramona. -  Creo que ya es hora de despedirme - lo corta Felipe tomando los títulos de los yahís - Pero antes me gustaría conocer la casa de mi hermana - Ambos salen para allá. Alejandro y Ramona se han sentado a descansar en el lugar. -  Lo único que me duele es una cosa - dice Ramona. -  ¿ Cuál ? -  Mi mamá me hizo jurarle algo incomprensible. Me pidió que nunca le fuera a mencionar nada de esto a Felipe. -  ¿ Qué motivos tendrá ? - se extraña él. -  No lo sé. Quizás ella forjó una imagen frente a mi hermano que no quiere destruir. Ha de temer que Felipe la juzgue mal por haber querido más a Angus O'phail que a su propio esposo. Mi mamá me confesó que jamás amó al general Moreno. -  Tal vez sea por eso. Pero también creo que a Felipe no le gustaría saber que no eres su hermana. -  Para mí también es muy triste saber que entre él y yo no hay lazos de sangre. Sin embargo, yo siempre lo voy a querer como si fuera mi verdadero hermano. Lo que más me duele es que jamás voy a volver a verlo. Mi mamá me pidió que jamás regresara a la hacienda. Así es que Felipe y yo no volveremos a vernos más - dice resignada. Felipe se encuentra en la casa de Alejandro y Ramona. Deja la carta que le escribió junto a la Virgen. Mira a su alrededor muy triste y antes de salir dice : " Adiós Ramona " Ramona está colocando unas flores silvestres en la tumba del padre. -  Estaba pensando algo - le dice Alejandro mientras la observa. -  ¿ Qué ? -  Tú le prometiste a tu madre no volver a la hacienda pero no le prometiste no volver a ver a Felipe. -  ¿ No te entiendo ? -  Que si nos vamos a todo galope es probable que lo encontremos en la aldea - Ramona se sonríe ante la idea. Se apresura a dejar las flores que tiene, se hace la señal de la cruz y le dice. -  Démonos prisa - Alejandro le pone las manos en los hombros. -  Ramona. Mi Ramona. Blanca, yahí o irlandesa. Siempre serás lo que más ame - se inclina a besarla.               Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 53 ( 15 - 06 - 00 ) Matea va a visitar a Ramona a su cabaña. -  Vengo a decirte que te cuides. Los guijarros me hablaron. Me revelaron que llevas un hijo de Alejandro en las entrañas - Ramona la mira asombrada - Un hijo del jefe yahí bulle dentro de tu vientre - maravillada, tocándose el vientre Ramona se sienta - Por eso digo que debes cuidarte. Ahora cargas en ti una responsabilidad muy grande. Llevas dentro de ti una rama tierna que empieza a crecer en el árbol de la vida - Ramona sonríe feliz. En casa de los Coronado. -  ¿ No sé cómo lo pudiste recibir ? - le recrimina Analupe a su padre - Por culpa de ustedes vivimos como leprosos. No podemos salir sin provocar alguna burla o al menos una sonrisa beatífica. Si tuvieras tantita vergüenza no te atreverías a entrar a esta casa. -  Sólo vine a consultar a tu padre como abogado - se defiende Felipe. -  Mi papá no necesita de tus ofertas. -  ¡ Basta Analupe ! ¡ Vete a tu cuarto ! -  No es necesario que te humilles papá. -  Cálmate Analupe -  Lo siento Felipe - le pide Ruy. -  Es verdad que nos falta dinero pero no es necesario que te arrodilles enfrente de él. Si quieres salvar la casa - arroja las monedas al piso - aquí tienes con qué - se va indignada. Tanto Ruy como Felipe se agachan a juntarlas. -  ¡ Qué barbaridad ! ¿ De dónde habrá sacado estas monedas ? -  No sé pero las reconozco. No abunda plata acuñada con esta fecha - Felipe levanta la talega - Precisamente hace apenas unos días le entregué una talega igual a un tipo que fue a la hacienda.

     En la sala de la hacienda. Plano de un plato con rosquillas. -  Se me hace que siempre sí quiero - dice Beatriz tomando una - Estas rosquillas huelen delicioso . ¿Usted no gusta señora ? -  No, de veras. No apetezco nada ahorita. -  Ramona, tengo una queja de tu servidumbre - le dice Perpetua que ha estado sentada con mala cara. -  ¿ Qué pasó ? -  La niña. La huérfana que vive con Marta y con Margarita. No tiene ninguna educación. -  Bueno, ¿ qué fue lo que te hizo ?. Le daré con la vara. -  ¡ No habrá sido para tanto, tía ! -  Quizás sea una chiquillada pero a mí me pareció ofensiva. -  Ya, dime qué fue lo que pasó. -  El diablo de escuincla bautizó a su rana con mi nombre . La llama Perpetua, Perpetua, Perpetua - Beatriz trata de contener la risa - Con mis propios oídos escuché que la llamaba así - Beatriz no puede más y larga la carcajada, doña Ramona esboza una sonrisa sin levantar la vista - ¡ Ay ! ¡ A mí no me parece una broma sino un detalle de mal gusto ! -  Todas las bromas son de mal gusto - dice doña Ramona con serenidad - No dudes que la reprenderé. Matea se ha quedado a conversar con Ramona. -  Como usted sabe fuimos a la hacienda - le relata Ramona - Allí motivada por un secreto que me rebeló mi dama de compañía y bueno, más que nada por los comentarios que usted le hizo a Alejandro, me atreví a hablar con mi mamá. Y finalmente me dijo toda la verdad. Efectivamente soy india yahí. Soy la hija de Tewa y del irlandés. -  Así que mi sospecha era cierta. -  Sí, Matea. Ahora lo que quiero pedirle es que me hable de mi mamá. De mi papá ya sé algo, pero de ella nada. Usted conoció a Tewa. -  ¿ Tienes fuego ? - le pide para encender su pipa. Ramona toma un cajita de fósforos - Tewa. Tewa era la mujer más bella de esta tribu. -  Puede quedárselos - le entrega la caja de fósforos. -  Gracias - dice ella guardándola - Tenía la altivez de un águila. Sus movimientos eran graciosos como los de un venado. Tú te pareces a ella. Desde que te vi me la recordaste. Era alegre y con alto sentido del deber. Todas sentíamos cierta envidia de su belleza. Hasta Pablo de Asís la pretendía. -  ¿ Don Pablo ? - se sorprende. -  Hey, don Pablo. Si Tewa se hubiera casado con él su destino hubiera sido muy diferente. -  ¿ Y cómo fue que conoció al irlandés ? -  Por una jugada de los dioses. Nuestros hombres andaban esquilando ovejas en un rancho mejicano. -  ¿ La hacienda de mi familia ? -  No, eran de otros terratenientes que ya murieron. Estaba más cerca de aquí. Nosotras les llevábamos comida a nuestros padres y hermano. Tewa paró en una posada para abastecernos de licor. Una taberna miserable que atendían unos mejicano - muestran escenas de este recuerdo. Tewa y Matea en la taberna. Sentado en una mesa está Angus. -  ¿ De veras quieres llevar el licor a tu gente ? - le pregunta el tabernero acercándose a Tewa - Ven conmigo y te lo daré. Acompáñame a la bodega - la sujeta con violencia -  Déjela, déjela - grita Matea tratando de soltarlo, él la empuja al piso - Vente Tewa vámonos. -  Puedes largarte, ella se queda. -  Quiero irme - se debate Tewa - Déjenos pasar. -  No te pongas tan delicadita. Sólo eres una pobre piel roja. -  Por favor, quítese - le suplica Tewa. Él insiste en besarla, ella toma una botella que hay sobre el mostrador y se la rompe en la cabeza. -  ¡ Ah ! - él separa ante el golpe - ¡ Maldita ! Ahora sí verás lo que te voy a hacer - la vuelve agarrar. -  ¿ Qué no escuchó que se quiere ir ? - se escucha decir a Angus levantándose de su mesa y apuntándole con su arma. El mejicano la suelta y retrocede temeroso levantando las manos. -  Ese hombre que la salvó era un irlandés - sigue el relato Matea . -  ¿ Angus O'phail ? -  El mismo. No tuvo empacho en oponerse a esa turba de rufianes repulsivos . Y desde ese día Tewa no tuvo ojos para otro hombre. -  ¿ Y usted cómo sabe esa historia ? -  Porque yo era la mujer que acompañaba a Tewa. Ruy sigue conversando con Felipe. -  Estábamos en bancarrota pero no engañamos a nadie. Tu mamá lo sabía. -  Don Ruy, no sé cómo vaya a tomarlo. Sé que usted está ofendido por lo ocurrido con mi hermana y si me pongo en su lugar le doy la razón. Pero yo hice lo que me dictaron mis sentimientos. Quizá algún día usted logre entenderlo. En fin, lo que quiero decirle es que a pesar de los penosos incidentes que han sucedido entre nosotros yo estaría dispuesto con mucho gusto a facilitarle un préstamo. -  ¡ Eso de ninguna manera lo puedo aceptar ! - se indigna Ruy. -  Pero pagaría. Dice que Fernando se fue a San Diego a hacer sus negocios, estoy seguro que pronto contará con recursos para regresarme el dinero. -  Te lo agradezco de corazón pero mis hijos nunca me lo perdonarían. -  Ellos no tienen por qué saberlo. -  Tendría que pensarlo. Ahora lo que me preocupa es averiguar de dónde diablos sacó esta niña esas monedas. -  Como le digo esa talega yo se la entregué a un tal Nepomuceno que fue a notificarme que estaban requiriendo los títulos de propiedad. -  Voy a hablar con ella. Me temo que en su afán de ayudar , mi hija está llegando demasiado lejos. -  Bueno don Ruy. Tengo que marcharme. -  ¿ Qué vas a hacer ? -  A registrar mis títulos - le deja ver su pistola - y ajustar mis cuentas con el sheriff Green. -  ¡ No ! - lo detiene Ruy ! - Es un suicidio. No voy a permitir que lo hagas. El sheriff tiene un grupo de pistoleros que lo protegen y si como suponemos ellos fueron los que te robaron los títulos es porque ya saben que estás aquí. -  ¡ Ese infeliz mató a Juan Canito ! ¡ Tengo obligación de cobrarle ese delito ! Juré que lo haría y lo voy a cumplir. -  Parece como si despreciaras la vida. Sabes perfectamente que te van a matar. -  Antes, lo mataré yo a él - le dice mostrándole nuevamente la pistola. -  ¿ Has pensado en tu madre ? Ya pedió una hija, ahora te va a perder a ti. Si le tienes un poco de cariño, de agradecimiento a sus desvelos, actúa con más cordura. -  Es que no puedo regresar a mi casa como un cobarde. -  A veces se necesita más valor para vivir que para morir. Si quieres hacer las cosas bien muchacho no te enfrentes a ese asesino. Por lo menos no tu solo. Vamos, te acompaño a presentar la denuncia. Dejaremos constancia de este atropello y luego ya veremos - los dos salen de la casa. Matea sigue contando a Ramona sobre sus padres. -  Tu padre, el irlandés, nunca pudo hacerla feliz. -  ¿ No la amaba ? -  No. Cierto que lo intentó e hizo lo que pudo, pero su corazón pertenecía a otra mujer. -  A mi mamá. Bueno, quiero decir a Ramona Gonzaga - se seca unas lágrimas. -  Sí, a ella. Nunca la olvidó. Marcos está fuera de la comisaría con un rifle en la mano y el cofre. Dentro . . . -  Bienvenido señor Moreno - lo saluda Green tendiéndole la mano, pero Felipe la ignora - No pensé que nos veríamos tan pronto. -  Vengo con mi abogado para hacer la denuncia de dos hechos funestos - escondido Davis con su rifle en las manos escucha la conversación - Uno, el cobarde asesinato de mi capataz dentro de mi propiedad a manos de un intruso. -  ¡ Qué lamentable incidente ! Lo siento mucho. -  Yo lo siento más. -  Por favor - le señala Green la silla. Ruy le indica que se siente - ¿ Y tiene alguna pista de quién pudo haber cometido ese horrendo crimen ? -  La noche que murió los únicos que estaban en mi casa eran usted y su acompañante. -  Está usted insinuando . . . -  ¡ No insinúo nada ! - se altera Felipe - Sólo estoy narrando los hechos. -  ¿ Y qué otra denuncia viene a hacer ? - pregunta Douglas que hasta el momento permanecía callado - Porque si mal no escuché dijo que venía a denunciar dos hechos. -  El robo de los títulos de propiedad de la aldea yahí - dice Ruy - El señor Moreno los dejó anoche en el cuarto de su hotel y fueron sustraídos. -  ¡ Qué extraño ! ¿ Y no le robaron otra cosa ? -  No sheriff. ¡ Ah, sí ! También se llevaron los títulos que avalan la propiedad de mi hacienda. Sólo que por descuido tomaron los títulos falsos - saca los verdaderos del bolsillo del saco y los tira sobre el escritorio - Yo conservo los originales y ahora mismo voy a registrarlos. -  El señor Douglas es el abogado de esta comisaría. Él se encargará de tomar los datos de sus denuncias y una vez que haya tomado su declaración yo me voy a encargar de la investigación y por supuesto de castigar a los delincuentes - intenta tomar los títulos pero Felipe pone su mano sobre ellos . -  Me atrevo a solicitar que dado que usted y su amigo eran huéspedes en mi hacienda la noche del crimen de Juan Canito la investigación se encargue a una instancia superior a la suya. Matea y Ramona en tanto. -  Se fue con Angus. Toda la tribu le imploró que se quedase, pero no oyó razones. La flecha de la pasión ya la había traspasado. Tuvimos noticias de ella cuando vinieron con un bebé recién nacido. Querían que lo bautizara un sacerdote católico que estaba aquí. -  ¿ El padre Sarriá ? -  No, era otro. Así que te bautizaron y se fueron de aquí. Los yahís nunca supimos si ese bebe era niño o niña. Ni el nombre que le impusieron. Desde entonces no volvimos a saber de Tewa hasta que don Pablo de Asís la trajo de nuevo, sólo que esta vez a ella le había abandonado el soplo de la vida. -  Mates, ¿ usted sabe dónde está su tumba ? ¿ Me pude llevar ?

     En la comisaría en tanto. -  En efecto señor Moreno. Por su forma de expresarse es obvio que usted hace recaer las sospechas del asesinato de su peón en la persona del sheriff Green y eso es algo muy delicado - le advierte Douglas - ¿ Tiene alguna prueba ? -  Desafortunadamente ninguna. -  No sé, tal vez un cartucho de bala, un testigo, algo que pudiera apoyar su hipótesis. -  No - Felipe mira muy serio a Green - A Juan Canito lo mataron por la espalda con su propio cuchillo. Quien lo hizo se cuidó bien de no dejar ningún rastro. -  Debería hacerle tragar sus palabras - dice rabioso Green llevando su mano a la pistola pero Felipe es más rápido y le apunta con la suya. -  Le aconsejo que retire las manos de su revólver. -  ¡ Felipe, por Dios !. Calma - le pide Ruy. -  Señor Moreno guarde esa arma - solicita Douglas - Tratemos de entendernos como personas civilizadas. -  No lo lleno de plomo porque no deseo pasar mi vida encerrado en una celda por un miserable como usted. Pero ya saldrá la verdad a flote - guarda su arma y sale de la comisaría. Ruy los enfrenta -  Procedamos a las denuncias. -  Sí - le dice Douglas sentándose.

     En la hacienda las mujeres siguen bordando. -  Se me terminaron los hilos. Voy por más - les dice Beatriz luego de revisar. -  Hoy no ha tosido Beatriz - comenta doña Ramona luego de que sale. -  ¡Por la gracia de Dios y María Santísima ! -  Sin embargo hay algo que debes saber porque atañe a la salud de tu sobrina. -  ¡ No me asustes ! ¿ De qué se trata ? -  Marta me comentó que hace poco encontró en su cuarto un pañuelo de Beatriz manchado de sangre. -  ¿ Sangre ? - se espanta Perpetua. -  Sí, eso dijo Marta. -  ¡ No puede ser ! La sangre es vestigio de . . . - se detiene angustiada. -  De una probable tuberculosis - termina doña Ramona por ella. -  Así es - solloza Perpetua. -  No es mi intención alarmarte pero he pensado que ahora que regrese Felipe sería pertinente que a Beatriz la revise un especialista . -  ¡ Debíamos habernos ido a la finca con César ! - solloza desesperada. -  Debes tomar las cosas con más tranquilidad. Mi intención no era afligirte sino . . . sino tomar cartas en el asunto. Tenemos que ayudar a tu sobrina y ser fuertes - Perpetua apenas logra contener el llanto. Entra Beatriz con los hilos y se da cuenta de sus lágrimas. -  ¿ Por qué lloras tía ? ¿ Qué te pasa ? - se sienta junto a ella preocupada. Perpetua no le contesta. -  Perpetua es muy sensible y propensa a las lágrimas - le dice doña Ramona - se conmovió con una historia que le estaba contando. -  Cuéntenme. -  No, ¿ para qué ? - interviene Perpetua - Ya nomás falta que nos pongamos a llorar las tres - intenta parecer más animada - A ver, enséñame los hilos - Beatriz así lo hace - ¿ Con qué colores vas a terminar de bordar esos pañuelos ? A ver. - doña Ramona las observa preocupada.

     En Spurtown. Don Ruy ya ha terminado con las declaraciones. -  Con permiso - les dice retirándose. -  Porque si el señor Moreno bla, bla, bla, bla - dice Green enojado luego que sale - ¡ Cómo detesto a ese viejo solemne ! -  Váyase con cuidado sheriff, el señor Moreno quiere mover sus influencias. Ya ve, no es nada tonto. Tenía unos títulos falsos como carnada. Davis cayó redondito. -  Y usted también Douglas. Usted los revisó. -  Me confundí. Esa falsificación estaba muy bien hecha. -  Nos engañó el maldito. - comienza a llamar - Davis. ¡ Davis ! Ven para acá - éste se asoma. -  Dígame usted sheriff . -  ¿ De dónde tomaste los títulos ? -  Bueno, unos estaban dentro de un cofre y los otros envueltos en un cuero de animal. -  Los de la hacienda eran falsos -le dice dándole un empujón. -  Hay que aceptar que el señor Moreno fue muy inteligente - dice Douglas. -  Y ustedes unos imbéciles - levanta su brazo como para pegarle pero se detiene - Gracias a su estupidez los mejicanos ya se quedaron con sus propiedades - Douglas se seca el sudor del rostro.

     En la aldea. Ramona le está contando a Alejandro sobre la visita de Matea. -  Me contó muchas cosas de mi madre, de Tewa. Ella la conoció muy bien, era su amiga. Estuvo presente el día que Angus y ella se conocieron. Me prometió que mañana me va a llevar a su tumba. ¿ Quieres venir con nosotros ? -  Claro que sí - le sonríe - Claro que sí - la abraza muy fuerte contra su pecho. -  También me dio otra noticia - le dice separándose. -  ¿ Cuál ? -  ¿ No adivinas ? -  No - dice desconcertado por el misterio - ¿ Es algo malo ? -  No - le sonríe feliz - A contrario. Es algo maravilloso. Es algo que te va a llenar de alegría - él no entiende absolutamente nada - Vamos a tener un hijo - Alejandro cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás, la mira sonriendo y la abraza fuerte contra su corazón sumamente emocionado. -  ¿ Estás segura ? -  Matea me lo anunció. -  Ella, ¿ cómo lo supo ? -  No lo sé, pero yo le creo. -  Es . . . - apenas puede decir y le levanta en brazos - Si eso es cierto tendremos doble motivo para hacer fiesta: que eres hija de una yahí y que en tu vientre traes un hijo mío - la besa con pasión mientras la deja de nuevo en el piso. -  Ya era feliz por tenerte a ti, pero ahora con esto siento que el corazón me rebosa de alegría - Alejandro pone su mano en el vientre - Tengo miedo a tanta felicidad. -  ¡ No ! Te la mereces. Tenemos derecho de disfrutar de nuestro amor - ella asiente con la cabeza - Ese derecho que todos nos habían negado - se vuelven a besar casi desesperados - ¡ Gracias ! - le vuelve a besar apasionado . En casa de los Coronado. -  ¡ Qué desvergüenza la tuya ! ¿ Cómo es posible que hayas aceptado de un americano, de un matón a sueldo, este dinero mal habido ? -  A cambio le pensaba entregar las joyas de mamá. Él me iba a ayudar a venderlas. -  ¡ No quiero dinero sucio en esta casa ! Se lo regresaré de inmediato a ese tipo. Y de aquí en adelante no saldrás de la casa. -  Ja. Ya veo que te contaminaste del carácter de la señora Moreno. Esas eran sus fórmulas para disciplinar a Ramona. -  Y tú te contagiaste de la rebeldía de esa muchacha. Ella huyó con un indio y ahora tú te ves a hurtadillas con un gringo de profesión repugnante. ¡ no me gusta lo que hiciste Analupe ! -  Es que no quería verte preocupado papacito. Sé que te humilla tener que pedir dinero prestado. -  Tu buena voluntad no te excusa de tener tratos con esa gentuza. ¿ Desde cuándo frecuentas a ese truhán ? ¿ Cómo es que lo conoces ? -  Él siempre ha sido muy amable. No es como los otros, es atento, es cortés. -  Será por encimita, porque a ese hombre lo trajo el sheriff a este pueblo y el sheriff es un asesino. Te prohibo terminantemente que vuelvas a tener tratos con él. Yo mismo le regresaré las monedas. -  Esa terquedad nos va a llevar a perder la casa. Tu orgullo no va a servir para pagar las deudas - se va enojada. Ruy golpea la talega en su mano angustiado .

     En la noche. Cuarto de Felipe en el hotel. -  Lamento mucho lo ocurrido Antonio. Ya registré mis títulos, pero los de los yahís siguen sin aparecer. No sabes cómo me apena que los hayan sustraído de aquí. Lo peor es que hasta ahora no hay una pista de quien pudo habérselos llevado. -  Hay algo que . . . - dice Marcos que ha estado muy pensativo - Bueno, no sé. -  ¿ Qué cosa Marcos ? -  Pos, cuando usted se fue a bañar yo vine hasta el cuarto a buscarlo y me tropecé con un fulano. Todo el día estuve trate y trate de recordar dónde vi a ese gringo y si la memoria no me falla creo que es el mismo que azotamos hace mucho, allá en la hacienda. Al que le encontramos una pepita de oro. -  ¿ Y no lo has visto en el pueblo ? -  No patrón. Pa' nada. -  Vamos a buscarlo. A esta hora se van a emborrachar al saloón , es probable que esté ahí -  Nosotros no podemos entrar - le dice Antonio - Prohíben la entrada a los pieles rojas. -  No te preocupes Antonio. Iremos Marcos y yo - salen los tres del cuarto. E n la aldea. Ramona y Alejandro han cenado con Carmen y Sebastián. -  ¿ Y se puede saber cuáles son las buenas nuevas que nos iban a dar ? - pregunta Carmen curiosa. -  Son dos -dice Alejandro tomando de la mano a Ramona - Tan importante una como la otra. -  En nuestro viaje a la hacienda disipamos muchas dudas que abrigábamos sobre mi origen y descubrimos que yo no soy quien soy - Carmen y Sebastián se miran desconcertados. -  ¿ Cómo? -  Ramona no pertenece a la familia Moreno, es una india yahí como nosotros. -  ¿ Tú ?. No puede ser. -  Pero lo es. Ramona es el bebé que concibió Tewa, una india yahí con un irlandés. Matea nos dio la pista y la madre de Ramona lo corroboró. -  Sé que pueden sospechar que esta historia no es cierta pero lo es. Mañana vamos a ir a visitar la tumba e mi verdadera madre y comenzaré a buscar mi fe de bautismo. Tengo la certeza de que fui bautizada en esta aldea. Sólo falta encontrar el registro. -  La otra noticia es . . . - se detiene emocionado - Vamos a ser padres - abraza a Ramona. Sebastián le tiende la mano felicitándolo mientras Carmen hace lo mismo con Ramona - Así que tendremos fiesta. Haremos votos por la llegada de nuestro hijo y por la llegada de la hija de Tewa a nuestra aldea - la abraza muy fuerte contra él. Felipe en tanto está interrogando al conserje del hotel. -  ¿ Está seguro que nadie entró a mi cuarto anoche mientras yo me estaba bañando ? -  Le repito que no. Ya se lo dije en la mañana. ¿ Y este indio qué hace aquí ? -  Pasó a mi cuarto y usted no lo vio. ¿ No será que usted también estaba distraído cuando alguien entró a robarnos los papeles ? -  No lo creo. -  Pues yo sí. La prueba es que nunca se dio cuenta de que Antonio pasó con nosotros al cuarto - el conserje toma un rifle. -  Lo único que puedo decirte es que si vuelvo a ver a este indio por aquí lo echaré de forma no muy cortés. -  No te " alebrestes " güerito que nosotros también traemos con qué defendernos - le dice Marcos. -  Vámonos - dice Felipe y comienza a retirarse. Marcos se detiene -  Cuando quieras camorra ahí nomás me avisas güerito - le lanza como última provocación. -  ¡ Ya Marcos ! Vámonos - ahora sí salen del lugar. El conserje respira aliviado.

     En la cabaña de Matea. -  Sus piedras se equivocan - le dice Manuela. -  No Manuela. Sé que es doloroso para ti aceptarlo pero Ramona lleva sangre yahí en sus venas y aún más . . . lleva un hijo de Alejandro en sus entrañas. -  No le creo. No le creo nada. La lechuza blanca la embrujó. Debe estar protegida por los espíritus del mal por eso ahora usted está de su parte. -  Ella no es hechicera. -  Sí lo es. Sólo una bruja podría lograr que una madre se ponga en contra de su hija. -  Hija, yo te quiero. Eres carne de mi carne. Nunca dudé en invocar el mal para quien te hiciera daño, pero esta vez no puedo hacerlo. Ramona es de nuestra raza y nunca ha atentado contra ti. Si yo atrajera los espíritus de la noche sobre ella el infortunio caería sobre nosotros. -  ¡ Se va a arrepentir de ayudar a esa lechuza ! Se lo juro mamá. Se va a arrepentir. En el saloón. -  Señora, señores - dice Billy levantándose de la mesa de juego - La suerte me ha favorecido últimamente así que invito una ronda para todos - la gente grita y aplaude aprobando el gesto. Green en su mesa pone cara de fastidio. -  Anoche Billy le bajó toda la plata al infeliz de Nepo - le comenta Thomas. -  Por cierto, ¿ qué ha pasado con ese ? -  Ya despertó - le dice Davis - pero todavía está medio borracho. Yo creo que se tomó toneles de cerveza, sheriff. -  Mañana hay que interrogarlo para que nos diga de donde demonios sacó esa plata. -  Usted mismo lo dijo sheriff, seguro se lo dio Felipe Moreno. Por eso vino a registrar sus títulos. -  Y también les ha de haber dado el pitazo a esos infelices indios - acota Thomas - ¡ Qué casualidad que el hacendado apareció con ese par de pieles rojas ! -  Al menos esos bastardos no traían títulos falsos. Esos pobres indios van a perder sus tierras sin remedio. Voy a empezar a hacer tratos con la gente del ferrocarril. Esa maldita tribu se va a convertir en una gran estación llamada Greentown - Davis y Thomas ríen a carcajadas. En ese momento Felipe y Marcos entran al saloón. -  Mire, quien viene ahí sheriff - le advierte Davis. -  En mala hora Prescott volvió a permitir la entrada a mejicanos. -  Allá está patrón - dice de pronto Marcos al descubrirlos - Es el hombre que está con el sheriff, ¿ lo recuerda ? - Felipe dirige su mirada hacia el lugar. Davis intenta ocultar su cara. -  ¿ No gusta sentarse señor Moreno ? - le invita Green al acercarse éste a sus mesa. -  No gracias. Sólo venía a tomar una copa - mira a Davis - Me parece que nos conocemos. -  No. Yo a usted nunca lo había visto - le dice Davis muy suelto. -  ¿ Cómo no ? Se metió sin permiso a mi propiedad. Sólo que entonces no llevabas insignia. Recibió una arroba de azotes, no sé cómo no lo recuerda. -  No se haga el inocente - interviene Marcos - se metió a robar oro en las tierras de mi patrón y anoche nos volvimos a ver en el hotel. -  Dice mi peón que tropezó con usted, que llevaba unos papeles. Me pregunto si no serán los títulos de propiedad de los indios yahís que sustrajeron de mi cuarto - Davis se para violento. -  Un momento Davis - lo detiene Green -  Sheriff, me está acusando de haber robado. -  Un momento - lo acalla. -  No exactamente. Sólo que se me hace extraño que precisamente hayan desaparecido los documentos de los yahís cuando usted estaba de visita en el hotel. -  Oiga amigo - interviene Thomas - Se está propasando. Aquí en Spurtown no nos gusta que vengan forasteros a dejar en entredicho nuestra reputación. Somos muy quisquillosos cuando nos acusan sin pruebas. Nos da por defender nuestro honor. No vaya a ser que Davis se sienta ofendido y lo rete a un duelo. -  Por mí no hay inconveniente - dice Felipe enfrentando a Davis ,éste lo mira y comienza a dudar. -  Hoy no estoy de humor para mandar a mejicanos al otro mundo - dice despectivo. Todos comienzan a reír porque se dan cuenta que tuvo miedo. -  Lástima porque yo sí estoy de humor para enfrentar a cualquier cobarde - lo provoca. Davis observa a su alrededor. Felipe y Marcos dan media vuelta para salir y Davis aprovecha para sacar su arma. -  Perdone - le dice apuntándole - No escuché - Felipe se detiene sin voltear - ¿ Me llamó cobarde ? -  No se mata por la espalda Davis - le dice Billy apuntándole a la cabeza con su arma - ¿ Qué no has aprendido ? Antes que le dispares ya te habré metido plomo en la cabeza ¿ oíste ? -  Este no es asunto tuyo Billy - le dice Green - Guarda el arma - le ordena a Davis y se acerca a Felipe mirándolo fijo a los ojos. -  Buenas noches - saluda éste - y gracias caballero - Billy inclina la cabeza en aceptación. Felipe sale seguido por Marcos.

     Doña Ramona ha ido a buscar a Delgadina a casa de Marta con una vara. -  No señora, no la castigue - le pide Marta mientras Delgadina llora abrazada a ella. -  Por más que duela tendré que hacerlo. Le faltó el respeto a Perpetua al ponerle ese nombre a su rana. Tiene que entender que esa acción fue incorrecta. Tres varazos le harán recordarlo. -  No señora Marta, no lo vuelvo a hacer - le suplica Delgadina mientras la llevan al dormitorio - ¡ No señora Marta ! ¡ No lo vuelvo a hacer ! -  Ya, ya, ya. Tranquila - le dice Marta mientras la pone boca abajo en la cama. -  ¡ No señora Marta ! Au - grita cuando siente el primer golpe - ¡ Ay ! - ante el segundo - ¡ Ay, señora Marta !. ¡ Ay ! - y le toca el último golpe. -  Y si vuelves a faltarle al respeto a tus mayores ya no serán tres varazos, serán diez y así sucesivamente hasta que aprendas. -  No lo vuelvo a hacer - promete Delgadina llorando mientras doña Ramona sale de la habitación - ¡ Señora Marta ! -  Ya, ya mi niña - la consuela - Ya no llores, ya. -  Me dolió harto. -  Pues nunca más le vuelvas a decir Perpetua a esa rana. -  No. Ya no le voy a decir así. Ahora le voy a poner otro nombre. -  ¿ Cuál ? - le pregunta secándole las lágrimas. -  Señora Moreno - Marta la abraza tratando de ocultar la risa ante la ocurrencia. Manuela está en su cabaña con Yahale. -  Mi mamá me traicionó. Se fue con la lechuza blanca a buscar la tumba de una tal Tewa. Una india que ahora se empeñan por hacer pasar como madre de Ramona - recoge varias prendas. -  A lo mejor es cierto. Matea nunca te ha mentido. -  Sea verdad o sea mentira yo me iré de aquí. Ya no tengo nada que estar haciendo aquí. Soy una mujer deshonrada y desdeñada. Nada bueno me espera en esta aldea y no me voy a quedar a ver a Ramona y a Alejandro disfrutando de su felicidad. -  No vas a poder sobrevivir sola - intenta detenerla . -  Déjame - se suelta violenta - Lince solitario ha podido. -  Pero él es hombre, es fuerte y está acostumbrado a la vida nómada. -  Pues yo me acostumbraré y me haré fuerte. -  Recapacita Manuela. Sufrirás más en el monte que aquí. -  Eso quien sabe. Nadie puede saber dónde va a tener mejor suerte. Las leyes del destino son muy misteriosas. -  No entiendo lo que me dices. -  Puede ser que alejándome de la aldea viva mejor que tú. -  Pues hasta ahora nuestros hombres no nos han tratado mal. -  Pero nadie nos corteja ¿ o qué ? ¿ Se te ha acercado alguno desde que mi mamá gritó a los cuatro vientos nuestra desgracia ? -  No. -  ¿ Lo ves ? Nos van a mirar con compasión pero nunca como se mira a las mujeres casaderas. Harías bien en irte tú también. -  No, me da miedo. -  Pues entonces quédate a hacerle fiestas a la blanca. -  ¿ Y qué le digo a tu mamá ? -  Que no me busque y que nunca volverá a verme. -  Manuela - intenta detenerla pero ésta logra irse - Manuela. Manuela. Matea ha llevado a Alejandro y a Ramona a la tumba de Tewa. -  Aquí reposa Tewa. Sólo yo he visitado su tumba. Los yahís nunca le perdonaron su amor por el carapálida - Ramona se agacha frente a la tumba. -  Algún día la diferencia de razas no será motivo de discordia - le dice Alejandro. -  La muerte de mi madre no fue inútil. Su ejemplo siempre servirá para recordarnos que hay que tener valor para vivir de acuerdo a la voz de nuestro corazón - deja unas flores - ¡ Qué paradoja ! Angus O'phail nunca pudo amar a Tewa, mi verdadera madre y quiso hasta el delirio a Ramona Gonzaga, mi otra madre. -  Ahora que pasado y presente se han encontrado debes pedirle a Tewa que te dé fuerzas para enfrentar tu futuro Ramona. -  ¿ A qué se refiere Matea ? - pregunta Alejandro - Ramona ya no será rechazada como antes. Ahora todos sabrán que lleva sangre yahí. -  Tanta felicidad te ha hecho olvidar que somos un pueblo perseguido por el infortunio Alejandro, un pueblo que lucha por su supervivencia. Ahora eres una yahí Ramona y como tal debes saber que una nube negra se ha posado sobre nuestra tribu - Ramona se pone de pie - El porvenir es incierto y tal vez todos perezcamos tratando de defendernos. Ruégale a Tewa que no te desampare Ramona, porque así como te anuncié que llevabas un hijo en tu vientre ahora te anuncio que ríos de sangre y de dolor correrán por nuestra aldea . Alejandro y Ramona abrazados la observan con preocupación.                Sandra S. Vallejos

     Capítulo Nº 54 ( 16 - 06 - 00 ) Matea le anuncia a Ramona y a Alejandro que una desgracia se cierne sobre la aldea. -  Me asusta Mates. ¿ Por qué dice eso ? - pregunta Ramona abrazada a Alejandro. -  Tuve un sueño en el que unos hombres sin rostro incendiaban nuestro pueblo. Hombres, niños y mujeres caían muertos bajo sus armas de fuego. La aldea se llenaba de humo y despedía un fétido olor a pólvora. -  No - la detiene Alejandro casi con rabia - Eso no sucederá. Nuestros hombres están preparando arcos y flechas para defendernos de cualquier ataque. Además le encargué armas a Memphis, un negro que se cruzó en nuestro camino. No debe tardar en venir con ellas. -  Sólo fue un sueño Matea, no hay que tomarlo tan en serio. -  Los sueños de Matea siempre se han convertido en realidad. Ojalá y esta vez no se cumplan - Alejandro abraza más fuerte a Ramona, ambos están preocupados. En casa de los Coronado. Felipe y don Ruy conversan en la sala. -  Para comunicarle a Alejandro la desdichada noticia del robo de los papeles es algo muy penoso para mí. Antonio me los confió, estaban bajo mi custodia. Ahora los pieles rojas corren el riesgo de ser arrojados de sus tierras. -  Si como pensamos, el sheriff Green es el autor intelectual del robo conviene ir a Sacramento a denunciarlo. -  Yo no puedo hacerlo ahora. Tengo prisa por regresar a la hacienda, dejé a mi madre sola. Pero estuve pensando algo don Ruy. Usted no quiere aceptar mi ayuda pero espero que sí pueda aceptar se mi abogado, encargarse de esas gestiones en Sacramento - don Ruy suspira. -  Mis hijos no lo aprobarían jamás. -  Por favor don Ruy, dejemos a un lado los asuntos personales. En estos casos nos conviene a los dos luchar en el mismo frente. Usted necesita el dinero y yo un abogado - Ruy aún duda.

     En la hacienda. Doña Ramona ha mandado a llamar al Norteño. -  Dígame patrona, estoy a la orden. -  Tengo pendientes unos asuntos contigo Norteño - está escribiendo y apenas lo mira. -  Usted dirá - dice cauteloso. -  ¿ Recuerdas que estabas a prueba como caporal ? - sigue escribiendo. -  Sí, patroncita. -  Entonces eso quiere decir que tienes buena memoria. A ver si te acuerdas de otra cosa. -  ¿ De qué cosa ? -  De tus obligaciones como caporal. La seguridad de la hacienda está en tus manos y me quedé con la duda de cómo le habrá hecho Alejandro para entrar con Ramona a la hacienda sin que nadie se diera cuenta. -  Pos - duda pero al fin lo admite - Yo sí me di cuenta. -  ¿ Y ? -  Pos, estuve en un predicamento, él venía con la amita y pos ella es hija de usted. -  Veo que no te ha quedado claro que aquí no hay más ama que yo. -  Tiene toda la razón. Merezco que me corra. Yo no tengo el corazón de piedra, no sirvo pa' caporal de usted. Si usted me da su venia empaco mis piliches y mañana mismo me voy. -  Es cierto que no eres obediente pero también es cierto que no eres tonto. Debo reconocer que a pesar de todo has sido leal a mis hijos y eso para mí vale mucho. -  ¿ Quiere decir que no me va a castigar ? -  Debería . . . pero no lo voy a hacer. Yo aprecio a quien vela por mis hijos. Espero que lo sigas haciendo - Norteño sonríe emocionado. En tanto don Ruy no sabe si aceptar el ofrecimiento de Felipe. -  Mis hijos están muy dolidos. No comprenderán que me ponga a tu servicio, pero tienes razón, hay que olvidar rencillas familiares y unirnos contra el verdadero enemigo. Contra los rufianes que se quieren apoderar de nuestro suelo. -  Entonces . . . ¿ acepta ? -  Sí, Felipe. -  Mil gracias - le da la mano - No podría encontrar mejor abogado para defender este asunto. -  Ahora soy yo el que te quiere pedir un favor. -  Usted dirá. -  Tengo que devolver este dinero - toma la talega - Analupe inocentemente se la aceptó a un vivales que la pretende. Quiero regresárselo y exigirle que se aleje de mi hija. ¿ Me acompañarías ? -  Con gusto - ambos salen de la casa. Billy está comiendo en el saloón. Don Ruy deja la talega junto a su plato, éste levanta la vista. -  Gracias por su préstamo caballero, pero no necesito su dinero y menos le voy a tolerar que lo use como carnada para acercarse a mi hija. -  Está usted en un error señor Coronado - le dice Billy poniéndose de pie - Yo jamás utilizaría dinero para conquistar a una mujer. Confío demasiado en mí como para recurrir a argucias tan bajas. -  De todas formas no quiero que siga rondando a mi hija señor . . . - hace una pausa para saber su nombre. -  Billy, para servirle. -  Billy o como se llame, ya se lo advertí, no quiero verlo cerca de Analupe, ni de mi casa. -  Espere un momento don Ruy - lo detiene Felipe - A este caballero le debo las gracias. Anoche evitó que me dispararan por la espalda - don Ruy mira sorprendido a Billy. -  ¿ Este hombre ? -  Sí - confirma muy seguro Felipe. -  ¿ No gustan sentarse y tomar algo ? - ofrece Billy -  Estoy a sus órdenes - dice Doris que había estado escuchando. -  No, no nos vamos a quedar, gracias - declina Felipe la invitación. -  ¡ Qué lástima !. Es raro ver gente tan distinguida en esta pocilga. -  ¡ Doris ! - le grita Prescott desde la barra - Ponte a trabajar, hay otros clientes. -  ¡ Como si pagaras tan bien ! Y no me grites que no soy tu esclava. -  Gracias señorita . . . - le dice Ruy. -  Por nada. -  ... pero ya nos íbamos - termina él. -  Una pregunta - Felipe a Billy - ¿ De dónde sacó esas monedas ? -  Se las gané en buena ley a un paisano suyo. Un tal Nepo. -  Ya lo decía yo. -  Por mi parte ya concluí el asunto que me trajo. Podemos retirarnos. -  Hasta la vista y de nuevo gracias - se despide Felipe. -  No tiene nada que agradecer. -  Señorita - la saluda atento. -  Los esperamos - lo despide Doris y se acerca al mostrador. -  Doris, detesto que estés de lapistona con los mejicanos. -  No importa que sean mejicanos, chinos o irlandeses, son gente fina y de buenos modales. No como tú que fuiste educado en un establo.

     En la iglesia de la aldea. Ramona y el padre Sarriá están sacando un baúl. -  A ver, hija. A ver, para acá - mueven el baúl - Dudo que existan esos papeles. Te digo que hace años hubo un incendio y se quemaron muchos registros de bautizos, bodas, defunciones, de todo. -  De todas formas voy a intentarlo padre. Quiero encontrar mi acta de bautismo. Eso disiparán las dudas de mi origen en la tribu. Es muy importante - revuelve por arriba su contenido - ¡ Ay, voy a tardar muchísimo ! -  Todavía hay otro baúl por acá - entra Carmen corriendo - ¿ Qué pasa Carmen ? -  Me urge encontrar a Alejandro. -  Se fue de cacería con los demás - le informa Ramona - ¿ Qué es lo que sucede ? -  Manuela se fue de la aldea. Se lo dijo a Yahale. -  ¿ A dónde ? ¿ Por qué ? - pregunta el padre. -  Porque se enervó al saber que Ramona es yahí y está esperando un hijo. -  Tenemos que ir a buscarla - propone Ramona - No podemos dejarla ir. Corre peligro - sale junto a Carmen. -  ¡ Dios mío ! No permitas que le vaya a ocurrir nada malo a esa insensata - pide el padre En Spurtown. Recibidor del hotel. -  ¡ Primero muerto que ver a mi hija casada con un gringo ! - exclama don Ruy indignado. La gente que está allí los observa con curiosidad ante el estallido de Ruy. Felipe lo aparta a un costado. -  No quisiera polemizar sobre esto pero no todos los americanos son detestables. Precisamente Billy lo acaba de demostrar al defenderme. -  Te tendré al tanto del trabajo que me encomendaste - cambia la conversación, le da la mano - ¡ Qué tengas buen viaje ! -  Don Ruy - lo llama y saca del bolsillo interior del saco unos billetes - Aquí está un adelanto para los gastos. -  Te lo agradezco mucho Felipe - le dice tomándolos . -  Me despide de Analupe. -  Y tú por favor, dale mis respetos a tu madre. Dile que la recuerdo con afecto y admiración. -  Así lo haré - vuelven a darse la mano. Don Ruy se retira. Felipe le echa una severa mirada al conserje que lo mira de reojo y sube a su cuarto. Ramona entra a la cabaña de Matea seguida por Carmen. -  Ya fueron a avisarle a Alejandro para que salga a buscar a Manuela. Si se fe a pie no debe ir muy lejos. -  No la encontrarán. Manuela conoce grutas y lugares más allá de las dunas del desierto. Se sabe ocultar como las serpientes - le dice Matea. -  ¿ No te dijo adónde iba ? - le pregunta Ramona a Yahale. -  No - le contesta hostil - Estaba muy enojada y dolida porque Matea se puso de tu parte. Yo debí haberme ido con ella. Al final al cabo, Manuela tenía razón, aquí nadie nos va a querer. Las dos estamos marcadas por la vergüenza. -  Tú no eres culpable de nada, como tampoco lo es Manuela. Cuando un hombre te quita la honra a la fuerza no es motivo de vergüenza sino de indignación. -  Lo que dices será cierto entre tu gente, pero aquí a las mujeres deshonradas los hombres las repudian. -  Entre los blancos pasa lo mismo, pero todos están equivocados. Una mujer deshonrada es víctima de la brutalidad. No debería se repudiado sino comprendida y las mujeres debemos luchar para que eso suceda. -  ¿ Tú qué sabes ? Hablas así porque ya estás casada. Manuela se fue por tu culpa, porque le quitaste el amor de Alejandro y si le llega a pasar algo lo cargarás en tu conciencia toda tu vida. -  Nadie puede ser responsable de las acciones de los demás - interviene Matea - Manuela es mi hija y los espíritus saben que mi alma llora por su partida y les imploro con todo el corazón que no le suceda ningún infortunio, pero no insultes a quien nada debe. Ramona no le arrebató nada a mi hija, Alejandro jamás le perteneció. En casa de los Coronado. -  Indudablemente tuviste buenas intenciones y quizás las tuvo también ese hombre, pero yo siempre he soñado con verte casada con una gente conocida, de familias cuyas costumbres no nos sean ajenas. No me defraudes como defraudó Ramona a su madre. -  ¡ No ! No compares papá. ¿ Qué tiene que ver Billy con el horroroso piel roja con el que se fue Ramona ? -  Bueno no, no es lo mismo pero el caso es muy parecido. En ambas situaciones ustedes se salen de la norma. Tú te desposarás con quien yo elija. -  Pues en quiebra y sin dote, a ver quién me quiere. A ese paso voy a acabar casada con un peón . . . como Marcos. -  No ironices hija. Efectivamente estamos pasando por una mala racha, pero eso no quiere decir que vaya a durar eternamente. -  Pon los pies en el suelo papá. No tenemos ni un peni para comprar azúcar - Ruy saca los billetes que le dio Felipe y se los muestra. -  Conseguí trabajo. Empezaremos a ver el sol muy pronto. Te lo prometo. -  ¡ Papacito ! ¿ De dónde sacaste ese dineral ? -  Te digo que conseguí trabajo. -  ¡ Ay ! ¡ Bendito sea Dios ! -  Ahora sólo falta que me prometas que no volverás a buscar a ese pelafustán. -  ¿ Por qué no mejor me permites invitarlo para que lo conozcas ? -  ¿ Meter a un gringo a mi casa ? ¡ Dios me libre ! -  Por favor papacito. Nunca te he pedido nada. -  ¡ No Analupe ! -  Aprovechemos que no está Fernando. Tú no eres tan cabeza dura como él. Si Billy te cae mal o hace algo impropio te juro que no vuelve a poner un pie en esta casa. -  Está bien. Prefiero que lo veas aquí y no en la calle bajo la mirada de todos. Vamos a ver di tuvo razón Felipe cuando dijo que Billy no es pistolero del sheriff. -  ¿ Felipe dijo eso ? - se extraña ella. -  Sí. Anoche ese tipo le salvó la vida.  En tanto en la cárcel. -  Te vas a quedar a pan y agua hasta que entiendas que no estás tratando con idiotas - le dice el sheriff a Nepo. -  De veras jefecito, esas moneditas se las robé a uno de los tantos mejicanos que venían a registrar sus tierras. -  A mí más bien se me hace que fuiste con el chisme de los títulos a Felipe Moreno y que además te pagó por eso. Esa clase de monedas no las posee cualquier mejicano - sale del lugar -  Pero ¿ cómo cree sheriff ? - le grita tomándose de los barrotes - ¿ Cómo cree que le iba a hacer eso ? Yo no le voy a faltar a quien ( ... ) Yo soy como perro agradecido y usted me ha dado poquito . . . y a cuentas gotas pero me ha dado - reaparece Green con un jarro con agua y un trozo de pan. -  Deja ya de decir estupideces. Procura que se te refresque la maldita memoria porque si no voy a dejar que te pudras en esta celda. -  Jefecito, por favor. ¡ No sea inhumano ! Deme un traguito de wisky. Tengo la garganta reseca - no le hace caso y lo deja - ¡ Maldito güero ! Algún día ma has de pagar todas juntas - de pronto lo toman del cabello y le ponen un revólver en el cuello. -  ¿ Qué dijiste Nepo ? - le pregunta Green -  Nada. Me estaba encomendando a la Virgencita de los Ángeles. -  No me provoques piojoso. Te lo advierto Nepomuceno, no me conoces. Si en verdad me conocieras me tendrías miedo - lo suelta - Tanto como el que me tenían en Tejas - lo vuelve a dejar solo. Nepo toma el trozo de pan del piso y lo comienza a comer con ganas.

     Ya ha caído la noche.

     En la iglesia de la aldea Ramona continúa revisando papeles. -  ¿ Alguna novedad padre ? - le pregunta al verlo entrar. -  No. Alejandro no ha regresado todavía. -  ¿ Adónde habrá ido Manuela ? Ya es bastante noche. Me aflige pensar que anda sola vagando por el monte. -  ¡ Pobre muchacha ! -  Pobre de su madre. Debe estar desolada con su vida. Manuela es su única hija. -  Dios quiera que aparezca hija. ¿ Encontraste algo ? -  No, no padre. A la mejor los papeles de mi bautizo se quemaron en el incendio que usted dice - se agacha para seguir buscando. Toma un cilindro de cuero, lo abre y de su interior saca unos papeles - Padre, ¿ qué es esto ? -  ¿ A ver ? A ver, déjame ver - toma los papeles y los lee por arriba - ¡ Qué extraño ! Tiene sellos y firmas del gobierno de Méjico. Oye, parece que son los títulos de propiedad del pueblo yahí.

     En la hacienda doña Ramona continúa su conversación con el Norteño. -  Por cierto, estaba pensando que ahora que te cases con Margarita será pertinente que tengan su propio hogar. -  Pues a mí me gustaría pero, pues no hay centavos pa' pagarle una casuchita a usted - doña Ramona queda unos segundos pensativa. -  Yo le debo mucho a los Canito. Será mi regalo de bodas. Arregla la casa donde llegaba don Pablo. No es un palacio pero remozada podría quedar bonita - Norteño salta de la alegría, se le acerca y le besa la mano. -  ¡ Qué Dios la bendiga por su bondad señora ! -  No me des las gracias, no lo hago por ti sino por los Canito, ya te lo dije. -  Pos, de todas maneras yo la voy a disfrutar. Así que Dios se lo pague. -  Bueno, bueno. Ahora déjame que tengo que hacer las cuentas. -  Con su permiso señora .

     En la comisaría. -  Hasta mañana sheriff - saluda Davis a Green que se retira. Una vez que se asegura de que salió toma las llaves de las celdas y se dirige a la de Nepo - Despierta animal - le dice y lo levanta en forma violenta - Nos quedamos solos y te voy a hacer abrir el pico aunque nos tome toda la noche - lo tira contra los barrotes. -  ¡ No Davis ! Por favor no te ensañes conmigo. Yo no he hecho nada - éste le pega un puñetazo en la cintura. -  ¿ Quién te dio esas monedas de plata ? - le vuelve a pegar - ¿ Por qué ? - le pega una patada que lo hace caer - ¡ Contéstame ! - le pega otra patada - ¡ Contesta ! - le continúa pegando patada tras patada mientras Nepo grita. Alejandro ha regresado a la cabaña. -  No encontramos nada, ningún rastro. -  Con razón Matea dijo que Manuela era capaz de ocultarse como una serpiente. -  Pues vaya que está en lo cierto - se sienta - Llegamos hasta los límites del valle. Yo creo que se metió en el desierto. Va a encontrar una muerte segura. -  Pobre Manuela. ¡ Qué injusta ha sido la vida con ella ! -  ¿ Y eso ? - pregunta al ver el cilindro. -  Buscando mi fe de bautismo en los archivos de la sacristía los encontré - se lo tiende - Me parece que son los títulos auténticos que avalan sus tierras - Alejandro los saca y los mira. -  ¡ Qué raro ! Están firmados por un presidente mejicano. -  ¿ Entonces cuáles serían los que enterró tu papá ? -  Unos más antiguos. Felipe dijo que eran válidos porque tenían el sello de un rey español. -  Bueno, entonces no habrá necesidad de registrar estos. -  Esperemos que no. De todas formas hay que guardarlos muy bien - mira a su alrededor. -  El padre Sarriá supone que en el incendio que hubo, estos títulos se mezclaron con los demás papeles que estaban guardados en la sacristía y que tal vez tu papá no los vio - Alejandro vuelve a guardarlos en el cilindro y abre el estuche donde guarda el violín de su padre -  Yo creo que aquí estarán seguros de momento - los pone allí. Se arrodilla frente a ella - ¿ Qué pasó ? ¿ Encontraste tu fe de bautismo ? -  No. Todavía me restan muchos registros por revisar, pero hasta ahorita no he localizado el mío. -  No te preocupes. Si no aparecen hay una sola verdad - le pone las manos en el vientre - y es esta. Tú vas a ser la madre de mi hijo. Los yahís tendrán suficiente motivo para aceparte como a uno de ellos.

     En la posada del camino. Felipe está comiendo allí. Memphis intenta vencer a los posaderos los aretes que le entregó Ramona. -  Me los dio una señorita a cambio de unas mercaderías y un caballo. Son unos aretes muy finos. Se los doy baratos. -  ¿ Qué no son los mismo que nos ofreció la mejicana ? - se da cuenta la mujer - La que venía con el indio la otra vez - Felipe se pone alerta al escuchar esto. -  Sí, parece que sí. ¿ No te los habrás robado negro ? - los toma de su mano. -  Soy honrado. Les digo que me los dieron a cambio de mercancía. -  No, no podemos pagarlos - se los devuelve - Pero si quieres, podemos jugarlo a los dados. Que sea la suerte la que decida quien se queda con ellos. -  No, no me conviene - Felipe se decide y se acerca a Memphis. -  ¿ Qué es lo que vende amigo ? -  Estos aretes señor. Son de piedras preciosas - Felipe toma uno y lo examina. -  ¿ Dices que se los dio una señorita ? -  Sí, señor . Una señorita muy bonita que para mi sorpresa estaba casada con un piel roja. -  Yo se los compro. ¿ Cuánto quiere por ellos ? - saca de su bolsillo una talega con monedas. Ya es el día. Felipe ha llegado a la aldea yahí. Marcos golpea a la puerta de la cabaña de Alejandro mientras Felipe espera frente a ella. Ramona abre y se lo queda viendo sorprendida. -  Ramona - la llama él con una amplia sonrisa en su rostro. -  ¡ Felipe ! - exclama ella y se lanza a sus brazos. Él la separa , la mira y la vuelve a abrazar. Sebastián y Carmen los observan intrigados - ¡ Te ves preciosa ! - ella ríe -  ¿ No se te hace raro verme con estas ropas ? -  No, te van muy bien. Pareces toda una yahí. -  Y tú, te ves tan guapo como siempre - lo vuelve a abrazar - No sabes el gusto que me da verte . Cuando fui a la hacienda y no te encontré me sentí muy frustrada. -  Lo mismo me ocurrió cuando vine a buscarte. -  Lo bueno es que esta vez sí nos encontramos. Ven, vamos a la casa y cuéntame. Cuéntame, ¿ qué estás haciendo por aquí ? -  En primer lugar vine a verte y en segundo a arreglar unos asuntos con Alejandro. ¿ Dónde está él ? -  No debe tardar. Ven, tenemos mucho que hablar - y ambos entran a la cabaña.

     En la hacienda. -  Beatriz está muy mal - dice llorosa Perpetua - La interrogué sobre el pañuelo manchado de sangre y efectivamente la arrojó al toser - doña Ramona pone cara de angustia - Cuando su madre presentó esos síntomas, el médico dijo que su mal ya estaba avanzado. El doctor Oviedo no advirtió la gravedad de ese asunto. Mi sobrina está aterrada y yo también. -  Ya, ya, ya . Tranquila. Puede que la situación no sea tan alarmante. Mira, lo que podemos hacer por ahora es llamar a Oviedo. -  Pero es un médico rural. -  Lo sé, pero nos puede recomendar con el especialista que te sugerí. Voy a ordenar que manden por él. -  Gracias Ramona - la abraza - Gracias. -  Ni me lo digas. Sería yo una insensible si no me preocupara ante una situación de esta naturaleza , sobre todo tratándose de Beatriz que será mi futura nuera. -  No sabes cuánto te lo agradezco. Yo temía que en cuanto sospecharas la gravedad del asunto lo primero que harías sería romper el compromiso de tu hijo. -  Lo principal es abocarnos a Beatriz. Debe estar muy angustiada. Estuvo sufriendo en silencio todo este tiempo. Respecto al matrimonio ya lo hablaremos con más calma después.

     En la cabaña de Alejandro. -  Todavía tengo algunas de las provisiones que me dejaste y de las que me dieron Marta y Margarita, ¿ quieres que te prepare algo ? -  No, así está bien. -  Me parece un milagro de Dios que estés aquí. -  ¡ Qué puedo decir yo ! Desde que te fuiste no ha habido día de Dios que no añore tu presencia. -  Te voy a preparar algo aunque no quieras - pone en un cuenco agua - Estoy segura que vienes hambriento. -  Está bien, pero cuéntame ¿ cómo te fue en la hacienda ? ¿ No tuviste ningún contratiempo ? -  No. No, realmente no. -  ¿ Supiste lo de Juan Canito ? -  Sí. Sí, estuve con Marta y Margarita. Me dolió muchísimo. ¿ Tienes idea de quién lo mató ? -  No tengo pruebas pero estoy segura que fue el sheriff de Spurtown. -  Sí, el mismo que busca a Alejandro - pone el cuenco al fuego. -  Efectivamente . Fue a buscarlo a la hacienda. Aduce que Alejandro es un fugitivo de la ley. Yo le mentí y le dije que estaba muerto. -  Supuse que había sido idea tuya - se acerca y lo besa en la mejilla - Gracias Felipe, nunca podré pagarte todo lo que has hecho por nosotros. -  ¿ Y mi madre no se enteró de tu visita ? - Ramona comienza a contestar cuando . . . -  ¿ Es cierto que Felipe . . . ? - entra preguntando Alejandro. Se detiene al verlo - Felipe. -  Alejandro - Felipe lo abraza con calor. -  Antonio y Jesús me fueron a buscar para avisarme que estabas aquí. -  Entonces ya sabes de las malas noticias. -  Sí. Al igual que tú opino que el ladrón de los títulos debe haber sido gente del sheriff. -  A mí me apena mucho lo ocurrido porque Antonio me dio a resguardar esos papeles. -  Creo que no todo está perdido - se acerca a Ramona y le da un beso en la frente, toma el estuche del violín - Por fortuna Ramona encontró estos documentos - saca el cilindro y se lo entrega a Felipe, quien saca los papeles y los revisa.

     En la comisaría. Davis, Thomas y Green esperan impacientes la llegada de Douglas. Llega. -  Fui a indagar y efectivamente, el señor Moreno registró sus títulos. Los que no lo hicieron fueron los yahís y el plazo está a punto de vencerse. -  Bueno, no ganamos toda la guerra pero al menos una batalla - dice Green satisfecho - Douglas, hay que empezar a elaborar un documento para reclamar esas tierras antes de que alguien se nos adelante - llena cuatro vasos con wisky - Por supuesto, usted va a llevar su parte. -  ¡ Gracias sheriff ! -  No - dice Thomas - Yo no estoy tan contento. Nos quedamos con la peor parte. Ah, yo ya veía mi vejez, instalado en esa hacienda , viviendo con todo ese lujo - se para junto a Douglas - Sabe, es que usted no conoce esa casa, es un verdadero palacio. -  No se desespere doc. Vamos paso a paso - le dice Green. -  ¡ Ay ! - se escuchan quejidos de Nepo. -  ¡ Otra vez se está quejando ese infeliz ! - se enoja Davis y se dirige a las celdas. -  ¿ Quién está en la celda ? - pregunta Douglas intrigado. -  Nepo. Le perdoné la vida pero estoy pensando en que Davis tiene razón, piojosos como esos solamente estorban. Esta noche Davis se lo va a llevar a la cabaña y ahí lo voy a dejar morir como a un perro - a Douglas no le gusta mucho la idea pero no opina. Felipe ha terminado de revisar los papeles. -  Con esto ustedes seguirán siendo dueños y señores de este suelo - Alejandro y Ramona se miran contentos. -  Bueno, olvidémonos un rato de estos asuntos - dice Ramona y se acerca a Alejandro que la abraza - Alejandro y yo te tenemos una sorpresa. -  ¿ Cuál ? -  Vamos a tener un hijo - le dice con una sonrisa radiante Alejandro . Felipe siente que se derrumba ante la noticia. Casa de los Coronado. Don Ruy está sentado en su escritorio escribiendo unos documentos. Se le acerca Analupe y éste los oculta. -  ¿ Qué haces papacito ? -  Trabajo. -  ¿ Y se puede saber quién es tu nuevo cliente ? -  No me gusta que te metas en mis negocios. No son cosas de mujeres. -  Te quería pedir permiso para salir - le da un beso en la mejilla. -